Del origen del Narcicismo y otras patologías (II)

Así que observando eso de lo que me quejaba tanto, me dije, chata, igual lo de la ciencia no es para ti al final, pero tantos años con el método científico, de algo te tienen que servir. Y que cuando el elemento común es uno, al final ese uno tiene que ser el objeto de estudio.

He de decir que mi último descubrimiento (aunque ya lo tenía rondando desde hace unas semanas) era el tema del narcicismo. Hace 4 años conocí a un chico que me partió el corazón en un millón de pedazos y que hizo lo que quiso conmigo sentimentalmente hablando. Lo que más me dolió es que yo le di licencia sin restricciones. Ese romanticismo y “yo creo en las personas” me han hecho mucho mal. Yo estaba que perdía el culo por él y gracias a Dios mi cuerpo me paró en seco, de nuevo, que sino, a hora además de ser su groupie y fan número uno, estaría más desquiciada de lo que ya estoy. El chaval en sí es buena gente, súper divertido, inteligente, aventurero y un montón de cosas positivas más. ¿Lo malo? Que dependía de la aprobación exterior y era vanidoso hasta decir ¡Prou! Criticaba a todo quisqui por supuestas afrentas hacia su persona, que desde fuera no eran ni siquiera afrentas. Vamos, que sólo exisitían en su cabeza. Pero eso era imposible que lo entendiera.

Al final, y como era de esperar, yo también caí. Eso es así. Observa como esa persona trata y habla de los demás y sabrás inmediatamente el futuro que te espera. Pero no cejé en mi ceguera infantil y mi cruzada personal por cambiar el curso de la historia, aunque esté todo el guión escrito. Y sí, el hostión fue de AÚPA. Porque a mí me gustaba de verdad. Tal así me dejó que no me recuperé de verdad, verdadera, hasta hace apenas un par de años. No soy muy rápida yo olvidando cosas de éstas, no.

En cualquier caso, cuando ayer me dió por echar un ojo a la definición de narcicismo, me vi dolorosamente reflejada en ciertas cosas. A ver, wikipedia, ilústranos. ¿qué es exactamente ser narcicista?

Rasgo de la personalidad, caracterizado por una baja autoestima acompañada de una exagerada sobrevaloración de la importancia propia y de un gran deseo de admiración por los demás.

Resulta desconcertante para muchos el hecho de que el narcisista suele exhibir una aparente autoestima formidable, y socialmente aparece como una persona muy segura, sabedora de lo que quiere y completamente resuelta. En realidad con ello el narcisista está camuflando su vacío interno, su carencia real de autoestima. En la infancia temprana de estos individuos se encuentra a menudo una actitud indiferente o minusvaloradora por parte de sus progenitores, lo cual les deja una inseguridad que tratan de compensar por medio de una autoevaluación exagerada, irreal e inflada, (Baumeister, 1996). Algunos clínicos explican la personalidad narcisista sobre la base de una carencia emocional temprana producida por una madre emocionalmente fría o indiferente, o con una agresividad encubierta hacia su hijo, (Piñuel, 2007). La consecuencia es que los narcisistas necesitan mirarse continuamente en el espejo de los demás para saber quiénes son, y al descubrir una pésima imagen de ellos mismos se ven en la necesidad de ocultarla y esconderla. Desarrollan entonces en compensación una imagen artificialmente sobrevalorada hasta lo patológico. Las personas inteligentes, sanas, que se percatan de la artimaña, o que simplemente son más valiosas o agraciadas que ellas se convierten entonces para el narcisista en una amenaza para esa imagen artificial con la que el narcisista sustenta su autoestima, por lo que su comportamiento con ellos es manipulativo, y cuando la manipulación no surte efecto, perseguidor.

Los sujetos narcisistas poseen una autoestima muy vulnerable, siendo por esto muy sensible al “ultraje” de la crítica o la frustración; en relación con esto, las críticas pueden llegar a obsesionarles y hacer que se sientan hundidos y vacíos. Otro síntoma es el deterioro de sus relaciones sociales como consecuencia de su pretenciosidad y necesidad constante de admiración. Otro síntoma es la incapacidad para arriesgar nada por la posibilidad de frustración que ello conlleva.

En el ámbito social los narcisitas naufragan. Las demás personas sólo cuentan para ellos como posible fuente de gratificación, devolviéndoles la imagen de sí mismos cuya carencia les atormenta y que anhelan insaciablemente. Por ello suelen elegir profesiones que les proporcionen notoriedad social, reconocimiento o incluso fama.

Menudo panorama, ¿eh? Envidia, falta de seguridad, buscar tu autoestima y tu auto-imagen en cosas externas como si hubiera una medida internacional estándar de la “queribilidad”. Manipulación, persecución, sensibilidad a la crítica desmesurada, frustración, etc. Sí, esa soy yo. Un dechado de virtudes sin parangón.

Claro, cuando leo más cosas sobre el narcicismo y lo que puede provocar (yo diría que sino todos, la inmensa mayoría de las personas que abusan de sus parejas tienen un problema de trastorno de personalidad narcisista), veo que ok, hay cosas que no casan conmigo, por dar un ejemplo mi inseguridad en el ámbito laboral siempre ha estado ahí y jamás lo he ocultado. Al revés.

Deduzco de esto varias cosas: como todo hay grados, y yo tengo ciertos rasgos que me afectan más o menos en ciertas áreas de mi vida. Dicho de otra forma…en ciertas áreas de mi vida soy normal y funcional, en otras no. Por otro lado, todos los niños nacen narcicistas, no por nada, sino porque ellos no tienen aún consciencia de los demás, y para ellos todo gira en torno a ellos y se sienten totalmente autorizados (entitled en inglés) para recibir ingentes cantidades de amor, cariño y validación, sin que les importe un cuerno lo que necesitan otros.

Como todo, es una fase, y si todo va bien, llegará un momento que te darás cuenta de que los otros también tienen una patatita latiendo dentro de sus cuerpecitos y ahí desarrollarás tu empatía y empezarás a llegar a compromisos entre tu bienestar y el bienestar del otro. Otra vez aparece la win-win situation.

Si por el contrario, por una razón u otra, real o imaginada, sientes que no te echan ni puta cuenta, no te sientes valorado, acompañado o qué sé yo, lo mismo para tu débil, inocente e inexperta personita eso sea demasiado complicado de gestionar. Entonces llega el cerebro y dice…¡epa! aquí entro yo, muchacha, llevo siglos ocupándome de situaciones de emergencia, que esto entra en el paquete software inicial, quita, quita…y el cerebro empieza a construir una realidad paralela en la que nuestra protagonista se siente valorada, querida y todo eso haciendo más que siendo, para lograr dicho fin. ¡Supervivencia asegurada! Y el niño, se desenvuelve con normalidad en un ambiente subóptimo. Y el cerebro, salta contento y dice, otra misión imposible salvada gracias a mi legendario saber hacer. ¡Darwin estaría orgulloso!

El problema es cuando llegas a la edad adulta y esta técnica se ha quedado igual de obsoleta que los disquetes de los primeros ordenadores de mesa. Antes molaba y podías meter un montón de información. Luego la cosa se fue complicando, pero para sacarte de un apuro pasaba. Llega un momento que o te actualizas o las vas a pasar putas, porque ¡Oh, horror!, ya ni siquera hay ranuras en esos aparatos. ¡Maldición!

¿Y ahora qué?

Última entrega de la saga en breve.

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