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He vuelto

 Y eso sólo puede significar una cosa…

la

invasión

 

MUNDIAL

 

…muajajajajaja…

 

*ejem*. Bueno, mejor no me flipo mucho …que no estoy yo para hacer promesas que no sé si puedo mantener. Pero que le vamos a hacer, soy una flipada de la vida, nací así y espero morir así.

¿Por qué no he escrito en estos meses?

  Lo podría resumir en un: porque no podía con mi vida y menos con internet, que es el caldo de cultivo ideal de trolls y cuñados, pero lo voy a ampliar un poco.

   No he escrito, porque básicamente me he dedicado a la contemplación de la escuela del ombliguerismo del más chungo que existe. Sé que a algunos les causa sarpullidos todo esto, hombre por Dios, conocerse a uno mismo, menuda soplapollez (ponte a currar ya que sino quién me va a pagar mi pensión) como si no nos ducháramos, peináramos o tuviéramos que soportar día sí y día también la sarta de tonterías que radio-cerebro nos manda a cada minuto.

 Ains, hamijos, que no por asisistir a clase se convierte uno en un experto. Hay que currárselo, weisst du?

 Llamadme rara, pero es algo que tenía que hacer y que de hecho ha servido para poner en su sitio muchas cosas. Me comprometo obligo a desmenuzarlo en entradas posteriores, más que nada por si en un futuro llego a esta situación de nuevo, por eso de acelerar el proceso.

  Pero en realidad me estoy haciendo la guay, algo que hago de vez en cuando porque me gusta caer antipática. En realidad, no he escrito porque desde que regresé de Berlín y a pesar de llevar una vida monjil, sana, y nada estresante, yo cada vez tenía menos energía, físicamente iba en declive a una velocidad alarmante y psicológicamente me rallaba por cosas más rebuscadas y odiaba cada vez más a todo el mundo por su estupidez (vale, en lo último sigo trabajando).

 Al final, y vista la imposibilidad de mejorar a pesar de dedicarme prácticamente en exclusiva a ello, tomé LA DECISIÓN. ¿Cuál? Ésta.

   Lo había postpuesto, porque no soy yo muy amiga de las drogas, pero cuando la evidencia es tan abrumadora, incluso a una dura de mollera como yo, no le queda otra que agachar la cabeza y asentir. Lo había intentado todo, y nada había funcionado.

El día D

  Así que un 22 de Marzo de 2016 cualquiera, me planté en la consulta de una psiquiatra. Que me tuvo esperando casi 3 PUTAS horas, probando, sin saberlo ella, mi ya de por sí exigua paciencia, y justo donde más me duele. Con lo que odio perder el tiempo.

  La psiquiatra me dijo algo que me sorprendió: “chica, tú no es que seas más vulnerable al estrés, es que lo que has vivido es MUY estresante, en realidad eres la puta ama y lo sabes” (palabras que igual no son totalmente exactas).

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   Y me quedé en plan joroña. No lo había visto nunca así. Problemas familiares arrastrados de años con mudanza traumática al infierno incluido, hacer y terminar una Tesis Doctoral en condiciones más que precarias (las normales en este país, he de decir, aderezado con particularidades propias), 24 mudanzas en menos de 8 años, vivir en dos países extranjeros, aka “Mordor”, dejar a mi ex-pareja por no tener el chichi pa farolillos, un par de situaciones súper chungas y que me he comido a mi estilo Juan Palomo…en fin, que cuando hacía esos tests de estrés, yo no es que me saliera de la gráfica, es que para estar en ella, tenía que ponerla en escala logarítmica. Como yo soy más de pruebas objetivas, me hice una prueba de estrés en saliva y la pobre daba penita.

  Pero aparte de eso y de compartir experiencias viajeras con la psiquiatra, la mujer, me hizo una receta, así, tó fácil. Y ea, pa casa. En condiciones normales, científica que es una, le hubiera preguntado, oye mi amol,  ¿no habría que hacer unas analíticas completas antes, por eso de descartar otras cosas? Pero entre que yo estaba medio muerta  y que me lió hablando de lo que me gusta, más un cierto miedo a importunar con mis dudas razonables, pues me fui con la receta.

El Antidepresivo

 Al llegar a casa, no lo pude remediar, me puse a buscar en internet el vademecum del recaptador de la serotonina (aka antidepresivo) que me mandó. Cuando leí esto, me quedé de pasta de boniato:

Al inicio del tto. pueden aumentar síntomas de ansiedad (ansiedad paradójica), comenzar con dosis más bajas. Monitorizar al inicio del tto. por riesgo de suicidio en depresión y otras enf.psiquíatricas.

  ¿Menudo nivel, no? ¿Qué será lo próximo? ¿Medicación para diabéticos que te suben el azúcar en sangre? ¿Antidiarreicos que te dan diarrea? Lo de la ansiedad paradójica es muy LOL. Paradójica la leche que tenéis. Y las reacciones adversas son para decir, a mí dos, plis.

 Vamos, que lo veía un poco en plan pócima de Panoramix. Este Ted muestra mis reticiencias más que razonables desde un punto de vista bioquímico, que es el que vale, obvio.

 

Total, que me dije, que no digo que no funcione y no sea necesario en ciertas ocasiones, pero si puedo evitarlo, MEJOR (en realidad dije, NI DE COÑA).  Llevaba meses leyendo y estudiando el sistema endocrino y me olía que ahí había algo, pero en lugar de hacer algo al respecto, iba arrastrando de lista en lista lo siguiente: analíticas completas.

 

Así que, viendo la que me esperaba con la pasti, me dije: ahora o nunca.  Me pasé todo el día siguiente, repasando de nuevo sistema endocrino para unir puntos. Saqué mis folios, mis bolis de colores, mis apuntes, mis libros y mi internete. Me puse a hacer croquis y me puse a hacer un listado exhaustivo de síntomas, por chorrás que pudieran parecer e hice también listado de patologías/síntomas de familiares . Además, en uno de los foros de facebook en los que estoy, pedí información sobre lo que me habían recetado, y respondió mi ángel salvador.

Esta persona, que es estudiante de últimos años de medicina, me recomendó una endocrino actualizada y que pasa consulta online. El mismo viernes santo tuve respuesta. Eso es diligencia. Me mandó unas analíticas que ya quisieran deportistas de élite. He tardado varios meses en hacérmelas todas porque no había sangre pa tanta analítica.

El diagnóstico

Con las analíticas en la mano, donde no había nivel en rango de un montón de cosas, el diagnóstico fue claro: HIPOTIROIDISMO y una ristra enorme de deficiencias nutricionales (anemia, vitamina B12, ácido fólico, vitamina D, etc).

Ná, lo normal en el hipotiroidismo, donde la hormona tiroidea tiene efecto en TODAS las funciones del cuerpo y por supuesto, en la absorción de nutrientes. Y si no absorbes, tampoco puedes funcionar al 100% y al final el cuerpo lo que hace es que disminuye funciones, vamos unos recortes a lo Rojoy en toda regla.  Y se retroalimenta a sí mismo y se convierte en pescadilla que se muerde la cola. Un festival.

   Vamos, que la depresión es lo más suave que te puede pasar. En estadíos avanzados te pueda dar un coma mixodematoso. Eso claro, si antes puedes con algunos de los 300 síntomas que da la enfermedad. De algunos ya me había ido quejando durante mi Tesis, donde me daban chungos raros, pero lo máximo que logré fue: mujer, sal más al cine, disfruta de la vida, no te estreses. Lo único que les faltó decir es, “estoy hasta el higadillo de mujeres histéricas, iros a quejaros a otro lado”.

 A todos esos médicos, amores, hoy me gustaría dedicaros unas palabras de amor y cariño, pero como no me salen, me despido aquí 🙂

P.D. De algo me ha servido tener un doctorado en Bioquímica. Igual el concepto de “ganarse la vida” lo entendí con otra connotación, por eso. 🙂

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Técnica ACT: Soy un gnomo

¿Os acordáis de esta canción y de sus correspondientes dibujos animados?

¿No? Fuera inmediatamente de aquí. Puaj, juventud ignorante, id a emborracharos con metanol y a bailar una de esas canciones horribles de guarreo pasivo.

Veréis, yo hace una hora era algo así como:

“Esto es una mierda, grrr, mierda, aghgg, odio, destrucción, no quiero escribir, no quiero nadar, no quiero no querer, vale, sé algo productiva o explotarás, no me apetece escribir, odio Berlín, si acabo ahi me quedo calva, odio mi vida, odio a todo el mundo, vale, pues escribe una entrada, que menos da una piedra, vale pero eso es procastinar ¡Y lo sabes!. Pues más vale eso a que llegue las 12 de la noche y no hayas hecho nada, de nada, a parte de meterte cafeína, azúcar y grasas trans además de ponerte en modo abuelo de Heidi y Srta. Rottenmeyer, todo junto”

Sí, tacháááááán…

Mi yo “Crítico-coñazo” ha vuelto…saludémosla con amor…

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¡¡Te queremos, Crítico-Coñazo!!

 Qué pesadita la joía. Me he ido a la terraza con una buen refresco lleno de cafeína, que es buenísima para el estrés y para sentirse bien, aderezada con una buena cantidad de edulcorantes artificiales que no sólo no te dan más hambre, sino que te limpian por dentro. Me he puesto a escribir una entrada, así como muy yo típica, con los colmillos salivándome con mi agudeza crítico-destructiva y me he dicho…ains, qué pereza. Me aburres y hace frío. Y eso sí que no lo aguanto. Anda, vete para dentro que te vas a quedar pajarito.

Y me he acordado de mi primera canción ever en la que interpretaba la canción de Soy un Gnomo ad infinitum, para tortura de mi hermano.

Veréis yo de pequeña era… cómo decirlo. Me pasaba el día cantando y soy muy mala recordando de oídas. Soy más visual. Así que yo cantaba algo así como “Soy un gnooooomo, nananana….Soy un gnoooomoooo ” y así entraba en bucle, y ya sabemos cuál es el concepto del tiempo para un niño.

 El caso es que un día regresé del colegio, dispuesta a escuhar por enésima vez ese cassette de música tan guay que pertenecía a la colección de cuentos y canciones de Soy un gnomo de mi hermano y a la que él no prestaba ni la más mínima ateción y para mi horror….

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¡NOOOOOOOOOOOOOOO!

  El cassette estaba en el suelo y había sido víctima de un descuartizamiento sin piedad. Sus tripas se hallaban desparramadas por toda la superficie y yo sólo acerté a alzar mi mirada hacia el horizonte (todo el horizonte que puede tener el interior de una casa), desplegué un alarido agudo y desgarrador y caí al suelo presa de la desesperación más absoluta. En otras circunstancias hubiera sido una buena actriz.

Mi hermano siempre ha sido el científico-técnico de la familia y nunca ha tenido esa vena artística que yo tenía. Ahí descubrí que, además, no le gustaba nada, NADA, mi forma de expresarme, que era en un 90% a través de una representación musical ya fuera cantada o bailada (era una conocida bailaora flamenca en mi casa). Ahí se truncó mi carrera artística y ahora me veo abocada a una gris existencia de números, moléculas y gente que se abotona mal la camisa que ha encontrado en el fondo de su armario, arrugada y  pasada de moda.

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¡Mis experimeeeeeeentooooos! ¡Mis paaaaaapers! ¡Mi plaaaaaaazaaaaa!

Y diréis, ¿a dónde quieres ir a parar, tú que siempre te vas por peteneras?

PENSAMIENTOS MUSICALES Y TITULAR TUS HISTORIAS

Pues que el otro día estaba yo leyendo una de mis penúltimas adquisiciones (se me va a ir la pasta en libros, una ruina):

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¡Compradme y hacedla rica y que se pueda comprar un buen cubata! Lo necesita…

Enlace afiliados:La trampa de la felicidad: Deja de sufrir, comienza a vivir (Prácticos)

De momento el libro me está molando porque da una estructura a técnicas (algunas) que yo de forma intuitiva he utilizado, sobre todo cuando era más joven, lozoana e infinitmante más sabia. Dicen que la involución no existe, que es un oximoron, pero yo soy la prueba viviente de que sí existe. Y es que la mente, esa perra, si no la dominas, te domina a ti. Y en uno de los capítulos del libro, el autor comentaba un ejercicio que se podía hacer cuando te salían pensamientos recurrentes y digamos, negativos y pesados y que te dejan la moral más baja que el presupuesto de I+D+i de este país. Puedes luchar contra estos pensamientos en plan “hay que ser positivo, blah blah blah” o bien unirte a ellos y pasártelo bien. Yo elijo la segunda, que una buena risa no amarga a nadie.

La técnica que más me gustó fue la de cantar lo que fuera que tu cine-mente esté echando en ese momento.

Ej: “Soy una inútil y no voy a conseguir trabajo en mi vida”

La cosa es utilizar el pensamiento base: “soy una inútil” y ponerte a cantar eso con diferentes ritmos. En el libro se sugiere cantarlo con “Cumpleaños feliz”, “Jinglebells” o lo que se te ocurra…y a mí lo que se me ocurrió, fue, “Soy un gnomo”. Esa canción que creo que ya utilizaba en esa casa de locos mucho antes de saber siquiera que era una técnica psicológica y que cuando he andado hiper estresada en el labo me salía de forma inconsciente.

   Así que hoy cuando ha llegado mi “Yo crítico-coñazo. The comeback“, además de imaginármela como una gran producción musical de Broadway, tan esperada y aclamada ella, pues me he empezado a reír como una psicópata y me he dicho…en realidad, eres bastante ridícula…y claro…de “Soy un gnomo” a “Soy una ridícula” hay un paso. Y he entrado en bucle chorra.

¡Ay, hamijos! El humor chorra, el hacerme la rubia es una de las cosas que más me molan en este podrido e injusto mundo.

Y a la espera de otras producciones musicales de éxito internacional, os dejo que meditéis sobre lo que os he expuesto hoy.

 Que Dios os vendiga.


 Nota mental: tienes que hacer algo para mitigar esa desconexión de la raza humana. Chorras los hay a miles. Chorras inteligentes también. Búscalos, encuéntralos, crea un ejército. Domina el mundo.

 Nota mental 2: ¿Qué le pasó a tu sentido del humor? Tú antes hacías coña de todo. Necesitas un proyecto en el que puedas dar rienda suelta a tu crítico-coñazo y darle un enfoque menos destructivo. Canta, baila, haz coña, haz algo.

Nota mental 3: Qué pesadita eres con querer alcanzar todo para ayer. Pasito de bebé. Uno. Detrás. De. Otro. Copón.

Seguiremos informando…

Del Estrés (I): No me estreses que se me sube el cortisol

Si me lees algo, habrás percibido, quizás, que tengo cierta obsesión con el estrés y con el cortisol. No eres tú. Realmente tengo una obsesión con los dos. Yo, que soy Dotora de las de mentira, de las que no pueden prescribir drogas, conozco de primera mano cómo funciona el estrés en bichos que no pueden moverse. Es alucinante lo que aguantan los putos bichos. Tienen un sistema muy inteligente de reciclaje de energía. Igual un día os explico así someramente lo que hice y así diseminar lo que hice, durante más años de los recomendables, más allá de las escasas 7 personas que habrán leído, por obligación, mi tocho sesudo.

Mi interés por el estrés, mutado a seres humanos, se dio por casualidad, al darme cuenta, ¡Oh misterios de la vida!, de que mi energía no es infinita y de que me estoy convirtiendo en una viejuna. LLevo desde aproximadamente 2010 luchando contra un manto de cansancio infinito que se cierne sobre mí y que me impide volver a mi estado natural: una fatiguita con tintes masoquistas.

  Como además me va la marcha, tras acabar mi odisea en el desierto (aka Tesis) decidí irme a Berlín, así a lo loco, y porque estaba hasta el higo de seguir el camino preestablecido. Por un lado, para recuperar ese alemán perdido en las profundidades de mi memoria a largo plazo y por otro, porque quería experimentar sobre mis carnes, el efecto de la falta de luz prolongada, siendo que venía de uno de los sitios con más horas de luz por año de Europa. Experimentos fisiológicos, mi perdición. ¿Resultado? Peté un sistema que ya de por sí se aguantaba así muy a la española, con parches y varias cuerdas. El invierno más oscuro desde que lo miden me noqueó ese frágil equilibrio y lo encontré tan interesante, que, cual Sherlock Holmes, me he puesto a investigar qué tiene que ver el tocino con la velocidad.

Y toda esta introducción para deciros que por fin y tras meses, os voy a hablar del Estrés. Como se me ha quedado muy largo y tengo infinitas cosas más que contar, igual en 8 meses voy a por la segunda parte. Pero para empezar, veamos,

¿QUÉ ES EL ESTRÉS?

A menudo, cuando se habla de estrés se refiere uno a un ente borroso que nos desestabiliza anímicamente: estrés por el trabajo, por falta de él, por relaciones, etc. Estar estresado lo asociamos con ser incapaz de relajarse, por preocuparse más de la cuenta por problemas del día a día, con brotes de ansiedad o incluso de llanto y/o mal humor, dependiendo de la personalidad de cada cual.

Fantasma
“Buuuuuh, ¡Soy el estréééééés! Todo el mundo habla de mí, pero nadie sabe realmente quién soy.

 Pero los efectos en el ánimo son sólo la punta del iceberg. Los efectos del estrés en el cuerpo son fisiológicos, es decir, hay cambios bioquímicos que provocan un efecto en cascada en diferente funciones vitales y que afectan a varios órganos. Provocan una respuesta concreta hasta que pase la situación estresante. Si el estrés es crónico estos cambios bioquímicos y efectos en diferentes órganos se mantienen y provocan cambios más profundos. El estrés no es por tanto mental, sino físico que a su vez tiene efectos mentales, además de físicos.

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE ESTRÉS?

 

Según la Wikipedia:

“El estrés (del griego stringere, que significa «apretar»1 ) es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada.”

Es decir, y explicado de otra forma, el estrés es todo aquello que ataca la estabilidad o equilibrio bioquímico que hace que tu cuerpo funcione en óptimas condiciones y que desencadena, en el caso de los organismo vivos, respuestas adaptativas para minimizar los efectos negativos de eso que está atacando a tu sistema.

Yo de materiales sé más bien poco, más bien nada, pero recuerdo que alguna vez he escuchado algo así como “la resistencia al estrés del material x” y cómo los que quiera que se encarguen de ello, testean la resistencia a diferentes fuerzas externas ejercidas sobre ciertos materiales para saber cuán resistentes son antes de perder las propiedades que los definen: fuerzas de torsión, de temperatura, ¿algún ingeniero de materiales en la sala? Diferentes materiales tienen diferentes propiedades y diferentes capacidades de soportar diferentes fuerzas.

Con los humanos pasa algo parecido. Hay diferentes fuerzas que pueden atacar a “la estructura”, pero que el cuerpo puede soportar sin que pierda su esencia (la Vida).

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA RESPUESTA DEL ESTRÉS EN ORGANISMOS VIVOS?

 

Como animales estamos dotados de un sistema muy efectivo para hacer frente a los peligros que nos acechan y que pueden desestabilizar el delicado equilibrio que permite la vida. Tenemos un sistema que está continuamente monitorizando si todo funciona como tendría que hacerlo y de no ser así, se mandan señales para que ese cambio no provoque un daño permanente en el cuerpo y en última instancia la muerte.

 Debido a que estamos sometidos a peligros para los que tenemos que responder de forma inmediata y efectiva, este sistema puede también responder a emergencias inesperadas, ya que es muy sensible y es capaz de poner al cuerpo en alerta en apenas segundos, movilizando todos sus recursos para hacer frente a dicha eventualidad amenzadora.

  Un ejemplo muy ilustrativo y que siempre se pone como ejemplo es el imaginarse que te persigue un tigre de bengala. Si eso pasa, tu cuerpo, en apenas milisegundos pone a tu disposición la energía suficiente para que dispongas de ella de forma inmediata. Se cierra el suministro a partes no esenciales del cuerpo. Ese extra de energía se va a utilizar para que los músculos estén listos para correr o luchar, para aumentar la presión arterial, para aumentar la frecuencia cardiaca, aumentar la viscosidad de la sangre para que si hay una herida no nos desangremos, aumentar la atención y así focalizar nuestros recursos para encontrar soluciones y escapar de la muerte, etc. Es una emergencia y en momentos de emergencia no se escatiman esfuerzos. La vida depende de ello.

Hay numerosos ejemplos de personas que en situaciones de vida o muerte afirman haberse olvidado del cansancio, el hambre, del dolor y que han sentido como si una fuerza sobrenatural les hubiera invadido. Eso es la respuesta del estrés.

¿ES TODO EL ESTRÉS MALO?

 No. La vida es estresante por definición. ¿Por qué? Porque la vida es cambio y absolutamente todo provoca un cambio en nosotros y el cuerpo tiene que responder y adaptarse a él, ya que la vida funciona sólo bajo ciertos parámetros concretos. Hay una sola manera de vivir sin estrés y es morirse. Nada te afecta, a nada hay que responder. Si quieres vivir sin estrés, tu única posibilidad con 100% de garantías es la muerte.

Hay ciertos cambios regulares y previsibles (como el ciclo día-noche) para los que el cuerpo, a lo largo de la evolución ha aprendido a adelantarse y a automatizar la respuesta. Es más listo el jodío. Mucho más que tú y que yo. Así pues, hay muchas funciones vitales que siguen un ritmo circadiano y que en última instancia permiten al cuerpo ahorrar energía.

Otros cambios no son previsibles y el cuerpo tiene un sistema para poder responder a dichos cambios. Pero como todo, hay cambios positivos y negativos. Todo depende del balance final que dejen en ti.

¿De qué depende que el factor estresante sea bueno o malo?

Pues depende de cómo nuestro cuerpo reaccione al factor estresante y del efecto final que tenga en él. Lo que para ti puede ser vidilla, para otra persona es la muerte en vida. Lo que para una persona es tóxico, para otra no lo es. Esto depende por un lado de factores genéticos y por tanto de cómo nuestro cuerpo está de preparado para afrontar ciertas situaciones y por otro lado de factores ambientales. Lo de siempre.

Pero, por muy buena genética que tengamos, si nos exponemos a muchas situaciones para las que nuestro cuerpo tiene que dedicar más energía de la que dispone, es cuestión de tiempo que nuestro cuerpo se quede sin energía, no sólo para las situaciones estresantes, sino para las funciones normales del cuerpo. Colapso y tranquilidad eterna.

Esto lo expliqué en su día en este post sobre cómo hay gente que con un nivel más bajo de estímulos externos entran en pantalla azul de la muerte o en kernel panic si eres más gafapastoide de café en el StarF**ks. Con todo el cariño, gafapasta. Todos somos susceptibles a que agotemos la memoria RAM en cosas totalmente evitables, sólo que unos tenemos un límite más bajo que otros. Algunos tenemos una mayor sensibilidad sensorial o somos más porosos, es decir nos entra más información.

Por otro lado, lo cierto es que todos requerimos de cierto eustrés (estrés bueno) o cierta cantidad de movimiento para vivir en nuestro óptimo. Vivir por debajo de dichos niveles también nos mata, ya que para mantenernos con vida se necesita sí o sí gastar energía. Tan sólo para mantener la estructura se requiere energía. La estructura de los músculos sólo se puede mantener si te mueves y eso requiere energía. Las conexiones sinápticas que te hacen tan inteligente sólo se pueden mantener si les sacas brillo de forma asidua. Energía. Movimiento. En definitiva, Vida.

Una piedra no gasta energía en mantener su estructura. Tampoco puede tocar la guitarra. Ni meditar sobre el existencialismo de Kierkegaard o Nietzsche. Una mujer, por lo visto, tampoco.

Por tanto, de no aplicarse cierta energía, todo tenderá al máximo desorden o entropía y por tanto a la muerte. Como diría un médico, es incompatible con la vida. Igual que un coche que has dejado abandonado sin usar todo el invierno. Uno puede pensar, guay, así “no se gasta”, pero lo cierto es que costará arrancarlo porque requiere de cierto funcionamiento para mantenerse.

Así que sí, necesitas cierto movimiento para estar sano, para que tu sistema no se oxide, y el cuánto es individual e intransferible. ¿Cómo saberlo? Como todo, experimentando.

Por otro lado, vivir por encima de dichos niveles es claramente nocivo, porque el cuerpo está yendo a 200 km/h cuando el máximo al que puede ir de forma confortable es a 100 km/h.

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Nivel óptimo de Energía vs niveles óptimos de muerte prematura.

¿CÓMO FUNCIONA LA RESPUESTA DEL ESTRÉS EN HUMANOS?:

  El eje del mal: eje Hipotálamo-pituitaria-adrenales.

 

La respuesta al estrés empieza en última instancia en el cerebro. A mí me gusta ver el sistema de la respuesta a estrés como si fuera un ejército que está continuamente alerta, vigilante, y que nos protege de las agresiones externas llegado el caso.

Los diferentes órganos y partes del cuerpo (sobre todo las motoras, pero no las únicas) son los soldados rasos. Los que llegado el momento se podrán a correr y a luchar como si no hubiera un mañana.

Luego está la cadena de mando y como en todo ejército, hay varios rangos. También hay servicio de inteligencia que recoge información, la analiza y la reporta convenientemente.

En el cerebro estarían la amígdala y el hipotálamo.

La amígdala es el servicio de inteligencia y se encarga de recoger información variada y procesar las reacciones emocionales derivadas de ellas y de mantener convenientemente informado al hipotálamo. En las mujeres la amígdala es más reactiva y esto explicaría por qué por regla general nos afectan más ciertas situaciones. No somos nosotras. Es la amígdala, que es peor que una portera y se entera de todo. En las personas que han sufrido de estrés postraumático también se ha reportado una amígdala más reactiva. Eso explica porque estas personas se alteran y ponen todo su cuerpo en alerta máxima cuando oyen algo que les recuerda al trauma pasado, siendo el peligro no real en la actualidad. Es algo que no pueden controlar desde la consciencia porque es una respuesta automática.

El hipotálamo es el mando de mayor rango, se sitúa en el cerebro y es el que en última instancia da la orden al cuerpo de desplegar el ejército. El hipotálamo, además de recibir información de la amígdala, recibe retroalimentación de diferentes órganos, que le informan a cada momento si la situación está controlada.

Una vez el hipotálamo decide desencadenar una respuesta defensiva, manda la orden a la hipófisis (también en el cerebro), que a su vez manda la señal a las glándulas adrenales (encima de los riñones) para que así finalmente el ejército se movilice. Los mandos al pie del cañón y dando órdenes a los soldados rasos son las hormonas adrenalina y cortisol.

Ambas se encargan de poner al cuerpo a punto para hacer frente al peligro. Además, el cortisol se encarga de la respuesta coordinada de unas tropas muy especiales: hígado, páncreas y grasa abdominal. Dichas tropas se encargan de proporcionar la energía que el cuerpo necesita. El cortisol es el que moviliza el combustible de dichos órganos, para que el cuerpo tenga la energía suficiente para hacer frente a la emergencia. Si no coordina a estos órganos, el ejército corre el riesgo de quedarse sin combustible y munición en plena batalla. Esto sería un desastre mayúsculo, así que esta parte de la respuesta al estrés es de vital importancia. El cortisol es nuestro amigo fiel y hay que quererlo. Y no darle horas extras, que el pobre sufre de burn-out y luego pasa lo que pasa.

Este sistema es muy útil y efectivo. Tan efectivo es, que después de millones de años, seguimos aquí. El problema es que es muy costoso energéticamente, pero bueno, en realidad, fue diseñado para afrontar situaciones límite y poco frecuentes. Más vale no escatimar si tu vida depende de ello. Ya habrá tiempo de descansar y recuperar.

¿O no?

ESTRÉS CRÓNICO

El problema es que, [modo abuela ON]: todo avanza que es una barbaridad y esto en mis tiempos no pasaba [modo abuela OFF], o eso pensará el eje HPA. En los últimos tiempos, y sobre todo en nuestra era industrializada, tecnológica, sobreinformada y sobre socializada, el cuerpo está literalmente bombardeado sin pausa por factores a los que tiene que responder sí o sí. Entre un tingre de bengala y un puto whatsapp de ese amigo coñazo que te gasta la batería no hay diferencia para tu cuerpo. El cortisol es un mandado y allá dentro no hay luz.

  No es sólo el ritmo de vida, el trabajo, la situación económica, los valores de esta sociedad, problemas personales, etc. Además de los factores que se han dado siempre, en los últimos años se están incrementando otros factores a los que normalmente no prestamos atención y a los que el cuerpo no se ha enfrentado antes. No es una ofensiva clara. Las guerras ya no son tan vistosas como antaño, no son cuerpo a cuerpo, sino que ahora es una guerra sibilina y de desgaste. No se detecta que te están atacando hasta que es demasiado tarde. Y esto es nuevo y el cuerpo no sabe qué hacer más que responder, por si las moscas.

   Si me estás leyendo y piensas que tu vida es muy acelerada y que apenas tienes tiempo de nada, o al contrario, duermes 5 horas diarias, vas por la vida sintiéndote Sansón y te preguntas, al leer esto, si estás dañando tu salud, la pregunta que tendrías que hacerte es ¿Cómo te sientes? Si tienes energía, te levantas con ganas y sin necesidad de un café para arrastrarte por el día, no te entra depresión post-vacacional, ni tienes eczemas, ni insomnio por causas no aparentes, si tu humor es estable, no te resfrías con facilidad, no tienes problemas menstruales o de fertilidad, no engordas sin motivo y/o no tienes barriga cervecera, si cuando llegas a las vacaciones no te da un bajadón y te pones enfermo y tu salud general percibida es buena, entonces, enhorabuena, puedes dejar de leer y respirar aliviado. Aunque si has llegado hasta aquí, tampoco te importará leer un poco más.

Si por el contrario tienes algunos de estos síntomas (¿o todos ellos?) tienes un problema. Y gordo. Porque el estrés afecta literalmente todos los aspectos de tu vida.

A mí la energía en organismos vivos me gusta describirla como dinero. Y es que no en vano, el ATP, la molécula que nos da energía, se le llama la “moneda energética”. El dinero compra objetos o servicios. Con nuestra energía también se consiguen ciertos servicios. Algunos, como la respiración y la regulación de la temperatura, son como el alquiler y la comida. Son básicos y no se pueden escatimar. Una vez pagadas las facturas ineludibles, te queda un remanente de energía que puedes utilizar como quieras. En el caso de la energía, generalmente y al igual que el dinero, nunca tenemos suficiente para hacer todo aquello que tenemos o queremos hacer.

Siguiendo esta analogía, una respuesta a estrés es como ese préstamo a un interés obscenamente elevado al que acude mucha gente desesperada. Te da un alivio rápido de las deudas que puedas tener, pero a no ser que lo tengas todo muy bien pensado y puedas juntar el dinero que debes, tan sólo estás retrasando el problema. La factura la vas a pagar cara. Se te acumulará una deuda monstruosa y si esto lo vas haciendo de forma continua, sin realizar apenas ingresos, entonces tú ya no tienes una deuda, eres una versión individual de Grecia.

Lo malo, es que no es tan fácil darse cuenta de que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades, porque parece que vivimos en una sociedad que está hasta las trancas de anfetaminas y que encima te dice, aún sacando la lengua, que para ayer es demasiado lento.

Tampoco te va a ayudar el escuchar cómo te sientes cuando estás en pleno apogeo de energía. Te acaban de dar un crédito, dinerito contante y sonante. Te sientes como Dios. ¿Quién se va a acordar de los intereses? Tu cuerpo se siente pletórico, rindes más que nunca, y te sientes BIEN. Si todo está bien, para qué cambiar.

Realmente aquí lo único que te puede ayudar es conocerse muy bien y saber cuáles son tus niveles normales, sin chutes de hormonas del estrés. Si por lo que sea no has tenido acceso a este autoconocimiento por atender a cuestiones de supervivencia más inmediatas o has crecido en un ambiente en el que no se ha honrado tu persona y tus ritmos, lo tienes más complicado. Tendrás que empezar por el final y si lees esto quizás sea tu caso.

Tu cuerpo peta, tu energía se evapora y entonces aprendes qué es normal para ti y qué no. ¡Fantástica oportunidad para aprender! Bueno, en realidad no te queda otra, porque en el momento que te pases de rosca y ese rosca puede ser algo tan nimio como hacer deporte 5 minutos más de lo planeado, entonces tu cuerpo entrará en coma profundo de nuevo. Irás de apagón en apagón hasta que sepas ver cuáles son tus límites.


Y de momento, lo dejo aquí. Se me quedan en el tintero el saber qué exactamente estresa el cuerpo y cómo minimizarlo, así cómo conocer algo más sobre el cortisol, este mando tan industrioso y que nos salva el culo y al que tenemos sobreexplotado.

Y a vosotros, ¿En qué ocasiones se os sube el cortisol? A mí en tantas, que he gastado las reservas del cuerpo. ¡Ja! Superadlo, si podéis.

Juan Luis Guerra en realidad se refería al cortisol, pero por efectos de sonoridad y métrica utilizó la bilirrubina.Ya sabéis, a partir de ahora en el estribillo cantad “Me sube el cortisooool”.

2. OB Pilar 1: La importancia de dormir para aprender

En la entrada anterior dedicada al descanso, hacía mención acerca de cómo durante el sueño el cuerpo se dedica a detoxificar todo lo que se ha producido durante el día. Por norma general esto implica sustancias que comemos y que tienen que ser detoxificadas por el hígado, así como hormonas que han realizado ya su función y que tienen que ser degradadas y expulsadas por el cuerpo.

Dormir, como creo que dejé claro, es esencial para el buen funcionamiento del cuerpo, para evitar que esas toxinas pululen más tiempo del necesario por las células y provoquen daños irreversibles (mutaciones del ADN que pueden provocar diferentes enfermedades, entre ellas, el cáncer).

Dormir limpia tu cerebro y te hace funcionar de forma más eficiente

Pero dormir es también esencial para el buen funcionamiento del cerebro. El cerebro es el órgano del cuerpo que en relación a su peso, consume más energía para funcionar. Durante el día se producen también toxinas, por el simple hecho de estar despiertos y funcionar.

Cuando dormimos las células del cerebro disminuyen su tamaño, se encogen, con lo cual se incrementa el espacio entre ellas. Así se puede “lavar” mejor, arrastrando las toxinas que están entre estos espacios.

Para hacerlo un poco más gráfico. ¿Alguno habéis estado en la Feria de Sevilla? ¿No? No importa. Cualquier ciudad funciona igual. Durante el día va un porrón de gente, apenas puedes andar por la calle. La gente va tirando sus desperdicios y la cantidad de porquería que se va acumulando, llegada la noche, es bastante importante. ¿Cuándo creéis que el servicio de limpieza limpia las calles de esta ciudad provisional? Efectivamente, por la noche. Aunque haya alguien, la gente que queda no impide el buen funcionamiento de la limpieza. Hay espacio y los camiones y operarios de limpieza pueden circular de forma fluida por la calle y retirar toda la basura. Hasta el día siguiente, donde aparecerán muchas personas y vuelta a empezar. Si la gente no se fuera a dormir, o si la fiesta no parara o se obligara a abandonar el recinto a cierta hora, la porquería se iría acumulando y para una semana que dura la Feria, la cantidad de inmundicia sería insoportable. Si esto durara más, habría problemas de salud pública.

El cerebro hace lo mismo. Durante el día, las células están en todo el medio y dicha limpieza no se puede llevar a cabo. Es necesario que las células se retiren y encojan, como un perrito hecho ovillo cuando duerme, para que se pueda limpiar la porquería.

Si eso no sucede, es decir, sino duermes lo suficiente, estas toxinas harán que no puedas pensar con claridad. A corto plazo hace que no rindas tan bien en el trabajo, que en los exámenes no saques todo tu potencial, etc. A largo plazo, los efectos son mucho más perniciosos: dolores de cabeza, depresión, enfermedades del corazón, ansiedad, diabetes y en definitiva compras tickets de sobra para que la lotería de morir pronto y de forma dolorosa te toque.

Mientras duermes estás aprendiendo

Además, cuando duermes, el cerebro se pone a reorganizar la información que contiene. Elimina la información poco importante, y fortalece esas áreas que necesitas o quieres recordar.

Durante el sueño, el cerebro se dedica a ensayar lo que has estado aprendiendo durante la vigilia. Si has estado estudiando, se dedica a repasar lo que has hecho yendo una y otra vez por los patrones neuronales que se han creado al aprender algo nuevo. Todos sabemos que cuanto más repetimos algo más fácil se torna su realización.

Sería como ese camino intransitado en medio del campo. Todo es vegetación. Pasas por ahí una vez y quitas la maleza para crear un mini camino que haga que el tránsito por ahí sea más fácil. Pero lo cierto, es que cuanto más pases por ahí, más se despejará de vegetación y más claro será ver el camino. Si no lo transitas suficientemente, la vegetación crecerá de nuevo y el camino seguirá sin verse.

Cuando duermes, tienes quien pase por el recién camino y siga acomodándolo, haciéndolo cada vez más transitable. Esto, para que quede claro, está reforzando lo que has aprendido. Es decir, mientras duermes, estás estudiando. Estás siendo productivo. Estás siendo una puta máquina de aprender. Duerme más, estudia menos y mejor.

Además, dormir te ayuda a encontrar soluciones a problemas complejos y para los que aún no tienes una respuesta. Eso ocurre, porque mientras duermes se desactiva la corteza pre-frontal del cerebro y por tanto tu tú consciente. Esto permite que otras áreas del cerebro se comuniquen mejor y de forma más fácil. Esto hace que se pongan sobre la mesa y a debate diferentes posibles soluciones.

Sería algo así como que de día el cerebro más productivo se encuentra al mando. Es el que se encarga de dar órdenes a diestro y siniestro a todo el cuerpo para que todo se mantenga bajo orden. Durante la noche, este jefe descansa y la parte más bohemia y creativa del cerebro funciona.

El jefe se va a dormir y los trabajadores, que de día son simples currantes quedan para debatir. Son los Einstein que habitan en tu cerebro. De día trabajan en una aburrida oficina de patentes y de noche dan rienda suelta a su inteligencia.

  Una charla de intelectuales de diferentes áreas de conocimiento que bajo la luz tenue de una lámpara que cuelga sobre sus cabezas, sus gafas modernito-intelectuales y un montón de humo de sus cigarrillos, exponen las diferentes teorías que tienen y divagan y debaten sobre ellas. Por lo general relacionado sobre algo que ha surgido sobre la jornada laboral. Lo hacen por el simple placer de hacerlo, para ver donde llegan sus delirios de intelectualoides.

A esto se le llama el trabajo difuso. Conectar ideas o pensamientos separados. Para cualquier aprendizaje complejo es necesario. Generalmente como funciona mejor es tras un trabajo intenso y enfocado ya que así le das a tu cerebro material sobre el que realmente quieres aprender o encontrar soluciones. Das una temática a la reunión.

Así que la mejor manera de aprender o encontrar la solución a algo complejo es dedicarse a ello de forma enfocada antes de irse a dormir o de tomarse una siesta.  Por lo visto (y yo lo hacía de pequeña), le puedes decir al cerebro: quiero soñar sobre esto y esto incrementa las probabilidades de darle una temática a ese grupo de personajillos y que efectivamente se dediquen a divagar sobre esto y se incremente de forma drástica tu habilidad de encontrar soluciones a problemas complejos y de entender lo que estás intentando aprender.

A Spaniard naps in Valdeavellano, near Soria.
Foto: Ignacio Pérez Díez/Flickr Vision

Así que, no me seas guarro higiénicamente deficiente y limpia bien tu cerebro. Todos te lo agradeceremos. Y cuéntanos tus ideas geniales tras dicha limpieza. ¡Ah! ¡Y reivindica la siesta! Mira con desdén a quien no la realice y es que la siesta es para los seres superiores.

Fuente: “Learning how to learn”- San Diego University (Curso online gratis en Coursera).

Y ahora, con vuestro permiso, me voy a echar una siesta.

OB Pilar 1: Dormir más y mejor.

Igual me he temado demasiado en serio esto que decía de vivir muy por debajo de mis posibilidades, porque está claro que estoy dejando un poco de la mano de Dios lo del reto Operación Bufanda (OB). Con matices: lo estoy haciendo, no lo estoy escribiendo.

Visto lo visto, creo que voy a simplificar al máximo. Simplificar es algo que estoy aprendiendo a hacer a marchas forzadas. Mi idea de perfección es demasiado elaborada, y como para llegar allí primero hay que empezar por lo fácil, pues por aquí empiezo.

Los pilares de la salud

Ya me habréis notado una cierta obsesión con el estrés y los efectos nocivos en la salud. Creo que la mayoría de la gente no es consciente de lo que realmente es el estrés y los cambios que provoca en tu cuerpo y cómo es la causa última que te provoca enfermedades varias y otros síntomas. Luego la gente dirá, mira, he engordado, o tengo síndrome de ovario poliquístico, o eczema, o no voy al baño bien, o tengo artritis y pensarán en montones de cosas, de causas, pero no en la verdadera, el estrés. El estrés además, toma diferentes formas, no es “sólo” el estrés de tener que entregar un trabajo, de cuidar a una persona mayor, etc. Tengo una entrada escrita al respecto, que espero que pueda aclarar algo los conceptos.

Entonces, sabiendo pues que el estrés en sus diferentes vertientes es una causa nada desdeñable de muchas dolencias físicas y mentales, ¿Qué hacer al respecto?

¿Habrá que dejarlo todo y recluirse en un monasterio budista? ¿Habrá que hacerse vegano y evitar la indignación en todas sus vertientes y ser muy happy flower?

Lo cierto es que antes de llegar a estos extremos hay dos cosas muy sencillas (en principio) y baratas (gratis!!) que se puede hacer y que van a mejorar tu salud de forma rápida y dramática: el descanso y el ejercicio físico.

Podría hacer un análisis sesudo de por qué ambas medidas tienen un impacto tan grande, y sin duda daré datos, pero ya he dicho que lo voy a mantener simple y dejaré que los datos vayan saliendo poco a poco y así, como en una novela policiaca, vayamos todos juntos, atando cabos y acorralando al culpable.

PILAR #1: EL DESCANSO.

Dormir bien y a su hora es fundamental para que nuestra máquina esté bien engrasada. Todo en la naturaleza tiene su momento de actividad y de descanso. Fijaros y lo veréis.

Nosotros no somos menos y por la noche hacemos una parada en boxes para que el cerebro descanse y el cuerpo pueda detoxificar a gusto.

Es importante que sea por la noche puesto que somos especies diurnas y muchas funciones corporales tienen un marcado ritmo circadiano. Eso significa que los niveles de ciertas sustancias bajan o suben a lo largo del día, sincronizándose con el día. Esto es así, para automatizar ciertas funciones y así gastar menos energía. Ya sabemos que es más fácil hacer algo que hacemos todos los dís (alias hábito) que ponerse a pensar si haces o no haces eso todos los días. Cuestión de optimización.

¿Qué funciones tienen ritmo circadiano?

El control de la energía: el cortisol se eleva por la mañana para que así tengamos energía y nos levantemos y disminuye a lo largo del día, siendo el pico más bajo al oscurecer. Si no vamos a dormir cuando los niveles son más bajo, a la larga rompemos este control interno automático y se pondrá en modo manual. Este modo no existe, pero sabrás que has llegado a él porque igual te entra un sopor inmenso en algún momento del día, pero claro, no vas a dormir, que tienes trabajo y esas cosas, y por la noche, te entra un subidón que no baja hasta que son las 6 de la mañana. Insomnio al canto. Lo cierto es que los niveles de cortisol serán una puñetera montaña rusa y nunca sabrás la hora en la que te entrará sueño.

Detoxificación: aunque no ocurre exclusivamente por la noche, sí que es cuando dormimos que todos los recursos del cuerpo se pueden dedicar a dicha función sin que se vaya bombardeando al cuerpo con nuevas cosas que detoxificar. El hígado es nuestra gran planta recicladora, y si no le damos el tiempo suficiente para realizar su función, se irán acumulando tóxicos en el cuerpo.

Reparación y crecimiento: la hormona del crecimiento es más elevada durante la noche, cuando dormimos. Dicha hormona tiene varias funciones, pero es una de las llamadas hormonas de la juventud: estimula el sistema inmune, promueve la lipolisis (es decir quemar grasita), incrementa la biosíntesis proteíca (es decir, formación de músculo), promueve el crecimiento óseo (adiós a la osteoporosis). Y un largo etc. Es tu hormona y lo sabes. Y sólo la produces cuando duermes.

Una deficiencia en niños provoca que crezcan menos y en adultos es responsable de obesidad troncal (barriga cervecera), así como de una merma en la energía, masa muscular y en definitiva calidad de vida.

Regulación del apetito y por tanto de la obesidad: hay dos hormonas que le dan señales al cerebro para que dé la órden de comer más o menos: La grelina hace que el cuerpo te pida comida, y la leptina que pares de comer. Si no duermes adecuadamente, los niveles de grelina se disparan y los de leptina disminuyen. Es decir, comes más, engordas más.

Niveles de glucosa en sangre: Si no duermes o duermes poco y mal, tendrás mayor niveles de glucosa en sangre que si durmieras lo que tu cuerpo necesita. Los efectos a largo plazo ya los sabemos: insensibilidad a la insulina y desarrollo de diabetes tipo II.

Tu cerebro también necesita repararse y reforzar lo aprendido durante el día. Esto se logra durmiendo. Así que, además de estos efectos físicos que que harán envejecer a marchas forzadas y adquirir enfermedades absolutamente evitables, lo cierto es que la falta de sueño está relacionada con la depresión y muchas otras enfermedades mentales.  Como siempre, habría que preguntarse, ¿Qué fue antes, la gallina o el huevo? Si tienes ansiedad y depresión y además no duermes bien o tienes insomnio, yo pondría tu ansiedad y depresión en stand-by y haría todo lo humanamente posible para recuperar unos buenos hábitos de sueño. Una vez se han atacado las causas físicas, se pueden ir a por las emocionales, pero quizás descubras que teniendo unos adecuados cuidados físicos, los embates de la vida son algo más fáciles de sobrellevar y de combatir que cuando tu cuerpo está en un total war, intentando mantener una homeostasis o equilibrio que tú te empeñas en querer romper día sí y día también.

Dormir poco también podría quitarte puntos del carnet de conducir, porque a efectos prácticos, tan sólo dormir 1-2 horas menos de lo que tu cuerpo naturalmente te pide, tiene los mismos efectos que si hubieras bebido. Tu memoria a corto plazo se ve afectada, tu rapidez de respuesta también y en fin, todos sabemos lo que es estar borracho.

Hay mucho aún que hablar de este tema y en los próximos días iré revelando más. Además, me gustaría explorar maneras de cómo hacer un reset en un cuerpo a tomarpor y conseguir de nuevo sincronizarse y dormir como un bebé. Yo lo he logrado, al menos casi siempre lo logro 😛

Operación Bufanda


Hace ya más de un mes que pensando en el verano y qué iba a hacer, incapaz de decidirme (millones de viajes se desplegaban ante mí), me retiré hacia mi interior y pregunté ¿Qué es ahora mismo lo más importante para ti?

Las respuestas fueron claras:

  • Tranquilidad.
  • Estar con los míos.
  • Aprender, aprender y aprender un poco más.

Entendía porque mis planes súper molones entraban en conflicto con esto y me producían cierto desasosiego, a pesar de la ilusión. Viajar casa bien con aprender y mantener la chispa viva, pero no es lo más tranquilo, más para alguien que se ha fulminado las reservas del cuerpo de cortisol y DHEA (otro día sobre esto). Además, varios amigos que viven lejos se habían puesto de acuerdo en venir justo cuando pretendía huír de este país y con pocas probabilidades de compaginar y/o mantener la salud al intentarlo.  En fin, mirase por donde mirase, la solución ideal no aparecía, así que decidí simplificar.

Había un sitio, de hecho dos, en la que los tres puntos se encontraban…pues ale, decisión tomada. Cierto que no eran los sitios más estimulantes del planeta, por conocidos, o por no decir súper trillados, pero son sitios que funcionan.

Además, como estoy convencida de que muchos problemas de salud se resolverían con un reset en condiciones, y sé que uno de esos lugares es un reseteador natural e infalible, pues me dije, ale, para allá que vamos aldea de menos de 400 habitantes.

Para darle un toque más exótico e interesante y para minimizar la parte menos positiva de la decisión y que podría dar al traste con tan magnífica misión, me dije que ya que estaba podría poner en práctica todo a la vez esos hábitos simples con los que ya llevo coqueteando unos meses y ponerme ciertos retos y además dejar constancia de ello aquí.

Los retos no son subir al Everest ni nada parecido. Nada de métodos ultra modernos, infalibles y contrastados por la literatura científica (no, por favor! Un descanso!). Mi cuerpo asiente y dice que poquito voy a innovar en este campo, que me lleva demasiada ventaja y que lo asuma, lo antiguo rulez. Dormir adecuadamente, reducir o eliminar totalmente el azúcar, dedicarme al arte de la lentitud deliberada con premio al más lento, hacer el mongolo con amigos y reir hasta que me den agujetas en la mandíbula y en la tripa (que cuenta como ejercicio físico), algo de deporte pero sin pasarse y algo de aderezo con tendencias más experiementales (reto una semana sin gluten, sin productos lácteos?). Internet estará vetado, ya que necesito acceder a mi parte emocional para saber como autorregularme. La parte más física y mental es la más fácil para mí, pero la emocional es un puto desastre. Sale cuando nadie la invita y monta pollos que te dan ganas de meter la cabeza bajo tierra. A esta le tengo ganas.

El verano es ideal para poner tu cuerpo a punto y así aguantar el mundo de Mordor con mejor humor. Se dice y se rumorea que en verano hay muchos genes que se inactivan y muchos de ellos están relacionados con respuestas inflamatorias. Vaya, dicho de otra manera, que tu cuerpo se relaja porque entiende que en verano es más difícil que haya que responder a una infección. Las probabilidades bajan y con ello la energía dedicada a luchar contra algo que posiblmente no vaya a ocurrir. La cantidad de energía que se libera en verano es importante. Yo he estado esperando esta paga extra como agua de Mayo.

Yo en los últimos años he vivido por encima de mis posibilidades. En invierno seguro, pero en verano, que era mi recargador natural, pues llevo unos cuantos veranos que estoy derrochando sin ton ni son. Así que ya es hora de volver a las viejas costumbres. Había una época que si veía un lápiz en verano me salían sarpullidos….quita, diablo, quita.

A mí el verano siempre me ha encantado justamente por eso. Es como si en lugar de una batería medio chunga que se descarga con mirarla, de repente me ponen dos baterías, de las nuevas y modernas. De las que duran un montón de horas.

Además, como uno tiene tendencia a comer más sano, a querer hacer más deporte al aire libre, a descansar más y en general llevar una vida más agradable y relajada, los cambios son bastante grandes y rápidos. Es realmente alucinante lo rápido que sana el cuerpo si le damos el espacio y tiempo para que lo haga. Realmente, me flipa bastante lo que una cantidad de moléculas ordenadas dan de sí. Y todo sin una finalidad muy clara.

Así que desde hoy 4 de Julio y al menos hasta el 21 de Septiembre, en el que comienza teóricamente el otoño, me comprometo públicamente a vivir muy, muy por debajo de mis posibilidades. A ser una rácana energéticamente hablando. O una ni-mileurista de la energía.

  Por si me faltara un empujoncito, homomínimus me lo ha acabado de dar, al retar a sus lectores a comprometernos este verano a cambiar un hábito. Y he elegido el reto de salud minimalista porque es el que ya tenía pensado y me viene que ni pintado. Lo suyo es que esos hábitos no sean sólo cosa de unas pocas semanas, sino que se instalen y ayuden a mantener la salud a lo largo del año. Pienso que cuando uno está realmente concienciado y ve los efectos in situ, la decisión no hay que tomarla, se toma sola. Por eso es mucho más importante mover el culo que analizar hasta tener todas las respuestas claras.

   Así que, aunque pondré pinceladas de por qué hago un reto u otro diferente, y así igual alguien aprende algo nuevo (os voy a meter la bioquímica doblada jajajaja :P), la verdad es que no me voy a matar dando datos. Para el que sólo le sirva algo si tiene todos los datos que lo corroboren, me parece bien que existas, pero yo, que soy un poco atípica dada mi profesión, no necesito tanta prueba. Al menos en este tipo de cosas. Si funciona, funciona. Hasta que ciertas cosas se demuestren y sean irrefutables, igual yo ya he dado la vuelta al mundo formando parte de toda la cadena trófica.

Que comience la fiesta.

La técnica productiva del barbecho

Una de las cosas importantes que se aprenden cuando uno inicia el largo y continuo camino del autoconocimiento es a saber cómo y en qué condiciones se funciona mejor.

Yo me he dado cuenta de que a pesar que las rutinas y los horarios me vienen genial, el horario digamos estándar u horarios demasiado rígidos me van fatal.

Por ejemplo, de siempre yo por la mañana he sido un zombie y da igual si he dormido 8 horas que 3. Mi cuerpo puede estar despierto, que mi mente no. O no para según qué cosas. Me he pasado media vida estudiando de noche porque me encanta esta sensación. Además, es cuando mi mente está más despierta y creativa. Eso es un problema a la hora del descanso si el horario de trabajo es el típico que empieza a las 8.

Hace poco he oído que a la gente que tenemos el ciclo circadiano un poco desplazado hacia la noche y nos vemos obligados a llevar un ritmo más atrasado a lo que nos es natural, sufrimos de síntomas propios del jet-lag. Lo llaman Jet-lag social. Cinco días a la semana. El intentar adaptarse a un ritmo que nos es ajeno además propicia la depresión, tristeza y falta de motivación (vaya, ¿no va a ser cansancio eso?). Menudo plan.

El saber esto hace que si no me queda más remedio que trabajar en los horarios horribles mañaneros me organice de manera que los trabajos físicos y/o rutinarios los hago por la mañana, mientras que las actividades mentales y creativas por la tarde. Ahora lo estoy haciendo así y la verdad es que me va genial. Lo malo es cuando todo el trabajo es mental o todo el trabajo es físico, o cuando todo el trabajo es X.

Observando cuándo me he sentido mejor y motivada, a la vez que he rendido más, veo un patrón claro:

  • Me gusta cambiar de actividades. Tiendo a aburrirme si me dedico full time a una sola actividad por un periodo muy largo de tiempo (digamos 2-3 meses aunque eso es absolutamente variable). Pierdo el interés y aunque le dedique cada vez más tiempo, mi productividad cae en picado. Es más, empiezo a odiar lo que sea que esté haciendo y empiezo a quejarme por todo. En realidad el trabajo no es el problema. El problema es que me estoy aburriendo y frustrando por no poder saciar mi sed de nuevos conocimientos/actividades.
  • Necesito tiempo y compromiso con una actividad. Me gusta profundizar en todo aquello que me interesa, saborearlo lentamente, como un buen manjar. Por ello, el multitasking no es para mí. Voy corriendo de un lado a otro, picoteando, sin realizar nada bien (bajo mis estándares) y al final del día me queda la sensación de que no sé nada y de que he hecho las cosas de forma superficial y de que ando sobre arenas movedizas. No me gusta esa sensación.
  • Requiero de cierta rutina pero sobre todo de flexibilidad. Como he dicho previamente ciertos trabajos se me dan mejor a partir de cierta hora. A pesar de que no me gustan la flexibilidad extrema que lo que hace es añadir caos a la vida, sí que me gusta flexibilizar a qué dedico mi tiempo en cada momento. Cada semana tengo unos objetivos de trabajo que tienen que hacerse esa semana, pero si planifico que el trabajo de investigación y documentación lo haré siempre por la mañana, es posible que no dure mucho y que al final de la semana (quizás no la primera) no haya cumplido casi ninguno de mis objetivos. Si por la mañana me planifico algo que por lo que sea no puedo hacer esa semana, tan sólo perderé el tiempo cuando podría ser más productiva haciendo otras cosas de la lista.

Al final, lo que he entendido es que funciono mejor con la técnica productiva del barbecho. ¿Qué es eso? Pues me lo acabo de inventar. ¿Y por qué le llamo del barbecho? Todos recordáis del colegio esta técnica de cultivo, pero refresquemos la memoria.

Barbecho (Wikipedia)

Se denomina barbecho, a la técnica por la cual la tierra se deja sin sembrar o cultivar durante uno o varios ciclos vegetativos, con el propósito de recuperar y almacenar materia orgánica y humedad, además de evitar patógenos esperando a que sus ciclos terminen sin poder volver a renovarse debido a la falta de hospederos disponibles.

(…)

Es una técnica muy usada en la rotación de cultivos por algunos agricultores que buscan que se repongan los nutrientes y la composición química del suelo antes de otro tiempo de cosecha, para que naturalmente se pueda restaurar el equilibrio de los elementos que componen la tierra.

La técnica productiva del barbecho

En mi caso implica lo siguiente:

  •  El desempeño continuado en el tiempo de una actividad a la larga empobrece el cerebro. En comparación con la definición clásica del barbecho, si la tierra es el cerebro y la actividad el cultivo X, el cultivar siempre lo mismo hace que se agoten unos nutrientes específicos y que no se utilicen otros. Si no se cambia de actividad a tiempo, hará que el cultivo X no crezca ya bien, disminuyendo bastante la productividad de dicha cosecha, cuando el resto de nutrientes que pueden ser utilizados para otros cultivos, se mantienen inutilizados. Yo siento exactamente eso cuando me dedico en exclusiva a una sola actividad por mucho tiempo.
  • Para lograr resultados es necesario dedicarse a algo de forma continuada e intensa durante un tiempo. Si se cambia de actividad a medio acabar, jamás se alcanzarán los frutos. Es como si a medio cultivo, arrancarais las plantas y sembrarais otras. Y así continuamente. No vais a recoger frutos nunca y el desgaste físico será grande.  Es necesario saber cuánto tiempo se puede mantener un cultivo sin que se vea afectada su productividad, pero que la vez permita obtener frutos y por tanto beneficios. Esto es personal.
  • Tras una dedicación intensa, hay que dejar descansar al cerebro, sobre todo si son actividades muy mentales. Cuando me mudé a Alemania me di cuenta de que no mejoraba sustancialmente mi alemán por mucho que practicara. Era frustrante, ya que me daba la sensación de que sabía más antes de irme que una vez allí. Luego me venía dos semanitas a España, no hablaba ni una palabra y al volver, de repente notaba una mejoría importante.

¡Alehop!

Le había dado tiempo a las nuevas conexiones neuronales responsables de almacenar la nueva información a hacerse sólidas. De esto ya me he dado cuenta antes, pero no de su importancia y sobre todo el aceptar que yo funciono así.  Aunque sea un proceso lento y a nadie le gusta ser lento. Pues yo soy lenta. Muy lenta. Y cada vez más orgullosa porque al contrario que antes veo las ventajas de dicho sistema en apariencia defectuoso (más sobre esto otro día).

  • Es necesario conocer las propiedades de la tierra y plantas a cultivar (cerebro y actividades) para saber qué hacer en cada momento. En mi caso me doy cuenta de que tengo diferentes ritmos a lo largo del año y también a lo largo del día e incluso semana y mes. Sabiendo qué tipo de energía requieren cada actividad y en qué estado estoy en cada momento, se puede optimizar de manera que en cada momento realices la actividad que más se ajusta a tu momento. Esto implica conocerse muy bien y también ser realista con los tiempos y esfuerzo que requiere cada cosa. Esto se logra ensayando y errando a tutiplén.
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La naturaleza es muy sabia y nos enseña más de lo que creemos si prestamos atención

Yo estoy en ello, aprendiendo de forma continua. Pero lo bueno, es que en mi caso, entendiendo esto de mí y aplicándolo, elimino gran parte del estrés, porque en cada momento hago lo que mejor puedo hacer, optimizando de esta forma mis recursos y mi tiempo, con lo que al final esa sensación de no hacer nada, de agobio, de no tener tiempo prácticamente desaparece. Además, al final del día te queda la sensación de deber cumplido.

No todos somos iguales, ni funcionamos igual, así que lo que a mí me vale, no tiene por qué valerte a ti. Pero creo que el rotar actividades le puede ser útil a gente con muchas inquietudes, con gran volumen de trabajo y que están muy ocupadas y/o estresadas. Es cuestión de observarse, analizar qué cosas deben ser hechas, qué requieren de ti y delimitar cuándo las vas a hacer teniendo en cuenta también factores externos como fechas de entrega, etc. Esto es aplicable no sólo a lo largo de un día, sino de la semana, mes y año. Somos seres vivos y tenemos ciclos. No tiene mucho sentido pretender que funcionemos como una máquina que vive ajena a los ciclos naturales que quieras o no rigen tu vida.

Para mí, el entender esto y no fustigarme por no ser la persona productiva estándar de 8-5, por este aparente caos, por el qué pensarán jefes de mí o por no obstinarme en cumplir unos rígidos horarios que yo misma me marco aún no siendo factibles por lo previamente contado, están haciendo que afronte los días con más ganas y aunque estoy aún optimizando, en general me estoy acercando el equilibrio.

Hago más en menos tiempo, porque escojo muy bien en qué momento se tiene que hacer cada cosa. Porque hacerlo así es optimizar los recursos y el tiempo y en definitiva liberar energía y tiempo que puedo utilizar como más me plazca (sí, descansar también). Definitivamente menos es más, pero no de cualquier manera.

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Ahorrar energía para tener más tiempo y optimizar tu trabajo (además, es también sostenible en el tiempo)

Lo más importante que estoy aprendiendo es que gestionar bien tu energía es similar a gestionar bien tu dinero. Igual que no vas despilfarrando dinero si ganas una miseria, tampoco tiene mucho sentido ir despilfarrando energía en cosas que apenas te van a dar resultados, sabiendo que tu energía es limitada y a veces escasa. El verlo así, como si mi energía se tratara de dinero, me está ayudando mucho, porque no en vano, la gestión del dinero es uno de mis fuertes 🙂

Y tú, ¿tienes alguna técnica infalible de productividad que te funciona a ti pero que no parece ser la estándar?

Una de cal

Y otra de arena.

Ayer contaba yo lo bien que me sentía llevando a cabo todo el tema del proyecto que me traigo entre manos, sin entrar en otros temas y hoy me despierto y ¡el buen rollo se fue!

Y como creo que hay que ser honestos, pues aquí estoy, dando cuenta de los días menos buenos. No por ver leves mejorías, no tengo días de mierda. Sí, los tengo. Menos que antes, también. Esta semana el desencadenante ha sido claro: exceso de trabajo. Pero a menos de un mes para ir a presentar mi proyecto, es lo que toca.

¿Cómo noto que me he pasado? He dormido mal casi toda la semana (me costaba dormir) y porque hoy tengo agujetas en asi todo el cuerpo. ¿De qué? Pues ni idea. Sí que he ido a nadar, pero nado distancia abuela, y no más de lo que llevo haciendo normalmente, así que lo descarto. Así que igual es la tensión de tener varios días mi planning al milímetro. ¿Lo peor? Que no lo he visto venir. Me he encontrado pletórica toda la semana.

No sé qué más decir. Mi humor hoy es bastante chof, y eso que hoy por la tarde me voy de finde. Me he desfondado y no me apetece, lo cual sé que es resultado de estar cansada. Mis sentimientos también lo son. El haber soñado cosas no tan agradables también lo es. En los últimos tiempos es común que tenga sueños raros, cuando me acuerdo de ellos, aunque desde que estoy implementando hábitos de auto-cuidado han disminuido mucho  y de hecho muchas veces son sueños de lo más agradables. Me pregunto si tiene que ver con el estrés mental.

Así que, el desencadenante principal de este humor para mí es claro: cansancio. Provocado, en este caso, por demasiado movimiento y por no contrarrestar debidamente dicho movimiento con cosas que me gustan y por no hacer nada. La verdad, es que toda la semana he estado genial, con mucha energía y ganas, avanzando muchísimo (con lo que me pone eso) pero claramente me he pasado, porque sino hoy no estaría así. Bueno, está bien saber cuál es el límite.

Por otro lado lo que he aprendido es que el estar cansada, en mi caso, desencadena lo siguiente:

– Dolor físico: músculos tensos y estreñimiento.

– Dificultad para conciliar el sueño y sueños digamos raros. Hoy he soñado varias cosas distintas, entre e-mails de mi futurible jefe y que me da más trabajo para incluir en el proyecto (ergo más investigación que hay que hacer antes de quedar), entre la convención anual de exs en sueños (!!!!), etc. Muchas cosas relacionadas con Berlín, que me provocan desasosiego (que tendré que trabajar). Me he levantado hecha polvo anímicamente.

– Sentirme sin ganas de hacer cosas agradables (lo cual es muy importante, y me doy cuenta de que esta tendencia mía en los últimos años no ha sido más que una reacción al puro cansancio, aunque éste fuera menos evidente que ahora).

– Sensación de estar sola en esto. De luchar contra molinos de viento. De ir contracorriente. ¿Lo lograré? Ya no sólo lo que me propongo, sino mi meta actual que es básicamente conseguir un equilibrio entre todas las facetas de mi vida, sin que una sobrepase a la otra.

– Sensación física de no poder moverme. Nada. Ouch.

¿Lo bueno? Que esto me sirve para ir puliendo mi protocolo personalizado de autocuidado. Supongo que es normal dar bandazos cuando no controlas. En el pasado, al levantarme así hubiera dado crédito a los sueños, a mis sentimientos y habría llegado a la conclusión de que mi vida es una mierda, que siempre lo será y que qué sentido tiene todo. Ahora sin embargo veo las cosas como lo que son, señales de que no estoy haciendo bien algo y que todos esos síntomas así lo corroboran. Además con el control de que cuando la causa desaparece (cansancio) los síntomas también.

Seguiremos informando.

Nein, nein, nein! : cómo decir que no

Nein, aunque no lo parezca, hoy no os voy a hablar del dictador de la foto (no es por falta de ganas, conste).

Sino que voy a hablar de los pequeños dictadores que llevamos dentro, o los gran hijoputas, según el caso. Y de aprender a decir NEIN. Lo llaman establecer límites.

Veréis, llevo desde Enero haciendo experimentos varios y no sólo en el laboratorio. Mi laboratorio se ha extendido a mi casa, a mi vida diaria. Y me he dado cuenta, no sólo de que dentro de mí habita un dictador muy hijoputa, sino que además no tengo ovarios de pararlo.

Hasta esta semana. Sí, a ver, llevo semanas intentándolo. Pero ya lo dicen, que cuando uno cambia, el entorno se resiste. Pues mi pequeño dictadorcillo se ha retorcido cosa mala. No es el único. Hay gente de mi familia que está un poco desubicada conmigo. Hay otra gente que me conoce menos que directamente no sé ni lo que piensan pero mi intuición me dice que algo no muy bueno.

El caso, como digo, es que llevo varias semanas experimentando con el nivel de carga de trabajo. En Enero empecé bien. No tenía básicamente nada que hacer salvo recuperarme físícamente (otro día os cuento más) y me salieron clases particulares. 6 horas a la semana, más la correspondiente preparación, corrección y tal. Una mindundia para lo que yo hacía antes, pero aún así, se desestabilizaba mi débil equilibrio zen. Estaba hecha unos zorros.

A finales de Febrero, además, empecé a ir al laboratorio, por amor al arte, como hay que hacer las cosas y más si son de ciencia, que ya sabemos que el aire alimenta un montón y no tiene tóxicos. Tres veces por semana. Ahí el equilibrio que gané se fue a la puta mierda y eso que seguía siendo ni un 50% de lo que hacía antes. Puto cuerpo. Puto estrés. Puto dictador. Además, también empecé a investigar y escribir un proyecto de investigación que me traigo entre manos, a planificar y coordinar a la gente con la que quiero quedar en verano en Alemania, más clases, etc. Sigue siendo quizás el 60% de lo que hacía antes, pero aún así, no había semana que hiciera el 50% de lo que me había propuesto y que no me sintiera destruida y con unos pensamientos y actitud no muy pizpireta (pero como ahora todo es bueno, me he hecho un croquis de mis reacciones que ni Freud en sus mejores tiempos).

Y eso que cada cierto tiempo y tras “fundimientos” (yo los llamo momentos overwhelm o punto de saturación máximo) varios, iba bajando el ritmo y haciendo poda. Menos, menos, menos, coño, he dicho que menos! Es difícil hacer poda cuando todo es importante, cuando hay fechas de entrega y cuando no tienes un medio que garantice tu supervivencia a largo plazo (a corto y medio, gracias a Dios tengo ahorros, gracias yogures de marca blanca, con mi beca de Tesis no sólo me alimentastéis sino que pude ahorrar a cascoporro y esto me está salvando literalmente la poca salud física y mental que me queda). Pero si no lo haces tú, sino te enfrentas a tu dictador y le dejas las cosas claras, con toda la diplomacia de la que puedas hacer gala, vendrá el cuerpo, en plan rabieta de niño caprichoso y la va a liar parda. No está nada bien jugársela con el dictador, que te ve en horas bajas, cuando tenías toda tu estrategia montada, y te reconquista el terreno duramente ganado en un santiamén. Yo odio la estrategia, así que supondréis los ratos tan divertidos que estoy echando.

Total, que esta semana, concretamente hoy jueves 28 de Mayo, me congratula notificar que he completado el 90% de lo que me propuse para esta semana. Incluso he hecho cosas de la próxima semana. Y ayer, tuve un momento fundición que me duró todo el día en el que no pude hacer nada y me dediqué a temas de contemplación y alimentación del alma. Lo que viene siendo un rascarse a dos manos clásico. Y no me sentí culpable. ¿Lo necesito de verdad? Pues ea, lo siento dictador, HOY NO CURRO. No dejé ni que abriera la boca. Chitón. A mi hermano, que ayer pasaba por aquí, no se lo pude impedir, lo de cerrar la boca, digo y me echó la bronca por floja. Ironías de la vida, hace unos años me la echaba por masoca. Ahora soy yo la floja y él el masoca.

Y que durante todas estas semanas de observación, experimentación y análisis he aprendido básicamente un par de cosas:

1. Descansar es parte del trabajo. Un día de descanso es un día y pico de rendimiento a tope. O más. Clara ventaja. Voy a hacer más de esto, además es que mola y todo.

2. Todos llevamos dentro un dictador que nos dice lo que tenemos que hacer con autoridad militar. De dónde sale el dictador es algo que otro día hablaré, pero vaya, que básicamente lo dejamos entrar nosotros. Haz esto, lo otro, no, no es hora de dormir, hay que terminar esto, Scheisse, he dicho que no!! Nein, nein, neeeeein!!!! Los psicólogos y demás ponen mucho énfasis en ponerle límites a la gente que te rodea, pero ¿Por qué no empezamos con nosotros mismos? Tenemos material de sobra para practicar. Si lo logramos con nosotros mismos, lo demás será pan comido. No hay dictador tan fiel a jodernos la vida como el que llevamos dentro. Total, a los otros no los tienes que ver todos los días, pero convives con tu dictador, así que más vale que le pongas firme. Di no y no aceptes otra respuesta. Fin de la discusión.

3. Pensamiento friki de rigor: pensaba yo, anda qué curioso, igual que nosotros la mayoría de las veces seguimos a pies juntillas, sin siquiera plantearnos que lo que dije la voz hijaputa es bueno o no para nosotros, etc, este comportamiento es sospechosamente parecido al que explica situaciones como las que ocurrieron en la Alemania nazi. ¿Os creeis que los alemanes no veían lo que hacían con sus vecinos y que de repente se volvieron tontos del haba? Mmmmm, aunque está mal generalizar yo me inclino a por el no.

Entre otras muchas cosas (que igual un día me da por escribir más sobre el tema, una de mis frikipasiones), el problema principal fue no cuestionar esa voz que venía de un superior, de alguien a los que ellos respetaban y por tanto creían. Los alemanes son muy obedientes. Lástima que no siempre obedecen al que tiene buenas intenciones. Pero claro, es más fácil hacer eso, porque la otra opción, pensar por uno mismo, cuesta energía. Y en esos tiempos, igual te costaba la vida. Como todo en este mundo tiende al mínimo estado de energía posible, lo fácil era desechar la vocecilla de la conciencia, que sólo trae quebraderos de cabeza, y seguir la corriente. Hacer caso al dictador. Y si luego el dictador te la lía parda decir todo indignado: Será joputa el dictador, ay que ver cómo nos ha engañado, con lo buena persona que soy yo. Si hasta hago pasteles para los niños huérfanos.

Siempre pensamos, qué hijoputas los alemanes, pero realmente, ¿no pecamos acaso la inmensa mayoría de los humanos de lo mismo? ¿Cuántos son los que tienen los cojones de ir contracorriente y decir, lo siento pero no? De tomar las riendas de nuestra vida, de cuestionar lo que oímos, lo que pensamos. De cuestionarlo TODO . Claro, es más fácil seguir lo que otros te dicen y luego sacar balones fuera si la cosa no sale bien. De los alemanes ahora decimos que qué hijoputas y que qué cobardes. Pero ¿y nosotros? Ni siquiera somos capaces de cuestionar a nuestro dictador interno y de enfangarnos y pensar, cuando eso reportaría un beneficio más que probable para nuestra vida. Si no lo hacemos cuando los beneficios son tan evidentes y los costes realmente tan bajos (total, si te va mal, siempre puedes seguir de nuevo a las normas del dictador), cómo vamos a condenar la actitud de los alemanes en esas circunstancias. ¡Si lo hacemos nosotros todos los días!

Y amigos, con esta chochez de persona cansada, me despido y me voy a dormir. Pensaré en todo lo que puedo hacer con tres días, sin tener que hacer nada, porque todo está hecho ya (el 90% es suficiente para mí, el resto, la perfección, se lo dejo a Dios). Igual me aburro. Igual no sé qué hacer. No estoy acostumbrada a no decir “no tengo tiempo”, “tengo que”, “imposible, debería”. Un nuevo reto, una subida al siguiente campamento base de éste, mi Everest.

 Y tú, ¿Cuál es tu dictador particular? ¿Qué te cuenta? ¿Cómo lo mantienes a raya?

Y por último: Coño, sé valiente, si total, todos estamos cagados de miedo por dentro, incluso el de la foto (que las apariencias no os engañen, los que más ladran son los más cagados). Si no piensas por ti mismo, te la van a meter doblada. Palabrita de niño Jesús. Y como seas tú mismo quien se la mete doblada, pues oye, qué quieres, es una forma muy triste de endiñarla. Imagina tu tumba: Murió porque él mismo se mató. Triste, amigo, triste.

Reaprendiendo a jugar: Mi historia II

Es evidente que lo que contaba en la entrada anterior no es causa única para que uno llegue a un punto de insatisfacción vital en el que incluso la salud se ve afectada. Hacen falta varios factores: características personales, circunstancias, decisiones, etc.

Si bien es cierto que cuanto más sepas las causas que te han llevado al punto en el que estás, mejor vas a entender lo que tienes que hacer para salir e irás más a tiro hecho. Pero tener todo atado y reatado no es condición indispensable para empezar a hacer algo. De hecho si esperas a que se den las condiciones ideales, no vas a empezar nunca.

Mi experiencia hasta ahora es que cuando empiezas a moverte, te llega nueva información que completa lo que ya sabes y eso te lleva a tomar nuevas decisiones acertadas. O al menos a saber por dónde no. Esto es un gran experimento y tienes que estar dispuesto a cagarla.  Además, si la situación en la que te encuentras es un círculo, poco importa por dónde lo rompas. Mientras sientas sincero contigo mismo, todo ayuda.

Entonces, si conocer todas las causas no es condición indispensable, ¿Qué lo es? Bajo mi humilde punto de vista, es ser consciente de todo aquello en nuestra vida que nos provoca rechazo y/o malestar y que sabes que no es como debiera ser. Mirarlo cara a cara puede ser bastante desagradable, más que nada porque nos pone al descubierto una realidad incómoda: que seguramente somos los mayores responsables de nuestra desgracia. Bien por omisión o por hacer lo que no debimos.

La buena noticia es que si somos responsables de nuestras desgracias, también lo somos de poder cambiar eso. Y es que cuando hablo de cambiar, no digo cambiar lo que somos, sino de aceptar lo que somos y cambiar lo que está en nuestras manos cambiar.  Y ahí no hablo de otras cosas sobre las que realmente no tenemos control. Hay mucha gente que se escuda en crisis y en excusas miles para no mover un dedo, cuando realmente antes de verse afectados por estas causas externas, tienen una buena fuente de causas internas que les provocan zancadillas en su propia vida. Y que para echarse a andar tan sólo hay que dar pasos, aunque sean pequeños.

Y como lo único que podemos controlar es aquello sobre lo que tenemos poder y eso es nuestra salud (tanto mental, como física, que por otro lado no van separadas), es nuestra responsabilidad procurarnos ese bienestar. Primero va lo primero, y luego habiendo hecho los deberes, ya llegará el momento de enfrentarse a otras cosas.

 Cuando uno se encuentra en una madeja de difícil solución y ni siquiera sabe cómo ha llegado aquí o cómo va a salir, viene bien alejarse un poco del problema y tomar perspectiva. Eso en parte es lo que estoy haciendo.

Para ello me hice mi propio croquis para que mi monillo no tuviera que pensar mucho. La podéis ver aquí.

En dicho esquema hago una separación de diferentes factores que afectan de forma directa nuestra salud y analicé en qué punto estaba yo.

A saber:

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