7 cosas que he aprendido en los últimos años (I)

 No hay mal que por bien no venga, así que aunque mi última entrada parezca una vomitona cargada de bilis, sólo lo parece. Me gusta darlo todo y si siento rabia lo digo.

 En cualquier caso, mi espíritu pragmático puede sobre casi cualquier otra cosa y no me va nada regodearme en la porquería (y si lo hago, es una señal).

 En la otra entrada pongo una lista de las cagadas mías o heredadas que me han condicionado la vida, y, francamente me la han hecho jodidamente difícil en algunas circunstancias y creo que han contribuido a que sea mucho más cínica en general con las personas. No porque crea que sean malas, sino porque la ignorancia, a veces, es peor que la maldad. Me hago cargo también, que hay gente en el mundo que ha tenido y tiene mucha peor suerte. Me alegro de no ser mujer en muchos países del mundo, donde si eres adúltera te violan, te apedrean o directamente te matan sin florituras. Aquí si acaso te dicen zorra o el cornudo te inunda la web de vídeos/fotos íntimas para joderte la vida. No hace falta ni que pongas los cuernos, tener una vida sexual se puede volver en contra tuya en cualquier momento.

 Pero dejaré el activismo feminazi para otro momento, porque hamijos, toda feminazi necesita un momento de relax al día.

COSAS QUE HE APRENDIDO GRACIAS A “FRACASOS”

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Tener más moral que Alcoyano Thomas Edision.

Qué nos gusta etiquetar las cosas. Que si gordos, flacos, listos, tontos, fracasados, exitosos, jóvenes, viejos. ¡Etiquetas con descuento, amigos!.

A veces se nos olvida que para aprender es imprescindible cagarla. Cagarla muchas veces. ¿O acaso de pequeño pasaste de estar tumbado en la cuna o donde quiera que te colocaran a andar perfectamente? ¿Sí? Pues eres el puto crack y espero que haya documentación gráfica de tal hazaña. Pero el resto de mortales, somos eso, mortales, y la cagamos.

  1. CAGARLA ES NECESARIO.

Esto, en realidad siempre lo he sabido de forma instintiva. Nunca he tenido miedo de preguntar hasta parecer absolutamente gilipollas sin ningún atisbo de dudas para quien me oyera.

De pequeña era preguntona y no me callaba. Cuando vi que esto importunaba a los profesores, me pasé a escribir cartas o leer revistas en clase. Adolescencia, vamos.

En la uni la situación era esquizofrénica, si osabas participar podía tocarte el profesor que con ira te miraba y básicamente te hacía entender que él es el Dios supremo y sólo hablas si él te habla. Pero a la vez, en un alarde de buenrollismo modernito, algunos te aplicaban un pequeño % de  la nota en participación en clase, sin importar mucho si participabas o no. Una excusa como otra para justificar una nota y que no te calienten la cabeza los putos estudiantes.

En la Tesis la cosa se complicó. Ahí entras si eres listérrimo. Cómo vas a preguntar una cosa, que deberías saber para mantener tu estatus de persona listérrima. En mi Tesis aprendí mucho, pero me jode el ambiente de “ungidos por Dios” porque podría haber aprendido más. Igualmente, parte de culpa también la tengo yo, me hago cargo. No me interesaba un carajo mi tema, me metí como quien se mete en un bar a ver qué tal (tal cual) y luego me atrapó el bucle infernal. Para aquella época mi salud era ya un asco, así que visto lo visto, ni tan mal.

 Sin embargo, lo que aprendí en la Tesis en sí es el método científico y cosas inherentes a él y que te sirven para todo en la vida. En la Ciencia como en la Vida:

  • A priori no puedes saber si algo va a funcionar o no. Si no lo pruebas, no lo sabes. Tienes que tener varias líneas abiertas y tirar por aquella que funcione y descartar aquella que no lo haga, por mucho que te hubiera molado seguir en esa. Deal with it and go on.
  • Los resultados ni son buenos, ni malos, son los que son. Esto amigos, es una verdad inalienable. Que tu incapacidad de entender algo no te joda un resultado. Que tu interpretes algo como un fracaso, no significa que lo sea, muestra más bien tu incapacidad de entender/explicar lo que este resultado te dice.
  • El 90% de los experimentos son bazofia pura. Un ascazo sin ningún tipo de recuperabilidad. Lo positivo: te haces inmune a la frustración, besarías a to quisqui cuando algo te sale chachi, y aprendes que el concepto de éxito a todas hora es una historia de Disney que el sueño americano nos ha vendido pero que no se cree ni el que se lo inventó.
  • No compares tu trabajo con un paper. El paper es la versión maquillada de un trabajo de años. En la vida, ídem. Tampoco te compares con un tipo que lleva 30 años estudiando la misma proteína. Si el tipo no supiera sería para preocuparse.
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No compares tu vida con lo que otro muestra de su vida.

 En definitiva, amigos, si queréis “triunfar” mi consejo es: ¡Cágala! ¿quieres aprender idiomas? Puta, habla con turistas en la calle, métete a foros, chats o lo que sea y cágala. Cágala mucho (así aprendí yo inglés de una vez por todas, metiéndome en chats de USA y acelerando mi conocimiento exponencialmente y sin estudiar mierdas aburridas).

 Y esto me lleva al segundo aprendizje.

2. LOS MEJORES RESULTADOS SURGEN DE HACER LO QUE TE NACE HACER.

 Al campo no se le pueden poner vallas.

Bueno, puedes, pero sirve de poco. Con la mente, pasa algo parecido. La mente es curiosa por naturaleza y por mucho que te empeñes en seguir u plan establecido por ti o por quién sea que te influencie (sociedad, familia, amigos, tu propia visión de cómo deberías ser o qué deberías hacer), lo cierto es que si no satisfaces la curiosidad de tu cerebro acabarás en loop autodestructivo. Palabrita de niño Jesús.

 En mi caso, yo siempre he sido de hacer las cosas por un pálpito y sin pensármelo mucho….si algo me emociona y esa emoción se mantiene en el tiempo…eso es para mí y voy allí de cabeza. Y eso con lo cagada que soy, tiene su mérito (la naturalez es sabia, una de cal y otra de arena).

 Ejemplo: yo en 3º de BUP No tenía ni zorra de qué estudiar. Estaba en clase de ciencias puras y quién más quién menos ya sabía qué iba a estudiar: informática, ingeniería, química, matemáticas. Futuros brillantes se veían en el horizonte.

¿yo?

Ni la más remota idea. Esos años me había limitado a ir a clase, estudiar y básicamente a disfrutar de lo que hacía. Me gustaba ir a clase a pesar del suplicio de levantarse temprano (cuántas veces no soñé durante la primera hora de ser capaz de ver la clase metida en cama o al menos en sofá y con mantita. Mi deseo se cumplió).

 Para qué preocuparse de algo que no ha llegado. Esa era mi filosofía. Entonces en 3º ya todo el mundo estaba súper nervioso…y en COU ya parecía que te estabas jugando toda tu vida a cara o cruz. La gente se pisoteaba y yo no entendía nada. ¿qué importancia tenía? No entraba en mi cabeza.

 Y de repente, ese nerviosismo generalizado me invadió a mí también por expansión. De repente era…¡Oh, My God! ¡No tengo ni la más pajolera idea de qué hacer con mi vida!

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OMG, ¿qué va a ser de mí?

¿Qué estudio? A mí me gustaba estudiar, eso de elegir era como un castigo de Dios.

 Pero al poco, mi yo pragmática cogió listado de carreras universitarias y ahí que se puso a eliminar carreras que ni muerta haría: ingenierías (hay algo más aburrido???), historias varias, filosofías, y cosasdesas que ya bastante tenía con aguantar en clase.

  Pero este método no me valió de mucho, me quedaban al menos más de 50 titulaciones que al menos consideré: Química, Biología (esta en realidad no mucho, bichos yo??? Estás de coña???Abrir ranas? puaj. Pero la parte de biología molecular me gustaba mucho), Filología Inglesa, Turismo, Periodismo, Ambientales y un largo etcétera.

 ¿Cómo decidí?

  Pues un día en clase, el profe de Biología nos puso un documental de la 2 de las vacas locas, que en esa época era muy trendy, sobre todo por los casos en humanos en UK. Me apasionó la idea de que algo sin DNA podía propagarse y causar enfermedad. ¿Cómo coño podía ser eso? Entonces salió un tipo y debajo ponía el rótulo de “Bioquímico”.

  ¡Eureka! ¡Lo tengo!

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Ufff, menudo alivio.

Me moló tanto el nombre que decidí estudiar eso, sea lo que fuera que significara. Además, también me convenció que el tipo era guapo, algo sin duda mucho más importante que lo primero. Mi búsqueda había terminado. Sería Bioquímica. Además casaba bien con mi fantasía de ser una especie de Dana Scully.

Me veía.

Esta es posiblemente mi mejor decisión ever. Simplemente se sintió bien y la excusa manera de decidirme es la de menos. Algo había resonado y fui a ello a degüello.

  Hoy en día, a pesar de todo lo mejorable, no me arrepiento para nada de haber estudiado lo que estudié. Recibí críticas y miradas por encima del hombro. Hay que tener en cuenta, que yo era buena estudiante, podría haber estudiado la carrera que me hubiera salido del higo, y claro, en esas tu misión es, por lo visto, hacer gala de estatus y meterte en algo que la gente diga….uaaaau, ooooooh, alaaaaaa…yo pasé.

Ejemplo 2: Por contrapartida, posiblemente mi peor decisión fue hacer una Tesis. No me arrepiento de haberla hecho, porque he aprendido y tal y cual, pascual, pero yo cuando terminé la carrera estaba destruida (en el próximo punto más) y mi “idea loca” del momento era irme a UK y probar por ahí.

  Como era jóven, inexperta y muy cagada, en cuanto me dijeron en el labo que había una beca que podía pedir, deseché la idea incómoda pero jodidament atractiva para mí y me metí en eso, sin tener ni puñetera idea del tema, o de qué significaba siquiera hacer una Tesis (hacer un trabajito rollo fin de carrera, pero más gordo, pensé—-> tenía dos hostias o no??). Como yo todo lo que empiezo lo acabo, me arrastré como una sabandija en algo que llegué a odiar con todas mis fuerzas y mi salud se acabó de ir al carajo de forma alarmante.

En resumen: haz lo que te salga de dentro y pasa de lo que se supone que deberías hacer o no hacer. Sólo vives una vez y si temes cagarla, vuelve al punto 1.

3. HONRA TUS TIEMPOS.

Esto lo he aprendido muy recientemente. Os cuento un secreto: yo nunca me he considerado más lista que nadie, o tonta, de hecho ese tipo de pensamientos jamás entraron en mi esquema.

  Yo si no sabía algo o me resultaba difícil, preguntaba y ya. No perdí nunca ni medio milisegundo en pensar, soy tonta, mejor lo dejo. Mi curiosidad y ganas de jugar (aprender es jugar, ¿o no?) siempre ganaban. Cómo son los niños, ¿eh?

 Sin embargo, a partir de COU y sobre todo de la Uni, el ambiente de competencia chunga que había hizo que de repente me empezara a comparar.

Me veía lenta, torpe, tonta.

 De repente no me daba tiempo a nada. Tenía que dedicarle cada vez más tiempo para llegar al mismo nivel. Ya no era divertido, o al menos no tan divertido. El aspecto lúdico de aprender, que siempre me enganchó, dejó de tener cabida. Había que rendir y no había tiempo para florituras.

 El primer año de Uni, la transición fue dura. Pasé de tener las tardes libres a ir a clase por las tardes. A tener el horario de sueño totalmente descontrolado. A tener prácticas por las mañanas, clases por las tardes, estudiar por la noche y no comer al medio día porque la comida me sentaba mal (comida de rancho comedor, os hacéis cargo).

 Me mareaba en el bus de camino a la uni y por la noche me despertaba con ataques de pánico porque oía ruido de fuego. En una ocasión, tuve que abrir la puerta de casa para comprobar que no había fuego en la escalera del bloque. Tenía que dormir en el sofá del salón porque me sentía más segura (en caso de fuego, podría salir por ahí). Mi obsesión viene a que tal y como están hecho este edificio, de haber fuego esto se convierte en una puta ratonera. Si a esto le juntamos nivel estrés máximo, pues ya está.  En una ocasión, no sólo oí el crepitar del fuego, sino que olí el humo.

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No hay vuelta atrás, ¡Estoy zumbá!

Era mi hermano que había quemado algo en el microondas. ¡Puta! casi lo mato.

 El siguiente año decidí bajar el ritmo, y escogí una asignatura menos. El cambio fue notable. Alterné años de mucho estrés con algunos de estrés estándar. En la Tesis ya estaba más quemada que la moto de un hippie así que tenía apagones cada dos por tres. En alguna de las visitas a emergencias me valoraron que me hiciera pruebas de tiroides. Pasé del tema, claro, bastante que fui al médico y perdí unas horas preciosas que podría haber usado, produciendo. No iba a perder más. Menuda hostia tenía.

Os cuento esto, para qué veáis que no honrar tus tiempos es peligroso. Sí, soy más lenta que la media. Me gusta ir a mi ritmo, saborear como un buen manjar lo que hago, y sobre todo, me gusta hacer muchas cosas, disfrutar del día, hacer deporte, quedar con gente y vamos, lo que viene siendo tener una vida. Sin embargo, lo que yo he estudiado era bastante incompatible con esto.

 Y la vida moderna parece también bastante incompatible con esto. Yo, fijaros lo raro que llego a ser, sólo ser un animal haciendo lo que hacen los animales. Todavía no he visto un león muerto de estrés y diciéndole al resto, ¿siesta? ¿estás loco? Hay que cazar, cazar más, ¡cazar todo! Los humanos somos realmente estúpidos, que algunos se consideren el súmum de la evolución es algo muy LOL.

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¿Me dará tiempo hoy a marcar el territorio en el barrio o a olerle al culo a mis vecinos?

 Y, sobre todo, mi cuerpo no podía aguantar un ritmo así. Llamadme floja humana. Yo funciono bien en slow motion y sin estrés, y aunque durante mi carrera me demostré a mí misma que puedo conseguir buenos resultados bajo presión extrema, sin dormir, etc, etc, pues oye, que si lo puedo evitar, mejor.

  En esa época bien podría haber terminado en 6 años y ya ves tú, qué trauma hubiera supuesto. Seguro que hubiera disfrutado más, habría sacado mejores notas y habría sufrido menos. Pero claro, si vas más lento, automáticamente o eres tonto o flojo. Y yo no quería quedarme atrás en esa competición absurda.

  Supongo que me sentía como cuando de pequeña veía a mi hermano hacer todas las cosas guays que yo quería hacer (montarse en ciertos cacharritos, ir de colonias, hacer un montón de deportes, aprender a esquiar, etc) pero que o me hacía coger miedo (colonias? tú? Si te vas a morir de hambre—picky eater) y me hacían sentir como que no era suficientemente valiente o capaz de hacer lo que los otros. Yo me veía capaz, y quería hacerlo, ¿qué más daba si tenía que adaptarme? Eso de mayor lo llevé al límite. Ni de coña me quedo atrás.

 Ahora he aprendido que mi cuerpo manda, y que cada uno es libre de creer lo que quiera.

Y esto me lleva a:

4. ESCUCHA TU CUERPO Y HAZLE CASO, COPÓN.

  No me voy a extender mucho aquí, porque ya lo he explicado en los puntos anteriores. Honrar tus tiempos y en definitiva a tu forma de hacer las cosas es básico. ¿qué llegas más tarde? So be it. Lo importante es llegar y sobre todo pasarlo bien mientras llegas.

  En mi caso el diagnóstico de hipotiroidismo explica muchas cosas: mi presión baja, mi tendencia al insomino y depresión, mi cansancio infinito, mis eczemas, mi frio constante e intolerancia a temperaturas extremas, mi incapacidad de realizar deporte explosivo o de soportar grandes dosis de estrés, mi tendencia a engordar sin hacer nada especial y perder peso en verano sin hacer tampoco gran cosa, mi hipersensibilidad a ruídos y el saturarme sensorialmente muy rápidamente (darle por saco a un animal enfermo  o hambriento a ver qué os hace).

  Siempre he sido una persona de cuestionar lo que no me cuadraba y gracias a vivir en diferentes sitios desde pequeña, esto se ha exacerbado. Simplemente he estado expuesta a más realidades. Pero aún así, como todos, he tenido y tengo mi buena dosis de creencias chungas.

No ha sido hasta que me planté y decidí cuestionar mis creencias (no llegas porque eres floja, tonta, etc) que no he podido ver esto.

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¡Ou yea!

  En un momento de lucidez pensé: si no soy floja, ni tonta, ¿Por qué me pasa todo esto? ¿Por qué me canso más que la media? Si no estoy gorda, ¿Por qué tengo tendencia a engordar? Fue gracias a esta mentalidad que he dado con el problema. Mi formación en bioquímica ha sido clave, porque me ha permitido entender bien la problemática y porque una cosa me ha permitido ir a otra e ir tirando del hilo:

  •   Gracias a apreciar esto, vi que el estrés te engorda.
  •   Gracias a saber cómo el cortisol funciona en el cuerpo vi que un estrés crónico puede afectar a la tiroides y ahí ya cuesta abajo y sin frenos.
  •  Gracias a estudiar más detalladamente el hipotiroidismo, vi que una posible causa de estrés crónico (además de emocional, carga de trabajo, etc) son las intolerancias alimentarias. Que además, el 90% de los hipos son de origen autoinmune y que como decía Hipócrates:

Toda enfermedad empieza en el intestino-. Hipócrates.

Menudo puto crack el tío, ¿no? Los médicos no saben ni por donde les da el aire con el auge desproporcionado y epidémico de enfermedades cróncias autoinmunes y viene un tipo del año de la pana, sin tener ni puta idea de ADNs, genética, epigenética ni mierdasdesas y suelta eso y se queda tan pancho.

 Y lo peor, es que el jodío, tiene razón. Y que la ciencia, igual en los próximos 100 años o más puede demostrar esto que dijo el notas del Hipócrates. La ciencia es lenta, ¿os lo había dicho?

Total, que gracias a todas estas cosas, parece que mi endocrino y yo hemos acotado la causa de mi hipotiroidismo: a espera de resultados y unas cuantas pruebas, todo apunta a que tengo el intestino a tomarporcu.

Ahora resultará, que yo de pequeña, no es que fuera una tiquismiquis con la comida, sino que mi cuerpo pequeñito y sabio ya sabía lo que le sentaba bien y mal. Y parece, que me sientan mal más cosas que bien.

 Igual es que, teoría loca de bioloka, la mayoría de nosotros no tenemos el pool genético para sobrevivir a esta presión selectiva que es la vida moderna. Yo desde luego no lo aguanto. Supongo que estoy destinada a extinguirme.

 En definitiva, tu cuerpo sabe mucho más y mejor que tú de qué va la vida, hazme el favor, y escúchalo. Sabe más el diablo por viejo que por diablo.

Y de momento, lo dejo aquí. Me faltan 3 puntos, pero como me embale os escribo una Tesis.

Sayonara, babies. 😉

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