Echarse a andar (III): Reset.

Como decía en el post anterior, cuando tienes el sistema alterado, hay que hacer un reset. Sin contemplaciones. Y de ahí empezar a implementar poco a poco. Observando qué funciona y qué no.

En esta ocasión, mi aproximación es algo diferente a las anteriores. Y es que a lo largo de los años he ido adquiriendo una serie de hábitos que son la antítesis de una vida saludable. A saber: estar permanentemente conectada a internet, a redes sociales, hacer deporte por machaque no por diversión (estás gorda, adelgaza, etc.), irme a dormir a las tantas y seguir conectada, con lo que de repente, las 11 se convierten en las 4 de la mañana, así sin darse uno cuenta. Internet, esa biblioteca sin hora de cierre. Si eres curioso como yo, el saber parar el ir de un enlace a otro, es un auténtico desafío.

Así que mis primeros hábitos que llevo cultivando las pasadas dos semanas, son los siguientes:

1. Apagar tele (no la veo apenas), móvil y ordenador entre 10-10:30 de la noche.

El objetivo es claro: no alterar el ciclo circadiano y permitir entonces un buen descanso. Cuanto más tarde se apaguen los aparatos que emiten luz, más tarde logrará tu cuerpo producir la cantidad de melatonina (hormona del sueño) suficiente para que te duermas. Esto provocará una alteración de tu ritmo circadiano y luego vas a estar medio zombie de día y como un búho de noche.

2. Irme a dormir temprano (sobre la hora mencionada anteriormente, a las 11 como máximo) y dormir 8 horas mínimo.

Establecer una rutina del sueño, para que irse a dormir sea eso agradable que se hace de noche y que consiste en bajar el ritmo, relajarse, leer un poco, soñar despierta, y en definitiva algo que esperas y no algo que haces como un robot y que sólo aprecias por la mañana, cuando no hay quien te levante.

3. Moverme todos los días un mínimo de 30 minutos.

No necesariamente gimnasio o piscina u otros deportes. Con dar una vuelta por el barrio me sirve para esos días que no me apetece “hacer deporte”. Nuestro cuerpo está diseñado para moverse. De hecho, le encanta. Te lo agradecerá tanto en forma de mejor humor, mejor descanso y todo, que una vez te acostumbres, te resultará difícil decirle que no.

En mi caso, he puesto moverme un mínimo de 30 minutos en lugar de hacer deporte todos los días por una razón que no es aleatoria. Tengo la sospecha de que puedo sufrir fatiga adrenal, que vendría a ser que mis glándulas suprarrenales (que están en el riñón), han producido tales cantidades crónicas de cortisol (hormona del estrés), que la molécula de la que procede va directamente a proucir cortisol y no otras moléculas necesarias. Esto, explicado así muy por encima y patateramente hace que entre otras cosas: te canses con todo, tengas el ciclo sueño-vigilia a tomar por culo (cortisol alto por la noche, en lugar de por la mañana, con lo que estás activo de noche y dormido de día), etc.

“Hacer deporte” para mí es un arma de doble filo. Me cuesta empezar, pero cuando empiezo, paso de entrenar rollo “nivel abuela” a entrenar “nivel profesional”. Y pasarse, sobre todo si andas arrastrando síntomas crónicos de estrés, significa gastar tus reservas de cortisol, activarte una cosa mala, y lo que supuestamente es una cosa buena, hacer deporte, hace que te descontrole todo tu ciclo. Así que aquí, más que en ningún otro sitio, menos es más. Nada de series, nada de actividad vigorosa. Actividad suave, para que tus músculos recuerden que están ahí para algo, para que se vayan acostumbrando a moverse todos los días y ya cuando el sistema se vaya estabilizando, ir aumentando. Pero con cabeza. De momento está lejos de mis objetivos próximos el hacer deporte como lo hacía.

4. Trabajar cada día entre una hora y dos horas.

Me he dado cuenta de que necesito hacer algo que considero útil para sentirme bien. Pero también soy consciente, que al igual que con el deporte, pero mucho más en el caso del trabajo, paso de 0 a un millón en un momento. De ahí el límite tan estricto. Con una hora al día me conformo, ahora, eso sí, tiene que ser cada día. Y el máximo de dos horas, es porque ahora mismo mucho más no puedo hacer y porque si sigo mucho más, entro en mi dinámica “workaholic”.

Por ejemplo, ahora mismo estoy trabajando 3 días a la semana dando clases particulares. Esos días, el sólo hecho de ir y preparme las clases ya me paso de las horas máximas de trabajo. Así que, al contrario que antes, lo que hay que hacer, no empieza tras estas actividades, sino que ese día el cupo está cubierto. Y el resto del día lo tengo libre. Si me apetece hacer alguna actividad de esas pequeñas que hay que hacer en algún momento, puedo, pero sabiendo que yo por hoy, he cumplido. Los martes y jueves son días para mí, y mis proyectos alternativos. Y tener un día activo, con un día más tranquilo, pero no menos activo, me está yendo muy bien. No siento que me arrastro por la semana, sino que puedo descansar del esfuerzo.

5. Encontrar un rato para meditar cada día. O como entrenar a tu mente para que se centre en el aquí y en el ahora.

Lo de la meditación es algo que hasta hace unos meses, era una de esas cosas rarunas que yo intuía que jamás podría lograr hacer. Porque cuando se tiene una mente que parece un monillo hasta las trancas de anfetaminas, eso de dejar tu mente en blanco me parecía imposible. Y claro, como soy perfeccionista, cuando lo intentaba, me estresaba. Estresarse meditando me daba cuenta de mi inutilidad ante estas técnicas. Pero hará unos 4-5 meses, me recomendaron este libro: Mindfulness: Guía práctica para encontrar la paz en un mundo frenético.

Este libro ha sido toda una revelación. No sólo porque el que la escribe sabe de lo que habla, ya que es psicólogo clínico, y se ha basado en los estudios que ha realizado así como en numerosos años de experiencia, sino porque explica de forma muy clara cómo funciona tu mente, cómo se enreda y cómo parar eso. Y que es normal que al meditar tu mente no se quede en blanco, porque la mente es lo que hace: pensar. Es como pedirle al corazón que deje de bombear sangre y se ponga a producir insulina. Pues eso. Y lo que propone el libro que seamos espectadores de nuestros pensamientos. Como si fuéramos al cine. Y la verdad, si tenéis una mente tan inquieta con la mía, tendréis cine para rato. A días te tocan pelis de terror, dramones, y otros, son historias más tranquilas, más alegres. Además, te insta a concentrarte en tu respiración. Tu mente tiende a dispersarse, y de ahí que meditar sea un ejercicio para la mente. Igual que ejercitas tus músculos y con el tiempo puedes hacer más, con esto es igual.

LLevo dos semanas con estos hábitos y en tan sólo dos semanas, los cambios son más que notables. Estoy infinitamente más tranquila, siento que avanzo, que tengo un montón de tiempo al día para hacer cosas que me gustan, me despierto (sin despertador!) totalmente descansada y con ganas de hacer cosas. Además, llevo desde poco después de nuevo año dada de baja de Facebook. Y, ¡Sorpresa!, no lo hecho NADA de menos. De hecho, me ha liberado. Tengo un montón más de tiempo. Y es que si entras de forma compulsiva, tan sólo para ver qué se cuece, si tienes un like, mensaje, o ver todas las noticias de toda índole en el muro, se te va mínimo media hora cada vez que entras. Facebook es a las relaciones, lo que las patatas fritas a las calorías vacías.

La forma que tengo de hacerme consciente de estos nuevos hábitos ha sido la siguiente: en una cartulina he puesto cinco apartados con los hábitos a cambiar. Cada día que los cumplía, ponía una pegatina de un color diferente en el apartado correspondiente. Como soy una picada de la vida, esto hace que esté pendiente. Los primeros dos o tres días me costó, sobre todo lo de internet e irme a dormir temprano. Me enredaba hasta las tantas y parecía que me robaran las horas. Ahora, me sale solo. Porque ahora irse a dormir mola. Porque he recuperado el hábito de leer en papel ante de dormirme, algo que me encanta.

También me he dado cuenta qué pasa cuando tengo un disgusto emocional: mi mente se enreda, y entonces de la misma alteración física que siento y que no puedo controlar, me salgo por peteneras e intento conseguir esa calma que no consigo por mí misma, bien comiendo, bien con pensamientos en círculos y por supuesto, buscando información en internet hasta las tantas. El hacer este ejercicicio de los hábitos me ha hecho ser consciente de cómo el alterarme me jode el equilibrio en otros ámbitos de mi vida.

Pero también me he dado cuenta de que el forzarme a tener hábitos más saludables, hace que no tenga tanta importancia el tener un día malo, ya que al día siguiente, el ayer ya no importa, y tienes una nueva oportunidad de hacer las cosas bien. Hacer cosas que te sientan bien.

¡Ah! Y para premiarme por hacer las cosas bien, me estoy autorregalando experiencias: ir al cine, probar a ir a esa cafetería chula que vi, planear alguna excursión, etc. El placer del deber cumplido. Y lo curioso es que con lo poco que estoy haciendo, he avanzado más en dos semanas que en los últimos cuatro meses. Con lo que se confirma que el trabajar o hacer más para producir más es una auténtica falacia. Una ilusión de control.

Así, que el plan ahora mismo es seguir dos semanas más con estos hábitos recién adquiridos, observarme cuándo no los sigo, y trabajar los otros aspectos emocionales, que iré desglosando. Y seguir implementando nuevos hábitos. El órden que he escogido tampoco es aleatorio y creo que de momento he dado en el clavo.

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3 pensamientos en “Echarse a andar (III): Reset.”

  1. Hola guapa,
    He llegado a tu blog a través de un comentario en la web de Maria Díaz (atraída, quizás por saber que tú también has sido estudiante de doctorado) y me he quedado por aquí curioseando un rato… 🙂

    Me ha interesado mucho este post sobre la fatiga adrenal. Hace un par de años me compré un libro que trata sobre estos temas y propone un plan para rebalancear nuestras hormonas y nuestras vidas, desde un punto de vista muy femenino, y quería recomendártelo. Se llama “The woman code” y está escrito por Alisa Vitti, quetrabaja todos estos temas por medio de un programa denominado “FloLiving”. El libro la verdad es una joyita, muy sencillo y muy explicativo.

    Un abrazo!

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  2. Hola Ámparo,

    ¡Muchas gracias por el comentario y la recomendación! Lo leeré, que aunque ya siento que voy encaminada, toda información es poca. 🙂

    ¿Así que compañera de fatigas? Si no es mucho preguntar, ¿en qué hiciste la Tesis? Espero que la recta final no se te pusiera tan cuesta arriba como a mí (yo al principio me “reía” cuando veía a los doctorandos de último año, alma en pena vagando por el centro con preguntas filosóficas, quién soy, a dónde voy, moriré de hambre?, y luego, pues ale, yo tuve 3 tazas) 😛

    Un abrazo bien grrande!!

    Rosana

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