Nein, nein, nein! : cómo decir que no

Nein, aunque no lo parezca, hoy no os voy a hablar del dictador de la foto (no es por falta de ganas, conste).

Sino que voy a hablar de los pequeños dictadores que llevamos dentro, o los gran hijoputas, según el caso. Y de aprender a decir NEIN. Lo llaman establecer límites.

Veréis, llevo desde Enero haciendo experimentos varios y no sólo en el laboratorio. Mi laboratorio se ha extendido a mi casa, a mi vida diaria. Y me he dado cuenta, no sólo de que dentro de mí habita un dictador muy hijoputa, sino que además no tengo ovarios de pararlo.

Hasta esta semana. Sí, a ver, llevo semanas intentándolo. Pero ya lo dicen, que cuando uno cambia, el entorno se resiste. Pues mi pequeño dictadorcillo se ha retorcido cosa mala. No es el único. Hay gente de mi familia que está un poco desubicada conmigo. Hay otra gente que me conoce menos que directamente no sé ni lo que piensan pero mi intuición me dice que algo no muy bueno.

El caso, como digo, es que llevo varias semanas experimentando con el nivel de carga de trabajo. En Enero empecé bien. No tenía básicamente nada que hacer salvo recuperarme físícamente (otro día os cuento más) y me salieron clases particulares. 6 horas a la semana, más la correspondiente preparación, corrección y tal. Una mindundia para lo que yo hacía antes, pero aún así, se desestabilizaba mi débil equilibrio zen. Estaba hecha unos zorros.

A finales de Febrero, además, empecé a ir al laboratorio, por amor al arte, como hay que hacer las cosas y más si son de ciencia, que ya sabemos que el aire alimenta un montón y no tiene tóxicos. Tres veces por semana. Ahí el equilibrio que gané se fue a la puta mierda y eso que seguía siendo ni un 50% de lo que hacía antes. Puto cuerpo. Puto estrés. Puto dictador. Además, también empecé a investigar y escribir un proyecto de investigación que me traigo entre manos, a planificar y coordinar a la gente con la que quiero quedar en verano en Alemania, más clases, etc. Sigue siendo quizás el 60% de lo que hacía antes, pero aún así, no había semana que hiciera el 50% de lo que me había propuesto y que no me sintiera destruida y con unos pensamientos y actitud no muy pizpireta (pero como ahora todo es bueno, me he hecho un croquis de mis reacciones que ni Freud en sus mejores tiempos).

Y eso que cada cierto tiempo y tras “fundimientos” (yo los llamo momentos overwhelm o punto de saturación máximo) varios, iba bajando el ritmo y haciendo poda. Menos, menos, menos, coño, he dicho que menos! Es difícil hacer poda cuando todo es importante, cuando hay fechas de entrega y cuando no tienes un medio que garantice tu supervivencia a largo plazo (a corto y medio, gracias a Dios tengo ahorros, gracias yogures de marca blanca, con mi beca de Tesis no sólo me alimentastéis sino que pude ahorrar a cascoporro y esto me está salvando literalmente la poca salud física y mental que me queda). Pero si no lo haces tú, sino te enfrentas a tu dictador y le dejas las cosas claras, con toda la diplomacia de la que puedas hacer gala, vendrá el cuerpo, en plan rabieta de niño caprichoso y la va a liar parda. No está nada bien jugársela con el dictador, que te ve en horas bajas, cuando tenías toda tu estrategia montada, y te reconquista el terreno duramente ganado en un santiamén. Yo odio la estrategia, así que supondréis los ratos tan divertidos que estoy echando.

Total, que esta semana, concretamente hoy jueves 28 de Mayo, me congratula notificar que he completado el 90% de lo que me propuse para esta semana. Incluso he hecho cosas de la próxima semana. Y ayer, tuve un momento fundición que me duró todo el día en el que no pude hacer nada y me dediqué a temas de contemplación y alimentación del alma. Lo que viene siendo un rascarse a dos manos clásico. Y no me sentí culpable. ¿Lo necesito de verdad? Pues ea, lo siento dictador, HOY NO CURRO. No dejé ni que abriera la boca. Chitón. A mi hermano, que ayer pasaba por aquí, no se lo pude impedir, lo de cerrar la boca, digo y me echó la bronca por floja. Ironías de la vida, hace unos años me la echaba por masoca. Ahora soy yo la floja y él el masoca.

Y que durante todas estas semanas de observación, experimentación y análisis he aprendido básicamente un par de cosas:

1. Descansar es parte del trabajo. Un día de descanso es un día y pico de rendimiento a tope. O más. Clara ventaja. Voy a hacer más de esto, además es que mola y todo.

2. Todos llevamos dentro un dictador que nos dice lo que tenemos que hacer con autoridad militar. De dónde sale el dictador es algo que otro día hablaré, pero vaya, que básicamente lo dejamos entrar nosotros. Haz esto, lo otro, no, no es hora de dormir, hay que terminar esto, Scheisse, he dicho que no!! Nein, nein, neeeeein!!!! Los psicólogos y demás ponen mucho énfasis en ponerle límites a la gente que te rodea, pero ¿Por qué no empezamos con nosotros mismos? Tenemos material de sobra para practicar. Si lo logramos con nosotros mismos, lo demás será pan comido. No hay dictador tan fiel a jodernos la vida como el que llevamos dentro. Total, a los otros no los tienes que ver todos los días, pero convives con tu dictador, así que más vale que le pongas firme. Di no y no aceptes otra respuesta. Fin de la discusión.

3. Pensamiento friki de rigor: pensaba yo, anda qué curioso, igual que nosotros la mayoría de las veces seguimos a pies juntillas, sin siquiera plantearnos que lo que dije la voz hijaputa es bueno o no para nosotros, etc, este comportamiento es sospechosamente parecido al que explica situaciones como las que ocurrieron en la Alemania nazi. ¿Os creeis que los alemanes no veían lo que hacían con sus vecinos y que de repente se volvieron tontos del haba? Mmmmm, aunque está mal generalizar yo me inclino a por el no.

Entre otras muchas cosas (que igual un día me da por escribir más sobre el tema, una de mis frikipasiones), el problema principal fue no cuestionar esa voz que venía de un superior, de alguien a los que ellos respetaban y por tanto creían. Los alemanes son muy obedientes. Lástima que no siempre obedecen al que tiene buenas intenciones. Pero claro, es más fácil hacer eso, porque la otra opción, pensar por uno mismo, cuesta energía. Y en esos tiempos, igual te costaba la vida. Como todo en este mundo tiende al mínimo estado de energía posible, lo fácil era desechar la vocecilla de la conciencia, que sólo trae quebraderos de cabeza, y seguir la corriente. Hacer caso al dictador. Y si luego el dictador te la lía parda decir todo indignado: Será joputa el dictador, ay que ver cómo nos ha engañado, con lo buena persona que soy yo. Si hasta hago pasteles para los niños huérfanos.

Siempre pensamos, qué hijoputas los alemanes, pero realmente, ¿no pecamos acaso la inmensa mayoría de los humanos de lo mismo? ¿Cuántos son los que tienen los cojones de ir contracorriente y decir, lo siento pero no? De tomar las riendas de nuestra vida, de cuestionar lo que oímos, lo que pensamos. De cuestionarlo TODO . Claro, es más fácil seguir lo que otros te dicen y luego sacar balones fuera si la cosa no sale bien. De los alemanes ahora decimos que qué hijoputas y que qué cobardes. Pero ¿y nosotros? Ni siquiera somos capaces de cuestionar a nuestro dictador interno y de enfangarnos y pensar, cuando eso reportaría un beneficio más que probable para nuestra vida. Si no lo hacemos cuando los beneficios son tan evidentes y los costes realmente tan bajos (total, si te va mal, siempre puedes seguir de nuevo a las normas del dictador), cómo vamos a condenar la actitud de los alemanes en esas circunstancias. ¡Si lo hacemos nosotros todos los días!

Y amigos, con esta chochez de persona cansada, me despido y me voy a dormir. Pensaré en todo lo que puedo hacer con tres días, sin tener que hacer nada, porque todo está hecho ya (el 90% es suficiente para mí, el resto, la perfección, se lo dejo a Dios). Igual me aburro. Igual no sé qué hacer. No estoy acostumbrada a no decir “no tengo tiempo”, “tengo que”, “imposible, debería”. Un nuevo reto, una subida al siguiente campamento base de éste, mi Everest.

 Y tú, ¿Cuál es tu dictador particular? ¿Qué te cuenta? ¿Cómo lo mantienes a raya?

Y por último: Coño, sé valiente, si total, todos estamos cagados de miedo por dentro, incluso el de la foto (que las apariencias no os engañen, los que más ladran son los más cagados). Si no piensas por ti mismo, te la van a meter doblada. Palabrita de niño Jesús. Y como seas tú mismo quien se la mete doblada, pues oye, qué quieres, es una forma muy triste de endiñarla. Imagina tu tumba: Murió porque él mismo se mató. Triste, amigo, triste.

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2 pensamientos en “Nein, nein, nein! : cómo decir que no”

  1. Hola Cigi, me ha gustado mucho el enlace y efectivamente no se puede estar en la cresta de la ola continuamente. Es muy obvio pero se olvida con facilidad.

    Fíjate, en mi tiempo en Berlín, veía a mis pobres plantitas de interior que tenían un metabolismo ya de por sí muy lento (adecuado para la falta de luz, etc) y veía que aún así, iban perdiendo vigor, hojas en invierno. Y yo que soy más del sur que un cactus, iba a su par y mi energía y humor iba decayendo a la vez que mis plantas perdían vigor. Reía y me decía, pues claro, cómo pretenden trabajar esta gente a tope cuando estamos influenciados por las mismas condiciones externas que las plantas y resto de animales. No somos robots, somos animales. Unos más adaptados a unas condiciones que a otras, igual que las plantas y animales.

    Que sigamos un ritmo frenético 24/365 es antinatural y como tal, al final insostenible.

    Gracias de nuevo por el enlace!

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