Y a ti, ¿qué te mueve? – Principio de una etapa.

Llevo un rato mirando esta hoja en blanco, semi horrorizada y atacada por el pánico a escribir bazofia. Siendo consciente de que lo que escribo es más a menudo una vomitona mental de dudoso interés para el público en general, no deja de sorprenderme cómo de kamikaze era antes y la facilidad pasmosa con la que antes podía plasmar mis pensamientos y sentimientos más íntimos, o más bien mis “chispazos”. Sin filtros ni nada, total, ¿qué es internet? Para mí era una realidad paralela en la que las personas eran si acaso monigotes verdes o ventanitas que a veces emitían un pitido y que parpadeaban para reclamar tu atención. Quién me aseguraba a mí que los mensajes que emitían no eran programados por máquinas.

Así, con la inconsciencia que brinda la ignorancia, me ponía delante de la ventanita de las entradas y escribía sin cortapisas lo primero que se me ocurría. Ideas siempre tenía, puesto que de un anodino acto podía escribir 1000 palabras sin despeinarme. Luego le daba a “submit” como quien mete un mensaje en una botella y lo lanza al mar con esperanza y temor a partes iguales de que ese mensaje llegara a otro ser humano o bien se quedara vagando en la infinidad del ciberespacio. Cuanto más honestamente brutal o brutalmente honesta era más miedo me daba que el mensaje fuera encontrado. Más vale ser criticado por lo que no se es que por lo que forma parte de tu ser en proporciones similares a la del agua.

En esa época no corregía, ni utilizaba correctores, ni nada (ni ahora, mucho me temo) . La vida era demasiado corta y hay cosas, como la comida, que cuanto menos procesadas, mejor. Sin duda la vida es corta, o al menos lo era para mí en esa época, donde comer tranquilamente era un acto hedonista no digno de mi interés y mucho menos de mi tiempo. Producir, producir, producir. Mi mantra.

Hasta que mi cuerpo, el muy cabrón, eventualmente petó. Como petó mi ordenador un día, sin previo aviso y en medio de un peli. Así, sin más. Sin previo aviso. Sí, siempre me ha dado mucha rabia ser de carne y hueso. Había una época en la que fantaseaba en lo maravilloso que sería aprender mientras dormimos. Avanzaríamos mucho más y ya no habría lagunas de productividad. Me lo imaginaba algo así como una realidad paralela en la que en el momento en que me quedara dormida, mi segundo yo, “el que dormía”, se levantaría y se pondría a hacer todo aquello que no me daba tiempo en mis horas de vigilia. Y de mientras yo estaría durmiendo tan ricamente. ¿No es fantástico?

Aunar en un dos por uno, dos de mis mayores hobbies, dormir y aprender, sin que se hagan competencia. Lo malo, y que nunca tomé en consideración, o eso creo, es lo qué pasaría con los sueños. ¿Dejaría de soñar?

¡Menudo horror! ¡Con lo que me gusta soñar!

Para darme cuenta de que tantos años de productividad absurda me han atrofiado la capacidad de soñar. Y como mi cuerpo ha decidido no cooperar más con mi cerebro en este suicidio lento y planificado en el que se ha convertido mi vida, he decidido que mejor trabajan juntos y cooperan. La organización es uno de mis puntos fuertes, así que ya he hecho una distribución de tareas. A saber: el cuerpo guiará como una brújula el camino a seguir y la función del cerebro será poner su creatividad e ingenio y millones de conexiones sinápticas para lograr el objetivo. Una win-win situation. Mis favoritas.

No obstante, el proceso no es tan sencillo como parece, porque para eso hay que saber escuchar el cuerpo. Y como lo he ignorado tanto tiempo, me cuesta oírlo cuando se queja. Esto se pone interesante. ¿Y ahora qué? Pues ahora hay que hacer un “Back to basics”. En mi caso, y puesto que es un trabajo que lleva su tiempo, y que ya hice en su día, supuso volver al inicio de los tiempos, a esos en los que el trayecto de tu casa al colegio la disfrutabas como si de una exploración científica al antártico se tratara.

Identificar lo que te hace. Disfrutar.

Parece fácil.

Pero si tan fácil es ¿por qué lo postergamos continuamente?, ¿para qué?, ¿para quién?

Si mi lógica no me falla, tan sólo tenemos una vida, que además se me antoja corta con la cantidad de cosas molonas que se pueden llegar a hacer. Claro, eso podría llevar al despiporre descontrolado. Total, para qué hacer nada que implique un mínimo de esfuerzo, si la podemos espichar mañana. Además, la vida generalmente no es conocida por ser justa. A veces se dan una cantidad de sucesos puteantes en los que la realidad pesa más que tus ganas, y que aunque no determinan, sí que condicionan.

En los últimos años he experimentado con diferentes hipótesis para ver que ninguna de ellas por si sola es la correcta, ya que no son integradas en un todo. Llegar a ese temido momento: Tan sólo sé, que no sé nada. Gracias Sócrates. Lo he logrado con unos 2.500 años de retraso.

Al final, he llegado a la conclusión que no se trata de encadenar un sin fin de actos felices y disfrutables sin ton ni son, sino identificar lo que te mueve.

Eso que permite que le digas que no a los placeres más inmediatos en pos de algo superior o más importante para ti. Aunque eso no vaya a reportar resultados. El camino es ya suficientemente gratificante como para que luego, si no obtienes resultados no vengas como un ex- despechado con un montón de reproches. Pero si me levanté temprano por ti, objetivo, dejé de comer como una persona normal y de dormir cuando tocaba. Dejé de ser yo y ¿es así cómo me lo pagas?

Ahora entiendo que si he llegado al punto en el que estoy es porque yo hice algo para obtener otra cosa. Y lo peor es que me dejé guiar por el ego o el miedo. O los dos.  Y no me importó esforzarme todo y más. Pero cuando luego no obtuve lo que quería (ni siquiera lo tenía claro, eso es lo más dramático del asunto) mi nivel de frustración subió a niveles insospechados. ¿Cómo puede ser que tras dar todo lo que tengo y sacrificar lo que yo soy, no obtenga eso por lo que he trabajado tanto?

Elemental querido Watson, porque las cosas hay que hacerlas por convicción y no porque “pasaba por aquí”. Moverte porque cada célula de tu cuerpo te empuja a ello. Y que le den por culo a la productividad. De perdidos al río, o from lost to the river. Ahí, con dos cojones. U ovarios.

Y a ti, ¿qué es lo que te mueve? ¿Qué haces para honrarlo?

Y lo que pretendía ser un post en el que explicara cuáles son las cosas que me mueven, las piedras angulares de mi motivación vital (qué profundo), así cortito y sencillo, se ha  cconvertido en una de mis usuales vomitonas mentales.

Y resulta que sienta cojonudamente bien.

Bienvenidos.

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