Resistencia al cambio

Me está costando escribir.

Eso es algo que me está sucediendo desde hace aproximadamente unos 4 años. Es la primera vez que me ocurre puesto que desde que soy una cría he escrito de forma regular. Cartas largas y luego blogs. Además de cosas sueltas por aquí y por allí. Sobre cosas cotidianas, nada excepcional.

Lo curioso es que ahora me cueste tanto escribir. Siento que esa resistencia en parte refleja la resistencia que estoy sintiendo al cambio. Antes escribía sin cortapisas de las cosas que me preocupaban, lo que percibía del mundo, de las personas anónimas o no con las que me encontraba, etc. En definitiva era yo en gran medida la que hablaba.

Ahora soy mucho más consciente de ciertas cosas y creo que esa consciencia me asusta. Antes seguía evitando cosas, pero estaba tan enterrado que casi pasaba desapercibido por el radar de mi consciencia. Y al ser así no sentía, en gran medida, que hubiera una falta de alineamiento entre lo que pensaba y lo que mostraba.

Ahora nada ha cambiado, pero a la vez todo ha cambiado.

Porque ahora soy consciente y ahora, si decido no mostrar algo, sí que me causa un problema, porque siento que estoy escondiendo. Estoy mandando un mensaje alto y claro: no está bien ser quien tú eres. Lo sé al 100% y no me gusta. Y ahí es donde entra, imagino, mi resistencia a escribir. Si sé que escondo cuando escribo, mejor no escribo y al menos esa sensación desagradable de no ser consecuente con lo que soy, no estará.

Pero eso tampoco arregla mucho las cosas, porque a mí me gusta escribir. Me resulta terapéutico, me ayuda a ordenar pensamientos y además me gusta plasmar con palabras las cosas cotidianas del día a día. Siempre lo he hecho y creo que siempre lo voy a hacer.

Tras mis más recientes y altamente estresantes experiencias, decidí, en lugar de mi usual rabia-empuje para tirar con todo y poder seguir adelante, sumergirme deliberadamente en mi dolor, en mis pensamientos e intentar sacar lo máximo. Rebozarme en lo desagradable y sacarlo a flote, para no evitarlo como de costumbre. Si no sabes cuál es el problema, difícilmente podrás efnrentarte a él, es mi mantra.

Y tras pasar por desiertos y cuevas oscuras llenas de monstruos, hoy, en un día mucho más soleado y apacible que los anteriores, me doy cuenta de que la solución última pasa indefectiblemente por superar el miedo a mostrarse vulnerable.

A tener una parte oscura, desagradable, de esas que en mayor o menor medida escondemos por miedo a que si la mostramos seremos señaladas como personas non-gratas para la humanidad y seremos quemados en la plaza del pueblo ante las risas y cara de asco y odio de los demás. O peor. A ser aislado, abandonado. Miedo a no ser suficiente inteligentes, guapos, divertidos, diligentes, y con ellos no llegar al nivel mínimo para optar a la beca de queribilidad.

[Semi Off-Topic ON]

En realidad, no deja de asombrarme esto tan fascinante que llamamos VIDA. Cómo se han seleccionado las características que han permitido nuestra supervivencia en una naturaleza donde llevamos todas las de perder, con lo que hay ahí fuera. Préguntale a un gato si tiene miedo de que le dejen abandonado y seguramente te mirará con esos ojillos grandes de no haber roto nunca un plato, esa cara de “estos humanos, y sus preguntas estúpidas”, finalmente seguido de una mirada de desdén mientras se aleja con sus andares elegantes a buscar un sitio donde poder satisfacer sus horas de sueño diarias.

[Semi Off-Topic OFF]

Y yo, sinceramente, no sé lo que es vivir mostrándome vulnerable el 100% del tiempo, dicho en plata, con el culo al aire. Lo resisto con uñas y dientes, desde que tengo uso de razón, porque lo anticipo estresante, y creo sinceramente que sería así. Porque nuestra sociedad está podrida, tiene unos ideales de mierda y somos mucho más manejables si nos amoldamos a la norma. Si tú cambias, el resto se va a resistir y luchar contra una sociedad entera se me antoja agotador.

Por otro lado, sé empíricamente que la cantidad de energía que hay que utilizar para ser intentar ser el ser humano perfecto, escondiendo deliberadamente todo eso que sabes que te va a manchar el currículum, resaltando lo bueno, y exágerandolo un pelín, es cansino de la hostia. Tu mente es un radar que ya quisieran en la armada, capaz de pillar el más sutil cambio en el ambiente, en las personas con las que interaccionas, para adaptarte a ellas. Para evitar el conflicto y mantener la paz, además de asegurarte su aceptación. Y que eso, a la larga, es incompatible con la vida (un eufemismo muy gracioso que usan los médicos para referirse a espicharla, estirar la pata, o más comúnmente, morirse).

Y claro, puesto así puede parecer una típica situación de las peores que hay: un entre la espada y la pared. Si no te muestras, tu verdadero yo se encuentra calentito sin recibir ataques externos, jugando al solitario, igual haciendo un puzzle o leyendo un buen libro de aventuras. Es como si a un niño no le dejas salir a la calle porque hay muchos peligros: que si los coches, el típico desconocido que da caramelos con drogas a los niños en la puerta del colegio, pederastas e incluso, si tienes muy mala suerte, corres el peligro de toparte con Leticia Sabater. Pero a la vez, al no salir y por ende, mostrarse, hay una parte de ti que empieza a frustrarse tela, a ponerse triste. Porque todos sabemos que lo que mola de verdad es jugar con más gente. Está bien leer aventuras, pero lo mejor es vivirlas.

El resultado es que al final, no sientes lo malo, pero tampoco lo bueno. Estás totalmente narcotizado. Y doy fé de esa sensación porque me he convertido en una experta en no mostrar mis emociones. Jugadora de póker de la vida profesional. Es reconfortante sentir que casi nada puede afectarte, pero es muy triste sentir ganas de saltar, abrazar y reirse y no poder hacerlo, a no ser que te tomes un par de cubatas.

Y como considero que la vida es mucho más que todo esto, que es ALUCINANTE sin ningún atisbo de dudas, si bien el miedo es grande, enorme, no queda otra que enfrentarse a él. Porque sí, las dos situaciones son malas en cuanto a que van a suponer estrés, pérdida de energía, etc, pero la opción espada, ya te ha atravesado por varios sitios y ves que si no haces nada, te vas a desangrar. Puedes aceptar que ese es tu destino y dejarte desangrar y esperar pacientemente la estocada final. O bien puedes probar la otra opción posible. Lanzarte de cabeza hacia la pared.

Con la esperanza de que la pared sea lo suficientemente bajita para que puedas escalarla o que pueda encontrar esa puerta camuflada que seguro que hay o incluso que sea como la plataforma 9 3/4 de Harry Potter.

Sé que tengo que irme corriendo, cuanto antes mejor, directa a la pared, pero a la vez y como soy muy miedica, me quedo paralizada. La pregunta pues es: ¿Podré?

Y por último, os dejo hoy con un vídeo de lo más interesante y que explica muy, muy bien por qué, nos guste poco o mucho, mostrarse como uno es y correr el riesgo de ser vulnerable es el único camino.

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2 pensamientos en “Resistencia al cambio”

  1. A ti por pasarte por aquí y comentar.

    Leí con gran interés todo tu proceso porque de una forma u otra tu experiencia resonaba en mí. Tu diste el salto antes que yo y a la vista está cuál es el resultado.

    Y ver que otros lo han logrado, y ver el proceso, no sólo el final y una especie de recetas mágicas, la verdad es que da otra perspectiva y anima a seguir los pasos.

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