Del Estrés (I): No me estreses que se me sube el cortisol

Si me lees algo, habrás percibido, quizás, que tengo cierta obsesión con el estrés y con el cortisol. No eres tú. Realmente tengo una obsesión con los dos. Yo, que soy Dotora de las de mentira, de las que no pueden prescribir drogas, conozco de primera mano cómo funciona el estrés en bichos que no pueden moverse. Es alucinante lo que aguantan los putos bichos. Tienen un sistema muy inteligente de reciclaje de energía. Igual un día os explico así someramente lo que hice y así diseminar lo que hice, durante más años de los recomendables, más allá de las escasas 7 personas que habrán leído, por obligación, mi tocho sesudo.

Mi interés por el estrés, mutado a seres humanos, se dio por casualidad, al darme cuenta, ¡Oh misterios de la vida!, de que mi energía no es infinita y de que me estoy convirtiendo en una viejuna. LLevo desde aproximadamente 2010 luchando contra un manto de cansancio infinito que se cierne sobre mí y que me impide volver a mi estado natural: una fatiguita con tintes masoquistas.

  Como además me va la marcha, tras acabar mi odisea en el desierto (aka Tesis) decidí irme a Berlín, así a lo loco, y porque estaba hasta el higo de seguir el camino preestablecido. Por un lado, para recuperar ese alemán perdido en las profundidades de mi memoria a largo plazo y por otro, porque quería experimentar sobre mis carnes, el efecto de la falta de luz prolongada, siendo que venía de uno de los sitios con más horas de luz por año de Europa. Experimentos fisiológicos, mi perdición. ¿Resultado? Peté un sistema que ya de por sí se aguantaba así muy a la española, con parches y varias cuerdas. El invierno más oscuro desde que lo miden me noqueó ese frágil equilibrio y lo encontré tan interesante, que, cual Sherlock Holmes, me he puesto a investigar qué tiene que ver el tocino con la velocidad.

Y toda esta introducción para deciros que por fin y tras meses, os voy a hablar del Estrés. Como se me ha quedado muy largo y tengo infinitas cosas más que contar, igual en 8 meses voy a por la segunda parte. Pero para empezar, veamos,

¿QUÉ ES EL ESTRÉS?

A menudo, cuando se habla de estrés se refiere uno a un ente borroso que nos desestabiliza anímicamente: estrés por el trabajo, por falta de él, por relaciones, etc. Estar estresado lo asociamos con ser incapaz de relajarse, por preocuparse más de la cuenta por problemas del día a día, con brotes de ansiedad o incluso de llanto y/o mal humor, dependiendo de la personalidad de cada cual.

Fantasma
“Buuuuuh, ¡Soy el estréééééés! Todo el mundo habla de mí, pero nadie sabe realmente quién soy.

 Pero los efectos en el ánimo son sólo la punta del iceberg. Los efectos del estrés en el cuerpo son fisiológicos, es decir, hay cambios bioquímicos que provocan un efecto en cascada en diferente funciones vitales y que afectan a varios órganos. Provocan una respuesta concreta hasta que pase la situación estresante. Si el estrés es crónico estos cambios bioquímicos y efectos en diferentes órganos se mantienen y provocan cambios más profundos. El estrés no es por tanto mental, sino físico que a su vez tiene efectos mentales, además de físicos.

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE ESTRÉS?

 

Según la Wikipedia:

“El estrés (del griego stringere, que significa «apretar»1 ) es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada.”

Es decir, y explicado de otra forma, el estrés es todo aquello que ataca la estabilidad o equilibrio bioquímico que hace que tu cuerpo funcione en óptimas condiciones y que desencadena, en el caso de los organismo vivos, respuestas adaptativas para minimizar los efectos negativos de eso que está atacando a tu sistema.

Yo de materiales sé más bien poco, más bien nada, pero recuerdo que alguna vez he escuchado algo así como “la resistencia al estrés del material x” y cómo los que quiera que se encarguen de ello, testean la resistencia a diferentes fuerzas externas ejercidas sobre ciertos materiales para saber cuán resistentes son antes de perder las propiedades que los definen: fuerzas de torsión, de temperatura, ¿algún ingeniero de materiales en la sala? Diferentes materiales tienen diferentes propiedades y diferentes capacidades de soportar diferentes fuerzas.

Con los humanos pasa algo parecido. Hay diferentes fuerzas que pueden atacar a “la estructura”, pero que el cuerpo puede soportar sin que pierda su esencia (la Vida).

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA RESPUESTA DEL ESTRÉS EN ORGANISMOS VIVOS?

 

Como animales estamos dotados de un sistema muy efectivo para hacer frente a los peligros que nos acechan y que pueden desestabilizar el delicado equilibrio que permite la vida. Tenemos un sistema que está continuamente monitorizando si todo funciona como tendría que hacerlo y de no ser así, se mandan señales para que ese cambio no provoque un daño permanente en el cuerpo y en última instancia la muerte.

 Debido a que estamos sometidos a peligros para los que tenemos que responder de forma inmediata y efectiva, este sistema puede también responder a emergencias inesperadas, ya que es muy sensible y es capaz de poner al cuerpo en alerta en apenas segundos, movilizando todos sus recursos para hacer frente a dicha eventualidad amenzadora.

  Un ejemplo muy ilustrativo y que siempre se pone como ejemplo es el imaginarse que te persigue un tigre de bengala. Si eso pasa, tu cuerpo, en apenas milisegundos pone a tu disposición la energía suficiente para que dispongas de ella de forma inmediata. Se cierra el suministro a partes no esenciales del cuerpo. Ese extra de energía se va a utilizar para que los músculos estén listos para correr o luchar, para aumentar la presión arterial, para aumentar la frecuencia cardiaca, aumentar la viscosidad de la sangre para que si hay una herida no nos desangremos, aumentar la atención y así focalizar nuestros recursos para encontrar soluciones y escapar de la muerte, etc. Es una emergencia y en momentos de emergencia no se escatiman esfuerzos. La vida depende de ello.

Hay numerosos ejemplos de personas que en situaciones de vida o muerte afirman haberse olvidado del cansancio, el hambre, del dolor y que han sentido como si una fuerza sobrenatural les hubiera invadido. Eso es la respuesta del estrés.

¿ES TODO EL ESTRÉS MALO?

 No. La vida es estresante por definición. ¿Por qué? Porque la vida es cambio y absolutamente todo provoca un cambio en nosotros y el cuerpo tiene que responder y adaptarse a él, ya que la vida funciona sólo bajo ciertos parámetros concretos. Hay una sola manera de vivir sin estrés y es morirse. Nada te afecta, a nada hay que responder. Si quieres vivir sin estrés, tu única posibilidad con 100% de garantías es la muerte.

Hay ciertos cambios regulares y previsibles (como el ciclo día-noche) para los que el cuerpo, a lo largo de la evolución ha aprendido a adelantarse y a automatizar la respuesta. Es más listo el jodío. Mucho más que tú y que yo. Así pues, hay muchas funciones vitales que siguen un ritmo circadiano y que en última instancia permiten al cuerpo ahorrar energía.

Otros cambios no son previsibles y el cuerpo tiene un sistema para poder responder a dichos cambios. Pero como todo, hay cambios positivos y negativos. Todo depende del balance final que dejen en ti.

¿De qué depende que el factor estresante sea bueno o malo?

Pues depende de cómo nuestro cuerpo reaccione al factor estresante y del efecto final que tenga en él. Lo que para ti puede ser vidilla, para otra persona es la muerte en vida. Lo que para una persona es tóxico, para otra no lo es. Esto depende por un lado de factores genéticos y por tanto de cómo nuestro cuerpo está de preparado para afrontar ciertas situaciones y por otro lado de factores ambientales. Lo de siempre.

Pero, por muy buena genética que tengamos, si nos exponemos a muchas situaciones para las que nuestro cuerpo tiene que dedicar más energía de la que dispone, es cuestión de tiempo que nuestro cuerpo se quede sin energía, no sólo para las situaciones estresantes, sino para las funciones normales del cuerpo. Colapso y tranquilidad eterna.

Esto lo expliqué en su día en este post sobre cómo hay gente que con un nivel más bajo de estímulos externos entran en pantalla azul de la muerte o en kernel panic si eres más gafapastoide de café en el StarF**ks. Con todo el cariño, gafapasta. Todos somos susceptibles a que agotemos la memoria RAM en cosas totalmente evitables, sólo que unos tenemos un límite más bajo que otros. Algunos tenemos una mayor sensibilidad sensorial o somos más porosos, es decir nos entra más información.

Por otro lado, lo cierto es que todos requerimos de cierto eustrés (estrés bueno) o cierta cantidad de movimiento para vivir en nuestro óptimo. Vivir por debajo de dichos niveles también nos mata, ya que para mantenernos con vida se necesita sí o sí gastar energía. Tan sólo para mantener la estructura se requiere energía. La estructura de los músculos sólo se puede mantener si te mueves y eso requiere energía. Las conexiones sinápticas que te hacen tan inteligente sólo se pueden mantener si les sacas brillo de forma asidua. Energía. Movimiento. En definitiva, Vida.

Una piedra no gasta energía en mantener su estructura. Tampoco puede tocar la guitarra. Ni meditar sobre el existencialismo de Kierkegaard o Nietzsche. Una mujer, por lo visto, tampoco.

Por tanto, de no aplicarse cierta energía, todo tenderá al máximo desorden o entropía y por tanto a la muerte. Como diría un médico, es incompatible con la vida. Igual que un coche que has dejado abandonado sin usar todo el invierno. Uno puede pensar, guay, así “no se gasta”, pero lo cierto es que costará arrancarlo porque requiere de cierto funcionamiento para mantenerse.

Así que sí, necesitas cierto movimiento para estar sano, para que tu sistema no se oxide, y el cuánto es individual e intransferible. ¿Cómo saberlo? Como todo, experimentando.

Por otro lado, vivir por encima de dichos niveles es claramente nocivo, porque el cuerpo está yendo a 200 km/h cuando el máximo al que puede ir de forma confortable es a 100 km/h.

stress-and-arousal
Nivel óptimo de Energía vs niveles óptimos de muerte prematura.

¿CÓMO FUNCIONA LA RESPUESTA DEL ESTRÉS EN HUMANOS?:

  El eje del mal: eje Hipotálamo-pituitaria-adrenales.

 

La respuesta al estrés empieza en última instancia en el cerebro. A mí me gusta ver el sistema de la respuesta a estrés como si fuera un ejército que está continuamente alerta, vigilante, y que nos protege de las agresiones externas llegado el caso.

Los diferentes órganos y partes del cuerpo (sobre todo las motoras, pero no las únicas) son los soldados rasos. Los que llegado el momento se podrán a correr y a luchar como si no hubiera un mañana.

Luego está la cadena de mando y como en todo ejército, hay varios rangos. También hay servicio de inteligencia que recoge información, la analiza y la reporta convenientemente.

En el cerebro estarían la amígdala y el hipotálamo.

La amígdala es el servicio de inteligencia y se encarga de recoger información variada y procesar las reacciones emocionales derivadas de ellas y de mantener convenientemente informado al hipotálamo. En las mujeres la amígdala es más reactiva y esto explicaría por qué por regla general nos afectan más ciertas situaciones. No somos nosotras. Es la amígdala, que es peor que una portera y se entera de todo. En las personas que han sufrido de estrés postraumático también se ha reportado una amígdala más reactiva. Eso explica porque estas personas se alteran y ponen todo su cuerpo en alerta máxima cuando oyen algo que les recuerda al trauma pasado, siendo el peligro no real en la actualidad. Es algo que no pueden controlar desde la consciencia porque es una respuesta automática.

El hipotálamo es el mando de mayor rango, se sitúa en el cerebro y es el que en última instancia da la orden al cuerpo de desplegar el ejército. El hipotálamo, además de recibir información de la amígdala, recibe retroalimentación de diferentes órganos, que le informan a cada momento si la situación está controlada.

Una vez el hipotálamo decide desencadenar una respuesta defensiva, manda la orden a la hipófisis (también en el cerebro), que a su vez manda la señal a las glándulas adrenales (encima de los riñones) para que así finalmente el ejército se movilice. Los mandos al pie del cañón y dando órdenes a los soldados rasos son las hormonas adrenalina y cortisol.

Ambas se encargan de poner al cuerpo a punto para hacer frente al peligro. Además, el cortisol se encarga de la respuesta coordinada de unas tropas muy especiales: hígado, páncreas y grasa abdominal. Dichas tropas se encargan de proporcionar la energía que el cuerpo necesita. El cortisol es el que moviliza el combustible de dichos órganos, para que el cuerpo tenga la energía suficiente para hacer frente a la emergencia. Si no coordina a estos órganos, el ejército corre el riesgo de quedarse sin combustible y munición en plena batalla. Esto sería un desastre mayúsculo, así que esta parte de la respuesta al estrés es de vital importancia. El cortisol es nuestro amigo fiel y hay que quererlo. Y no darle horas extras, que el pobre sufre de burn-out y luego pasa lo que pasa.

Este sistema es muy útil y efectivo. Tan efectivo es, que después de millones de años, seguimos aquí. El problema es que es muy costoso energéticamente, pero bueno, en realidad, fue diseñado para afrontar situaciones límite y poco frecuentes. Más vale no escatimar si tu vida depende de ello. Ya habrá tiempo de descansar y recuperar.

¿O no?

ESTRÉS CRÓNICO

El problema es que, [modo abuela ON]: todo avanza que es una barbaridad y esto en mis tiempos no pasaba [modo abuela OFF], o eso pensará el eje HPA. En los últimos tiempos, y sobre todo en nuestra era industrializada, tecnológica, sobreinformada y sobre socializada, el cuerpo está literalmente bombardeado sin pausa por factores a los que tiene que responder sí o sí. Entre un tingre de bengala y un puto whatsapp de ese amigo coñazo que te gasta la batería no hay diferencia para tu cuerpo. El cortisol es un mandado y allá dentro no hay luz.

  No es sólo el ritmo de vida, el trabajo, la situación económica, los valores de esta sociedad, problemas personales, etc. Además de los factores que se han dado siempre, en los últimos años se están incrementando otros factores a los que normalmente no prestamos atención y a los que el cuerpo no se ha enfrentado antes. No es una ofensiva clara. Las guerras ya no son tan vistosas como antaño, no son cuerpo a cuerpo, sino que ahora es una guerra sibilina y de desgaste. No se detecta que te están atacando hasta que es demasiado tarde. Y esto es nuevo y el cuerpo no sabe qué hacer más que responder, por si las moscas.

   Si me estás leyendo y piensas que tu vida es muy acelerada y que apenas tienes tiempo de nada, o al contrario, duermes 5 horas diarias, vas por la vida sintiéndote Sansón y te preguntas, al leer esto, si estás dañando tu salud, la pregunta que tendrías que hacerte es ¿Cómo te sientes? Si tienes energía, te levantas con ganas y sin necesidad de un café para arrastrarte por el día, no te entra depresión post-vacacional, ni tienes eczemas, ni insomnio por causas no aparentes, si tu humor es estable, no te resfrías con facilidad, no tienes problemas menstruales o de fertilidad, no engordas sin motivo y/o no tienes barriga cervecera, si cuando llegas a las vacaciones no te da un bajadón y te pones enfermo y tu salud general percibida es buena, entonces, enhorabuena, puedes dejar de leer y respirar aliviado. Aunque si has llegado hasta aquí, tampoco te importará leer un poco más.

Si por el contrario tienes algunos de estos síntomas (¿o todos ellos?) tienes un problema. Y gordo. Porque el estrés afecta literalmente todos los aspectos de tu vida.

A mí la energía en organismos vivos me gusta describirla como dinero. Y es que no en vano, el ATP, la molécula que nos da energía, se le llama la “moneda energética”. El dinero compra objetos o servicios. Con nuestra energía también se consiguen ciertos servicios. Algunos, como la respiración y la regulación de la temperatura, son como el alquiler y la comida. Son básicos y no se pueden escatimar. Una vez pagadas las facturas ineludibles, te queda un remanente de energía que puedes utilizar como quieras. En el caso de la energía, generalmente y al igual que el dinero, nunca tenemos suficiente para hacer todo aquello que tenemos o queremos hacer.

Siguiendo esta analogía, una respuesta a estrés es como ese préstamo a un interés obscenamente elevado al que acude mucha gente desesperada. Te da un alivio rápido de las deudas que puedas tener, pero a no ser que lo tengas todo muy bien pensado y puedas juntar el dinero que debes, tan sólo estás retrasando el problema. La factura la vas a pagar cara. Se te acumulará una deuda monstruosa y si esto lo vas haciendo de forma continua, sin realizar apenas ingresos, entonces tú ya no tienes una deuda, eres una versión individual de Grecia.

Lo malo, es que no es tan fácil darse cuenta de que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades, porque parece que vivimos en una sociedad que está hasta las trancas de anfetaminas y que encima te dice, aún sacando la lengua, que para ayer es demasiado lento.

Tampoco te va a ayudar el escuchar cómo te sientes cuando estás en pleno apogeo de energía. Te acaban de dar un crédito, dinerito contante y sonante. Te sientes como Dios. ¿Quién se va a acordar de los intereses? Tu cuerpo se siente pletórico, rindes más que nunca, y te sientes BIEN. Si todo está bien, para qué cambiar.

Realmente aquí lo único que te puede ayudar es conocerse muy bien y saber cuáles son tus niveles normales, sin chutes de hormonas del estrés. Si por lo que sea no has tenido acceso a este autoconocimiento por atender a cuestiones de supervivencia más inmediatas o has crecido en un ambiente en el que no se ha honrado tu persona y tus ritmos, lo tienes más complicado. Tendrás que empezar por el final y si lees esto quizás sea tu caso.

Tu cuerpo peta, tu energía se evapora y entonces aprendes qué es normal para ti y qué no. ¡Fantástica oportunidad para aprender! Bueno, en realidad no te queda otra, porque en el momento que te pases de rosca y ese rosca puede ser algo tan nimio como hacer deporte 5 minutos más de lo planeado, entonces tu cuerpo entrará en coma profundo de nuevo. Irás de apagón en apagón hasta que sepas ver cuáles son tus límites.


Y de momento, lo dejo aquí. Se me quedan en el tintero el saber qué exactamente estresa el cuerpo y cómo minimizarlo, así cómo conocer algo más sobre el cortisol, este mando tan industrioso y que nos salva el culo y al que tenemos sobreexplotado.

Y a vosotros, ¿En qué ocasiones se os sube el cortisol? A mí en tantas, que he gastado las reservas del cuerpo. ¡Ja! Superadlo, si podéis.

Juan Luis Guerra en realidad se refería al cortisol, pero por efectos de sonoridad y métrica utilizó la bilirrubina.Ya sabéis, a partir de ahora en el estribillo cantad “Me sube el cortisooool”.

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