Del origen del Narcicismo y otras patologías (III)

Seguimos…

Dándome cuenta de todo lo que comentaba en las dos entradas anteriores, me empiezan a encajar ciertos comportamientos extraños.

En mi caso, me he pasado mi adolescencia mintiendo como una bellaca en el instituto. Eso mantiene la ilusión de seguridad, porque tú creas tu realidad. Lo malo es que no puedes tener verdaderas amistades, porque entonces se descubriría el pastel en cero coma. Pero cuando tienes la seguridad tamaño grano de arena y temes que el poco que tienes se te pierda, y en plena adolescencia (ya bastante tenía gestionando esos horribles cambios corporales, y hormonales), la salida fácil y menos estresante es mentir.

En mi realidad paralela yo salía como todo el mundo. En mi realidad cotidiana, me quedaba en casa todos los fines de semana y dejaba esas cosas para el verano. No le acababa de ver la gracia a eso de pintarse como una puerta, vestirse como una mujer mayor, enseñar chicha e ir a carnicerías donde se vendían bebidas, había música alta, y donde había que hacer como que eras muy guay, cuando quizás te aburrías como una ostra. Sí, un de vez en cuando hubiera estado bien, pero así, como algo que hacer TODOS los fines de semana para ser considerado persona normal y no una empollona cualquiera, pues como que no.

Además, eso me obligaba a pedir pasta a mis padres, y no apetecía que me soltarán el gruñido de para qué, que no hay, etc, etc y además me obligaba a replantearme el hecho de que aparte de vaqueros, sudaderas y jerseys de 2 tallas má grandes que la mía, yo no tenía ropa para salir. Mira, cuenta una mentirijilla y así no te darán la brasa. Tu vida será más aburrida pero también más estable emocionalmente hablando. Te quitas dos frentes dando por saco.

El problema es que lo que en principio es una chapuza para salir del paso se lía, se lía, y claro, llega un momento que no sabes ni como parar. Sale solo. Y como encima tengo una gran memoria e imaginación, pues bueno, así estuve durante mis años de insituto. Y en verdad, a rasgos generales y en retrospectiva, no me arrepiento, porque con lo que tenía en casa, sólo me hubiera faltado enfrentarme a una horda de adolescentes greñosos y chupi guays. No creo que hubiera aguantado. Esa época la dejé atrás, aunque aún hoy, me pillo soltando mentirijillas piadosoas que evitan problemas. Mi política actual es que jamás mentiré a gente que me importa. Con el resto tengo una política un poco más flexible y laxa.

Para mí esto es claramente una consecuencia de un comportamiento narcicista. Crearte una realidad fantástica en que todo te va bien y en que eres el Rey del Mambo y lo tienes todo bajo control. Y si tienes que mentir para mantener la ilusión, lo haces, total, quizás no consigas relaciones íntimas y verdaderas, pero como tampoco te importa eso en ese momento, no pasa nada.

Habrá gente que se quede ahí estancada y le irá “bien” o todo lo bien que su organismo y psique les permita aguantar. Igual han conseguido un séquito de seguidores y ni siquiera han tenido que plantearse si eso es sano o normal. Yo para bien o para mal, aspiro a algo más que tener relaciones anodinas y superficiales, así que no me queda otra que bajar a galeras, autoevaluarme y enfrentarme a mi porquería.

El narcicismo mal entendido además te lleva a crearte algo externo en lo que basar tu valía. Yo me he dejado los codos, sangre, sudor, lágrimas y salud en hacer de mí una versión digna de ser amada. A saber: chica inteligente, un puntito descarada. Independiente, fuerte, con varios idiomas, deportista y con carrerón, a la vez que mujer del siglo XXI, liberada, feminista y toda la pesca. Y no soy un bellezón pero tampoco soy un orco. Digamos que cuando me esmero paso la prueba de follabilidad (de hecho, eso no es difícil porque los criterios de calidad para un mete-saca son por regla general bastante pobres. Es el problema e ironía de nuestra sociedad hipersexualizada: cuando hay escasez todo vale).

Mi parte sensible, miedica, clásica, ñoña, cursi hasta vomitar, superficial y vulnerable la he aplastado sin miramientos. Eso no mola, nadie te va a querer por eso. Eliminado.

¿Y qué pasa en relaciones íntimas?

1. Que no hay quien no se quede embelesado ante tal prodigio. Tal y como me dijo mi último “no-sé-cómo-llamarlo-porque-él-insistía-que-no-quería-novia-pero-en-la-realidad-hacíamos-vida-de-pareja-y-me-llevó-de-vacaciones-con-su-familia-y-yo-ya-no-entiendo-nada-rien-nichts”: Eres el sueño de cualquier hombre.

El sueño de usar y tirar de una noche de cualquier hombre, entiéndase. Sexo divertido, cariñoso, íntimo y la palabra clave: sin compromiso. Y si encima lo podemos alargar y usar las sesiones de sexo como si de prácticas de empresa se tratara, mejor que mejor. No ganarás mucho y seguramente no es lo que quieres para tu carrera profesional, pero sabes que la experiencia adquirida quedará muy bien para el currículum y eso que te llevas para tu próximo trabajo de verdad, donde ahí sí, lo vas a dar todo.

Porque como yo soy segura, independiente, con opiniones bien formadas y emancipada*, de seguro que no me va a importar. Porque soy una ONG del sexo. Una puta sin fronteras.

Ja!

2. Por jodidamente bueno que seas creándote alter egos, no vas a durar ni dos rounds, sobre todo si tu verdadero yo es sensible y delicada como una flor de alelí. A la mierda el feminismo. Yo quiero que me traten con respeto, que me dediquen poesía cursi cuando no nos vemos durante una semana y que me digan: te quiero mucho como la trucha al trucho.

Total, y en conclusión, que me veo atrapada en mi propio juego sin siquiera saber cómo me metí y con un cacao monumental para saber qué es mío, qué es una adaptación trasnochada de nuestra enferma sociedad y que yo pensé, ilusamente, que sería lo que me diera el cariño incondicional de la humanidad entera, y qué es mío pero con nota a pie de página**, que hay que explicarlo todo, coño.

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* Los alemanes que han estudiado carreras de letras usan mucho esa palabra. Por lo visto les daban puntos extra en los exámenes si la usaban mucho.

**Porque para entendernos, luego se me acusa de no ser lo que aparento y yo, que tengo en alta estima la justicia me digo, tienes razón. Mea culpa. Pero luego digo, espera, sí pero no. Sobre todo ahora, que empiezo a conocerme un pelín.

Por poner un ejemplo: feminista soy, no me queda otro remedio y digamos que me jode, porque en un mundo ideal, eso sería tan absurdo como el decir que hay que defender los derechos de los ojos color miel. Sería un y eso ¿para qué exactamente? Además, lo de la supuesta liberación sexual de la mujer, bajo mi humilde punto de vista, no es más que una vuelta de tuerca del trasnochado machismo, en el que millones de mujeres, se creen tener una opción de elegir, cuando eso, ni de lejos. Ahora se lleva el ser liberada y hacer posturas del youporn aunque ni siquera te apetecería tomarte un café con el chiquillo. Y si no haces eso, eres una estrecha, antigua, mojigata y reprimida. Muy agradable todo. Por tanto: soy feminista porque no me queda otra elección, y que yo esté deacuerdo con la libertad verdadera de elección y el respeto de dicha elección, no quiere decir que yo esté liberada.  Y porque entendamos de una puta vez de que estamos todos juntos en esto y que salvo detalles, somos bastante parecidos y que eso de ellos y ellas está más anticuado que las chanclas de goma y el peinarte echándote colonia.

Ya está, mi parto, digo post, lo dejo aquí. La criatura me ha salido larga, espesa y con un puntito de reivindicación final.

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