Berlín y sus fantasmas- Día 1

  Es una pena que no haya tenido energía hasta ahora para escribir porque la verdad, los 4 días que llevo en Berlín han dado mucho de sí y creo que ahora, con mi adormecido cerebro, no voy a ser capaz de sacarle tanto jugo.

El vuelo

El lunes estaba yo preparada para coger el avión que haría parte de la ruta del avión siniestrado no hace mucho. Volar no me gusta, soy un ser primario y no creo que a ningún animal le parezca relajante ponerse dentro de un tubo metálico a miles de metros del suelo.

Observaba a la gente en la cola antes de subir al avión. Vi representados a casi toda la fauna de Berlín, los hipsters modernos con estilismos imposibles, todo para diferenciarse del resto y resultando ser todos clones, los canis con peor alemán que el mío, y una mezcla de Ossies (del Este, con connotación negativa) y gente medio normal. Te reconozco a un Ossie a la legua. La verdad es que ya tengo curiosidad por saber dónde consiguen esos cortes de pelo y ropa. Su actitud ante la vida, creo que sé de dónde les viene.

Los miraba a todos ellos y pensaba, fíjate, qué poquita cosa somos los humanos. En comparación con un elefante, con una ballena, con un dinosaurio, somos apenas unas cuántas células juntas. Con esa cosa encima, que nos hace los seres con mayor capacidad de aprendizaje de la historia. El cerebro. Ese gran desconocido. Esa cosa pequeña, que puede ser afectada por cosas tan sencillas como los niveles de cortisol, las horas de luz, la cantidad y calidad del sueño, la comida que nos metemos entre pecho y espalda. Me pregunto cuántos de estos cerebros que esperan a ser llevados a Berlín, estarán sanos. Cuántos tendrán problemas, estarán atascados y quizás a punto del toque de gracia final que les lleve al desastre.

El vuelo fue bien. No se movió lo más mínimo. Suerte, porque no sé yo si mi cuerpo hubiera aguantado una situación de “lucha y huída” cuando llevo tantos meses regulando esa respuesta para que no salte a la mínima. Pensé que de algo hay que morir, y que si es ahí arriba, en fin, no es mi top 5 de muertes favoritas, pero al fin y al cabo, tampoco lo podía elegir en ese momento y me quedaba confiar en las capacidades de los que estaban al mando, así como de ingenieros (menos los de Berlín) y en las leyes de la física que pareciera que estaban desafiando.

La llegada

Berlín me dio la bienvenida como sabe que me gusta. Con rayos, truenos y centellas. Pasé de Berlín. Tú no me gustas, yo no te gusto a ti, vamos a mantenernos alejados y a ignorarnos mutuamente. Empecé a ver cambios en la ciudad. Un Mc Donalds en la estación de Ostkreuz. Coño. Los comunistas hubieran estado saltando de alegría. Me imagino al ejército haciendo gala de poderío, marchando por la Karl-Max Allee, todo serios y de repente, ostias, un McDo, ¿nos hacemos una McCheese? Y todos ahí como locos corriendo y yendo a pedir su McCheese de 1 €.

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Karl-Marx Allee: lo que la gente ve

Odio la Karl-Max Allee, sobre todo yendo en bici, y odio la estética comunista. Al arquitecto habría que haberlo matado a pellizcos. Como persona romántica e idealista sin remedio, me gusta mucho la ideología comunista, no en vano es ideología para las personas, la ideología de la abundancia y eso está bien, sólo que es tan utópica que los simples mortales, llenos de prejuicios somos incapaces de llevar a cabo. Además, es que el mundo a menudo no suele ser ideal. El que todo mandatario comunista haya sido un hijoputa y que haya obligado a la gente a creer en su versión de la Biblia, digo del comunismo, es razón más que suficiente para odiarlos a todos. El gran problema del mundo, la falta de comprensión lectora. Con lo opuesto no me voy a poner ahora, que sólo tengo un blog. 😛

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Karl-Marx Allee, lo que yo veo.

Otra de las sorpresas que me esperaba es ver el comercio en el que estuve trabajando vacío, decrépito y con tan sólo la pizarra con el menú bajo la ventana. Fue de lo primero que vi, y aunque ya sabía que iba a estar así, me dió mucha pena. Posiblemente, la entrada del “Mindestenslohn” o salario mínimo a principios de año, fue lo que desencadenó el cierre. Me sorprendió saber, en su día, que el dueño, a pesar de trabajar 10 horas diarias, ¡Cada día! (y cansa un huevo, yo con la mitad de horas, 3-4 días a la semana acababa muerta), necesitaba ayuda del gobierno para salir adelante. Otra opción hubiera sido trabajar 13 horas diarias y ahorrarse a los trabajadores en semi-negro. Un salario mínimo es una buena cosa, desde luego, pero, ¿a quién beneficia realmente? No a los pequeños comerciantes, está claro.

Fui a recoger mi bici prestada, que me esperaba en la calle y delante de la casa acordada. Me molan mucho todas las iniciativas que promuevan el compartir recursos. En este caso, en Berlín, cuando yo llegué en Julio de 2012, había un jipi irlandés, farmacéutico si no recuerdo mal, que puso en marcha esta iniciativa. Empezó poniendo él unas pocas bicis a disposición de quien las quisiera, y tú simplemente tenías que ver disponibilidad en un calendario, pedir qué bici querías y cuándo, y él te la dejaba atada fuera del sitio acordado. El candado se abre con un código, que él te daba. Al chico lo vi un par de veces más en alguna quedada de Couchsurfing, pero básicamente no supe más de él. Y me alegró ver que su proyecto iba creciendo y que más jipis se están uniendo a él.

Así que, no hacía ni una hora que había bajado del avión, y ya me podía mover por la ciudad en mi medio favorito: la bici!

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Mujer yendo en bici a lo largo del Muro de Berlín. Fotografía: John Macdougall/AFP/Getty Images

Fui directamente a la biblioteca a trabajar. Sí, exacto.

  Es mi biblioteca favorita, de las que conozco en Berlín y me costó mucho encontrar ese sitio de paz espiritual que tanto bien me hace. Es la más sencilla arquitectónicamente hablando, nada pretenciosa, pero sin duda la más cómoda y funcional. Luego están las bibliotecas búnker o las bibliotecas universitarias, donde lo único que te falta es pasar por un detector de metales y donde hay que dejar todas tus mochilas y avíos en una taquilla. Sí o sí. Y claro, vaciar una mochila hasta los topes y llevar todo eso con las manos, muy fácil no es. Me repatea cuando hay normas absurdas y que lo único que hacen es complicarte la vida. En eso los alemanes son los reyes indiscutibles.

Stadtbibliothek Breite Str
                       Stadtbibliothek: En Breite Str. Cerca de Alexanderplatz y de la Catedral.

 

Las primeras emociones

Estuve trabajando ahí, hasta que llegó la hora de dirigirme a mi nueva y provisional morada, en una ciudad nueva para mí (sólo había estado de visita): Berlín Oeste.

Pero antes, cuando salía de la biblioteca, me decía que qué perra es la vida, yo a apenas a 200 metros de la casa del que fue sin lugar a dudas mi mejor amigo en Berlín. La primera persona que no se aburre mortalmente con mis idas de olla, con mis ganas de divagar acerca de varios temas y que además, por algún defecto incomprensible, me da cancha. Con pocas personas me ha pasado el poder hablar horas, horas y horas, paseando muertos de frío en la calle y no notarlo. Que las horas pasen apenas como segundos. La verdad, esto ha sido algo nuevo para mí. Si acaso lo he vivido en ráfagas fugaces, pero no como algo mantenido en el tiempo.

La verdad, es que yo de Amor sé bastante poco, y cada vez menos, y puesto que no sentía esas mariposillas en el estómago y tan sólo un profundo aprecio hacia esa persona, y un tranquilizente y sosegado bienestar, no sé si lo que sentí con él fue Amor o Amistad. Debía ser lo segundo, porque de lo contrario, no me entra en la cabeza que dos personas que se lo pasan bien, que hacen el mismo tipo de cosas (casi) no puedan tener una relación de pareja por cosas tan banales como una diferencia de edad y unos estándares estéticos que no son los soñados. Esto me ha tenido pensando varios meses, incluso en sueños, y todavía no he llegado a una conclusión.

Si el Amor no consiste en roles de poder, en pasarlo mal, en dependencias emocionales, en chutes de neuroquímicos en el cerebro que te desestabilizan el raciocinio y te convierten en un estúpido temporal, pero el estar a gusto con una persona, tener las mismas metas vitales, pero no sentir ese desequilibrio mental, tampoco lo es, entonces, me rindo. No sé lo que se supone que se necesita para tener una relación de pareja saludable, libre y duradera.

Espero que ello no pase por dejar de ser quién soy, por dejar de ser incómoda, ese grano en el culo en los esquemas mentales de mucha gente, o por tener que convertirme en una mujer solícita, mansa y que no te hace pensar o que no desafía tus certezas absolutas. No, eso no lo quieres ni tú, ni yo, y  aunque te joda, porque eso implica complicarte un poco más la vida, como si ésta fuera fácil, bien que lo sabes. Yo lo sé, y tú lo sabes. Pero bien, imagino que los hombres estáis programados para ir a por la más tiernecita y jugosa y que ya tenéis a los hombres, que son los que razonan de forma cartesiana y dejando eso tan incómodo (emociones creo le llaman) de lado. No en vano, ninguno de tus musos intelectuales han dejado en buen lugar a las mujeres. Simplemente aparecen como un decorado que pasaba por ahí.

A ver, aunque lo parezca, y quizás lo sea, no es un reproche. Yo tampoco he tenido nunca claro mis sentimientos hacia ti. Como tú comprenderás una persona que ni siquiera sabe cuándo necesita descansar o tomar agua, mucho menos podrá saber este tipo de cosas. Una persona que se ha pasado media vida de espaldas a sus necesidades y a sus emociones, mimetizándose con lo que era lo más aceptado en un momento dado, difícilmente tendrá las agallas de decir: pues sí, oye, me encantas, yo te encanto, los dos lo sabemos, pero los dos somos unos putos cobardes. Así que bueno, por lo que a mí respecta, todo está en proceso de ser olvidado. Comprendo que tus actos han sido reflejo de tu cerebro masculino, y los míos de mi cerebro femenino puestos bajo la presión de un “total war”. Y que sin tener un diccionario, en ocasiones ha sido difícil, a pesar de la maña que tenemos los dos para los idiomas. En cualquier caso, te doy las gracias porque gracias a ti, ¡quién me lo hubiera dicho!, me di cuenta de que soy más sensible de lo que siempre me han dicho que está bien ser, y que es gracias a tu sensibilidad innata y a tu gracia llevándola lo que me ha abierto los ojos. Si tú siendo hombre no te avergüenzas, no veo que yo tenga que hacerlo. Gracias por eso.

El lunes, cuando salía de la biblio, me hubiera encantado que las circunstancias hubieran sido diferentes, me hubiera chiflado poder hablar contigo acerca de la situación en Grecia y en tantos otros sitios, de tu Mutti, y en general me hubiera gustado oir que estás bien, que tu Tesis la tienes casi empaquetada, o incluso ya entregada y que la vida en Berlín te sigue pareciendo tan interesante intelectualmente como siempre. Me hubiera chiflado hacerte la coña de que eres ruso y que si tú eres mediterráneo, entonces los alemanes que veranean en Mallorca también lo son. Me imagino tu cara y me parto sola. Me hubiera encantado ir a tomar un café y tumbarnos en Monbijou Park, mientras nos echamos unas miradas cómplices cada vez que vemos a un hipster dando la nota.

  Lo cierto es que esta ciudad me recuerda a ti. Quizás para ti no sea como para mí, no en vano, tú tienes tu trabajo, tu vida y tus amigos aquí, pero para mí, no hay casi ningún rincón de esta ciudad en las que no tenga recuerdos contigo. No he sido consciente de esto hasta estos últimos días. Hemos sido exploradores de esta ciudad, observadores de tendencia, filósofos y activistas de sillón y lo único que no hemos sido es ser sinceros el uno con el otro.

 

Espero que estés feliz, y que, como querías, hayas podido follar con tantas tías como tu cerebro de tío te pedía. Esto no te va a proporcionar lo que tú piensas que necesitas. Tú aún no lo sabes de forma consciente, pero tienes que experimentarlo primero para darte cuenta. O quizás sí, quién sabe. El caso es que hay una parte primaria ahí y sin duda hay que hacerle caso. Entiendo que necesites hacerlo y espero que te lo pases tan bien como pinta. Por mi parte, bueno, me jode, no te voy a decir que no, aún me acuerdo de ese sueño en que te vía follando con una tía en un parque de Berlín con ella sentada i a horcajadas sobre ti. Mecagontó, que mal lo he pasado. Por otro lado, mirando el lado práctico, eso me da a mí libertad absoluta de ir picoteando de flor en flor, a mí manera, de forma totalmente platónica, sin sentirme culpable por no pensar en ti. Lo cual me hace pensar, que quién dijo que la monogamia-poligamia es cuestión de sexo (la ciencia además, me da la razón. I fucking love science btw, aunque ya sé que tú no acabas de creer mucho en las pulsiones naturales).

 

Mi nueva realidad

Con estas reflexiones, me despedí de mis fantasmas del este, que salían por cada esquina y me dirijí al Oeste, ese gran desconocido. Otra ciudad, otra realidad, otro mundo. Y de repente, sentí la ligereza de estar en un sitio que me gusta, que se alinea con mis valores y en el que no tengo que estar continuamente tensa.

Amigos, parece que he encontrado mi barrio en Berlín y no es casuaidad que “Bonito” forme parte de su nombre.

Continuará….

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