De mujeres (II)

Sin duda lo que peor, peor, PEOR llevo de todo es el rol de ser mujer.

 

Y digo rol, porque aparte de ser mi condición fisiológica, a saber, un amasijo de hormonas que suben y bajan para conformar mi ciclo menstrual,  y que afecta a mi neuroquímica y al buen funcionamiento de mis órganos, está el rol que se nos otorga.

 

A ese que te marca como una vaca namás que naces, no vaya a ser que la intrínseca ambigüedad física de los niños. Y niñas. impida al interlocutor meter mierdas de género como “las niñas no dicen palabrotas”: me cago en la puta, cómo que no decimos palabrotas, a santo de qué. Yo las digo fantásticamente bien, de hecho, me meo en Pérez Reverte, un aficionado a mi lado. Me cago en la represión.

 

Las niñas no son rebeldes, son monas, rositas, con lacitos, no te muevas mucho, no hagas eso que se te ven las bragas y no es fino. Ponte un vestido que así estás mona y puedes ser ese jarrón que toda casa necesita para verse bonita. **

 

En fin, y eso sólo en la niñez. Lo que viene después es lo hardcore y lo que se podría calificar sin temer a ser exagerada como terrorismo de género. En la sociedad somos poco menos que material fungible, seres invisibles que no sentimos ni padecemos y cuya palabra no vale una mierda. No servimos para pensar y por tanto no servimos para ser escuchadas. Si nos empeñamos en algo de forma vehemente, algo que está bien visto en los hombres, de repente somos histéricas. Aguantamos carros y carretas y las histéricas somos nosotras. Bien.

 

Lo único que se nos considera legítimamente nuestro es el mundo de las emociones, esas que hasta el pensador supuestamente más ilustre poco menos que denosta como una función inferior de rango similar o inferior a cagar.

 

Y es que, igual cagar no es fino, pero es una función esencial para nuestro cuerpo y que permite eliminar toxinas, y termina el ciclo de la digestión, ése que igual es poco glamuroso pero que nos permite vivir.

 

Con las emociones ocurre algo similar, a nivel mental, y aprovecho para recuerdar que el cerebro sigue formando parte del cuerpo. Os juro que no es un ente separado y que las neuronas y sus neurotransmisores existen. Las emociones es eso intrínseco a ser humano y tener cerebro. Si no tienes emociones no puedes llamarte ser humano e igual deberían de devolverte a tu hábitat natural.

 

No querer lidiar con ellas es algo similar a ponerse un tapón en el culo. Igual evitas cagar durante un tiempo, pero ay, yo me alejaría de ti a medio-largo plazo porque de ahí va a salir mierda para inundar.

 

Como mujeres, lo único que vale de nosotras es lo feliz que podamos hacer a un hombre, nuestra misión en la vida es ser bellas para él, hacerle la vida agradable, que vivir es MUY DURO.

 

Nos convertimos en el iphone que todo hombre puede tener, independientemente de su clase social. Las mujeres somos la paga universal de los hombres. Sólo por haber nacido tienes derecho a disfrutar de ella. Democratizamos el poder y te permitimos disfrutar de sus mieles aunque socialmente seas un paria.  Si eres hombre, tienes derecho universal a disponer de tu iphone customizado, por cortesía del heteropatriarcado esa palabra tan molona que es la pesadilla de los jipipogres machistas (me temo que un 99%, que hablar de opresión es guay mientras no seas el objeto de las críticas). Puedes por tanto ejercer tu poder sobre otro ser humano, perdón, animal con tetas y agujeros que sabe planchar y que evita que mueras de inanición.

 

Todo iphone además de cumplir una función básica, a saber, llamar, además provee de otras funciones la mar de apañadas, aún si no necesarias: te proveen de estatus, algo de lo que presumir. Mira qué iphone tengo, el mío tiene cámara de 7 megapíxels y te la mama que es un primor. Los iphones, por cuestiones de márqueting, suelen quedarse obsoletos bastante pronto, pero no temed, que siempre hay nuevas versiones más mejores que las de antes y que ahuyentan la bicha de que tu iphone ya no es el más molón del mercado, lo cual sería la hecatombe.

 

Una cosa que no hacen los iphones, por eso, es tener y criar hijos por ti, siendo que haciéndote fotos de vez en cuando con tus churumbeles y “ayudando” a ser sus baby-sitters for free te hincha de orgullo y satisfacción de lo moenno e implicado que llegas a ser.

 

Dicen las estadísticas que los hombres emparejados-casados son más felices que los solteros. Las mismas estadísticas dicen que las mujeres emparejadas o casadas son más infelices que las solteras.

 

Me pregunto por qué.

 

Mmmmmm….¿teorías?

 

Para mí, lo realmente jodido de no estar emparejada es que como mujer tu mundo se reduce al 0,0000000001% en el que se considera que tu actitud no es temeraria para no recibir una agresión por esos animales sin corteza prefrontal: tu casa (bueno, ni eso, no se te ocurra abrirle la puerta de noche al pizzero que si luego resulta que es un psicópata la culpa será tuya porque se te acudió que era buena idea alimentarte).

 

Porque es curioso que no podamos quejarnos de no poder movernos con libertad, siendo que “el mal” es intrínseco al ser humano y que a los hombres también los atracan. El problema, lo que parece que no se suele entender es que aún siendo perfectamente conscientes que shit happens all around the world (sí, os juro que hemos llegado a eso solitas) y que es mejor prevenir que curar, y no meterse en el Bronx porque sabes que es un barrio chungo y que igual sales sin bragas, cuando cualquier calle del mundo es el Bronx, e incluso tu casa puede ser el Bronx si hay un hombre en ella, es que es para hacérselo mirar.

 

 

Pero bueno, siempre se me podrá tildar de feminazi, que es el recurso de los que no tienen argumentos.

 

 

 

**Sí, me consta que a los niños también les meten mierdas del estilo: los niños no lloran, no juegan a muñecas, no les gusta el rosa, son fuertes, unga, unga. Es una forma de represión igualmente brutal, pero al menos la sociedad les da el caramelillo del reconocimiento social: vida pública, que escuchen tus mierdas por diarreas intelectualoides que sean (a cualquier hombre por mediocre que sea se le escucha más que a una mujer, aunque sea la puta ama de 30 disciplinas diferentes), en fin to eso, que no os gusta a los hombres reconocer que tenéis, fijándoos en lo duro que es ser hombre porque os hacen pagar la entrada a la discoteca (que en realidad usan vuestra debilidad para aprovecharse de ella, money has no ideals bitch).

Los comentarios son amor, así que, ¡Ama!... :-) ¡Gracias!

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