Sistema nervioso chamuscado

El lunes pasado fui a la primera consulta de la psicóloga que me recomendó una bloguera, que a su vez es psicóloga. Está especializada en trauma y en el tratamiento de los síntomas somáticos del trauma. Se formó en Estados Unidos y ha trabajado ahí los últimos 20 años.

Me sorprendió de ella, como psicóloga, la formación tan exhaustiva que tienen allí, con un montón de horas de prácticas obligatorias, con exámenes estatales, que además hay que hacer cada dos años, para demostrar que se está al día. Además, a la hora de la primera toma de contacto, me sorprendió la cantidad de notas que tomó y la exactitud que buscaba en lo que le explicaba. Estuvimos casi dos horas y media y eso que queda tanto que aún no sabe. Nos centramos sobre todo en las relaciones familiares y en mis síntomas físicos actuales.

Soy tan habilidosa que he sido capaz de fundir mi sistema de respuesta al estrés del sistema nervioso. Tengo un nudo en el estómago continuo y al más mínimo estímulo, entro en modo “supervivencia”. Que es cansado es un eufemismo. Es como si te estuvieran robando a punta de pistola continuamente y tu cuerpo soltara un chorro de hormonas para prepararte para enfrentarte a dicho peligro, y luego, cuando tienes el corazón bombeando sangre a cascoporro, el alma en el cogote van y te dicen, que noooo, que es bromaaaaaa…Y tú te relajas, te ríes porque después de una situación de peligro es la forma absurda en que el cuerpo suelta tensión, y a los dos minutos, otra vez la pistola en la sien. Claro, llega un momento que estás a la que saltas por nada, pero tu respuesta ni es respuesta ni es nada. Y de tanto subir y bajar, tu sistema nervioso te dice “oye, no sé qué os lleváis entre mano, pero yo no fui diseñado para esto, así que ahí os quedáis”. Y el bajón es eso, un bajón continuo, en el que levantarse del sofá ya es un acto heroíco similar a hacer cumbre en el K2.

Me recuerda a esa práctica chorra de la carrera en la que teníamos a un pobre goldfish o pescaíto común en una pecera. En una parte de la chorripráctica, teníamos que provocar vilmente la respuesta de “fly or fight” o de “lucha o huida” con un palito al que le atamos un pez de mentirijilla. Le enseñábamos el pescaíto de cartulina y el pez se ponía hecho un toro. Inflaba su volumen, sacando las branquias y colocando las aletas de forma que se le veía intimidador. Estaba enseñando al posible intruso, que él sería un pececillo de mierda, pero que si tenía que luchar, lo haría a jierro, dándolo todo. Con dos huevecillos de pez. Se quedaba mirando al intruso, haciendo contacto visual con los ojillos de la cartulina y como ahí no pasaba nada, o diría, menudo cagón el intruso, poco a poco se desinflaba y seguía a lo suyo. Repetimos eso varias veces, hasta que hubo un momento en que el pez pasaba de nuestro palillo y seguramente de haber podido hablar, nos habría dicho, “sois una panda de cabrones, y lo sabéis, me habéis chamuscado la única forma que tengo de sobrevivir y si ahora hay un peligro real y no el puto palo y el pez ese mal pintado, voy a morir porque ni fuerzas voy a tener de defenderme. Espero ardáis en el infierno”.

La verdad es que a pesar del dramatismo de la situación, una parte guasona dentro de mí, no pudo menos que echarse una carcajada. He quemado mi propio sistema nervioso. Tengo que pensar en cómo ponerlo en el Curriculum como “transferable skill”, ya que, no en vano, a pesar de quemarlo me he ido arrastrando (con menos dignidad de la deseada, eso sí) y he conseguido bastantes cosas. Si hubiera un coeficiente corrector de currículums por chamusquinamiento el mío destacaba de calle. Dadme un sistema nervioso nuevo y os cambio el mundo, ¡cojones!

Por otro lado, no es que me sorprendiera mucho. Era de esperar. Siempre he sido un poco extrema. Los bolis bic no me duraban ni media clase. Pilot y ahí ahí. Ya cuando llevaba aparatos, saltaban los brackets como palomitas en microondas, no hay cable de batería o similar que aguante mi ritmo. Y no hablemos de aparatos electrónicos. Windows lloraba detrás de la pantalla azul de la muerta cuando me veía aparecer. Los peto con sólo mirarlos. Así que si las máquinas no se me resisten, se me va a resistir un circuitillo de mierda hecho de neuronas con sus dendritas y axones. ¡Chúpate esa, sistema nervioso!

Aparte de esto, no tuve sensaciones extrañas al explicar estas cosas, casi como si no fuera conmigo. Aunque he de reconocer que cuando me fui, y por fin estaba llegando a casa, me entraron unas ganas inmensas de llorar. Seguía sintiendo esa patata instalada en mi estómago, pero lleva allí todo el rato, así que, sin estrés patatita mía, quédate el tiempo que te haga falta. Lo único que sí tenía en cantidades industriales al salir, era dolor de cabeza.

Lo malo fue esa desolación, ese no saber si realmente servirá de algo. El meter en mi excel mental los euros que me quedan en el banco, hacer un balance de lo gastado inutilmente en psicólogos, la rabia de pensar que encima de no tener una mierda para mi futuro y de que mis probabilidades de acabar bajo un puente son más altas que de ganar un sueldo digno, que me voy a morir sin dar la vuelta al mundo, sin conocer el amor, sin vivir cerca del mar o darme un capricho estúpido y totalmente innecesario. Y que mi último euro ahorrado de “sueldo”-beca va a tener un final casi tan pestoso como lo fue mi primer sueldo*.

El miedo casi paralizante de que si se me van los ahorros en esto y no me sirve de nada, me veo condenada a vivir con mis padres hasta que me muera o se mueran ellos. A ser una de esas personas que no han sabido llevar una vida normal, y que la gente ve como rara. Esas personas que con un jersey de colores imposibles y lleno de pelotillas, mallas que se dan de sí y unos calcetines blancos también dados de sí y unos nauticos, bailan solas en las fiestas del pueblo y al que todo el mundo señala, imita, pone nombres y se ríe de ella, para así congratularse de que sus miserables vidas es al menos mejor que la de ese pobre diablo que ni siquiera sabe en qué mundo vive.

*Reparar una avería de coche, porque me cargué la puerta del capó por no poner el freno de mano en un sitio con algo de pendiente. Es lo que tiene vivir en una llanura, que cuando sales de ella, eso del freno de mano es como una cosa que sabes que está ahí, pero no sabes muy bien para qué. Hasta que oyes el trompazo de lo que luego descubres es el coche de tu padre (alias su hijo predilecto) contra una pared al final de la calle. Sip.

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2 pensamientos en “Sistema nervioso chamuscado”

  1. En lo de los psicólogos totalmente de acuerdo, gastas mucho dinero sacando mucha mierda que en el fondo no te beneficia y demás chorradas que te hacen hacer, a 70€ semanales durante 3 años y pico pues ganas de llorar es lo que te da sobre todo si calculas y vale más haber continuado fumando que pienso a veces porque el dinero lo he tirado y el tiempo también además de la ansiedad que ya me daba ir al psicólogo por si no he hecho bien sus estúpidos deberes , salir peor a veces de consulta que cuando llegue , sentir que por más estúpidos trabajos que hagas no vas a mejorar porque entrevees que la persona especialista esta más pérdida contigo más que tu contigo misma, no lo quieres ver y aún sigues, hasta que tu mente y cuerpo dicen que basta, ni se como arreglaré esto pero no quiero a esos especialistas en mi vida, que son humanos, lo se, pero que se líen su propia mente y se hagan pajas mentales ellos mismos y dejen en paz a la mente ajena. Sinceramente no creo que ayuden mucho por no ser más destructiva. Quizás seamos raras, a la última psicóloga que fui, en la última consulta que me pidió perdón por no ayudarme, la dije que quizá no todo el mundo sirviera para relacionarse, enamorarse, ser feliz etc y que por favor no usará la misma terapia para todo el mundo y escuchara cuando alguien la dijera es que estoy peor que cuando empecé y es desde que hago esto de terapia, al menos profundiza en la reacción de cada persona no se. Estoy muy harta de ellos, siento el rollo

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    1. Helena, no desistas, la clave está en ir buscando a la persona que SÍ te puede ayudar. No te digo nada nuevo en que nadie realmente puede hacer el trabajo que te toca a ti, y que encontrar a la persona adecuada que te dé herramientas útiles en el momento adecuado y con referencia a tu problemática e idiosincrasia propia no es nada fácil. Pero también te digo que hay gente muy preparada. Algunos, si ven que no puede, te derivan. Yo gracias a los blogs que leo, le pregunté a una psicóloga si teniendo en cuenta mi problemática y mi recorrido sabría decirme terapia o incluso a alguien que pudiera ayudarme. Y dio en el clavo. Mi ángel de la guardia.

      Desconozco cuál es tu problema, pero en mi caso el tratar los efectos o secuelas físicas que han dejado en mi psique el trauma me está ayudando muchísimo. Y te aseguro que no le he contado mi vida a la psicóloga (el primer día casi estuvimos tres horas, cosa que con otros psicólogos iba saliendo a lo largo del tiempo, pagando claro, y que realmente no veía ningún tipo de dirección).

      Si quieres, te puedo pasar la dirección de esta chica, sino la conoces ya (la del blog, digo) y quizás ella te puede dar alguna dirección.

      Besos y ánimos! Está claro que no todos tenemos la misma reactividad a las circunstancias que nos ocurren. Unos claramente lo tienen más fácil o han tenido unas bases sólidas cuando estos circuitos se están formando, en la niñez. ¿Qué no es tu caso? Pues te queda currar (sí, sí, putadón)…pero hay que verlo como ir al gimnasio…entrenar cada día un poco para ver resultados lentos, pero seguros a largo plazo. Yo aún ando en ello, así que tampoco te puedo decir que todo es súper guay y fácil y que de todo se sale…pero es mi esperanza…y mi motor que tira de mí. Sino, sabe Dios, a estas alturas…

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