Somos lo que comemos: menos Prozac y más alimentos

  La serotonina y la dopamina son sustancias que actúan como mensajeros entre neuronas, es decir, favorecen la comunicación entre ellas y permiten que todo funcione como debe funcionar. Se conocen como neurotransmisores, tenemos varios y cada neurotransmisor tiene una actividad diferente. Hoy me voy a centrar en dos de ellas:

SEROTONINA

En el caso de la serotonina, seguro que os suena por ser el neurotransmisor de la felicidad o de la depresión, si es que te falta. Wikipedia dixit:

  • Entre las principales funciones de la serotonina está la de regular el apetito mediante la saciedad, equilibrar el deseo sexual, controlar la temperatura corporal, la actividad motora y las funciones perceptivas y cognitivas.
  • La serotonina interviene en otros conocidos neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina, que están relacionados con la angustia, ansiedadmiedo, agresividad, así como los problemas alimenticios.
  • La serotonina también interviene en los parámetros de densidad ósea.4 5 Las personas que toman antidepresivos del tipo inhibidores de la recaptación de la serotonina pueden generar osteoporosis (reducir la densidad ósea).

DOPAMINA

En el caso de la dopamina, ésta tiene muchas funciones en el cerebro, incluyendo papeles importantes en el comportamiento y la cognición, la actividad motora, la motivación y la recompensa, la regulación de la producción de leche, el sueño, el humor, la atención, y el aprendizaje (Fuente: Wiki).

 La dopamina está muy involucrada en los circuitos de recompensa del cerebro, y por tanto en las adicciones. Es responsable de reforzar las comunicaciones entre neuronas y por tanto de establecer nuevos “caminos” en el cerebro (dicho en plata, ayuda a que aprendas o cambies hábitos, por ejemplo). La dopamina es por tanto la reina indiscutible de la plasticidad neuronal, mi musa porque es la que dice alto y claro que cambiar ES posible.

La dopamina es la molécula del amor y tenerla hará que te sientas enamorado de la vida, con ganas de hacer cosas.

Mi amor por una dopamina...
Mi amor por una dopamina…

LO QUE QUIZÁS NO SEPAS Y CASI NADIE TE CUENTA

Si no produces suficiente serotonina, estarás angustiado, ansioso, responderás con miedo y agresividad a problemas o circunstancias del día a día. Tu líbido disminuirá y en general perderás las ganas de hacer cosas placenteras. Sin dopamina estarás ansioso, apático, con baja líbido, concentración y memoria mermada. Dormirás mal y tu vida será un asco. Te empezarás a plantear qué cojones está mal en tu vida y ahí dale que te pego tendrás al cerebro intentando solucionar el sudoku que le has dado, forzándole a solucionar algo que igual no tiene solución o que igual ni siquiera es el problema para empezar.

Si no tienes suficientes niveles de serotonina y dopamina, tu cerebro no puede funcionar como es debido y estarás básicamente deprimido y/o ansioso, o todo a la vez.

Entonces irás al médico y con suerte* te medirá tus niveles de neurotransmisores, determinará que son bajos y que eso será debido a que tu cerebro está más pa’yá que pa’cá y que no produce lo que tiene que producir, síntoma más que evidente de que eso es una mutación la que te lleva a tal situación. Entonces te prescribirá antidepresivos que lo que hacen básicamente es aumentar la cantidad de neurotransmisor en la sinapsis (el hueco entre neuronas y que es dónde se produce el trasvase de información de una a otra, sin el neurotransmisor no hay comunicación y ya sabemos qué pasa cuándo no hay comunicación, que la relación se va al carajo). *Sin ella el médico te oirá brevemente y te recetará el Prozac o ansiolítico directamente.

El médico te restablece la comunicación y tus neuronas, que ahora se hablan todo el rato, como un par de quinceañeros enamorados, estarán felices, pizpiretas, y con ellas todo tú. Problema resuelto. Caso terminado. Ovación al médico. Vivan las pastillas, viva la ciencia, las drogas y la madre que las parió. Ole.

Somos neuronas y ¡amamos la comunicación!
Somos neuronas y ¡amamos la comunicación!

¿O no?

 Ea, copón, siempre estás igual, me dice una parte de mí, siempre buscando peros, qué coñazo eres jamía. Bueno, es que no lo puedo remediar.

Y es que, ¿Sabías que el 80-95% de la serotonina y el 50% de la dopamina producida por el cuerpo es producido en el sistema digestivo? El 95% de serotonina es casi toda la serotonina. Mucha tela. Lo producen bacterias que viven en el tracto digestivo, y a cambio de darles un hábitat de lo más comfortable (temperatura agradable, comida gratis, vamos que están a gustito las joías), ellas nos lo agradecen produciendo moléculas de la felicidad a cascoporro. No es mal trato. Pero ¿qué pasa? Que sin saberlo, comemos como el culo y nos las cargamos. Pobres, con todo lo que te han dado, y tú matándolas.

Luego nos encontramos mal, vamos al médico, nos da pastillitas para algo que ni genético ni leches. Y dirás, bueno, pues si la pastillita lo soluciona, ya está, de una manera u otra se soluciona el entuerto. Sí, pero no. Además de que tengas que gastarte una pasta, que bien te podrías gastar en cervecitas con los amigos, tendrás que soportar efectos secundarios, y que además los efectos primarios no sean tan chachis como las sustancias endógenas. Ains. Bueno, si no hay más remedio es un buen sustituto, pero como las endógenas NÁ.

En los últimos tiempos, además del libro que ya comenté en su día, y que para mí ha sido como abrir la caja de Pandora, una cosa me ha ido llevando a otra y realmente me estoy empezando a plantear qué fue primero, si el huevo o la gallina.

¿Os lo habéis planteado? ¿Realmente sabéis a ciencia cierta si estáis mal porque algo va mal en vuestra vida, porque es algo genético o por algo tan simple como no estar bien nutridos?. Porque una cosa es estar alimentados y otra es estar nutridos. Y creo que lo que comemos deja bastante que desear, o bien nosotros particularmente no lo asimilamos bien o directamente nos daña, etc. ¡Ah! Por cierto, el estrés siempre es el invitado estelar en todo esto. Da igual lo que mire, que siempre aparece como una posible causa.

CONCLUSIÓN FINAL

Ya lo dijo Hipócrates: “Somos lo que comemos” y que “el alimento sea tu medicina”. Me gustaría saber cuánta de la gente que va al médico para que les receten ansiolíticos y antidepresivos realmente tienen un sistema digestivo sano. Sería muy fuerte que estuvieras comiéndote la cabeza por cosas, que de restablecer toda esa flora intestinal ni te plantearías.

A mí me ha dado mucho que pensar, y como estoy en fase experimental y el verano se acerca (época ideal para experimentar), próximamente iré relatando más retos, porque quiero probar en carne propia todo esto que estoy aprendiendo.

La cantidad de información que he ido recopilando es ingente, y sólo de pensar en exponerlo de forma más o menos ordenada y me entra ansiedad. Así que he decidido, para no postponerlo ad-infinitum, que lo voy a ir exponiendo de a poquito, en el órden que me plazca, y si queda muy desordenado pues ya lo ordenaré en su momento, sobre todo porque me parece súper interesante entender la relación que todo tiene con todo. No soy médico, y no pretendo sustituir a ningún médico y ni siquiera sentar cátedra diciéndote qué es bueno para ti. Simplemente quiero exponer lo que estoy aprendiendo y que tú saques tus propias conclusiones.

Y aunque no lo parezca, no estoy en absoluto en contra de los médicos. Gracias a la medicina y a la ciencia en general no nos morimos por infecciones entre otras cosas. No creo que tenga que dar razones para defenderla, ya que se defiende sola. Y bastante presión tienen ya los médicos como para que encima les carguemos con más. Hacen lo que todos, lo que pueden dadas las circunstancias. El hecho de que cada vez tengan menos tiempo por paciente, y estén más especializados hace que olviden o ni siquiera sepan cosas que por lo visto son más antiguas que el andar para adelante. Antes se sabía de forma empírica, por pura observación y ahora la ciencia lo está empezando a demostrar. La ciencia, genial para demostrar con datos objetivos, pero que siempre llega con siglos de retraso.

 Pero aún así, me parece una pena, que habiendo una solución tan fácil y que se diagnostica de forma tan obvia (por ejemplo preguntando por las cosas que come y sobre todo, cómo evacúa) se tire a por lo fácil. Supongo que más vale solucionar que no solucionarlo en absoluto por falta de tiempo, con lo que el sistema realmente parece que es lo que hace que funcione mal y no la medicina en sí. Igualmente, hay que saber diferenciar cuando un estado es lo suficientemente crítico y grave como para no andarse con cambios de alimentación, que aunque efectivos, son más lentos que una pastilla. Hay que saber distinguir.

  Ahora, eso de dar pastillita a la mínima de cambio, realmente ¿a quién favorece? ¿Hay realmente más casos de depresión y ansiedad porque vivimos en una sociedad acelearada, estresante, enferma o hay otras causas que nos enferman? ¿Hay estudios que muestren cómo es el estado intestinal de las personas con depresión?

Closeup Money rolled up with pills falling out, high cost, expensive healthcare

  Yo las respuestas, desgraciadamente no las tengo, pero al menos espero que os haya dado material para pensar.

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3 pensamientos en “Somos lo que comemos: menos Prozac y más alimentos”

    1. Hola, ya lo he arreglado, me he hecho un lío al enlazar una entrada antigua. Igualmente el libro es el de “Cuestión de cintura” de la Dra. Marilyn Glenville y en el que explica los efectos del estrés en el cuerpo y más concretamente en la causa de la obesidad (ahora, los efectos a todos los niveles van más allá de los estéticos y a partir de este libro estoy llegando a lo que estoy descubriendo últimamente).

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