Cambiar, ¿es posible?

En los últimos años ha surgido un boom del desarrollo personal, de la autoayuda y del mundo coach, que aunque bien intencionado (al menos en su mayoría), para el que está al otro lado y recibe tal cantidad de “cambia, sé tu mejor versión, exprime la vida al máximo, etc,” puede llegar a agobiar.

Se nos insta a mejorar nuestro físico, por salud o acaso por puro narcicismo, a no conformarnos con una vida anodina y mediocre y por ejemplo hacernos freelancers y viajar por el mundo, a sacar rendimiento económico de un blog y a un millón de cosas más.

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Uy, ¿de verdad que esto es bueno? No sé, no sé…

La cantidad de información recibida puede llegar a ser abrumadora. Y peligrosa.

Porque creo firmemente que todo cambio, para ser beneficioso y duradero, tiene que darse en el momento y de la forma adecuada. Considero que la gente que no realiza cambios en su vida, que son objetiva y subjetivamente beneficiosos para dicha persona, es porque o bien no está lista para dicho cambio o bien porque no tiene las herramientas o apoyo emocional o psíquico para realizarlo en este momento.

En ningún caso creo que alguien no pueda cambiar. El aprendizaje es nuestra baza evolutiva y eso implica plasticidad neuronal, lo que en cristiano significa que lo que antes era de una forma, puede ser cambiado siempre que uno quiera. Que no te engañen, se puede cambiar SIEMPRE, y la neurociencia está demostrando que esta plasticidad cerebral, o capacidad de aprendizaje y por tanto de cambio, se mantiene a lo largo de la vida.

A veces uno se queda enganchado en hábitos poco saludables porque quizás este hábito dañino es el mal menor, en algo más profundo que le ocurre a esta persona. Imponer un cambio a una persona que no está listo para él, puede provocarle serios problemas en alguien con una condición preexistente y que de no ser conscientes de ellos, y si se deja a su suerte, el remedio puede ser peor a la enfermedad.

No soy psicóloga, pero sé que a nivel bioquímico, ocurre así.

Ejemplo: cuando no se pueden eliminar toxinas del cuerpo, el cuerpo lo que hace es que las almacena en el tejido graso para que se queden quietecitas, en lugar de dar vueltas por el cuerpo, y liarla parda, arrasando con todo lo que encuentran. Tener grasa, sobre todo alrededor de la cintura, no es bueno, es de hecho muy malo, pero perder esa grasa y por tanto liberar esas toxinas al torrente sanguíneo y por ende a todo el cuerpo, es aún más peligroso.

El cuerpo no es tonto y ya ha hecho balance de la situación. El cambio, para ser efectivo y saludable tiene que ser apoyar la eliminación de toxinas del cuerpo y luego, si eso, eliminar la grasa. Sin embargo, si el cuerpo no tiene necesidad de mantener bajo custodia a las toxinas (podríamos pensar que la grasa es como la cárcel de las sustancias dañinas), la grasa (cárcel) deja de tener sentido y el mismo cuerpo se encarga de eliminarla. Si te encargas de eliminar primero la grasa, te resutará imposible, porque el cuerpo lo ve como algo potencialmente mortal. Más incluso que morir a largo plazo de algún problema derivado de la obesidad.

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¿Muerte o destrucción? Oh dear…

Por ello, confío plenamente en la sabiduría del cuerpo y si alguien no cambia algo y se empeña de forma obcecada a mantener una actitud o hábito que en última instancia le hace daño, considero que esa persona aún tiene que aprender más cosas y conectar los puntos, obtener más herramientas, y en última instancia ser consciente y procesar/atacar dicho problema. A veces con un cambio de ambiente es suficiente, pero eso no es siempre posible.

Atacar un síntoma, sin ir a la raíz lo único que hace es desgastar, porque el problema sigue ahí y lo que es peor, se agrava con el tiempo. Yo en eso soy experta.

Así que realmente, antes de abordar ningún cambio, habría que plantearse una serie de preguntas, para ver dónde estamos, dónde queremos ir y cómo podemos lograrlo.

Esto resulta tremendamente complejo cuando uno recibe tantísima información externa. Parece que cambiar es fácil y uno se empeña con todas sus fuerzas a ello. Si fracasa, uno tiende a sentirse muy mal y como todos dicen que “cambiar depende de ti”, el no lograrlo nos baja la autoestima.

La película mental: “Claro, es que no tengo suficiente fuerza de voluntad, no lo he intentado con suficientes ganas, soy una floja y estoy condenada al fracaso más absoluto…” o ya, si son varias las veces que lo has intentado, simplemente te queda asumir que eres un LOSER y que estás condenado a esta vida mediocre y anodina de las que todos huyen despavoridos y que hará que te señalen con el dedo y se rían de ti.

Esto no ayuda y en su lugar, quizás, y sin caer en la autocomplacencia, hay que entender que a veces, simplemente no es el momento, o que dicho cambio no es beneficioso para nosotros, o no en la forma en la que se ha abordado. Y asumir, que a veces, cambiar no depende de nostros.

Por mucho que joda, no somos todopoderosos, seguimos estrictamente las leyes de la física y somos esclavos de nuestra naturaleza biológica, muy a nuestro pesar. No entender eso, es la receta más rápida para el desastre. Somos humanos y por tanto somos animales. Por no hablar de la complejidad social, que aunque modificable, si las reglas del juego son unas que no te gustan, por mucha pataleta que hagas, no va a venir alguien a decirte “vaaaaaaale, aceptamos pulpoooooooo”. That’s life, my dear.

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Si quieres cambiar las reglas del juego, primero tendrás que aprender a jugar a este juego, ser jodidamente bueno, y cuando tengas capacidad y poder para ello, cambiar las reglas del juego.

Como digo, llegar al punto mágico, no es sencillo, pero cuando el momento llega, creo que todo se da de forma más fácil (que no sencilla o sin trabajo). Estoy convencida de que cambiar es fácil. Es fácil cuando es el momento y por las razones adecuadas.

Si un cambio no es fácil, lo siento, ese cambio no es para ti. Pero no te preocupes. Hay más cambios en el mar y hay cambios que irán mejor con tu personalidad.

 

Oh wait.

En definitiva, hay que currar y hacerlo bien. Y como hay tiempo y ya la operación biquini ha pasado a un segundo plano, habrá que pararse a analizar un poquitín tu vida y para ello puede ser útil hacerse algunas preguntas.

Pero eso lo dejaré para el próximo día. Y mientras esperáis, os dejaré este vídeo que es muy didáctico y explica muy bien las estrategias de nuestra parte animal. Porque aunque parezca que eso de ser esclavos de nuestra biología sea una maldición lapidaria, en realidad, estamos muy bien equipados, y simplemente tenemos que saber utilizar nuestras herramientas.

Mario Alonso, la segona oportunitat.

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Un comentario en “Cambiar, ¿es posible?”

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