Bajar las expectativas y confiar

LLevo un día de mierda. Sí, exacto.

Además, no sé si tiene algo o no que ver, hoy estoy terriblemente cansada. Ya empecé la semana así. El lunes no me moví de casa. El martes rendí bastante y ayer era un zombie pero tenía cosas pendientes y que no se podían retrasar. Hoy soy otra vez un zombie. Me pregunto si tiene que ver que la semana pasada hiciera lo que en una semana y media en 4 días y que el fin de semana, a pesar de pasármelo genial, durmiera no más de 4 horas diarias y comiera así regular. Igual es que me tiene que venir la regla, igual es que me va entrando el canguelo de que se acerque la fecha límite del proyecto y yo aún en bragas.

Las respuestas no las sé. Lo que si sé es que hoy ha sid un día de mierda. Por varios motivos y por ninguno en particular. No quería escribir aquí hoy porque pensaba total, qué voy a decir que pueda ser medianamente útil. Pero de repente se me ha iluminado la bombilla. Igual me voy por peteneras, pero vamos a dejar a la mente creativa que explore el sendero que más le apetezca.

Recuerdo este fin de semana como una amiga, que conozco desde hace apenas 3 meses, pero con la que congenio mucho, que le sorprendía mi alto nivel de tolerancia con la gente. No entendía a qué se refería, porque apenas me conoce y por tanto, apenas me ha visto interaccionar con la gente. Además, mucha gente al poco de conocerme y como se ha constatado también este finde pasado, me tiene por una mujer “brava”, “fuerte”, “que no se achanta”. Y yo miro estupefacta y me pregunto que qué les hace pensar eso. Si hasta me da miedo meterme en el mar no vaya a ser que me muerda un pescaíto (la película tiburón hizo mella en mí).

Me sorprendió, pero dándole vueltas y sobre todo por algo que ha pasado con una buena amiga (la mejor) esta semana me he dado cuenta de que cuánta razón tiene. Además, me sorprende que desde fuera sea tan evidente. Esta semana me he dado cuenta de que me respeto y me doy a valer muy poco. Pongo los sentimientos de otros por encima de los míos, perdono los agravios, deslices y cagadas varias hacia mí porque todos somos humanos y fallamos, pero a la contra yo me chupo todo eso sin decir ni mú. Aunque duelan. Y además, yo no soy ni una milésima parte tan buena conmigo misma como lo soy con otros. Me pregunto de donde viene. Me digo que no es tan importante, que analizando no hay razones objetivas para reaccionar así (estúpido cuerpo, por qué te duele, ¡¡no hay motivo!!) y que debo dejarlo estar. Lo dejo y me siento mal durante unos días. Hasta ahora, ni siquiera sería consciente de eso. Simplemente no le echaría cuenta, pensaría que estar mal es simplemente una característica intrínseca mía, que bastante suerte tengo con tener amigos que me aprecian y siguen estando conmigo a pesar de todas mis faltas.

Manda huevos.

Yo aquí perdonando todo y yo no me perdono ni una. Así que, aunque cagada de miedo, he decidido intentar algo diferente. En este tema en concreto, decirle a la persona en concreto, que no dudo de su falta de intencionalidad en herirme de sus palabras, pero que lo cierto y sin entenderlo yo muy bien, el caso es que me duele, y que no puedo hacer mucho para remediarlo, más que decírselo y que sea consciente de ello.

Mi prioridad es mi bienestar y aunque me resulta terrorífico eso de cabrearme con otra persona y que esa persona me abandone o deje de creer que soy válida de su amistad (cuando en realidad, por chungo que parezca, al no hacerlo YO ya me he invalidado como persona válida), pues que resulta que por las razones que sean, me resulta difícil vivir con ese puto nudo en el estómago y sentir esa rabia, miedo, dolor todo junto y no hacer nada para mitigarlo.

Y relacionado con el título, me doy cuenta de que mi tan sabida autoexigencia se encuentra con unas expectativas excesivamente altas de lo que considero que es mi yo ideal. Mi yo ideal es simpático, inteligente, no se enfada, es buen amigo, tolerante, trabajador, y un montón de cosas más. Y me doy cuenta de que parte de mi frustración y mal rollo general causante de días de mierda como el de hoy es el que entre mi yo real y mi yo ideal hay una galaxia de distancia.

Por alguna razón he aprendido que no me puedo permitir ser menos que perfecta, aún sabiendo racionalmente que la perfección es una falacia. Desde el raciocinio lo entiendo perfectamente, pero hay algo dentro de mí que no lo ve así. Si hablamos con la niña que habita en mí, me dice, que sí, que todos mis datos racionales expuestos cual presentación de seminario científico están muy bien, pero que ella ha aprendido que el dar problemas, el mostrar tu enfado era peligroso para su superviviencia. Mi parte racional dice que no exagere, ni que hubiera estado en guerra. Mi niña interior me dice, que es muy fácil hablar desde la perspectiva de un adulto, cuando tienes libertad de decidir y dejar de aguantar situaciones que consideras negativas para ti, pero que a ver qué hubiera hecho yo en su lugar de depender mi vida de la misma fuenta que me provocaba tal malestar.

Me callo.

Tiene razón la jodía niña. Y tiene razón que ahora tengo liberta de decidir. Y lo triste es que no lo hago. Que decido actuar desde el miedo paralizante de una niña que se esconde bajo la cama de puro terror y que espera que el temporal amaine. Decido evitar el problema pensando que no puedo hacer nada para resolverlo y que de intentarlo siquiera, mi vida estará en peligro.

Es una mierda vivir así. Es una mierda, porque no te relacionas con los demás de igual a igual, desde el cariño, o el amor. Te relacionas desde el miedo y sólo te queda rezar por no encariñarte de una persona que te va a hacer daño.

Y todo eso ocurre en tu cabeza mientras que la otra persona vive en sus mundos de yupi, ignorante de lo que por tu ser está pasando. Piensas que hay que ver, por qué te haría eso si te aprecia, etc, etc. Lo cierto es que lo más probable es que esa persona ni sea consciente. Porque bien no sabe que te duele (se lo has dicho?) o bien porque tiene la incapacidad de entender tu dolor porque su dolor se interpone entre tú y esta persona. El dolor y el miedo son los grandes obstáculos de las relaciones sinceras.

Y todo esto ha ido hoy desfilando dentro de mí, a la vez que me iba maldiciendo por haber malgastado un día de mi vida cuando tengo aproxiamdamente 10 trillones de cosas que hacer. Que en apenas dos semanas me voy a Berlín y aunque tengo el esquema del proyecto en mi cabeza, líneas escritas tendré cuatro. Luego me han venido a la mente, para martirizarme un poco más, todos esos gurús del cambio, de la productividad y me he sentido más mierda. Puta floja de mierda, me he dicho. No sé ni cómo te han dado un doctorado, si no eres capaz de trabajar más de 15 horas 7 días a la semana. Farsante. No te van a dar un puesto ni como kioskera para vender pipas (con todo el respeto). Y mi yo masoca, y perfeccionista o qué sé yo, ha dicho, ¡ok, bien! Hoy no haces nada, vale, como estás con toda esa mierda de saber tus límites, no sobrepasarte, el rollo ese del cortisol, el estrés, la salud, cuidarse, te lo voy a pasar, pero que sepas que vas a recuperar todo lo que no has hecho esta semana el fin de semana y que vas a ir a la biblioteca del centro sábado y domingo.

Y yo no sé qué parte de mí exactamente se ha venido abajo. Joder, menudo plan. Pero por otro lado, tengo que hacer cosas. Tengo que avanzar. ¿Cuál es la solución?

Pues en última instancia se me ha encendido la bombilla. Estoy harta de obligarme a hacer cosas cuando realmente NO puedo hacerlas. Es verdad que entre un día NO poder hacer algo y la autojustificación en plan excusa (hoy no voy al gimnasio porque…..) la delimitación está difusa.

Pero si no me doy tanta caña y acepto que soy una persona cumplidora, y que igual estoy poniendo unas expectativas irreales de lo que me he propuesto que tiene que estar listo para mi reunión y que total, entre el ideal de mi cabeza y lo que la mayoría de gente espera de mí hay un mundo, igual, puedo bajar, aunque sea por unos días, mis expectactivas y confiar en que tendré todo listo para mi reunión. Quizás no como quisiera (si no tengo a una plantilla de 100 personas funcionando día y noche para mí, creo que eso no se va a dar), pero sí más que suficiente para conseguir los objetivos que me he marcado.

Tengo mucha presión, puesta por mí claro, porque no en vano en esto me juego más yo que ellos, que no se juegan nada, pero lo cierto es que esta no es mi última oportunidad. Quizás falle en esto, quizás no me salga como yo quiera, quizás sea siquiera lo que tengo que estar haciendo, pero en cualquier caso, ME NIEGO a pasar por estos estados tan sólo por una cosa que no es segura, cuando lo que sí es seguro que tengo, y que es este momento, me lo dedico a martillearme y a maltratarme.

Así que en lugar de martirizarme para recuperar el finde lo que no he hecho por puro cansancio (y no por floja como me digo), voy a revisitar el planning, voy a ver qué cosas que requieren menos trabajo puedo hacer y que son necesarias y ver cómo puedo avanzar algo, dentro del tiempo de trabajo que me queda y que no va a incluir horas extras, ni el finde, ni por la noche, ni nada.

Aceptar que hay días mejores, días peores y que más vale hacer algo, aunque sea una porquería en relación a lo que tendría que ser, que no hacer nada. O, que en el caso de no hacer nada, no fustigarse por no hacer nada. Soy humana y me permito descansar. Me permito tener días de mierda y me permito ser imperfecta.

Y me permito quererme por todo ello. Y confío en que todo, de una forma u otra saldrá bien. Con mi trabajo, sí. Pero con mi esclavitud y la enajenación de mi ser, no.

P.D.: Menudo tostón en un momento, ¿no? Me pregunto cuántas palabras así amables me habrá dado tiempo a dedicarme  en todas las horas de hoy. Si es que, en días como estos, lo mejor es dormir, que al menos el nazi este que llevo en la cocorota se calla).

P.P.D: Hoy ni mini edito ni nada. Así en crudo.

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4 comentarios en “Bajar las expectativas y confiar”

  1. Hola R.
    Ay, ¡¡¡cómo te entiendo!!! Yo también soy muy dada al automachaque (si no haces esto, eres así o consigues x eres una mierda) y a la tolerancia y comprensión extrema hacia los demás. El caso es que creo que nos damos tanta caña porque pensamos que sin eso no conseguiremos hacer nada significativo con nuestra vida (como los padres que piensan que si no obligan a sus hijos a estudiar ellos no querrán aprender nunca nada). Y lo normal es que tanto machaque nos agota y quita energías para hacer algo de verdad interesante con nuestras vidas. Últimamente le doy vueltas a la idea de que la autoaceptación total es el mejor método para conseguir cambiar de verdad. Una vez que te quitas el ruido mental de los deberías ser o hacer y aceptas que si sigues teniendo tus defectos hasta que te mueras, estará bien, te liberas de mucha carga que es responsable en gran medida de la parálisis.
    Mmmmm, espero haberme explicado 🙂
    Ánimo con el día de mierda, como dicen los budistas, todo pasa!!!

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  2. Muchas gracias Cigi por el comentario y la aportación musical. La verdad es que ya estoy bien. He aceptado que ahora necesito descansar y que si quiero utilizar mi tiempo de trabajo, trabajando y no malgastando el tiempo mejor me doy el tiempo libre “que te lo mereces chavala”.

    Si bien voy mejorando en gestionar mi trabajo y cómo me lo organizo, todavía me queda un trecho, sobre todo porque tengo la creencia de que gandulear no está bien. No sé de dónde la he sacado, porque nunca he sido gandula. Supongo que fue una de las magníficas enseñanzas que me dejó mi paso por la Universidad, que aparte de la magnífica enseñanza que soltó un día un profesor en clase “poned en cuarentena todo lo que leais u oigais, venga de donde venga, incluso lo que yo os diga”, se me fueron metiendo ciertas creencias en las que además no creo.

    Es momento de recuperar esa parte olvidada de mí, pero el descanso “porque sí” cuando hay cosas que hacer, lo llevo un poco mal. Pero todo se andará. 🙂

    Por otro lado, creo que este machaque a pesar de no ser exclusivo de ningún género (faltaría más), lo veo sorprendentemente más a menudo en mujeres que en hombres. Al menos en la forma. Lo cual me resulta curioso y me está llevando a que observe a las mujeres con las que me cruzo y veo que la mayoría de sus problemas son muy parecidos y que responden a expectactivas irreales que se han puesto ellas o la sociedad. Sobre esto hablaré en una entrada.

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