Reto Terminar Proyecto

Estoy a punto de tirar una oportunidad por la borda que me ha costado mucho conseguir.

 

Llevo sin trabajo “reglado” desde el 2010. Desde entonces he encadenado algún que otro contrato de dos-tres meses, en los que trabajas 6 (no por gusto, que para rebelde yo, pero al final tuve que pasar por el aro si quería tener el privilegio de pagar por un papelito unos 200 € o lo que costara y el tener el lujo asiático de que a un alemán se le haga el culo pepsicola al oir que eres Dotora). También he trabajado en un minijob de bastante menos de 450 €. Fue mi proyecto de investigación social en Alemania: ¿Cómo se siente siendo un inmigrante de mierda atrapado en el mundo minijob? Pues os lo digo: una auténtica mierda. Aunque los alemanes (los y no LAS) son más buena gente de lo que yo me habría supuesto. Fue una experiencia de lo más interesante y soy consciente, y lo fui siempre, que tenía el privilegio de irme cuando yo quisiera. Cosa que mucha gente no. Un día hablaré sobre el tema de los minijobs y el “milagro alemán” bajo mi humilde y totalmente sesgado punto de vista.

Aparte de esto, y de forma casi continúa, he estado dando clases particulares. Sólo mi mejor amiga sabe que además de inglés para niños-adolescentes, también he estado dando clases de alemán. Mi alemán hace 3 años era nivel: ¿cuál era el artículo de “Nombre”? Y eso que cuando lo dejé, tenía nivel B2 oficial y C1 no ofiicial. Pero es lo que tiene, que si no lo usas, las conexiones sinápticas se desdibujan.

Y me dije, estaría tan guay recuperar una buena parte de me alemán antes de irme a Alemania (a recuperar mi alemán perdido) y así ir recuperando tiempo. Y a ser posible, sin gastarme un duro. O mejor, aprender cobrando, el súmum de la productividad. Total, que puse un anuncio, que por ponerlos no vas a la cárcel y me olvidé del tema. Con tan mala pata, que me llamó un chico que estudiaba Turismo en Málaga pero que vivía y curraba en Sevilla. Y me dije…¡joroña! Y ahora, ¿Qué hago? Como soy así, me dije, bueno, puedo ir, probar y si veo que no puedo servirle de ayuda al chaval y que va a perder el tiempo y el dinero, va y le digo que no puedo darle las clases y ya.

 

[WARNING: Momento abuela cebolleta ON]

Me preparé la clase, me hice una idea de lo que necesitaba el chaval y empezamos a trabajar. Vi que podía hacerlo. Y me tenía que empeñar bastante en casa para dar clases de calidad. Me estructuré las clases “my way” y con una media de 1.5 h de clases semanales el chico pasó de nivel 0 de alemán a aprobar con nota su examen de la uni (en tres meses creo). Además, su profesora, que le pasaba material a distancia y le monitorizaba, le dijo que le gustó mucho la estructura y método que le había proporcionado. Me sentí extrañamente orgullosa de mi misma. Mucho más que cuando leí mi Tesis.

 

Y luego, llegó más gente, entre ellas una chica que estaba haciendo el MIR y que había conocido a un alemán. Se había enamorado y quería irse a alemania con él cuando terminara. Me contactó y me dijo que en un mes y medio quería presentarse al examen oficial del A1. El A1 es fácil, pero para alguien que con sus palabras “no se me dan bien los idiomas” se necesita un tiempo de adaptación. A mí se me dan medianamente bien y recuerdo estar con “wie heisst du?” y todas las combinaciones durante el primer mes. Y aún así, no era infrecuente que a veces pensara…ains…como era “vosotros”?

Que me acojoné ante la petición sería poco. Pero me dije lo mismo que con mi primer alumno…ve, valora la situación y si no puedes, deriva. Y funcionó. No es todo mérito mío, claro, pero me lo curré. Aúne años de aprender idiomas y lo que había aprendido que funcionaba mejor para aprenderlos. E intentaba sacar cuál era la motivación de la persona para aprender el idioma y sacarle jugo por ahí. A esta última alumna no se le daban bien los idiomas (eso es una mentira y se lo demostré), pero es una persona muy comunicativa y si no habla se muere. Lo exploté al máximo. ¿Resultado? Aprobó su examen con máxima nota. Yo me fui a Alemania y ella me contactó. “Oye, que sé que me dijiste que no, pero porfa, porfa, porfa, podemos probar dar clases a distancia y ver si funciona?” Y yo no lo tenía claro. Pero me lió. Me lió y acabé ayudándola a conseguir un B2. Y eso que en un momento le dije que se fuera a una academia, ya estando ella en Alemania. Fue a la supestamente mejor: al Goethe Institüt y casi se me corta las venas. Volvió suplicándome.

Así que, en un año y medio, consiguió su pasaporte al mercado laboral alemán. El primer año ella estaba en España y trabajando de 8-3. Teniendo clases para su Tesis por la tarde. Haciendo guardias (he ido a dar clases al hospital!) y el redoble final de tambores: se quedó embarazada y estando el maromo en alemania lo sacó todo para adelante ella sola. Y luego, ya en alemania, con la niña aprendiendo con ella (y llorando, mamando, gritando, etc, más adelante). Mi alumna fue un ejemplo de que querer es poder y de una fuerza de voluntad impresionante. Nos hicimos amigas y la ayudaba en sus primeros momentos de choque cultural. Y a mí me ayudó a entender que eso de “no sirves para X” como si fuera algo que te dieran al nacer es una falacia. Este sentimiento no lo tuve antes, más que al ir terminando la universidad y en especial durante mi Tesis. “No eres inteligente para esto”, “no sirves para esto”, “No encajas aquí”.

Y con este experimento que más de un filólogo se echaría las manos a la cabeza y me acusaría de intrusismo profesional (y en parte tendrían razón), me di cuenta de que lo único que hace a alguien válido o no para algo es la práctica. Algo que yo sabía ya de sobras por mi larga experiencia en el mundo académico, pero que por alguna razón en los últimos años me dejé convencer de que había una especie de inteligencia innata que te hace ser bueno en algo y que eso no se puede cambiar, y que yo, siendo muy consciente de mis limitaciones, no tenía.

 

[WARNING: Momento  abuela cebolleta OFF]

 


 

Y todo esto para decir que este sentimento de fraude aún me persigue. Y me doy cuenta de que tiene que ver con ese sentimiento tan arraigado mío de no pertenecer.

 

Pero que esa es mi particular lucha personal y no puedo dejar que determine mi vida.

 

Así, que, ante mis más que claras reticencias de terminar el proyecto (que tendría estar escrito ya y del que no tengo apenas 10 líneas escritas) sé que se encuentra un pánico a la soledad. Soledad de hacer un proyecto en una empresa al que no le importas a nadie nada, en el que vas a estar básicamente sola. En una ciudad en la que me he sentido dolorosamente sola. En el que no le importas a nadie y en el que los débiles lazos que te unen a España se rompen irremediablemente, porque la gente no entiende que necesitas contacto humano y que la aclimatación a un sitio nuevo se siente dolorosamente solitario.

El darme cuenta, al leer un libro, que este sentimiento no es nada nuevo para mí. Que es el leit motiv de mi vida. Lo que me impulsa a hacer o no hacer las cosas. Y que no puede ser que una situación familiar de mierda, en que nadie se preocupa más que de uno mismo, en el que la inmadurez y el comportamiento ruin son la norma, afecten mi vida de forma que me la destruya.

 

Necesito salir de este pozo como sea. Me estoy planteando hacer un proyecto grande y absurdo acerca de esta temática tan mía: “La soledad”. Ayer, al leer el libro del que ya os comentaré, me di cuenta. Mi problema base.

Hay mucha gente sola en el mundo. Diría incluso, que la soledad, en gran medida, es la culpable de muchos males de la humanidad. Eso implica la soledad impuesta a personas mayores, a inmigrantes, a mujeres en muchos ámbitos, y aun largo etc.

 

En cuanto al Proyecto, aunque ya estoy incumpliendo un plazo no oficial y me siento como el culo por ello, me doy cuenta de que es mi miedo el que habla y que si no sigo adelante, presentando lo que sea, un churro si es necesario, me sentiré aún peor. E intento pensar en lo bien que me sentía en Sevilla investigando sobre el tema y explorando el ir al laboratorio por amor al arte, a mi rollo, y no para suplir cierta emoción negativa. Y me quedo con eso.

 

Y los próximos 10 días, como si fuera uno de mis entrenamientos de natación de antaño, me propongo terminar el proyecto.

 

Es decir, escribirlo, entregarlo al futurible jefe y dejar los últimos días para repasar y modificar. Eso es una gran tarea, comparable a nadar 5 km diarios cuando no has movido el culo en medio año, o más, y sé lo que me espera. Dolor, cansancio. Pero sé también que es posible, porque no es la primera vez que nado 5 km, y la memoria está allí. Y porque hay mucho trabajo hecho ya aunque esté aún en mi mente.

Pero también sé cómo hacerlo, porque la larga distancia es lo que te enseña: a encontrar técnicas para no pensar en el dolor actual, no pensar en lo que queda, sino en el ahora mismo. En estos 500 metros. Seguir moviéndote, trascender todo eso.

Me hace gracia que Mireia Belmonte dijera no hace mucho que ella en las pruebas largas cantaba. Me reí y pensé en mi “radio” que utilizaba cuando adolescente para nadar porque era aburrido a matar (aunque a mí me gustaba  y me gusta) y de alguna manera me tenía que entretener. Así que me cantaba las canciones que más me gustaban como si fuera una radio.

Más adelante ya no necesitaba eso. Me separaba el entrenamiento en pequeñas unidades de 500 metros, y en unidades más grandes de 1500 metros. Superar cada unidad era un triunfo y la sensación de cumplir te impulsaba a conseguir la siguiente unidad. Estaba totalmente prohibido ir fuerte en los primeros 500 metros, que son los más difíciles, porque estás fría y te cansas rápido porque tu sistema cardiovascular no está acostumbrado aún. Es fácil pasar del “buaaaah, hoy lo peto” a “buah, me quiero morir”. Esa regla es básica. Y otra regla era no pensar en lo que quedaba en la primera mitad del entrenamiento. Otra técnica era que los primeros 1500 metros eran de sondeo. Lento, seguro, agradable. La confianza así aumenta. Luego, empiezas a meterle un poco de caña, pero de forma controlada. En fin, podría seguir y seguir, con todo lo que he aprendido con la larga distancia (nivel amateur) por amor al arte pero de momento lo dejo aquí.

 

Mi compromiso lo hago público, porque es como más funciona (eso o enfrentarme a una doble culpa) y en los próximos 10 días iré actualizando esto con progresos o simplemente lo que se me vaya ocurriendo.

 

 

Mis mantras: “No pienses en eso ahora* y búscatelas para disfrutar el proceso” (*soledad en Berlín, no sé si es lo que quiero hacer, me voy a morir de asco ahí). “Sabes que puedes hacerlo. En plazas más difíciles has toreado” “A mí SÍ me importa y mereces luchar por lo que te importa

 

 

 

Y, así empieza mi reto. Curioso que siempre suelo empezar casi todo los martes (nací un martes, igual es que mi ciclo vital empieza este día).

 

 

 

 

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5 comentarios en “Reto Terminar Proyecto”

  1. Muchas gracias por tus enseñanzas y mucho ánimo con tu reto!! Aquí te esperamos dentro de 10 días…

    Por cierto, si en un futuro necesitase clases de alemán (tengo un A2, me gustaría seguir pero todavía no sé si podré asistir a clase), ¿cómo podría contactar contigo? Puedes escribirme al correo de mi firma..Gracias

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  2. Y por qué coj… haces algo que no quieres?? Hazme un favor… terminalo.. terminalo por ti, por las horas que ya le has echado.. por el gusto del reto en si mismo.. por la satisfación de hacer un buen trabajo y de saber que hoy te has propuesto terminarlo y que lo vas a dar todo.. pero.. no cojas el trabajo.. Si te aprueban el proyecto, di que no… Termina el proyecto, si, pero con la absoluta conviccion de que no vas a aceptar ese trabajo.. Besos

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    1. rose…lo que has dicho ya lo he pensado…cuando pienso en entregarlo como yo se q puedo y luego digo q no porque a. no creo q este preparada para algo tan heavy aun (vivir en otro pais) y b. no estoy segura de lo q la empresa quiere se alinee con mis valores. y eso en mi me mata la ilusion y en definitiva mis ganas d hacer cosas. cuando lo pienso me da un alivio inmediato y pienso…no tienes por que hacerlo…ppr otro lado. ..me entra panico…atrapada en esta casa de locos y sin perspectivas d futuro….y m acojono y m digo q mas vale malo conocido…..y luego me acuerdo del docu de amy…ella q no queria cantar en belgrado porque e encontraba mal y su padre y entorno la forzaron…fue un desastre y la machacaron por ella. y se cual es la respuesta: yo, yo, yo y despues yo. pero la sensacion de sentirse acorralada y sin salida es horrible…y m esta dando una crisis porque no tengo donde trabajar (estercolero fisico y emocional) y siento q quiero huir….asi q rose entiendo tu rabia pero hoy ando sensible. besos!

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    1. Gracias! Tengo una ventaja-inconveniente y es que si un trabajo me proporciona lo que necesito (lo básico es tiempo, un ambiente agradable de trabajo, y cierta independencia y capacidad de desarrollar mi creatividad, así como desafíos para mejorar “algo”) entonces casi que me da igual el trabajo…nunca he tenido, y sigo sin tener, una vocación clara. Me gusta todo aquello sobre lo que sienta que puedo desplegar mi potencial.

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