Echarse a andar (II): Menos es más.

El otro día leí un artículo que resonó especialmente en mí. Durante años me voy preguntando si no estoy realmente deprimida. He leído todo lo que hay que leer sobre varios temas de psicología, y por supuesto la depresión es uno de esos temas. Pero igual enontraba que la definición clásica, no era sino demasiado académica, demasiado estricta.

Todos sabemos que estar deprimido es no sentir ilusión por nada, no poder llevar a cabo las tareas más sencillas y no encontrar placer por pequeñas actividades que antes nos llenaban. Entre otras cosas. Se podría resumir en un estado de apatía y desesperanza infinito. Un bucle del que es muy difícil salir. Y esto sin duda es cierto para los casos más graves o, me atrevería a decir, para ciertos tipos de personalidades.

Personalmente, me he encontrado en varias ocasiones con esta apatía y desesperanza crónica. He tenido alguna época de no querer moverme. He deseado morir, por el simple hecho de que el dolor que sentía era tan inmenso que no lo podía soportar. Algo así como eso que nos dijeron alguna vez en clase, de que había personas que sufrían una enfermedad que les provocaba tal dolor de cabeza, que sólo atinaban a lastimarse y lesionarse para, con suerte acabar con ese dolor. Con el agravante, de que no tienen medicamentos que les resulten efectivos. La muerte es en ocasiones más apetecible que la vida, si ésta es extremadamente dolorosa y no hay nada que la pueda calmar. El miedo a la muerte, que todos tenemos, de repente se puede convertir en un alivio nada desdeñable. El problema, claro, es cuando te pones a pensar en el dolor que inflingirías a tus seres queridos. Además, creo haber leído que el pensar en el suicidio es una suerte de analgésico para el cerebro, algo que te calma. El problema es que en nuestra sociedad hablar de estas cosas es tabú.

Pero aparte de lo que entendemos por una depresión clásica, ¿acaso no hay otras formas en las que podamos manifestar esa apatía general? Porque en mi caso, y según veo en los ojos de muuuuucha gente, la depresión es el mal mayor de nuestra sociedad, sólo que adopta formas a las que no estamos acostumbrados. Leyendo este artículo, me doy cuenta de que llevo muchos años deprimida, lo cual no me sorprende demasiado. Además, en el último año en Alemania veo que eso se ha descontrolado: he engordado casi 7 kgs en un año y pico (cuidando mi alimentación y haciendo deporte), problemas con el insomnio, un clásico en mi vida, tener como una neblina en el cerebro que te impide pensar con claridad, nerviosismo y saltar ante el más mínimo estímulo (que te den un pequeño susto o sorpresa y que se te salga el corazón por la boca y sentir que la sangre se te cae al suelo y empezar a temblar), y una sensación de sentir tus sentidos saturados. Cada vez reduces más tu vida para apartarte de esos estímulos que te saturan, y cuando sale algún imprevisto, tu sistema “se cuelga”. Vendría a ser como tener un Windows 95 instalado, cuando ese sistema ni funcionaba entonces ni mucho menos aguantaría ahora.

Así que estando en esa situación, hace falta hacer reset e instalar un sistema operativo en condiciones, que aguante lo que tenga que aguantar, y además, mantener ciertos hábitos para alargar la vida útil de tu máquina.

Evidentemente, lo que va a costar más va a ser desinstalar el sistema operativo y poner otro más adecuado (creencias limitantes y patrones de pensamiento erróneos). Pero hay otras cosas, mucho más sencillas y que pueden dar resultados rápidos:

En mi caso, y tras haber hecho varias intentonas en las que he pasado de una apatía depresiva total a una hiperactividad obsesiva, ahora me declaro fan del menos es más. La sociedad nos empuja a ser productivos, a consumir, a hacer, y revisando mis valores me doy cuenta de que haciendo eso, no sólo me desgasto físicamente, sino que al no tener tiempo de hacer absolutamente nada, no hay espacio para el aprendizaje, para la creatividad, para la conexión, libertad, autenticidad, experiencias y una vida saludable. Y eso para mí es básico. Con eso no digo que no se puede tener una vida plena y feliz, de esas que a mí me parecen de locos, con trabajo de 10-12 horas diarias, salir y entrenar para una maratón, y luego encima salir con tus amigos a por una cervecita y dar cursos de fotografía los fines de semana (entre carreras y quedadas varias)…sí, hay gente para todo, y lo que para unos es vidilla, para mí es MUERTELANDIA.

Pero si sientes que no llegas, que por mucho que sacas tiempo de otras cosas, sigues sin llegar…PARA!!! Para ahora, o espera a que tu cuerpo te pare. La primera opción es menos dolorosa, intuyo. Y si eres como yo, una persona activa, el darse cuenta de esto es un gran reto, porque si paras te sientes mal, pero si sigues con el ritmo infernal, te sientes incluso peor. Aquí la clave es en qué quieres gastar tus monedas diarias de actividad.

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