Reto 1: simplificar mi vida. 365 días, 365 cosas menos.

Una de las primeras cosas que quiero abordar y meditar sobre ella es el consumismo. Comparado con lo que hay por ahí, no soy una persona muy gastona en cosas materiales.  Por ejemplo, mi abrigo más nuevo tiene 3 años, y eso es bastante reciente para mí. Se podría decir que casi rozo el problema contrario…pero que no es sino otra cara de la misma moneda. Acumulo porquería de lustros hasta llegar a tal punto que tengo camisetas, pantalones, zapatos de hace 20 años. Y eso es más de la mitad de mi vida.

¿Razones? Pues creo que aquí hay varias. Por un lado vengo de una familia que si bien en ningún momento ha pasado apuros económicos graves, tampoco nos ha sobrado. Pero mis padres y abuelos sí que han pasado penurias, sobre todo mis abuelos. LLevo tatuado en el corazón que la comida no se tira. Que no se compra por comprar. Y que las cosas tienen que durar y se tienen que cuidar.

Este hecho sin duda ha condicionado mi forma de consumir. Para más inri, y desde que tengo uso de razón, tengo una alta consciencia medioambiental, incluso desde antes de que fuera “moda”. Sé que la mejor forma de reciclaje es el no consumo. Como eso no es posible, lo que sí se puede hacer es intentar conseguir un balance. Consumir lo que realmente se necesita y lo que no, donarlo, venderlo y si está inservible, tirarlo. Y dejar los caprichos hedonísticos consumistas, en la cúspide de la pirámide consumista, como si de un producto de bollería se tratara. Poco y con moderación. Tampoco hay que ser talibanes.

Pero lo peor de todo es que, a pesar de ser una persona bastante consciente, la cantidad de porquería inútil que acumulo es vergonzosa. Además, cuando he intentado deshacerme de estas cosas en el pasado, con más o menos suerte, siempre me quedo a medias. Empiezo con mucho ímpetu, pero a la 4 bolsas llena hasta los topes, me desinflo  como si me estuvieran arrancando el alma de cuajo. Y eso que la sensación de alivio que siento al quitarme de encima quilos de cosas inútiles (para mí) es ENORME. Y esto me ha hecho reflexionar que no somos siquiera conscientes del valor que le damos a lo que poseemos, como si fuéramos lo que poseemos. Hasta tal punto ha calado la publicidad en nuestra psique.

Como lo siento como algo totalmente irracional y obsceno, me he comprometido a luchar contra esto, cueste lo que cueste. LLegar hasta el final. Pero sabiendo lo difícil que se ponen las cosas a veces, he decidido crear un plan infalible, acorde también con mis características personales. No llevo muy bien eso de los cambios bruscos, me cuesta asimilarlos. Así que nada, a mí medida. Poco a poco pero sin pausa. Y es que en los últimos meses-años la sensación de ahogo por la cantidad de porquería ha crecido mucho, de forma que me causa molestia física. Quiero ser libre y para ser libre tengo que vaciar lo que no me sirve. Tanto físico como emocional.

EL OBJETIVO: Deshacerme de una cosa al día, durante un año.

El PLAN: Ordenar por franjas y dejar sólo lo que realmente utilizo. Hacer un seguimiento y si a finales de la temporada que corresponda (en el caso de ropa) o de 6 meses máximo, tampoco lo he utilizado, fuera. Las cosas que he desechado las pondré en cajas y cada día quitaré una cosa, que colocaré en una bolsa para donar en la medida de lo posible. Antes de comprar nada, veré si puedo reutilizar alguna cosa de las que ya tenga. Si me da por consumir por consumir, consumiré experiencias.

EL MANTRA:

– Mi esencia no se encuentra en estas pertenencias. Mi esencia me pertenece y va allá donde yo esté. Y mis recuerdos están en mí y puedo tirar de ellos siempre que me lo proponga.

– Merezco algo mejor que acumular basura. Calidad vs cantidad.

– Si no lo he echado de menos es que no lo necesito.

– Lo que yo no utilizo puede ser de utilidad para otra persona y a mí, afortunadamente, no me hace falta. Si me hace falta algo lo puedo adquirir, y si no tengo dinero seguro que encuentro la manera.  Siempre lo hago. Confianza en el futuro frente al miedo.

– Quiero sentirme libre y ligera. No quiero disfrazarme a la última moda, ni ser esclava de ella.

Por lo pronto ya he hecho una súper limpieza de mi armario. Tengo dos estanterías vacías. ¡Me encanta! Ya tengo unas primeras 15 cosas para donar mañana. Piano, piano, si arriva lontano.


 

P.D. Si vais a donar, por favor, donad donde sepáis que lo que donáis llega a quién lo necesita y no para enriquecer a algunos listos que se aprovechan del negocio redondo…

Hay instituciones, bajo el inocente nombre de ONGs que por caridad reciben materia prima a coste 0 y luego se enriquecen con ella. El negocio montado alrededor de esto es escandaloso. Lo descubrí en una de mis últimas limpiezas, allá en 2011-2012, cuando me dispuse a tirar mis cosas en esos contenedores de Humana.

Buscando por internet, descubrí una página web donde llevaban tiempo denunciando las prácticas fraudulentas de dicha ONG. El “Jefe” de dicha ONG, danés, es buscado por la interpol y por las autoridades danesas por fraude, estafa, así como por el funcionamiento sectario de la ONG (voluntarios que se entregan en cuerpo y alma, y monetariamente porqu están comprometidos. Pero eso no llega donde tiene que llegar). No creo que guardara el link, pero seguro que buceando por internet se puede lograr de nuevo. No obstante, hoy en día ya es más conocido dicho fraude, y si se googlea se encontrarán hasta reportajes al respecto. Yo lo tengo claro, a pesar de ser marcadamente poco religiosa, por no decir 0, lo llevo al comedor social de Sevilla en Triana, comedor que llevan unas monjas y que sé que hacen una buena labor y ayudan a quienes lo necesitan sin intermediarios. Así, sí.

Y es que, cuando compramos algo no sólo somos responsables de aquello que compramos (y a quienes apoyamos en dicha compra) sino también somos responsables de cómo nos deshacemos de dicha posesión. Tanto social como medioambientalmente. No somos tan inocentes como nos creemos en nuestros actos, y aunque no seamos los culpables últimos si que participamos en dicho sistema. Lo dicho, hay que ser más crítico, aunque canse. 😀

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2 pensamientos en “Reto 1: simplificar mi vida. 365 días, 365 cosas menos.”

  1. Por si alguien acaba por aquí y se pregunta, qué fue del reto, decir que sigue viento en popa a toda vela, y que ya llevo unas 200 cosas tiradas y que por lo menos otras 200 van a caer, sino más. Estoy de limpieza profunda y no es fácil. Son muchos años de trastos y muchos miedos y pesos depositados en pertenencias. Pero estoy decidida y cada vez que suelto algo me siento más ligera.

    Se queda un post pendiente sobre el transcurso de uno de mis retos de este año.

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    1. En las mismas estoy desde hace tiempo: cada día una cosa menos en mi casa. Un día un libro, otro día un “adorno” de esos que se ponen en las estanterías (de los que he sido poco amigo siempre, pero que son inevitables si te los regalan…) otro día una camisa que “ya está para tirar” pero que siempre te resistes a hacerlo.

      Y es que tienes toda la razón: yo no soy esas cosas, aunque hayan estado en etapas de mi vida. Pero, cuando te das cuenta de que la idea de uno conlleva esas prótesis, y decides buscar quien eres “de verdad”, experimentas un gran alivio al deshacerte de ellas, porque te quitas presión.

      Tienes un blog que me interesa seguir. No te conocía y me alegra encontrar lo que leo.

      Saludos

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