Mi lado feo

Siento no ser la alegría de la huerta, pero si quisiera disfrazar mi malestar con una actitud de que todo lo puedo, seguiría en mi antiguo blog. Por otro lado, el anonimato me permite no tener ansiedad por ver cómo la gente se toma lo que escribo. Y con un poco de suerte, mi experiencia puede ayudar a alguien en algún momento (eso, si todo va bien y salgo de ésta, y sino, ya sabréis, querido lector, lo que no hay que hacer).

Hoy voy a hablar de ese lado oscuro, feo, que tengo y que aunque intento no mirar mucho, ya que no me gusta demasiado, sigue estando ahí, impertérrito. No es muy agradable mirar adentro y ver un pozo oscuro, lleno de cucarachas, ratas y mugre. Sobre todo porque a mí los bichos y la oscuridad me dan miedo.

Estaba yo estos días sumida en una tristeza suicida, en plan, qué asco de todo, no puedo ya con tanto sufrimiento, y en plan, mi vida ya ha terminado, soy vieja y nadie habla de los viejos como las próximas promesas de nada. Si acaso como las suculentas promesas de los dueños de geriátricos (pero no os hagáis ilusiones, no me va a quedar un duro). Tengo 33 años y no he conseguido nada y ya soy demasiado vieja para no hacerme responsable de mi porquería, y de mi devenir, aunque alguna de esta porquería fuera el Regalo de Reyes o el Pan bajo el Brazo con el que nací. Get over it, piensa en lo que que deseas atraer, piensa en piruletas, unicornios de colores y muchos osos amorosos.

Y cuando estoy en este estado, además de una autocompasión que raya lo absurdo y un victimismo que me horroriza hasta a mí, hay pocas cosas que puedan consolarme. Pero lo peor de todo es esa sensación de sentirme sucia. Como una capa fina de algo mugriento que impregna toda mi realidad. Y que ensucia todo lo que toca.

Me he dado cuenta de ello de forma dolorosa al leer este post. Me he sentido identificada con la parte del “tú” y aunque me identifico totalmente con la parte del “yo”, de ese sufrimiento, de esa incomprensión profunda de la gente hacia una forma de sentir diferente, por ver cosas que otros no ven, etc, etc, la parte del “tú” me ha dolido hasta lo más hondo.

Porque no hace falta ir matando a gatitos para tener una parte fea, oscura, mugrienta. Y reconozco que la mía no me gusta. Y reconozco que me cuesta integrar tanto en mí, como en otros, que estamos hechos de una parte bonita, luminosa, y de otra parte horrenda y que hiere, a veces a sabiendas de que lo hacemos. Una parte egoista que no piensa en los demás, y que a menudo, cuando lo hace, es ya demasiado tarde y el mal está hecho.

En mi caso concreto reconozco que me cuesta alegrarme infinito cuando la gente tiene aquello que yo quisiera para mí (una familia que les quiere, amigos que los aprecian, parejas, trabajos, y en definitiva una vida donde son importantes para alguien y donde pueden ser ellos mismos). Luego cuando las personas que son dignas de las bondades de la vida, y que en mayor o menor medida se lo han ganado a pulso, son especialmente cercanas, me siento como una mierda por no alegrarme de todo corazón por ellas. Soy incapaz de sentir esa alegría sincera. Estoy muerta por dentro. A veces quisiera que también fuera por fuera. Luego, después de sentir esto, me invade una sensación de profundo asco hacia mí misma. Y luego me digo, no me extraña que estés como estés, la gente como tú, no se merece más. Luego además, si a esas personas les ocurre algo malo, me siento más que mal. Porque no les deseo ningún mal, al contrario, porque cuando las veo sufrir, se me parte el alma y lo único que quiero es mitigar en lo posible ese dolor, porque no es justo que la gente buena sufra. Sólo que no soy capaz de alegrarme por ellas cuando algo bueno ocurre. No sé muy bien de dónde viene y siquiera por qué es así. Entiendo que lo normal es alegrarse.

Me resulta difícil profundizar en ese sentimiento, quizás porque me da miedo ahondar y darme cuenta de que efectivamente es por pura maldad. Siempre intento racionalizar el sentimiento y decir que hay que alegrarse por las cosas buenas que les pasen a los demás. Y me obligo. Le doy órdenes a mi boca para que sonría, a mi lenga para que diga cuánto me alegro, y a mi cuerpo para que haga alguna señal medio sincera de alegría. Pero me cuesta. Me cuesta quizás porque siento que si ellos son muy felices, con lo desdichada que me siento, me sentiré más sola aún de lo que me siento, alejados para siempre en la manera de sentir, porque aunque es cierto que no es necesario haber pasado por algo para sentir el dolor ajeno, lo cierto es que muy a menudo, en la felicidad propia es uno incapaz de ponerse en los zapatos del dolor ajeno. Porque cuando estás ahí, da como yuyu, como si lo pensaras mucho lo atraes para sí. Y en ese tapar la realidad menos bonita, acabas por echar de tu vida a la gente que no lo está pasando bonito. Es pura psicología. Por eso damos limosna, reciclamos o votamos una vez cada cuatro años, porque tenemos la falsa seguridad de estar haciendo algo. De que nos importa. Es algo absurdo, lo sé, pero cuán a menudo hay que escuchar gilipolleces superficiales, como si fuera tan fácil. Y esa incomprensión me mata.

Supongo que todo el mundo tiene un lado digamos menos bonito. Lo único que en mi caso, creo que es una razón de peso por merecer lo que tengo. Que debido a mi lado oscuro, que he intentado iluminar con mierdas superficiales en línea de lo que se estila en este asco de mundo superficial y materialista (sí, en mi lado feo también ha crecido mi parte cínica), nadie me va a querer. Porque da igual lo que logre, lo que haga, lo que tenga de bueno, al final, si enseñas tu parte fea será el “break-dealer”. Y ahí se acabó todo.

Y ya está, no doy más de mí. Me gustaría poder describir lo que siento con mayor precisión, pero como digo, hay ciertos aspectos en los que no buceo mucho porque me da miedo la oscuridad y siempre me ha dado miedo ahogarme y no poder llegar a la superficie. Y si es a ciegas, sin saber por dónde te van a salir bichos, o si realmente hay algo o alguien al otro lado, pues qué queréis que os diga, me entra una ansiedad terrible y me paraliza. Sí, soy una miedica de cojones. O de ovarios.

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