Feliz Duelo

Hace unos días que voy pensando en escribir por aquí, más que nada porque aunque este parón en este blog me ha sentado muy bien, creo que ya que está aún abierto y la gente sigue llegando a él, sería bueno hacer, aunque sea de vez en cuando, un recuento de cómo me va yendo.

No en vano, este blog empezó para dar cuenta de justamente esto: dar cuenta de cómo voy avanzando y destripar la realidad, mi realidad, y evitar que ésta me limite.

ANTECEDENTES

Este año he aprendido bastantes cosas. En el tema “físico” ha sido bastante poco productivo, aunque no me gusta este término, porque no por hacer más, logras más. Y si ha sido así es porque realmente y por un periodo inusualmente largo, mi energía se escapó por algún desagüe.

Como físicamente no podía hacer mucho, hice lo que podía hacer: leer hasta joderme la vista. Investigando y tras un análisis de hormonas esteroideas, vi que mis niveles de cortisol-hormona del estrés ni siquiera eran detectables por la mañana, cuando debería estar en su cénit para obligar al cuerpo a despertar. También me había fundido la hormona de la que derivan el resto de hormonas esteroideas, además del cortisol, entre ellas las sexuales. No estaba yo para hacer maratones, no.

La naturaleza es así, misterios de la vida y si no le echas cuenta, al final te golpea tan fuerte que no te queda otra que prestar atención, cabizbaja y aceptar la regañina estoicamente. A veces peco de atolondrada.

EL APRENDIZAJE REVELADOR

Podría hacer un listado exhaustivo de mi año o de lo que he aprendido, pero vamos a ir al turrón (otra manera de decir que no me apetece escribir :P)…sin duda lo más importante que he aprendido este año ha sido lo siguiente:

 

Es de vital importancia dar espacio en tu vida al dolor. Al duelo. Éste ha sido posiblemente la revelación más importante en toda mi vida. Parece de perogrullo, pero os aseguro que no es tan obvio.

 

Lógico, si alguien cercano se muere, nadie va a ver raro que estés triste una época. Tendrás toda la comprensión y apoyo. Aunque incluso en esos casos, si tu duelo dura más que lo que está socialmente aceptado, igual te empiezan a meter prisa “igual deberías ir superándolo ya”, “la vida sigue” y polladas varias.

 

 Lo cierto es que cada uno tiene una sensibilidad diferente, una forma distinta de dolerse y también una capacidad diferente de digerir el dolor. A unos les toma menos tiempo, a otros más. Unos llevan “bien” incluso una muerte cercana, y otros sienten dolor incluso con cosas tan banales como cambiar de lugar de residencia. Soy de estos últimos.

 

Pero no hay recetas mágicas en esto. Si te duele, te duele. Y da igual lo que digan millones de blogs, de libros de autoayuda y gente variada. A veces, no es necesario un cambio de perspectiva. A veces, desechar esas emociones y hacerlas desaparecer es mucho más dañino que la pérdida en sí. Porque las emociones dan información. Que no las sepas interpretar es otra cosa, pero ignorarlas no va a hacer que mejore.

 

Y en eso, amigos, sí que soy una experta. Si hubiera una cátedra en ahuyentar sentimientos cacosos y utilizar la energía para tirar para adelante como sino hubiera un mañana, sería mía de calle. No os negaré que es muy efectivo. He logrado un montón de cosas así. Pero también he perdido algo muy esencial por el camino. A mí misma.

 

Si niegas una parte de lo que eres, si niegas lo que sientes, te estás negando a ti mismo, y eso, no me preguntes bien por qué, el cuerpo no lo tolera nada bien. Lo que yo he llamado estrés estos meses en realidad era un duelazo del quince enquistado de hace años. Sin entrar en detalles, en un punto de mi vida tuve que tirar de una virtud que me define y que es la “responsabilidad”. Es una mierda ser responsable, os lo digo. Y lo es más aún si sientes que tienes que serlo por una causa mayor. Al final, en unas facetas de tu vida eres súper adulto, y en otras te has quedado en ese punto en el que tu dolor se encasquilló y salió a flote como buenamente pudo. En mi caso rebeldía silenciosa (sí, amigos, se puede ser rebelde y no drogarte o romper nada!), ira controlada y un cinismo que ha encontrado su momento cumbre a partir de mudarme a Berlín. Vamos, pasé de ser una niña alegre, feliz y lista a ser gradualmente una persona emocionalmente inerte y ceniza. Con eventuales destellos de lo que solía ser pero que duraban lo que una estrella fugaz.

 

Así que, mi regalo para el que me lee es la enseñanza que he recibido este año:

Si te duele, duélete.

Regodéate en el fango del dolor hasta que lo digieras. A ser posible, háblalo. O escríbelo. Si se verbaliza, el dolor empieza a tomar forma y te das cuenta de que lo que creías que era un súper monstruo en realidad es un fantasma wannabe. Si te encasquillas, pide ayuda. El que alguien te escuche sin juzgar, simplemente estando, hace maravillas. Recuperas la fé en la humanidad. Quizás no entienda lo que tú sientes, pero está ahí, está presente en tu dolor, y lo hace real. Desconfía del que te dice que son chorradas o que debes hacer A, B o C para salir de tu tontería vital. Ignóralos, mándalos a tomar por donde el pepino amarga. Mi nivel de tolerancia contra la ignorancia estúpida tiende a 0 y aunque podría plantearme ser mejor persona para el próximo año, creo que voy a dejarlo estar. Es más divertido ser una cabrona que dice las cosas como son. Os jodéis. 🙂

 

Y esto es todo amigos, para el próximo año 2016 os deseo un Feliz Duelo. Regodearos en él, observadlo, haceros su amigo y salid de fiesta con él. Como todas las relaciones, ésta también tiene su fecha de caducidad y en cuanto tu cuerpo te empiece a pedir marcha de nuevo, y te metas de lleno en la vorágine que es vivir, igual, hasta empiezas a echarlo de menos. Y esto es lo que he observado yo, incluso los peores momentos tienen algo bonito, algo que se echa de menos (pero recordad,  esto es como el bacon, con moderación).

LOS PUNTOS

Por casi último, alguna  de las claves que me han llevado a este punto:

 

  • La película Inside Out: muy buena película y que explica mucho mejor que yo, qué te pasa si ignoras a la tristeza. Película que no es ficción sino que está basada en datos científicos acerca del tema. Nuestra sociedad tiene la manía de ser como el personaje de la Alegría en la película. Cansinos, que sois unos cansinos. ¡Viva la tristeza!

 

  • Un análisis no buscado de la vida de gente como Amy Winehouse, Kurt Cobain, Robbie Williams y James Rhodes.

Los dos primeros con trágico final. Vi sendos documentales de su vida y me impactó el ver vídeos de cuando eran pequeños, la alegría y energía que tenían y cómo captaban cosas que otros no veían. Estas personas en algún momento sufrieron una pérdida que no supieron digerir y que nadie supo detectar (analfabetos!). Siguieron con su vida y no se llegaron a mirar dentro, no se llegaron a enfrentar con sus demonios y los de fuera ni siquiera eran capaces de comprender. Eso y el estar expuestos al foco de la fama fue lo que les llevó, bajo mi punto de vista, a la autodestrucción.

El caso de Robbie Williams, aunque es un caso diferente a los dos anteriores, lo pongo porque a pesar de verse a la legua que este tío tiene algo especial, lo cierto es que ha pasado gran parte de su vida sin entenderse nada. Le va la marcha, en todos los sentidos, pero a la vez es una persona súper sensible. Una bomba de relojería. La ha liado parda en numerosas ocasiones y sólo desde hace unos años ha encontrado la estabilidad que buscaba. Y eso lo ha logrado haciendo las paces con parte de lo que él es. Que es un cabroncete adorable (es mi prototipo de amigo ideal. Tengo unos cuantos así en mi vida :P) y que no tiene maldad en el 80-90% de las ocasiones. Es su naturaleza y a veces se le va de las manos. Y también creo le ha ayudado el entonar el mea culpa con aquellos en los que un momento dado hizo daño y tenía más cerca. Tomo nota. Y todo esto lo sé porque fui refan de Take That durante un par de meses, justo antes de que se separaran y me confirmaran que todo apesta y es más falso que un duro sevillano. Pero hace unos pocos años, ya siendo viejunos, han resucitado la artritis boy band y con sus estiras y aflojas al final han hecho las paces. Y para los más cínicos, ya sé qué pensaréis, pero me la pela, porque yo al constatar que la amistad es más fuerte que todas esas mierdas, me quedé un poco más en paz conmigo misma.

En el caso de James Rhodes, lo he descubierto hoy pero su historia es tremenda. Se ha pasado años dando bandazos en su vida, con una segunda piel que se te pega a ti de tal forma que ya no la distingues de la tuya propia y que es la depresión, el querer suicidarte, etc. Siento cada una de sus palabras y sólo puedo decir OLE por su valentía y por sus santos cojonazos de hacer lo que le mola como le mola. Me encanta su visión de romper con los estereotipos de la música clásica. Rock and Roll is not just music, baby. Me ha gustado especialmente este artículo que escribió respecto a la muerte e Robin Williams (en inglés).

 

Podría seguir con más, porque hay multitud de cosas que me han facilitado unir los puntos, pero lo cierto es que de poco importa lo que pueda decir. Al final, es un proceso individual y como tal, poco tengo que decir.

EL FUTURO (es muy oscuuuuuro, aaaay!)

Y por último, y ya sí para despedirme hasta la próxima, os comento que me he marcado una hoja de ruta para este año que entra y que me emociona mucho. También me entra el canguelo porque sé que si lo llevo al nivel que a mí me gustaría, que es “si no vale la pena hacerlo, tampoco vale la pena hacerlo bien”, es decir, hacerlo lo mejor  posible dentro de mis posibilidades, igual me vetan la entrada a los laboratorios-universidades de todo el mundo o me nombran magufo del siglo o me queman en la hoguera. Y es que entre otras cosas, he decidido que es necesario revolucionar el mundo académico-científico y quitarle ese misticismo ego-centrista. Y acercar la Vida y la Ciencia a todo el mundo desde donde se tiene que hacer, desde la pura curiosidad de saber y la capacidad de sorprenderse. Si lo lograré o no, eso es otro cantar que deberá ser cantado en su preciso momento.

 

 

¡Feliz Año Malandrines!

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