La vida es un experimento

   Quien me sigue en los últimos tiempos sabe que estoy totalmente obsesionada con temas de estrés, fatiga adrenal, microbioma, intestino impermeable, enfermedades autoinmunes, obesidad, etc, etc. He encontrado un filón que me tendrá entretenida al menos dos décadas según mis cálculos. De hecho, me interesa tanto que ya estoy tomando pasos para que esto sea mi profesión.

  No sé de qué, ni cómo, pero eso es peccata minuta, y desde luego estos detalles sin importancia no van a hacer que me quede quieta. La impaciencia no es siempre un defecto. Y es que tiene todo lo que yo pido de un trabajo, y más incluso: activismo político, rebelión, ciencia friki a cascoporro, practicidad, ayuda tangible. Es un campo donde mi porculerismo innato tiene una manera de salir de forma positiva para mí y para otros.

    Pero volviendo al tema.

El título de la entrada viene a que realmente la vida es eso. Un experimento. Todos somos científicos, aunque casi nadie se identifica con el término. Que si aburrido, excesivamente racional, farragoso, complicado, etc. Hasta hace poco, yo también renegaba del término, pues me consideraba mala científica. Menuda chorrez. Todos somos científicos. No puedes no serlo. Unos están en un laboratorio, y el resto no. Que unos capullos ególatras que basan su valía en ir pavoneando sus logros X o su forma de encarar la vida no te confundan.

LAS PREGUNTAS Y LA CIENCIA

 

   El fin último de la Ciencia es comprender algo. Absolutamente todos nos hacemos preguntas. Es parte inherente de ser humano y de tener este cerebro que chupa nada más y nada menos que el 20% de la energía total del cuerpo.

  Continuamente nos preguntamos: Y esto ¿por qué es así? o ¿Por qué esto sucede como sucede? Y entonces comienza la fiesta. El festival de la Ciencia. Diversión sin parangón.

fiesta
¡Subidóoooon!

  Cada pregunta que te haces te lleva a respuestas. Vas acumulando datos. Cada día que pasas son datos, datos y más datos. Aunque no siempre los vemos. Porque en la vida, como en Ciencia, la mayoría de datos están disfrazados. O necesitas tener muchos para empezar a ver siquiera una silueta.

  Además, hay muchas variables, y nuestro cerebro no está preparado para entender cosas excesivamente abstractas, muy complejas y abiertas. Es mucha información a procesar y no le llega la vida. Tendemos, por tanto, a simplificar, a hacer las cosas más asequibles. No lo decidimos así, es un mecanismo del cerebro.

  El fin último es responder de forma adecuada al entorno sin gastar toda la energía en ello. Es por ello que no le hace falta saber toooooodo para actuar. El cerebro no sabe de procastinar, él se pone a la acción a la mínima de cambio. Tú le das un hueso pa roer y ahí se pone el tío. Así que cuidado qué le das, que igual te la lía. Cuando tiene la información mínima que le permite responder de forma adecuada a una situación, aunque no sea precisa, cuelga la etiqueta de entendido, y a otra cosa mariposa.

 Esto, es positivo porque nos volveríamos locos sin este filtro. Pero, por supuesto, también tiene su parte negativa.

  Y es que, según qué busques, según con qué problema te enfrentas, vas a dar mucho bandazo antes de encontrar una respuesta medio válida y que te permita responder a la situación o problema.

  Porque será muy tentador quedarse con la primera respuesta que te encaje con lo que quieres entender. De ahí creo yo que viene la tendencia innata de buscar causas externas que expliquen cosas que nos pasan. Son más fáciles de observar y por tanto se detectan antes.

   Es por eso que generalmente es más fácil que otra persona vea como resolver un problema tuyo que tú mismo, aunque eso tiene su peligro, puesto que obvian lo que no ven, que es tu experiencia, y eso hamijos, es un datazo como una catedral. Y es que, en estos temas, considero que la mayoría de las veces, la causa última es interna y las externas sólo joden la marrana complicando el asunto. Menuda madeja.

LUCHA DE DATOS Y LA FRUSTRACIÓN DEL CIENTÍFICO

   Pero hamijos, la paciencia es la madre de la ciencia, así que, en lugar de desesperar, hay que seguir picando piedra.

  En ciencia es importante no frustrarse cuando un resultado no es el que esperas. Las expectativas es el enemigo número uno. Porque que el resultado no es el que quieres o esperas es norma, total, tu hipótesis es un aire que te ha dado que sólo tiene en cuenta una mínima parte de las variables posibles y que lo más probable es que sea incompleta o que está mal, mal, REMAL. Vamos, lo que viene siendo una puta mierda.

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PhD Comics, el oasis en medio de una Tesis.

   Pero tener una hipótesis de partida es necesaria, porque te da el punto de referencia. De ahí, vas ajustando, vas contrastando los resultados, que con esta aproximación, ya no son ni buenos, ni malos, son datos que tienes que integrar para comprender lo que quieras comprender.

 Es un proceso lento, que requiere apertura mental, no aferrarse a ninguna hipótesis, ni a ningún resultado. Es más que probable que tengas que dejar una hipótesis y crear una nueva. Es muy probable también que tengas que tirar por otro camino, porque llegas a un callejón sin salida y la única que te parece plausible es el suicidio mediante corte de venas por micropipeta. En ciencia es importante fluir. Y en la vida, y en la vida.

  Tampoco vale obviar resultados que no te cuadran. ¡Ah¡, ¡Qué tentador quitar ese punto que te jode la de otra manera perfecta recta!, ¿eh? No vale quitarla.

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Qué mona mi gráfica, con una recta de regresión que es un primor.

  No me seas como los científicos que nos han jodido la salud diciendo que la grasa es mala, sólo porque algunos de los países del estudio con más consumo de grasa, también tenían los niveles más bajos de enfermedades cardiovasculares. No, no es una paradoja. Es no entender qué pasa.

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Que la realidad no te joda un buen resultado,  ya si jodes a medio mundo, si tal.

  Si quieres repite, experimento, repite hasta que te den ganas del suicidio. O hasta que comprendas, qué carajo significa el puto punto independentista. Eso ya depende exclusivamente de tu persistencia, interés y/o masoquismo.

 Cuando algo no te cuadra puede ser debido a varias razones: fallos del experimentador o incapacidad de interpretarla por, quizás, falta de datos. A priori no lo puedes saber. Nunca vas a saber la respuesta, porque nunca tendrás la seguridad absoluta de tener todos los datos. Así, que, relax, take it easy.

relax

 Sí, a estas alturas, te habrás dado cuenta de que la Ciencia ES MUY GUAY. El 90% va de lidiar con sentimientos de fracaso, frustración infinita y el tedio más insoportable que hay sobre la faz de la tierra. ¿te suenan estos sentimientos? Ah, la casualidad, la casualidad…

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 SÉ UN BUEN CIENTÍFICO

 Como no puedes no ser científico, pues copón, ya que estás, al menos sé uno bueno.

  Un buen científico no se rinde, es duro de mollera, porque lo que le lleva a seguir son las ganas de saber. Sin más.

  Si no tienes expectativas es difícil que te frustres. Porque todo te acerca a tu objetivo. Si tienes la mente abierta es difícil que sientas el fracaso, porque no hay fracaso. Son datos jugosos.

 Lo del tedio, bueno, ahí igual relajar un poco y tomárselo con calma sería lo necesario, porque hamijo, si no lo vas a saber nunca, mejor que te relajes, disfrutes, y te pongas a jugar. Nadie juega para conseguir algo. La gente juega porque es DIVERTIDO.

Considero que el mejor científico es aquél que se divierte.

Así que, ¡diviértete!

 Por otro lado, la humildad es para mí una de las características básicas del científico. Y sin embargo, tan pocos la tienen. Todos pecamos de soberbia en algún momento. A mí me encanta ser soberbia cuando me encuentro a un soberbio. Es como devolver multiplicado lo que me envía, en plan Kame Hame de Goku.

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Uf, cómo me pone Goku.

Y esto que os cuento, como véis no es sólo útil en ciencia, sino en la vida.

  A mí siempre me han dado mucho coraje la gente que es racista, homofoba, machista, o que se ríen de las creencias, visión política de otros. Los que juzgan tu experiencia desde su prisma. Están obviando las reglas básicas de la ciencia, de la vida: no puedes asumir que lo sabes todo desde tu pequeñísima ventana y acceso a la realidad.

   Es imposible saberlo todo. Así que ¡puto! cállate la boca y observa.

Peores aún, son, bajo mi punto de vista, los que se escudan en una creencia, ya sea en forma de religión, corriente X, o los más peligrosos, los que se escudan en la ciencia para defender sus ideas de mierda.

  Y eso, básicamente es no entender qué es la ciencia, que no es fácil y no te da respuestas seguras, y querer elevarla a categoría de religión. Pero religión chachi-guay, de esa que una persona que se considera inteligente y racional no tendrá reparos en abrazar para no joder su autoimagen de persona culta, inteligente. Sin entender que lo básico de la ciencia, la fuerza motriz de la ciencia es: cuestionar. Cuestionarse. Todo. T-O-D-O.

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¿El cielo es azul? ¿Quién dice que el azul es azul? ¿Todos vemos el azul como azul?

   Una de las cosas que más me sacan de quicio es el machista-racista científico. Se basan en estudios de mierda, que no hay por donde cogerlos y con conclusiones de mierda (las conclusiones, no lo olvidemos, son fruto 100% de las pajas mentales del investigador, y depende por tanto, de lo que se ha fumado al escribirlas y de sus propias creencias de mierda).

Importan los datos, y los datos, son eso, datos. No son explicaciones, no son sistemas. Son datos. Y a esos datos les faltan datos. Y así.

  Por tanto, cuando llegamos a un punto en el que creemos saber mucho sobre un tema o creemos entender algo, y ya estamos dispuesto a ir por la vida de envangelizadores, yo propongo un ejercicio muy útil: ponte en el extremo opuesto y plantea una hipótesis contraria.

Investiga desde ese punto de vista. A ver qué encuentras.

 ¿Y sabéis qué?, si buscáis, encontraréis.

Y ya está, el puto punto aparecerá. Y en cuanto hay datos que no cuadran con la primera hipótesis, esta tiene que cambiar.

¿A qué jode? 🙂 🙂

Método científico. Un amor.

LA UTOPÍA

  Como soy idealista incorregible termino esto con un pensamiento muy yo:

Y es que creo que, si todos fuéramos científicos puros, el mundo iría mucho mejor. Porque si no sabes lo que sabes, cómo vas a imponer en otro lo que crees que sabes. Cómo vas a criticar, juzgar o imponer tu ideología en nadie.

Como mucho, puedes concluir creer saber algo de un tema. Pero de ahí a saberlo, el trecho es el infinito y más allá.

Y por hoy se acabó, chin pun, pero no me despido sin antes hacer un llamamiento a mis queridos lectores, a la humanidad entera:

Sed un poco críticos copón, que no os cuesta nada, sólo una vida llena de incertezas, de caos, ostracismo social (te van a dar por todos lados, obvio) y un par de úlceras. 😀

Como efecto colateral, te desarrolla la empatía que es un primor.

  Cuando seas capaz de empatizar con hombres, mujeres, blancos, negros, amarillos, abuelos, niños, animales, plantas, buenos, malos, estúpidos y listos habrás alcanzado un nivel ya profi. Si llegas a poder empatizar con Hitler y otros, entonces habrás alcanzado el nivel Premium.

Porque sólo entendiendo lo que no comprendéis, podréis solucionar un problema.

Venga, os dejo que tenéis mucho curro por delante.

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