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Operación Bufanda


Hace ya más de un mes que pensando en el verano y qué iba a hacer, incapaz de decidirme (millones de viajes se desplegaban ante mí), me retiré hacia mi interior y pregunté ¿Qué es ahora mismo lo más importante para ti?

Las respuestas fueron claras:

  • Tranquilidad.
  • Estar con los míos.
  • Aprender, aprender y aprender un poco más.

Entendía porque mis planes súper molones entraban en conflicto con esto y me producían cierto desasosiego, a pesar de la ilusión. Viajar casa bien con aprender y mantener la chispa viva, pero no es lo más tranquilo, más para alguien que se ha fulminado las reservas del cuerpo de cortisol y DHEA (otro día sobre esto). Además, varios amigos que viven lejos se habían puesto de acuerdo en venir justo cuando pretendía huír de este país y con pocas probabilidades de compaginar y/o mantener la salud al intentarlo.  En fin, mirase por donde mirase, la solución ideal no aparecía, así que decidí simplificar.

Había un sitio, de hecho dos, en la que los tres puntos se encontraban…pues ale, decisión tomada. Cierto que no eran los sitios más estimulantes del planeta, por conocidos, o por no decir súper trillados, pero son sitios que funcionan.

Además, como estoy convencida de que muchos problemas de salud se resolverían con un reset en condiciones, y sé que uno de esos lugares es un reseteador natural e infalible, pues me dije, ale, para allá que vamos aldea de menos de 400 habitantes.

Para darle un toque más exótico e interesante y para minimizar la parte menos positiva de la decisión y que podría dar al traste con tan magnífica misión, me dije que ya que estaba podría poner en práctica todo a la vez esos hábitos simples con los que ya llevo coqueteando unos meses y ponerme ciertos retos y además dejar constancia de ello aquí.

Los retos no son subir al Everest ni nada parecido. Nada de métodos ultra modernos, infalibles y contrastados por la literatura científica (no, por favor! Un descanso!). Mi cuerpo asiente y dice que poquito voy a innovar en este campo, que me lleva demasiada ventaja y que lo asuma, lo antiguo rulez. Dormir adecuadamente, reducir o eliminar totalmente el azúcar, dedicarme al arte de la lentitud deliberada con premio al más lento, hacer el mongolo con amigos y reir hasta que me den agujetas en la mandíbula y en la tripa (que cuenta como ejercicio físico), algo de deporte pero sin pasarse y algo de aderezo con tendencias más experiementales (reto una semana sin gluten, sin productos lácteos?). Internet estará vetado, ya que necesito acceder a mi parte emocional para saber como autorregularme. La parte más física y mental es la más fácil para mí, pero la emocional es un puto desastre. Sale cuando nadie la invita y monta pollos que te dan ganas de meter la cabeza bajo tierra. A esta le tengo ganas.

El verano es ideal para poner tu cuerpo a punto y así aguantar el mundo de Mordor con mejor humor. Se dice y se rumorea que en verano hay muchos genes que se inactivan y muchos de ellos están relacionados con respuestas inflamatorias. Vaya, dicho de otra manera, que tu cuerpo se relaja porque entiende que en verano es más difícil que haya que responder a una infección. Las probabilidades bajan y con ello la energía dedicada a luchar contra algo que posiblmente no vaya a ocurrir. La cantidad de energía que se libera en verano es importante. Yo he estado esperando esta paga extra como agua de Mayo.

Yo en los últimos años he vivido por encima de mis posibilidades. En invierno seguro, pero en verano, que era mi recargador natural, pues llevo unos cuantos veranos que estoy derrochando sin ton ni son. Así que ya es hora de volver a las viejas costumbres. Había una época que si veía un lápiz en verano me salían sarpullidos….quita, diablo, quita.

A mí el verano siempre me ha encantado justamente por eso. Es como si en lugar de una batería medio chunga que se descarga con mirarla, de repente me ponen dos baterías, de las nuevas y modernas. De las que duran un montón de horas.

Además, como uno tiene tendencia a comer más sano, a querer hacer más deporte al aire libre, a descansar más y en general llevar una vida más agradable y relajada, los cambios son bastante grandes y rápidos. Es realmente alucinante lo rápido que sana el cuerpo si le damos el espacio y tiempo para que lo haga. Realmente, me flipa bastante lo que una cantidad de moléculas ordenadas dan de sí. Y todo sin una finalidad muy clara.

Así que desde hoy 4 de Julio y al menos hasta el 21 de Septiembre, en el que comienza teóricamente el otoño, me comprometo públicamente a vivir muy, muy por debajo de mis posibilidades. A ser una rácana energéticamente hablando. O una ni-mileurista de la energía.

  Por si me faltara un empujoncito, homomínimus me lo ha acabado de dar, al retar a sus lectores a comprometernos este verano a cambiar un hábito. Y he elegido el reto de salud minimalista porque es el que ya tenía pensado y me viene que ni pintado. Lo suyo es que esos hábitos no sean sólo cosa de unas pocas semanas, sino que se instalen y ayuden a mantener la salud a lo largo del año. Pienso que cuando uno está realmente concienciado y ve los efectos in situ, la decisión no hay que tomarla, se toma sola. Por eso es mucho más importante mover el culo que analizar hasta tener todas las respuestas claras.

   Así que, aunque pondré pinceladas de por qué hago un reto u otro diferente, y así igual alguien aprende algo nuevo (os voy a meter la bioquímica doblada jajajaja :P), la verdad es que no me voy a matar dando datos. Para el que sólo le sirva algo si tiene todos los datos que lo corroboren, me parece bien que existas, pero yo, que soy un poco atípica dada mi profesión, no necesito tanta prueba. Al menos en este tipo de cosas. Si funciona, funciona. Hasta que ciertas cosas se demuestren y sean irrefutables, igual yo ya he dado la vuelta al mundo formando parte de toda la cadena trófica.

Que comience la fiesta.

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Sobre productividad (resumen)

  El otro día os introducía el concepto de barbecho en el área de la productividad y lo bien que estaba llevando el desarrollo de mi proyecto. La vida es perra y se encargó de ponerme en mi sitio el día siguiente.

Todo esto dio lugar a un interesante intercambio de opiniones y conceptos. Me ha parecido interesante hacer un compendio de lo que se ha hablado y ordenarlo mínimamente. Además meteré algún comentario de propia cosecha, porque yo soy así y hay que quererme igual.

CONCEPTOS RELACIONADOS CON LA PRODUCTIVIDAD:

 

1. Concepto de ocio, como “tierra de nadie entre el deber y el placer que no procura satisfacción ni a corto ni a largo plazo”- Rafael Sarmentero.

roseypunto además añade que ella ha decidido renunciar al ocio e invertir en diversión. Muy buena decisión, porque sino parece que estás en tierra de nadie. Tendemos a hacer las cosas a medias. Trabajamos a medias, descansamos a medias, nos divertimos a medias y al final nos estresamos a enteras porque acumulamos deficiencias de intención por todos lados.

2. Ritmos (en este caso se ha hablado de ritmos nocturnos). Hace dos entradas os decía como yo tengo un ritmo circadiano desplazado hacia la noche, lo que hace que ciertas actividades mentales y creativas se me den mejor a cierta hora de la tarde-noche. El problema es el caos que provoca.

Por regla general y salvo que Drácula no sea leyenda, no hay nadie absolutamente nocturno. Nuestra especie es diurna, pero como todo en esta vida, los individuos nos distribuimos en una Campana de Gauss en la que la inmensa mayoría de las personas entran en la media y es lo que se considera normal, mientras que hay un número menor de individuos que se desplazan hacia uno u otro extremo.

Campana de Gauss
Si la media española de altura es de 1,73 el que midas 1,4 m o 1,90 m no te hace menos español, aunque sí atípico para este dato en concreto.

Yo necesito, de media, 9 horas de sueño para estar en mi máximo. Hay gente que con 6 horas están fantásticos. ¿Qué es mejor? Pues lo que le funcione a cada uno. Una cosa es la normalidad poblacional y otra es la individualidad.

Sea cual sea tu normalidad, un buen descanso es CLAVE para sentirse bien. Es lo más inmediato y poderoso que puedes hacer para mejorar tu salud y para tu productividad. Hay varios estudios que muestran como la salud de aquellos trabajadores con turnos de noche es peor que los que siguen un ritmo diario. A mí no me hacen falta estudios. Tan sólo unos días durmiendo mal y a deshora y les doy todo el crédito a esos estudios.

Hay varias hormonas que siguen un patrón de ritmo circadiano, es decir cuya actuación varían a lo largo del día y que se sincronizan con las horas de luz, y si lo alteras, alteras el equilibrio del cuerpo y aunque para el colapso tienen que darse ataques a varios pilares, te queda uno menos en pie. ¿Qué hacer entonces si eres más nocturno?

cortisol
El cortisol es una hormona que sigue un patrón de oscilación circadiana. Por la mañana sus niveles son más elevados que a última hora de la tarde. Como el cortisol es responsable de los niveles de energía, si los niveles son altos estaremos listos para la acción.

En mi caso, he redescubierto esa maravilla que en nuestro país llamamos siesta y aunque muchos rancios de otros países se rían con cierta superioridad y condescendencia de tan patrio hábito, lo cierto es que su efectividad está fuera de duda. En España somos por lo general más nocturnos que nuestros vecinos del norte y no es casualidad que la siesta esté tan arraigada aquí. Eso, y que los 46ºC que hicieron ayer en Sevilla no ayudan a que te de un ataque incontrolable de ser mega productivo.

En general, creo que se trata de adaptar nuestra idiosincrasia al mundo y circunstancias en los que tenemos que vivir para obtener lo mejor de cada mundo.

3. Técnicas clásicas de productividad:

Por un lado se ha hecho una crítica de los libros de productividad por estar demasiado centrados en recetas que en pautas generales. No soy dada a leer este tipo de literatura, pero imagino que siguen la misma pauta que otro tipo de libros teóricamente prácticos: te dan unas pautas milimétricas acerca de qué, cuánto y cómo tienes que hacer las cosas. No sólo provoca agobio, sino que a veces te preguntas cómo coño vas a hacerlo.

En el tema de los hábitos de salud como el de la productividad y en general en todo en esta vida lo que más funciona es adaptar y simplificar todo lo posible.

En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta

Navaja de Ockham

Los consejos generales van bien para obtener una guía que explorar, un marco de referencia, pero no se debería seguir al pie de la letra (o sí, dependiendo de si encaja con tu forma de funcionar). Esto nos lleva a otro concepto que se comentó: parálisis por análisis.

Creo que enzarzarse en encontrar la receta perfecta es sólo una manera de perder el tiempo y creerse que estás haciendo algo, cuando no es así. Todos lo hacemos o lo hemos hecho en algún momento. Es mejor salir ahí fuera, experimentar, errar, y vuelta a empezar.

En mi caso, el ponerme el traje de científica loca hace que disminuya la ansiedad, por no conseguirlo todo a la primera, ni a la segunda, ni….en fin, que la ciencia es 99% de ensayo-error. Por otro lado, aumenta la diversión. No son fracasos, son resultados de tu experimento y merecen todo tu respeto. Luego expones tus resultados, alguien los dilapida, discutís otras maneras de aproximar el problema, y lo que es un pequeño paso para el hombre, se convierte en un gran paso para…sí, vale, lo dejo 🙂

4. Antitécnicas de productividad: gestionar la energía, no el tiempo.

Desde que estudié el concepto de energía en física y química del instituto, todas sus variables me han fascinado y he ido recopilando pruebas que corroboran lo que ya dicen las correspondientes leyes: “todo tiende al mínimo estado de energía y al máximo de entropía (desorden)”. No por ordenar tu casa muy a fondo se mantiene limpia por más tiempo. Es mejor dedicarle menos energía y de forma más estratégica. Como además la energía ni se crea ni se destruye, sino que es la que es, se hace imprescindible hacerse un experto en economía de recursos.

En contraposición con la rigidez de las normas clásicas de productividad, se introdujeron varios conceptos:

  • Técnicas GTD de productividad. No lo conocía y no sé si estaría bien clasificado aquí, pero por lo que he leído someramente, se trata de liberar tu memoria de trabajo para que a lo que sea que te vayas a dedicar, lo hagas con el máximo de tus capacidades. La memoria de trabajo vendría a ser la memoria RAM de tu ordenador.
  • La aleatoriedad y sus efectos positivos en sistemas biológicos, sociales, económicos y los efectos negativos del exceso de regularidad (concepto desarrollado por Nassim Nicholas Taleb). Libros recomendados: Cisne negro y Antifrágil.
  • Efectos del aprendizaje espaciado y su efecto sobre la memoria (Robert Bjork).

roseypunto describe como ella divide las tareas en bloques que pueden ser o no, en el caso de estudios, temas y a cada uno le da una frecuencia. Además, hay días que estudia 12 horas, otros 2, 8, etc. No tiene hora de inicio, pero a ella le sirve para controlar la monotonía que le agobia.

  • El poder del pleno compromiso (Loehr y Schwartz): hay que gestionar la energía y no el tiempo, a través de las distintas áreas vitales (física, emocional, mental y espiritual).

Me ha sorprendido bastante este punto porque me doy cuenta de en los últimos meses justamente he estado trabajando precisamente en la regulación de estas partes. Puesto que mi nivel de energía era nulo, he empezado por lo más básico, la energía física y mental. Cuando esto lo he ido controlando, ahora veo que apenas tengo técnicas para equilibrar mi parte emocional. Y por ahí se cae el chiringuito. Scheisse Mann!

Las analogías con el deporte son mi perdición, y como además siempre me he inclinado por el deporte de resistencia he tenido mucho tiempo para pensar cómo un entrenamiento se asemeja a muchas otras facetas de la vida. La analogía que propone homomínimus me parece terriblemente acertada, aunque veo que quedan flecos sueltos, aunque no creo que sean intencionados, sino una manera de simplificar. Le daré una vuelta y a ver si saco algo de provecho para una entrada.


Estos últimos puntos me parecen muy interesantes y puesto que revisando en mi diario de experimentos vitales veo que tengo varios resultados preliminares que corroboran dichas teorías, y además me parecen muy lógicas y sencillas, les voy a dedicar algo más de mi atención.

Reto 1: Disminuir la exposición a ruido externo.

La verdad sea dicha, a mí lo fácil no me ha gustado nunca. Siempre, si había un camino más difícil, yo tomaba aquél. Luego, me maldecía y decía: es que, qué manía tienes en complicarte la vida, copón, con lo fácil que hubiera sido elegir el camino de todo el mundo.

Siempre me echaba la bronca, pero irremediablmente, volvía a repetir la jugada siempre que se me presentaba la ocasión. Ahora no es diferente. Hace tiempo que podría haber ido por el camino que se supone que yo debería haber seguido al terminar mi doctorado. Pero, qué coño, si la vida no está para experimentar, qué lo está entonces.

Como tiendo a complicarme la vida en este tipo de decisiones, el resto intento mantenerlo lo más simple posible. En algunas cosas me resulta más fácil que en otras.

No tengo hipoteca, no tengo contrato de móvil, no tengo coche. LLevo años sin tele en casa. Tampoco me planteo tenerlo en el corto plazo. Simplemente no lo necesito. No necesito tener unos pagos fijos cada mes y no necesito la preocupación que ello conlleva. Tampoco tengo en mente crear una familia en un plazo corto de tiempo.

Esto me permite centrarme en lo que para mí es importante. Hay mucho margen de mejora y de hecho, llevo un tiempo afinando.

No tengo twitter, ni instagram. En Enero dejé Facebook. No necesito estar al tanto de los viajes y súper comidas de mis conocidos, tampoco de lo súper último en noticias, ni de ese vídeo súper inspirador o súper informador que te cambiará la vida durante los 3 minutos que dure o de pertenecer al grupo súper exclusivo de X.

Hace tiempo que dejé de ver las noticias. ¡Cómo! ¡Estarás desinformada! La gente se echaba las manos a la cabeza. Yo me reía y decía, a ver, todo el mundo sabe que las noticias vuelan. Si son importantes, me enteraré. Siempre acaba uno enterándose de lo importante. El resto, es paja. No la quiero. No la necesito. No necesito ver que hay guerra y hambre en tal sitio para saber que eso existe. No necesito ver nada de eso para actuar aquí y ahora, dentro de mi poder real de actuación. No por estar más informados hacemos algo. Al contrario. Yo quiero tener la paz de espíritu y sobre todo el tiempo para hacer cosas reales.

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Ahora quiero ir un poco más allá y quiero limitar mi tiempo en Internet. Me reconozco una yonki sin remedio. Pero hay demasiado ruido en mi mente y me está molestando. Me impide pensar con claridad. Recuerdo la paz mental de los veranos pasados en el pueblo, sin cobertura, sin internet, casi sin tele. De repente notaba como dormía mejor, como esa neblina casi continúa se levantaba de mi cerebro y como el resto mejoraba de forma casi inmediata. Pensaba mejor, dormía mejor, comía mejor y me sentía mejor.

Nos pasamos el día conectados. Por móvil, con el ordenador. No soporto el móvil y su inmediatez. Retrasé todo lo posible tener móvil porque no soporto que me controlen. No le echo mucha cuenta, casi como pataleta en defensa de mi individualidad y mis ganas de hacer lo que me salga de ahí, sin tener que justificarme a cada llamada no contestada. Tengo fama de descastada.

Hace años que lo tengo en silencio. Me molesta el sonido de mensajes y llamadas entrantes. Lo pierdo cada dos por tres y no hay manera de encontrarlo. Una vez pensé que lo había perdido en la calle y resulta que había estado dentro de mi mochila durante dos semanas, en un recoveco que no descubrí hasta ese momento. Hace casi tres años, cuando me mudé a Berlín me hice con un smartphone. El más barato que había. Aún lo tengo. Aunque me resultó muy útil para saber qué combinación de trenes/metros coger cuando se escoñaba alguna línea y tenía el tiempo limitado, así como para saber dónde estaba la calle tal, la verdad es que ahora mismo, me molesta más que me hace servicio. No soporto los whatsapp que te queman la batería. Igual regreso a mi Nokia que tiene no menos de 9 años y que funciona perfectamente.

El miedo a perderse algo, el miedo a que te olviden si no estás en facebook o sino contestas ipso-facto, el miedo a que te tachen de inculto si no sabes lo último en política internacional.

A mí me la sopla. Cada vez más. Supongo que es lo bueno de hacerse mayor. Que cada vez te la soplan más cosas.

Así que, a partir de mañana, voy a hacer un experimento que va a durar una semana. Según el éxito del experimento, lo implementaré durante más tiempo. Las condiciones aún por determinar.

El reto consiste en estar una semana sin internet. Objetivo: centrarme en lo importante. Lo que me interesa de la tele lo veo por internet cuando mejor me viene, así que no añado lo de la tele. Como por trabajo necesito internet voy a establecer un máximo de 2 horas para buscar los artículos que necesito y bajármelos al ordenador. Eso me obligará a estar totalmente concentrada, porque de ello dependerá mi productividad de esta semana, y estando una fecha límite cerca, no puedo tomármelo a la ligera.

Además de esas dos horas de internet de exclusiva búsqueda bibliográfica, me voy a permitir ver una película a lo largo de la semana, en DVD.

Iré escribiendo mis impresiones en un pequeño diario semanal y cuando termine la semana lo compartiré.

¿Lo lograré? ¿Me vendrá un mono horrible como a una yonki sin su dosis? Estoy dispuesta a aguantar las sensaciones desagradables y sobre todo, tengo mucha curiosidad por saber en qué voy a rellenar el tiempo que se me va a quedar libre. ¿Me aburriré? ¿Me deprimiré? ¿Me dará por dibujar? ¿Quedar con gente? ¿Salir a correr?

Las respuestas dentro de una semana.

Sacando la artillería pesada

Hoy vengo con una entrada cortita, después de mi espumarrajo de entrada anterior (más sobre eso cuando toque).

Veréis, empecé este blog para hacer un seguimiento de la mejora de mi salud y bienestar general. Y es que durante los últimos años, he hecho cosas que deberían haber mejorado mi estado: terminar un trabajo agotador, descansar, comer bien, pensar “en positivo” (ya hablaré algún día de estos qué pienso de la actitud lobotomizadora de la psicología positiva).

Pero en lugar de ir a mejor, los síntomas físicos de agotamiento cada vez han sido más evidentes. No entendía nada. ¿Cómo puede ser? ¡Si cada vez hago menos, pero me canso más!

He leído una cantidad ingente de información y he dedicado parte de mi colchón financiero a dedicarme casi en exclusiva a ello.

¡Ejem! Me estoy empezando a plantear si esto funciona…

 

Mientras el resto de gente avanzaba en el caminito de su vida, y conseguían grandes gestas, yo me he quedado en la cuneta, me he puesto la bata, he sacado pinzas,  y me he puesto a analizar. Lo he llevado en silencio y me he tenido que tragar muchos comentarios condescendientes o indirectamente críticos, en plan, qué haces con tu vida, so parásito, te creía inteligente y curranta. Lo peor, sin duda, han sido mis propias críticas.

 

Pero algo me decía que tenía que hacerlo. Que si me montaba de nuevo en la rueda del hamster, acabaría donde antes. He dado muchos tumbos. Médicos, psicólogos, libros, DIY. Pero las piezas seguían sin encajar. Igual eran muchas y todavía no tenía una idea clara de qué imagen buscaba para armar el puzzle. Eso lo complicaba más. Y para qué engañarnos, en la era del desarrollo personal, la cantidad de paja presentada de forma sensacionalista no ayuda. Habían piezas que ni siquiera pertenecían al rompecabezas.

El escribir en este blog, entre otras cosas, me está permitiendo estar mucho más alerta de lo normal. Estoy como un sabueso rastreador. O como un científico, observando a sus bichos bajo el microscopio y anotando todo. Cansa mucho, no os lo voy a negar.

Y…¡Otra dioptría y neurona al traste! ¿Acabará esto alguna vez?

 

El otro día, me tuve que sentar con mi equipo de evaluación (yo y yo misma) para ver por qué había fallado estrepitosamente el último paquete de medidas, tomadas hace poco más de un mes. Dado el éxito del primer paquete, me sorprendió. Empecé a buscar causas del por qué las medidas anteriores habían funcionado y éstas no. Qué había hecho mal. Me di cuenta de que no había elegido el orden adecuado.

Me percaté de que la vez anterior elegí hábitos que a su vez cambiaron otros hábitos. Un dos por uno. Con tan sólo poner consciencia, cambiar fue fácil. En cambio esta última vez, ni siquiera pude con uno y, de premio, además, se llevó al traste todo el trabajo conseguido anteriormente.

Tengo la firme convicción de que lo que es bueno para el cuerpo, es fácil de implementar. Él sabe bien lo que quiere.

Y me he dado cuenta de que esta vez he elegido fichas demasiado grandes, tan grandes, que no las he podido mover. Porque esto de cambiar hábitos, es como las fichas de dominó puestas verticalmente una detrás de otra. Si tiras una, caen las demás. Una vez se ha puesto en movimiento, incluso las piezas más grandes y difíciles van a caer. Sólo tienes que saber elegir qué puedes atacar primero.

 Ya llegaré, ya, "one step at a time"
Ya llegaré, ya, “one step at a time”

 

Y como soy una picada de la vida,  maldije en arameo y decidí sacar la artillería pesada. ¡Ya está bien, copón! Que una cosa es cultivar la despreocupación y otra es ir malgastando tiempo y recursos. Organizationwoman se puso al mando.

Analicé y redacté  de nuevo la lista de los hábitos que por experiencia y observación creo que tendría que cambiar para dar un salto cualitativo.  Los agrupé de nuevo e intenté sacar patrones. Finalmente me hice un pequeño esquema, que a lo largo de los días ha ido evolucionando y simplificando. Menos es más. Mi mantra.

Así que, aunque  es un trabajo en progreso, os presento el último esquema que me he hecho, modificado y customizado para ser presentado en bonito. Además, he encontrado un símil que no podía venir más a cuento.

Y es que en la naturaleza, la forma de funcionar es bastante parecida  independientemente de la especie. Porque lo que funciona, funciona y eso se conserva a lo largo de la evolución. ¡Diles tontos a los bichos! Cogen lo que funciona y lo mejoran. El tener un buen conocimiento de los modelos más simples me está siendo de inestimable ayuda para resolver este galimatías.

 

Así que, para concluir, me he comprometido mano en pecho y mirada al cielo, a usar todo lo que esté a mi alcance  para a entender el sistema, mi sistema y así poder cambiar con algo de fundamento y racionalidad y no con la sensación de que estoy usando un remedio esotérico de una tribu zulú.

Porque si a mí me dicen que el mindfulness es bueno, me lo puedo creer o no, pero si sé por qué es bueno, y tengo pruebas de ello, tengo más probabilidades de darle una oportunidad (aunque a veces eso no será posible y tendré que creer). Ídem con consejos de nutrición, de descanso, etc. Ir al detalle, para evitar qué pase en el futuro, pero a la vez mantener la visión global, que es sin duda, la que me ha llevado hasta el punto en el que estoy.

Y es que, en los últimos días, por fin, se me ha aparecido la imagen clara del puzzle en mi mente. Y ahora todas esas piezas, que he ido poniendo sobre la mesa y mirando minuciosamente, están encajando a un ritmo vertiginoso. Incluso las más difíciles.

 

Y por último, me he propuesto firmemente, currarme esto un poco bastante más que hasta ahora. Investigar, analizar y aunar los datos e intentar explicarlo de la forma más fácil posible. Vaya, lo que viene siendo un currarse las entradas un poco. Por mí, y para en un futuro poder estructurarlo y así que sea más fácil de entender todo. Por si me pierdo, encontrarme rápidamente. Porque difícil es un rato y aunque ahora lo tengo claro, la prueba de fuego será, como siempre, la práctica. La que dictaminará si mi hipótesis es cierta o una chochez típica de científica loca.

 

El tiempo dirá.

 

 ¡Aquí os dejo  la presentación-esquema! Frikismo incluido.

 

Echarse a andar (III): Reset.

Como decía en el post anterior, cuando tienes el sistema alterado, hay que hacer un reset. Sin contemplaciones. Y de ahí empezar a implementar poco a poco. Observando qué funciona y qué no.

En esta ocasión, mi aproximación es algo diferente a las anteriores. Y es que a lo largo de los años he ido adquiriendo una serie de hábitos que son la antítesis de una vida saludable. A saber: estar permanentemente conectada a internet, a redes sociales, hacer deporte por machaque no por diversión (estás gorda, adelgaza, etc.), irme a dormir a las tantas y seguir conectada, con lo que de repente, las 11 se convierten en las 4 de la mañana, así sin darse uno cuenta. Internet, esa biblioteca sin hora de cierre. Si eres curioso como yo, el saber parar el ir de un enlace a otro, es un auténtico desafío.

Así que mis primeros hábitos que llevo cultivando las pasadas dos semanas, son los siguientes:

1. Apagar tele (no la veo apenas), móvil y ordenador entre 10-10:30 de la noche.

El objetivo es claro: no alterar el ciclo circadiano y permitir entonces un buen descanso. Cuanto más tarde se apaguen los aparatos que emiten luz, más tarde logrará tu cuerpo producir la cantidad de melatonina (hormona del sueño) suficiente para que te duermas. Esto provocará una alteración de tu ritmo circadiano y luego vas a estar medio zombie de día y como un búho de noche.

2. Irme a dormir temprano (sobre la hora mencionada anteriormente, a las 11 como máximo) y dormir 8 horas mínimo.

Establecer una rutina del sueño, para que irse a dormir sea eso agradable que se hace de noche y que consiste en bajar el ritmo, relajarse, leer un poco, soñar despierta, y en definitiva algo que esperas y no algo que haces como un robot y que sólo aprecias por la mañana, cuando no hay quien te levante.

3. Moverme todos los días un mínimo de 30 minutos.

No necesariamente gimnasio o piscina u otros deportes. Con dar una vuelta por el barrio me sirve para esos días que no me apetece “hacer deporte”. Nuestro cuerpo está diseñado para moverse. De hecho, le encanta. Te lo agradecerá tanto en forma de mejor humor, mejor descanso y todo, que una vez te acostumbres, te resultará difícil decirle que no.

En mi caso, he puesto moverme un mínimo de 30 minutos en lugar de hacer deporte todos los días por una razón que no es aleatoria. Tengo la sospecha de que puedo sufrir fatiga adrenal, que vendría a ser que mis glándulas suprarrenales (que están en el riñón), han producido tales cantidades crónicas de cortisol (hormona del estrés), que la molécula de la que procede va directamente a proucir cortisol y no otras moléculas necesarias. Esto, explicado así muy por encima y patateramente hace que entre otras cosas: te canses con todo, tengas el ciclo sueño-vigilia a tomar por culo (cortisol alto por la noche, en lugar de por la mañana, con lo que estás activo de noche y dormido de día), etc.

“Hacer deporte” para mí es un arma de doble filo. Me cuesta empezar, pero cuando empiezo, paso de entrenar rollo “nivel abuela” a entrenar “nivel profesional”. Y pasarse, sobre todo si andas arrastrando síntomas crónicos de estrés, significa gastar tus reservas de cortisol, activarte una cosa mala, y lo que supuestamente es una cosa buena, hacer deporte, hace que te descontrole todo tu ciclo. Así que aquí, más que en ningún otro sitio, menos es más. Nada de series, nada de actividad vigorosa. Actividad suave, para que tus músculos recuerden que están ahí para algo, para que se vayan acostumbrando a moverse todos los días y ya cuando el sistema se vaya estabilizando, ir aumentando. Pero con cabeza. De momento está lejos de mis objetivos próximos el hacer deporte como lo hacía.

4. Trabajar cada día entre una hora y dos horas.

Me he dado cuenta de que necesito hacer algo que considero útil para sentirme bien. Pero también soy consciente, que al igual que con el deporte, pero mucho más en el caso del trabajo, paso de 0 a un millón en un momento. De ahí el límite tan estricto. Con una hora al día me conformo, ahora, eso sí, tiene que ser cada día. Y el máximo de dos horas, es porque ahora mismo mucho más no puedo hacer y porque si sigo mucho más, entro en mi dinámica “workaholic”.

Por ejemplo, ahora mismo estoy trabajando 3 días a la semana dando clases particulares. Esos días, el sólo hecho de ir y preparme las clases ya me paso de las horas máximas de trabajo. Así que, al contrario que antes, lo que hay que hacer, no empieza tras estas actividades, sino que ese día el cupo está cubierto. Y el resto del día lo tengo libre. Si me apetece hacer alguna actividad de esas pequeñas que hay que hacer en algún momento, puedo, pero sabiendo que yo por hoy, he cumplido. Los martes y jueves son días para mí, y mis proyectos alternativos. Y tener un día activo, con un día más tranquilo, pero no menos activo, me está yendo muy bien. No siento que me arrastro por la semana, sino que puedo descansar del esfuerzo.

5. Encontrar un rato para meditar cada día. O como entrenar a tu mente para que se centre en el aquí y en el ahora.

Lo de la meditación es algo que hasta hace unos meses, era una de esas cosas rarunas que yo intuía que jamás podría lograr hacer. Porque cuando se tiene una mente que parece un monillo hasta las trancas de anfetaminas, eso de dejar tu mente en blanco me parecía imposible. Y claro, como soy perfeccionista, cuando lo intentaba, me estresaba. Estresarse meditando me daba cuenta de mi inutilidad ante estas técnicas. Pero hará unos 4-5 meses, me recomendaron este libro: Mindfulness: Guía práctica para encontrar la paz en un mundo frenético.

Este libro ha sido toda una revelación. No sólo porque el que la escribe sabe de lo que habla, ya que es psicólogo clínico, y se ha basado en los estudios que ha realizado así como en numerosos años de experiencia, sino porque explica de forma muy clara cómo funciona tu mente, cómo se enreda y cómo parar eso. Y que es normal que al meditar tu mente no se quede en blanco, porque la mente es lo que hace: pensar. Es como pedirle al corazón que deje de bombear sangre y se ponga a producir insulina. Pues eso. Y lo que propone el libro que seamos espectadores de nuestros pensamientos. Como si fuéramos al cine. Y la verdad, si tenéis una mente tan inquieta con la mía, tendréis cine para rato. A días te tocan pelis de terror, dramones, y otros, son historias más tranquilas, más alegres. Además, te insta a concentrarte en tu respiración. Tu mente tiende a dispersarse, y de ahí que meditar sea un ejercicio para la mente. Igual que ejercitas tus músculos y con el tiempo puedes hacer más, con esto es igual.

LLevo dos semanas con estos hábitos y en tan sólo dos semanas, los cambios son más que notables. Estoy infinitamente más tranquila, siento que avanzo, que tengo un montón de tiempo al día para hacer cosas que me gustan, me despierto (sin despertador!) totalmente descansada y con ganas de hacer cosas. Además, llevo desde poco después de nuevo año dada de baja de Facebook. Y, ¡Sorpresa!, no lo hecho NADA de menos. De hecho, me ha liberado. Tengo un montón más de tiempo. Y es que si entras de forma compulsiva, tan sólo para ver qué se cuece, si tienes un like, mensaje, o ver todas las noticias de toda índole en el muro, se te va mínimo media hora cada vez que entras. Facebook es a las relaciones, lo que las patatas fritas a las calorías vacías.

La forma que tengo de hacerme consciente de estos nuevos hábitos ha sido la siguiente: en una cartulina he puesto cinco apartados con los hábitos a cambiar. Cada día que los cumplía, ponía una pegatina de un color diferente en el apartado correspondiente. Como soy una picada de la vida, esto hace que esté pendiente. Los primeros dos o tres días me costó, sobre todo lo de internet e irme a dormir temprano. Me enredaba hasta las tantas y parecía que me robaran las horas. Ahora, me sale solo. Porque ahora irse a dormir mola. Porque he recuperado el hábito de leer en papel ante de dormirme, algo que me encanta.

También me he dado cuenta qué pasa cuando tengo un disgusto emocional: mi mente se enreda, y entonces de la misma alteración física que siento y que no puedo controlar, me salgo por peteneras e intento conseguir esa calma que no consigo por mí misma, bien comiendo, bien con pensamientos en círculos y por supuesto, buscando información en internet hasta las tantas. El hacer este ejercicicio de los hábitos me ha hecho ser consciente de cómo el alterarme me jode el equilibrio en otros ámbitos de mi vida.

Pero también me he dado cuenta de que el forzarme a tener hábitos más saludables, hace que no tenga tanta importancia el tener un día malo, ya que al día siguiente, el ayer ya no importa, y tienes una nueva oportunidad de hacer las cosas bien. Hacer cosas que te sientan bien.

¡Ah! Y para premiarme por hacer las cosas bien, me estoy autorregalando experiencias: ir al cine, probar a ir a esa cafetería chula que vi, planear alguna excursión, etc. El placer del deber cumplido. Y lo curioso es que con lo poco que estoy haciendo, he avanzado más en dos semanas que en los últimos cuatro meses. Con lo que se confirma que el trabajar o hacer más para producir más es una auténtica falacia. Una ilusión de control.

Así, que el plan ahora mismo es seguir dos semanas más con estos hábitos recién adquiridos, observarme cuándo no los sigo, y trabajar los otros aspectos emocionales, que iré desglosando. Y seguir implementando nuevos hábitos. El órden que he escogido tampoco es aleatorio y creo que de momento he dado en el clavo.

Echarse a andar (II): Menos es más.

El otro día leí un artículo que resonó especialmente en mí. Durante años me voy preguntando si no estoy realmente deprimida. He leído todo lo que hay que leer sobre varios temas de psicología, y por supuesto la depresión es uno de esos temas. Pero igual enontraba que la definición clásica, no era sino demasiado académica, demasiado estricta.

Todos sabemos que estar deprimido es no sentir ilusión por nada, no poder llevar a cabo las tareas más sencillas y no encontrar placer por pequeñas actividades que antes nos llenaban. Entre otras cosas. Se podría resumir en un estado de apatía y desesperanza infinito. Un bucle del que es muy difícil salir. Y esto sin duda es cierto para los casos más graves o, me atrevería a decir, para ciertos tipos de personalidades.

Personalmente, me he encontrado en varias ocasiones con esta apatía y desesperanza crónica. He tenido alguna época de no querer moverme. He deseado morir, por el simple hecho de que el dolor que sentía era tan inmenso que no lo podía soportar. Algo así como eso que nos dijeron alguna vez en clase, de que había personas que sufrían una enfermedad que les provocaba tal dolor de cabeza, que sólo atinaban a lastimarse y lesionarse para, con suerte acabar con ese dolor. Con el agravante, de que no tienen medicamentos que les resulten efectivos. La muerte es en ocasiones más apetecible que la vida, si ésta es extremadamente dolorosa y no hay nada que la pueda calmar. El miedo a la muerte, que todos tenemos, de repente se puede convertir en un alivio nada desdeñable. El problema, claro, es cuando te pones a pensar en el dolor que inflingirías a tus seres queridos. Además, creo haber leído que el pensar en el suicidio es una suerte de analgésico para el cerebro, algo que te calma. El problema es que en nuestra sociedad hablar de estas cosas es tabú.

Pero aparte de lo que entendemos por una depresión clásica, ¿acaso no hay otras formas en las que podamos manifestar esa apatía general? Porque en mi caso, y según veo en los ojos de muuuuucha gente, la depresión es el mal mayor de nuestra sociedad, sólo que adopta formas a las que no estamos acostumbrados. Leyendo este artículo, me doy cuenta de que llevo muchos años deprimida, lo cual no me sorprende demasiado. Además, en el último año en Alemania veo que eso se ha descontrolado: he engordado casi 7 kgs en un año y pico (cuidando mi alimentación y haciendo deporte), problemas con el insomnio, un clásico en mi vida, tener como una neblina en el cerebro que te impide pensar con claridad, nerviosismo y saltar ante el más mínimo estímulo (que te den un pequeño susto o sorpresa y que se te salga el corazón por la boca y sentir que la sangre se te cae al suelo y empezar a temblar), y una sensación de sentir tus sentidos saturados. Cada vez reduces más tu vida para apartarte de esos estímulos que te saturan, y cuando sale algún imprevisto, tu sistema “se cuelga”. Vendría a ser como tener un Windows 95 instalado, cuando ese sistema ni funcionaba entonces ni mucho menos aguantaría ahora.

Así que estando en esa situación, hace falta hacer reset e instalar un sistema operativo en condiciones, que aguante lo que tenga que aguantar, y además, mantener ciertos hábitos para alargar la vida útil de tu máquina.

Evidentemente, lo que va a costar más va a ser desinstalar el sistema operativo y poner otro más adecuado (creencias limitantes y patrones de pensamiento erróneos). Pero hay otras cosas, mucho más sencillas y que pueden dar resultados rápidos:

En mi caso, y tras haber hecho varias intentonas en las que he pasado de una apatía depresiva total a una hiperactividad obsesiva, ahora me declaro fan del menos es más. La sociedad nos empuja a ser productivos, a consumir, a hacer, y revisando mis valores me doy cuenta de que haciendo eso, no sólo me desgasto físicamente, sino que al no tener tiempo de hacer absolutamente nada, no hay espacio para el aprendizaje, para la creatividad, para la conexión, libertad, autenticidad, experiencias y una vida saludable. Y eso para mí es básico. Con eso no digo que no se puede tener una vida plena y feliz, de esas que a mí me parecen de locos, con trabajo de 10-12 horas diarias, salir y entrenar para una maratón, y luego encima salir con tus amigos a por una cervecita y dar cursos de fotografía los fines de semana (entre carreras y quedadas varias)…sí, hay gente para todo, y lo que para unos es vidilla, para mí es MUERTELANDIA.

Pero si sientes que no llegas, que por mucho que sacas tiempo de otras cosas, sigues sin llegar…PARA!!! Para ahora, o espera a que tu cuerpo te pare. La primera opción es menos dolorosa, intuyo. Y si eres como yo, una persona activa, el darse cuenta de esto es un gran reto, porque si paras te sientes mal, pero si sigues con el ritmo infernal, te sientes incluso peor. Aquí la clave es en qué quieres gastar tus monedas diarias de actividad.

Reto 1: simplificar mi vida. 365 días, 365 cosas menos.

Una de las primeras cosas que quiero abordar y meditar sobre ella es el consumismo. Comparado con lo que hay por ahí, no soy una persona muy gastona en cosas materiales.  Por ejemplo, mi abrigo más nuevo tiene 3 años, y eso es bastante reciente para mí. Se podría decir que casi rozo el problema contrario…pero que no es sino otra cara de la misma moneda. Acumulo porquería de lustros hasta llegar a tal punto que tengo camisetas, pantalones, zapatos de hace 20 años. Y eso es más de la mitad de mi vida.

¿Razones? Pues creo que aquí hay varias. Por un lado vengo de una familia que si bien en ningún momento ha pasado apuros económicos graves, tampoco nos ha sobrado. Pero mis padres y abuelos sí que han pasado penurias, sobre todo mis abuelos. LLevo tatuado en el corazón que la comida no se tira. Que no se compra por comprar. Y que las cosas tienen que durar y se tienen que cuidar.

Este hecho sin duda ha condicionado mi forma de consumir. Para más inri, y desde que tengo uso de razón, tengo una alta consciencia medioambiental, incluso desde antes de que fuera “moda”. Sé que la mejor forma de reciclaje es el no consumo. Como eso no es posible, lo que sí se puede hacer es intentar conseguir un balance. Consumir lo que realmente se necesita y lo que no, donarlo, venderlo y si está inservible, tirarlo. Y dejar los caprichos hedonísticos consumistas, en la cúspide de la pirámide consumista, como si de un producto de bollería se tratara. Poco y con moderación. Tampoco hay que ser talibanes.

Pero lo peor de todo es que, a pesar de ser una persona bastante consciente, la cantidad de porquería inútil que acumulo es vergonzosa. Además, cuando he intentado deshacerme de estas cosas en el pasado, con más o menos suerte, siempre me quedo a medias. Empiezo con mucho ímpetu, pero a la 4 bolsas llena hasta los topes, me desinflo  como si me estuvieran arrancando el alma de cuajo. Y eso que la sensación de alivio que siento al quitarme de encima quilos de cosas inútiles (para mí) es ENORME. Y esto me ha hecho reflexionar que no somos siquiera conscientes del valor que le damos a lo que poseemos, como si fuéramos lo que poseemos. Hasta tal punto ha calado la publicidad en nuestra psique.

Como lo siento como algo totalmente irracional y obsceno, me he comprometido a luchar contra esto, cueste lo que cueste. LLegar hasta el final. Pero sabiendo lo difícil que se ponen las cosas a veces, he decidido crear un plan infalible, acorde también con mis características personales. No llevo muy bien eso de los cambios bruscos, me cuesta asimilarlos. Así que nada, a mí medida. Poco a poco pero sin pausa. Y es que en los últimos meses-años la sensación de ahogo por la cantidad de porquería ha crecido mucho, de forma que me causa molestia física. Quiero ser libre y para ser libre tengo que vaciar lo que no me sirve. Tanto físico como emocional.

EL OBJETIVO: Deshacerme de una cosa al día, durante un año.

El PLAN: Ordenar por franjas y dejar sólo lo que realmente utilizo. Hacer un seguimiento y si a finales de la temporada que corresponda (en el caso de ropa) o de 6 meses máximo, tampoco lo he utilizado, fuera. Las cosas que he desechado las pondré en cajas y cada día quitaré una cosa, que colocaré en una bolsa para donar en la medida de lo posible. Antes de comprar nada, veré si puedo reutilizar alguna cosa de las que ya tenga. Si me da por consumir por consumir, consumiré experiencias.

EL MANTRA:

– Mi esencia no se encuentra en estas pertenencias. Mi esencia me pertenece y va allá donde yo esté. Y mis recuerdos están en mí y puedo tirar de ellos siempre que me lo proponga.

– Merezco algo mejor que acumular basura. Calidad vs cantidad.

– Si no lo he echado de menos es que no lo necesito.

– Lo que yo no utilizo puede ser de utilidad para otra persona y a mí, afortunadamente, no me hace falta. Si me hace falta algo lo puedo adquirir, y si no tengo dinero seguro que encuentro la manera.  Siempre lo hago. Confianza en el futuro frente al miedo.

– Quiero sentirme libre y ligera. No quiero disfrazarme a la última moda, ni ser esclava de ella.

Por lo pronto ya he hecho una súper limpieza de mi armario. Tengo dos estanterías vacías. ¡Me encanta! Ya tengo unas primeras 15 cosas para donar mañana. Piano, piano, si arriva lontano.


 

P.D. Si vais a donar, por favor, donad donde sepáis que lo que donáis llega a quién lo necesita y no para enriquecer a algunos listos que se aprovechan del negocio redondo…

Hay instituciones, bajo el inocente nombre de ONGs que por caridad reciben materia prima a coste 0 y luego se enriquecen con ella. El negocio montado alrededor de esto es escandaloso. Lo descubrí en una de mis últimas limpiezas, allá en 2011-2012, cuando me dispuse a tirar mis cosas en esos contenedores de Humana.

Buscando por internet, descubrí una página web donde llevaban tiempo denunciando las prácticas fraudulentas de dicha ONG. El “Jefe” de dicha ONG, danés, es buscado por la interpol y por las autoridades danesas por fraude, estafa, así como por el funcionamiento sectario de la ONG (voluntarios que se entregan en cuerpo y alma, y monetariamente porqu están comprometidos. Pero eso no llega donde tiene que llegar). No creo que guardara el link, pero seguro que buceando por internet se puede lograr de nuevo. No obstante, hoy en día ya es más conocido dicho fraude, y si se googlea se encontrarán hasta reportajes al respecto. Yo lo tengo claro, a pesar de ser marcadamente poco religiosa, por no decir 0, lo llevo al comedor social de Sevilla en Triana, comedor que llevan unas monjas y que sé que hacen una buena labor y ayudan a quienes lo necesitan sin intermediarios. Así, sí.

Y es que, cuando compramos algo no sólo somos responsables de aquello que compramos (y a quienes apoyamos en dicha compra) sino también somos responsables de cómo nos deshacemos de dicha posesión. Tanto social como medioambientalmente. No somos tan inocentes como nos creemos en nuestros actos, y aunque no seamos los culpables últimos si que participamos en dicho sistema. Lo dicho, hay que ser más crítico, aunque canse. 😀 Seguir leyendo Reto 1: simplificar mi vida. 365 días, 365 cosas menos.