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Rape me con amor, ¡sí, sí, yeah, yeah!

Amigos, hoy seré breve (no caerá esa breva).

No sé cómo anda vuestro inglés, pero Rape Me es Viólame en español. Porque es que las tías lo pedimos a gritos. Seremos zorras.

 Ayer andaba yo por esos caminos inexcrutables de internet y llegué por curiosidad, de esa que tengo yo por intentar conocer mejor a las personas que aprecio, a la figura de Kurt Cobain.

Uf, qué perezaaaa, me dije. Mi época punk-grunge-anti-todo-adolescencia-chunga-pa-dentro (vamos que todo era muy de interior, porque yo soy de externalizar poco no vaya a ser que me lleve una somanta hostias)…Nirvana…grunge…adolescente haciéndose el guay.

Buf.

Bueno va, que no se diga…

Pero luego llego a esto, y digo, si es que lo que es bueno, es bueno. Y me digo, venga, vamos allá. Motivación a full. Pero llego a este vídeo, incluso a otro (que no encuentro), y me digo….ufff, esto va a ser difícil.

Pero luego, llego a esto:

Y lo empiezo a ver. Lo empiezo a entender. Vaya, ¿dónde habré visto yo esto antes? Dejadme que piense…

Yo, como persona totalmente ajena a las cosas que ocurren en la actualidad, fui totalmente ajena al boom post-suicidio de Kurt Cobain. Era una niña. Lo típico: sexo, drogas y rock and roll. Un cliché. Un drogadicto, un rebelde, un “añade el prejuicio que más te mole”. Lo bueno de no saber nada, ni de un lado ni del lado de los conspiranoicos, es que te mantienes con una mente más abierta. Ahora, una cosa me quedó claro. Ella fue la culpable. Como Yoko Ono en su día.

He visto la mitad del documental sobre Kurt Cobain que ha salido este año (la mitad, porque sólo he encontrado eso Aquí está el documental entero) y he leído entrevistas y sobre todo lo he visto hablar y oye, que qué queréis que os diga. Me he enamorado. De forma platónica, que es la forma más pura.

Ya es la segunda persona este mes con la que siento una conexión y un entendimiento profundo. Y los dos están muertos. Lo cual, me turba un poco. Hay dos pasajes en esta mitad de documental en la que pegué un brinco. No soy la única que ha hecho eso (inventarse rollos en la adolescencia para crear una ilusión de persona normal y que te dejaran en paz). Wow.

Ahora sólo queda saber cómo canalizar toda esa frustración que desgraciadamente es imposible acallar, porque esa frustración no viene de cosas poco importantes o de imaginaciones mías o nuestras. Ojalá. Provienen de este pestilente mundo o más bien de los pestilentes humanos y sus putas ansias de poder y de machacar al diferente. Pudiendo ser justos, elegimos ser unos putos cabrones de mierda. Y me cabrea, me cabrea, porque podemos hacerlo mejor. Sobre todo tú. Sí, tú. Tienes la capacidad intelectual para ello, pero eliges no hacerlo. Eliges ignorar que tienes unos privilegios que te han sido dados simplemente por nacer de una determinada forma y en un determinado sitio y momento. Intelectualizas los problemas del mundo y de la humanidad, pero ignoras lo que puedes hacer aquí y ahora en tu radio de acción, con la gente que te rodea. Ascazo.

Sí, sí, podría centrarme en lo positivo, en lo bueno que existe ya, aunque para ello igual me tendría que ir a las montañas. Porque desgraciadamente en el día a día, el bombardeo es absolutamente constante. Y oye, soy buena evadiéndome de la realidad. Metiéndome en mis libros y todo eso. Pero lo cierto es que no es suficiente.

Y oye, que me alegro un montón de haber superado mis prejuicios iniciales y haber conocido a este tío. Y qué lástima, realmente. Los que se tendrían que haber pegado un tiro no fue él, sino los carroñeros que siempre pululan alrededor y que intentan descuartizar al más débil para así sentirse mejores. No me explico cómo la gente no puede ver el objeto de esa frustración tan y tan profunda. Y por otro lado, me sentí extrañamente aliviada. No eres la única.

Creo que cualquiera con cierta honestidad y autocrítica me reconocerá que ciertos colectivos no tenemos los mismos derechos que otros. Que tengamos que autoafirmarnos continuamente es muestra más que evidente. La verdad, cansa hasta el infinito y más allá el justificarse:

Sí, es verdad busco maromo porque mi ilusión en la vida es querer y ser querida y crear un microcosmos de igualdad y seguridad donde cada uno pueda desarrollarse como persona, en libertad y a salvo de prejuicios. Sí, es verdad, busco novio, busco intimidad, y sí, me gusta pintarme las uñas, comprarme avalorios, y muero de amor por un par de sandalias.

Pero oye, que leo a Kierkegaard y soy una persona inquieta y curiosa, ¡Ah! ¡E inteligente!

Y que vale, he leído los relatos eróticos de la revista Vale y he esperado cada dos semanas con ansias la Súper Pop, a la vez que me leía la biografía de Adolf Hitler y El Anticristo de Friederich Nietzsche.

 Ains, que me estoy liando. Bueno, si eso me hago un PhD en Biología Molecular e Ingeniería Metabolica que eso siempre da caché e intelectualidad y así me redimo por mis pecados.

¡Qué cansina es la autojustificación!

Y es que estoy un poco hasta el potorro de esas acciones violentas y que pasan por debajo del radar de violencia. O ni eso, que luego te matan y encima te dicen, será tonta, ¡si se veía venir! Y tú sacas espumarrajos por la boca y con ese aire condescendiente y paternalista, del que sabe y siente pena infinita por un ser tan poco evolucionado como tú, te mira y te dice:

¡No exageres! ¡Qué piel más fina!

La piel de tus huevos sí que es fina.

Y que no me voy a extender en obviedades porque entre ayer y hoy ya he derramado suficientes lágrimas, bilis y que siento que ya he realizado mi catarsis semanal. Y que el único recurso que nos queda es el humor. Eso o arrancarnos la piel a tiras y se me antoja doloroso.

Y que igual nada va a cambiar (asúmelo chiquilla, que la estadística no está muy a tu favor), pero que la resignación no cambió de momento nada en este mundo.

Lo que está claro es que la rabia tiene que ser dirigida de alguna manera porque de lo contrario daña a otras personas (y entonces, amigo habrás caído tan bajo como ellos) o a ti misma. Y hombre, ya que te arrojaron a este mundo, sin preguntarte ni nada, pues eso, ya que estás, da un poco de guerra.

Y entre la mitad del documental de Kurt Cobain y el entero de Amy Winehouse (que tendría que ver de nuevo, porque con ese inglés de los suburbios y subtítulos en alemán a veces me perdía detalles), mis conclusiones preliminares  y en constante evolución son:

  • La gente más sensible existe y especialmente los niños no aguantan bien situaciones estresantes: divorcios, infidelidades, mudanzas. Las injusticias hacia seres vivos (incluyendo a los humanos) las toleramos más bien regular. A estos niños a menudo se les trata como eso, niños animales con un intelecto de rata, cuando en realidad pillan las sutilezas humanas mejor que muchos adultos. A estos niños hay que hablarles con sencillez pero no como a estúpidos. Hacerles partícipes, dejar que se expresen. Sobre todo sus miedos, que son muchos y variados. Dejarle espacio, no criticar y reñir con tacto y con razones justificadas. Y sobre todo, cuando hay algún cambio importante en la vida familiar, tratarlo como un ser humano y hablar con él. ¿Habéis visto la película Del Revés? Id a verla. Es genial. Explica muy bien este fenómeno y que explica bien las emociones humans. Sólo que en niños como Kurt o Amy es una respuesta más intensa.

  • Si lo anterior no se da, uno tiende a aislarse y la sensación de alienación que se siente de la raza humana es brutal. Eso es súper peligroso, sobre todo en la adolescencia, cuando sientes y sabes que nadie entiende lo que tú sientes. Tus padres no lo entienden, tu entorno no lo entiende. En realidad sabes que muchas veces ni siquiera hacen el esfuerzo. Los padres se ven sobrepasados, sobre todo si son padres que piensan que educar es como crecer una planta: siembras la semilla, riegas de vez en cuando, ¡Y andando! Igualmente, y para los más comprometidos y responsables, e incluso para los ignorantes pero bien intencionados, admito que no es nada fácil. Hace falta mucha psicología y mano izquierda y por general suele faltar uno o lo otro.

  • Si esa frustración continúa y no encuentras la manera de mitigarla (por lo general sintiéndose parte de algo y sobre todo aceptado) se tiene el peligro de virar hacia la violencia o las drogas. Mala, mala, mala, combinación. Siempre hacia el deporte. Siempre. Y a partir de ahí hacia la expresión de tu ser. Música, activismo, qué sé yo. Pero deporte, mucho, deporte.

  • La gente no te entiende y eso es difícil de llevar. Entonces llega el maromo o maroma de turno, que tiene tantos o más problemas que tú y que como buena persona con problemas, te entiende perfectamente. ¡Por fin! Una persona sana no te entiende (lo que explicas es de ciencia ficción o de tarados mentales) y el insano te mata. ¡Ideal!

    Mi propuesta: mentores con tus rasgos que te enseñen a canalizar esa incomprensión. Nada fácil, porque no es un rasgo que se acepte en la sociedad y que por tanto está estigmatizado y escondido. Necesarios un par de amigos con tu sensibilidad para poder soltar tensión y las parejas lejos, lejos, mientras no logres ciertas técnicas eficientes de auto-regulación. Igual plantearse el desestimar la idea de la pareja en su totalidad, porque una necesidad tan visceral e intensa de querer pertenecer y ser querido por lo que uno es es una bomba de relojería y que incluso la persona más buena puede potencialmente utilizar en tu contra. Pero a los insanos y con problemas parecidos a los tuyos, de pareja NO.

  • Si te dedicas a profesiones expuestas al escrutinio público: haz tu trabajo, exprésate y elige con cuidado quien te representa. Elige, si puedes, a gente leal, gente que sobre todo mire por tu bienestar y no por su bienestar ($$$$$$)  y que van a ser tu escudo protector. Que se encarguen ellos de leer las críticas y filtrar lo que se dice por joder, por dañar gratuitamente. Es tentador responder uno mismo, pero la paz espiritual no se logra así. Que cada uno se pudra en su inmundicia mental sin salpicar. En este caso: ojos que no ven, corazón que no siente. Si no tienes el escudo protector ese mundo va a acabar contigo. No merece la pena.

  • Nadie (y todos) es culpable de un suicidio más que uno mismo. Cierto, en ambos casos hubo muchos responsables, pero en adultos la responsabilidad recae en uno mismo. La puta pena es que no tuvieran vínculos sanos que pudieran ser un ancla de ese barquito en medio de un temporal. Entre los responsables más directos, la familia, como siempre. No se puede uno desentender de los errores cometidos, porque los errores siempre vuelven a cobrarse lo suyo. Acerca de las parejas. ¿Qué esperáis de personas enfermas? Es como pedirle a un ciego que te aterrice un avión en una isla minúscula con niebla. No son malas personas, son enfermos (marido de Amy, mujer de Kurt-Cobain) y no se merecen, ni mucho menos, un linchamiento de tal calibre. Pero claro, una vez que el el público sediento de sangre, empieza a sentirse culpable por lo que han promovido, hay que liberarse de la culpa y cargarle el muerto a otro. Típico.

  • Huye, huye, lejos. O escóndete en la buhardilla y no te muevas. Que las SS están al acecho y hay mucho soplón hijoputa haciéndose el ciudadano respetable. Como te muestres, estás perdida. Vendrán a por ti y no quedarán de ti ni las migajas. Y la gente gritará, agitará los pañuelos y pedirá tu sangre.

  • Si eres mujer eres el comodín del público. Por zorra. Por mojigata. Por tonta. Por lista. Por dócil. Por rebelde. Por arreglarte. Por ser una marimacho. Por calienta braguetas. Por bollera. Por falta de ambición. Por zorra ambiciosa. Y un largo etcétera. Sí, amigas, una mujer te vale tanto para un roto como para un descosido. Así de polifacéticas somos.

Y de momento, aquí lo dejo.

Y os dejo con esta canción que por lo visto no todo el mundo pilló. Hamijos. No está hecha la miel…

Por cierto, desde hoy me declaro oficialmente Feminazi.

Feminazi

Aixxxx, qué liberación, oyes. Desde que con unos 6 años mi tío me pidió a mí, que me dirigiera a la cocina a acercarle algo, mientras miré estupefacta a mi alrededor y vi a seres masculinos más aptos geográficamente hablando para realizar dicho cometido y que amablemente le dijera “tirirí, por aquí se va a Madrid”, que estoy deseando salir del armario, subirme a unas plataformas y a una carroza y salir del puto armario.

 ¡Puto Disney! ¡Putos cuentos! ¡Creastéis una feminazi de la nada! ¡Arderéis en el infierno!

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Explorar el inframundo

Hoy es mi penúltimo día en Berlín. Ayer mis hormonas me dieron tregua y toda la tensión emocional se levantó de mí y el sol empezó a brillar. De repente los pajarillos cantaban y la naturaleza seguía su perfecto baile y yo lo observaba maravillada.

La naturaleza tiene el poder milagroso de calmarme inmediatamente. Cuando el mundo me abruma por su imperfección, no puedo dejar de maravillarme por la perfección intrínseca que exhibe majestuosa la naturaleza. Y lo hace sin esfuerzo, fluyendo. Aún me pregunto cuál es la razón por la que se haya seleccionado el ser conscientes de nosotros mismos. ¿Es acaso la inteligencia incompatible con la autoconsciencia? Todo tiene un precio, vale, pero me parece excesivo, sobre todo cuando sólo tienes exacerbada una parte.

Ayer tuve la inmensa suerte de nadar en uno de las decenas de lagos que rodean Berlín. Rodeada de agua, y árboles. Y algún que otro pato. Fui con mi antiguo grupo de natación aquí. Katja, que es mi angelito alemán (ella ni lo sabe) calma mis ganas asesinas hacia los alemanes. A mí nadar en aguas abiertas me da miedo, pero el placer casi místico que te proporciona estar viendo de tú a tú la naturaleza es indescripitble. Adoro nadar al aire libre. Aunque sea en piscina. Los reflejos del sol atravesando el agua, haciendo sombras de luz, viendo los fotones impactar el agua y multiplicarse como en un caleidoscopio es algo que me fascina. Y simplemente, por mucho que pasen los años, nunca tengo suficiente. Creo que empecé a nadar cuando mi “tiempo” de pasarme las horas muertas siendo pescaíto de niña se acabó. Con mi edad, alguien que se pasa buceando por la piscina, donde aparentemente no hay nada sería visto de raro. Muy raro. Así que, empecé a nadar. 1 km al principio, 3 km más adelante y luego 5 y hasta 9 en un día. En verano todos los días. No me cansa. Me carga la batería. La hora que más me gusta es la hora mágica en la que el sol se pone. Los rayos de sol se van haciendo más y más paralelos a la superficie del agua. El agua refulge como un espejo y parece que todo se para por unos instantes, como aguardando con la misma expectación que muchos esperamos a que un avión toque suelo al aterrizar. Unos segundos de guardar la respiración.

Ayer hice las paces con el mundo hasta la próxima vez. En aproximadamente 20 días.

Ayer, al regresar, tras la sesión de natación y sentirme los músculos de la espalda relajados, después de sesión de grill junto al fuego donde a veces o me enteraba ni jota de lo que decían y otras prefería no enterarme, me fui a casa con la bici. Una hora de trayecto. De noche. Por todos los barrios de marcha hipster de Berlín. Me di cuenta de algo. Son todos niños. Adolescentes.

¡Claro! Por eso aborrezco Berlín. No me apetece estar rodeada de adolescentes. Ya pasé por eso y lo odié a muerte mientras duró. No tengo ninguna intención de hacer un revival de gente haciéndose los guays. Con sus bicis fixies, con sus pelados modernitos, con su ropa ídem. Con su pseudo rebeldía y pensar fuera de la caja (toma anglicismo cutre), con sus tatuajes para demostrarle al mundo todo eso. Guauuuu, anonadada me dejáis chicos. Pero impresionada, lo que se dice impresionada, sólo me impresiona que no veáis lo ridículos que se os ve mostrando un envoltorio que no tiene lo que se promete en el interior. Ser rebelde, niñitos de mi corazón, no es una colección de verano del Berska, es una actitud. Es una forma de ser. Pero yo sé que en realidad eso no os importa. Os importa lo tan cool que se os vea y poner cara de ascazo máximo o de superioridad si oís a alguien que muere de gusto bailando el Waka-Waka de Shakira.

Soy una de esas personas. Sí, puedo dejar de darle a la cocorota y ponerme a bailar en un segundo. Los 90 y sus éxitos del verano son mi salvación. Es un kit-kat a mi intensidad diaria. Es mi momento mainstream y qué queréis que os diga. Me encanta. Porque, por si no lo sabéis, el mainstream es el bálsamo para el alma y eso lo sabéis de forma inconsciente porque no vais fuera del mainstream mentalmente hablando. Hacéis bien. Se vive mejor así.

A mí también me gustaría ser mainstream mental y hipster de apariencia. Pero, cosas de la vida, soy un desastre y tengo minimalismo a la hora de prestar atención a cosas externas a mí. De vez en cuando me empeño, pero oye, es que cansa un huevo.

Pero, pensando mientras me hacía una comida rica experimental rollo “no voy a tirar comida y me voy mañana, qué puedo hacer con todos los ingredientes que tengo? To a la saca”, me he dicho, chica, intentas encajar en un agujero redondo cuando eres cuadrada. No puedes, simplemente no puedes.

Mírate, tienes cierta fascinación por las asimetrías. Cuántas camisetas asimétricas no te habrás comprado en el pasado. Todos somos asimétricos. Claros y oscuros. Fuertes y vulnerables.

Qué ganas tengo de raparme la mitad de la cabeza y teñírmela qué se yo, de morado, mi color favorito y ponerme un pendiente destroyer. Y dejar la otra mitad con mi melena brunette, igual con reflejos y con un pendiente así muy flamenco, muy andaluz. Muy femenino. Me chifla. Lo quiero. Lo quiero ya. Berlín es el único sitio que conozco en el que el trabajo y mi aspecto no sería un handicap. A estos locos hipsters les volvería locos. Incluso en bancos he visto a tatuados. Aquí tengo el sitio perfecto para mostrar mi rarunez y que no llame nada la atención. Llamar la atención es súper molesto. Lo he evitado toda mi vida como la peste. Ahí sí que he estado viva. Intelegencia innata. Puro instinto.

Quiero viajar al inframundo y encontrarme con los out-casts de esta sociedad. Con los repudiados, con los vejados, con los violentados, con los que no son entendidos. Quiero ir a casa. Donde pertenezco. No quiero intentar encajar más en un mundo que no me entiende. Quiero ir a donde pertenezco.

No estoy sola. Eso lo sé. Escuchando a Amy Winehouse, a Smashing Pumpkins y a un sinfín de artistas, sé que no estoy sola. Pero también sé que es adentrarse en un mundo de zombies. Zombies porque nadie los entiende. Y entiendo su frustración tan, tan bien. Es tan fácil. ¿No os dáis cuenta? ¿Cómo carajo no os dáis cuenta? ¿No tenéis ojos?

Sabéis, hay personas que somos intensas. Muy intensas. He visto algunos elementos comunes en todas ellas y que hace que nos reconozcamos al segundo de vernos. Aunque no sea en persona. La mirada. Esa sed de vida. Esa sed de conexión. Somos niños mayores. Cuando eramos niños eramos la delicia de los mayores, porque cumplíamos las expectativas a la perfección. Eramos cariñosos, graciosos y os recordábamos que la vida es fantástica. Es pura magia. Raw energy.

Luego nos hacemos mayores y ahí empiezan los problemas. Ya no resultamos tan graciosos, tan monos. Nosotros seguimos siendo iguales, pero ahora resultamos molestos. Hazte cargo de tu vida, madura, bla, bla, bla. No entendéis nada y es sorprendiente porque es bien fácil. La inautenticidad nos enferma. Nos mata. No nos cuidáis. Es bien fácil. No hacen falta teorías complicadas, ni expertos en nada. Todos lo llevamos de serie, así que no me vengas con que no sabes de qué te hablo. No hay que ser inteligente, no hay que hacer nada. Liebe. Love. Sí, suena cursi, pero qué es la Vida sino. La vida es energía fluyendo de forma desinteresada. Sin razones. Fluye porque sí. Porque no puede hacer otra cosa. No hay energía más potente que esa. Así que, no te confundas. No necesitamos fruslerías, no necesitamos que nos entiendas. Simplemente ansiamos poder ser. Tan simple. Tan complicado. Un abrazo sin razones. ¿Por qué hay que tener una razón para eso?

Y por eso hoy me dirijo a vosotros. No podemos madurar, porque nacimos maduros. No es falta de madurez lo que tenemos. Es una sensibilidad exacerbada. Somos esponjas. La alegría y la pena pasan sin filtros a través de cada una de nuestras células con un impulso eléctrico. Nos atraviesa. No sabéis lo que es porque no tenéis el hardware. El vuestro también mola, sólo que no sirve para lo mismo que para el nuestro. Así que no nos pidas que hagamos lo que vosotros. No podemos. No es una falta de voluntad. Creéme, muchos de nosotros, intentando cumplir vuestras expectativas para haceros la vida menos turbadora por no poder entender, hemos perdido la salud. Algunos hasta la vida. Qué desperdicio, amigos. Porque no sabéis que nosotros, somos vuestros salvadores. Tenemos la capacidad de salvar vuestra alma cuando os sentís sin salida. Cuando la vida os embiste sin piedad. Ahí estamos nosotros para recordarte que la vida es un milagro y que haremos todo lo posible para que seas capaz de verlo y sonrías de nuevo.

Es nuestro don. Y nuestra maldición. Tenemos la capacidad de emocionaros, de animaros, de haceros la vida un pelín mejor. De entender vuestros sentimientos, de haceros sentir menos solos cuando sientes que nadie te entiende. De haceros replantear las cosas que no han cruzado antes tu mente. Cuánto vale un don así. Depende de lo que para ti sea importante. Si las cosas te van bien, igual no le das mucho valor. Quizás nada. Ahora, si en algún momento lo necesitas igual para entonces es demasiado tarde, porque no fuiste capaz de pagar el precio más que asequible en su momento. Te entendemos, pero tú no nos entiendes. Y está bien, está bien, en serio.

Pero como todo en la Vida, todo necesita de ciertas condiciones para florecer. El mundo vegetal tiene ejemplos alucinantes en este aspecto. Plantas que florecen una vez en su vida tras años y años,  otras que sólo lo hacen de noche. ¿Es qué acaso no vamos a aprender del mundo al que pertenecemos?

Y tanta divagación espontánea, para decir que creo que ya sé lo que me ha estado intentando decir esta perra ciudad. Chica, dónde sino, dónde sino. Explora. Es seguro aquí. Lo sabes. Entre una película zombie, el tullido no llama la atención. Aprovechate que no hay muchas oportunidades así.

Y hasta que ese momento llegue, si llega, mi protocolo de minimalismo extremo tiene que ser lo suficientemente evolucionado y efectivo para proprocionarme la calma sensorial que tan bien me hace. Mi refugio espiritual. Mi cueva en medio del bullicio. Se aceptan sugerencias y personas sugerentes.

Gracias.

Y ahora, con o sin vuestro permiso me voy a cabalgar las calles y parques de Berlín en mi Rocinante de dos ruedas. A tomarme un Latte Machiatto que no me dejará dormir hasta exactamente las 04:30 de la mañana (porque es de día), pero que en el que disfrutaré como un cochino jabalí de la perfección hecha espuma de leche que prepara el chico de la cara triste de mi biblioteca preferida. Actuaré por última vez en esta etapa como Guardiana de Almas y Talentos, como espía del Amor. Y cuando me haya despedido de una parte de la ciudad a la que mañana no volveré, entonces, y si el tiempo acompaña, me iré a ver al documental de una compañera de fatigas. Amy. I get you. You are not alone. You just had very bad luck and awful guides, whose greed and ego were higher than your well-being. Sad. You did it so well. The world just didn’t live up to you. They couldn’t either. You deserved so much better.

La solución final: ¿Antidepresivos?

Que esta semana no lo estoy pasando muy bien que digamos no es ningún misterio. Premenstrual perdida, en una ciudad plagada de fantasmas, bastante hijoputas la mayoría de ellos. Y mejor no empiezo con los vivos.

Hay razones y no hay razones. A veces simplemente vivir me supera. Me supera ver la gente con esa cara de mala leche impertérrita, chasqueando los labios porque el que tienen delante no va al paso o en el sitio que a ellos les gustaría. Me supera la superioridad moral de gran parte de los seres humanos, cuando muchos de ellos no valen ni medio cuarto de céntimo. Dando lecciones de no se sabe muy bien qué y que habla más de sus miserias que de otra cosa. Si al menos lo hicieran bajándose de ese pedestal en el que se suben. Si se rebozaran en el barro se les iba no menos del 80% de las certezas absolutas. Los blogueros famosillos en eso son lo peor. Me hace gracia observar como la gente da consejos desde su limitada perspectiva de la realidad. Como si fuera una verdad absoluta, inalienable. Una ley de la gravedad aplicada a las tonterías humanas. Menuda prepotencia.

this is also true
Simplificación de la realidad

Pero bien, digamos que mi parte empática, en contra de mi voluntad, se enciende más a menudo de lo que quisiera y entonces en lugar de cabrearme como una mona, me digo, están sufriendo, weisst du? Ellos, bendita ignorancia, igual no lo saben, pero la vida no es fácil para nadie y el ego aprovecha cualquier resquicio para engordar y así mantener la integridad intacta. Es pura superviviencia, no te lo tomes como algo personal.

Y eso me calma. Todos estamos en esta lucha llamada vida y según nuestro avatar la lucha la afrontamos de una u otra forma. Todas ellas lícitas desde el punto de vista biológico.

Lo malo de todo esto es cuando tu estrategia de supervivencia pasa por enterarte de todas y cada una de las sutilezas que al resto de la gente o se le escapa o simplemente ignoran por comodidad (eso me lo parece a mí, claro, no significa que sea real).

Pasear por Berlín es tener de frente, de forma dolorosamente visible, que los humanos somos capaces de lo peor. Y de lo mejor. Pero lo peor acojona más porque no sabes ni cuándo ni de qué forma se va a materializar. Y que no es un gen que tienen unos u otros. Ni nacionalidades, ni sexo, ni religiones, ni pepinillos en vinagre.

  Recuerdo en mis clases de Filosofía, en el insituto, el eterno dilema: ¿Es el hombre malo por naturaleza? ¿Lo contrario? Y cada uno exponía su teoría y a mí me convencían las dos. Porque, y eso es lo que más me turba, todos tenemos a un pequeño gran hijoputa dentro. Todos somos Hitler. Lo que pasa es que a la mayoría no nos gusta admitirlo. Es siempre mejor pensar que otros son los hijoputas que ser parte del problema. Ya me diréis qué poder hubiera tenido el loco de Hitler sin una horda de gente que aplaudiera sus espumarrajos de discursos.

Así que Rosseau, Hobbes mucho darle al coco, pero pa qué. Pa cagarla. Ni bueno, ni malo, ni todo lo contrario. Primero que en la naturaleza bueno y malo es un absurdo. Eso sólo lo pensamos los humanos. Es una gilipollez grande en realidad, aunque dado que somos unos cuantos millones de almas, no viene mal hacer ciertas reglas aceptables. Pero, a lo que iba, el potencial para lo peor y lo mejor lo tenemos dentro de nosotros y sólo depende de las circunstancias, que uno se dé o no. Epigenética social vs genética tradicional. Obsoleta ella.  Muchos creen, erróneamente, que Hitler fue un monstruo. No era un monstruo. Era un ser humano que dio la casualidad que tenía una dialéctica que resonaba con la parte hijoputa que todos llevamos dentro en una época de crisis. Se hubieran dado otras circunstancias y sabe Dios lo que significaría ahora este apellido. Hitler a la altura de Ghandi. Hitler muerto de hambre intentando vender sus obras de arte por las calles de Viena. Eso no lo sabemos.

Pensar y salirse de lo conocido no es fácil. Por eso existen normas sociales y religiones. Para evitar que la gente piense. Un ABC de cómo vivir tu vida sin partirte las neuronas. Un vive tu vida en 10 sencillos pasos.

Y toda esta divagación para contar de que estoy cabreada, triste y que le daría con un calcetín usado a cualquiera que se me ponga delante ahora. Vivir me supera. La superficialidad me supera. La ignorancia me supera. La estupidez me supera. La mía también, no os creáis. Porque si fuera más inteligente, yo esto lo tendría superado. Bah, tontunadas, de qué me voy a comer la cabeza. Y lo que me supera es que a pesar de mis esfuerzos titánicos por desensibilizarme a eso y hacerme la rubia (mi gran meta en la vida) para así conseguir vivir con un poco más de dignidad en lugar de arrastrarme como una sabandija, pues que no lo logre.

Y no lo logro y me cabrea. Si soy yo quien lo logra y el resto viven felices inundados de un planeta hasta las trancas de mierda (física y figurada), el problema debe ser mío. Aunque lo cierto es que tampoco me tranquiliza. Porque si normal es ser así, casi me quedo como subnormal.

 Hace no mucho, antes de venir, una buena amiga mía, la mejor, me sugirió la posibilidad de tomar antidepresivos. En ese momento me pilló de sorpresa y actué como lo hago normalmente. Considerando la opción, viendo lo que aún podía hacerse sin llegar a esa opción y dando las gracias por pensar en mí.

  De eso hace un mes, día arriba, día abajo. Y lo cierto es que la idea ha ido creciendo en mí. Igual, me planteo, mi cerebro está tan seco ya de algunas sustancias, de tantos años de sufrimiento que por muchas soluciones naturales (y lentas) que intente, o le meto un chute de drogaína güena, o eso va a tardar años. O simplemente no va a ocurrir nunca.

Entonces ayer me animé y escribí a mi psicóloga: Oye, que me gustaría considerar todas las opciones, que no se diga que no lo intento todo y que conociéndome, qué opinas tú.

Me contesta esta mañana y me dice que lo podemos mirar y que antes de ir a una consulta de un psiquiatra me haga una lista de los síntomas que quiero eliminar o mejorar. Vaya, interesante, una especie de menú de la felicidad. Sobre todo por si el psiquiatra no tiene mucho tiempo para verte, me advierte.

¿Cómo?

La consulta del psiquiatra no cuesta menos de 70 € la hora y más le vale que se tome la molesta de escucharme. Me lo imagino:

Lokero: ¿Qué quieres?

Yo: Verá, bla bla bla…

Lokero: Al grano que no tengo todo el día. ¿Tus pastis cómo van a ser? ¿Distorsión de la realidad? ¿Entumecimiento de los sentidos? ¿Sensación de felicidad atontunada?

Yo: A ver, yo lo que quiero es no sentir que el mundo me sobrepasa, no sentir que la gente pasa del culo de los demás, no sentir que a nadie le importa el destino de los más desfavorecidos, de la naturaleza. La frustración la llevo bastante bien, se podría decir que soy profesional, pero lo anterior, lo anterior me mata. Por otro lado, me gustaría saber efectos secundarios. Los antidepresivos intentan sólo mimetizar sustancias inherentes que funcionan en el cerebro, pero no lo consiguen al 100%. Luego, esas pastis ¿quién las detoxifica? Mi hígado ya hace horas extras con la montaña de inmundicia que nos rodea….por otro lado…

Lokero: te queda medio minuto…

Yo: por otro lado, ¿no sería acaso su obligación descartar otro tipo de dolencias que afecten a los niveles normales de neurotransmisores que me quiere recetar? No debería comprobar primero que esos niveles están efectivamente bajos? ¿no intentaría buscar si hay alguna mutación genética que lo explique (la explicación simplista), o bien ver si no hay intolerancias alimentarias, intoxicación de bajo impacto a corto plazo pero que afecta al humor y a la salud en el largo? ¿Es que acaso hay una pastilla que haga que el mundo sea un mejor lugar y que la porquería no huela a mierda? ¿No hace el éxtasis y otro tipo de drogas eso mismo?

Lokero: Tu problema es que piensas demasiado…

Yo: No voy a decir lo que quiero decir porque estamos en horario infantil. Pero si no fuera así, te diría que me vas a comer to lo negro (mi parte choni de extrarradio).

Si me pagaran medio céntimo de euro cada vez que he oído eso sería la persona más rica no de este mundo, sino del universo entero.

Y lo cierto es que me lo estoy planteando. Y me jode. Me jode mucho. Me jode horrores. Rollo destroyer, mecagontó, rompo-el-palo-de-la-fregona-que-los-alemanes-no-tienen-porque-es-demasiado-moderno-y-progresista-para-ellos-mejor-nos-agachamos-a-fregar-como-en-el-siglo-XIX.

Pero igual, y hay que considerar todas las opciones, la equivocada sea yo. No haya razón para la indignación, ni para la tristeza y todo sea chachi guay. Como posibilidad la considero, per una cosa es cierta: en días como estos, me siento que no formo parte de la especie humana. Luego están los jipis científicos gastándose la pasta para buscar vida extraterrestre y no ven, los jodíos porculos, que la vida extraterrestre está aquí. Soy un puto alien y mi idioma no lo entiende ni el tato. Os ahorráis el dinero y me dais una parte a mí. Grasias de hantebraso.

De todas las habilidades que me fueron dadas, a mí me dieron la que no quería nadie. Y no, no pienso demasiado. Pienso lo justo para sobrevivir, como el resto de mortales. El problema, mon ami, es que siento demasiado. Y sentir demasiado es una puta mierda. Y la única forma que conozco de apagar los sentidos es emborracharme como una cuba. Entonces me siento conectada con el mundo, soy happy happy y a todos caigo bien. Mi hígado no piensa lo mismo. Y las bebidas alcohólicas no me gustan. ¡JA!

Berlín y sus fantasmas- Día 1

  Es una pena que no haya tenido energía hasta ahora para escribir porque la verdad, los 4 días que llevo en Berlín han dado mucho de sí y creo que ahora, con mi adormecido cerebro, no voy a ser capaz de sacarle tanto jugo.

El vuelo

El lunes estaba yo preparada para coger el avión que haría parte de la ruta del avión siniestrado no hace mucho. Volar no me gusta, soy un ser primario y no creo que a ningún animal le parezca relajante ponerse dentro de un tubo metálico a miles de metros del suelo.

Observaba a la gente en la cola antes de subir al avión. Vi representados a casi toda la fauna de Berlín, los hipsters modernos con estilismos imposibles, todo para diferenciarse del resto y resultando ser todos clones, los canis con peor alemán que el mío, y una mezcla de Ossies (del Este, con connotación negativa) y gente medio normal. Te reconozco a un Ossie a la legua. La verdad es que ya tengo curiosidad por saber dónde consiguen esos cortes de pelo y ropa. Su actitud ante la vida, creo que sé de dónde les viene.

Los miraba a todos ellos y pensaba, fíjate, qué poquita cosa somos los humanos. En comparación con un elefante, con una ballena, con un dinosaurio, somos apenas unas cuántas células juntas. Con esa cosa encima, que nos hace los seres con mayor capacidad de aprendizaje de la historia. El cerebro. Ese gran desconocido. Esa cosa pequeña, que puede ser afectada por cosas tan sencillas como los niveles de cortisol, las horas de luz, la cantidad y calidad del sueño, la comida que nos metemos entre pecho y espalda. Me pregunto cuántos de estos cerebros que esperan a ser llevados a Berlín, estarán sanos. Cuántos tendrán problemas, estarán atascados y quizás a punto del toque de gracia final que les lleve al desastre.

El vuelo fue bien. No se movió lo más mínimo. Suerte, porque no sé yo si mi cuerpo hubiera aguantado una situación de “lucha y huída” cuando llevo tantos meses regulando esa respuesta para que no salte a la mínima. Pensé que de algo hay que morir, y que si es ahí arriba, en fin, no es mi top 5 de muertes favoritas, pero al fin y al cabo, tampoco lo podía elegir en ese momento y me quedaba confiar en las capacidades de los que estaban al mando, así como de ingenieros (menos los de Berlín) y en las leyes de la física que pareciera que estaban desafiando.

La llegada

Berlín me dio la bienvenida como sabe que me gusta. Con rayos, truenos y centellas. Pasé de Berlín. Tú no me gustas, yo no te gusto a ti, vamos a mantenernos alejados y a ignorarnos mutuamente. Empecé a ver cambios en la ciudad. Un Mc Donalds en la estación de Ostkreuz. Coño. Los comunistas hubieran estado saltando de alegría. Me imagino al ejército haciendo gala de poderío, marchando por la Karl-Max Allee, todo serios y de repente, ostias, un McDo, ¿nos hacemos una McCheese? Y todos ahí como locos corriendo y yendo a pedir su McCheese de 1 €.

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Karl-Marx Allee: lo que la gente ve

Odio la Karl-Max Allee, sobre todo yendo en bici, y odio la estética comunista. Al arquitecto habría que haberlo matado a pellizcos. Como persona romántica e idealista sin remedio, me gusta mucho la ideología comunista, no en vano es ideología para las personas, la ideología de la abundancia y eso está bien, sólo que es tan utópica que los simples mortales, llenos de prejuicios somos incapaces de llevar a cabo. Además, es que el mundo a menudo no suele ser ideal. El que todo mandatario comunista haya sido un hijoputa y que haya obligado a la gente a creer en su versión de la Biblia, digo del comunismo, es razón más que suficiente para odiarlos a todos. El gran problema del mundo, la falta de comprensión lectora. Con lo opuesto no me voy a poner ahora, que sólo tengo un blog. 😛

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Karl-Marx Allee, lo que yo veo.

Otra de las sorpresas que me esperaba es ver el comercio en el que estuve trabajando vacío, decrépito y con tan sólo la pizarra con el menú bajo la ventana. Fue de lo primero que vi, y aunque ya sabía que iba a estar así, me dió mucha pena. Posiblemente, la entrada del “Mindestenslohn” o salario mínimo a principios de año, fue lo que desencadenó el cierre. Me sorprendió saber, en su día, que el dueño, a pesar de trabajar 10 horas diarias, ¡Cada día! (y cansa un huevo, yo con la mitad de horas, 3-4 días a la semana acababa muerta), necesitaba ayuda del gobierno para salir adelante. Otra opción hubiera sido trabajar 13 horas diarias y ahorrarse a los trabajadores en semi-negro. Un salario mínimo es una buena cosa, desde luego, pero, ¿a quién beneficia realmente? No a los pequeños comerciantes, está claro.

Fui a recoger mi bici prestada, que me esperaba en la calle y delante de la casa acordada. Me molan mucho todas las iniciativas que promuevan el compartir recursos. En este caso, en Berlín, cuando yo llegué en Julio de 2012, había un jipi irlandés, farmacéutico si no recuerdo mal, que puso en marcha esta iniciativa. Empezó poniendo él unas pocas bicis a disposición de quien las quisiera, y tú simplemente tenías que ver disponibilidad en un calendario, pedir qué bici querías y cuándo, y él te la dejaba atada fuera del sitio acordado. El candado se abre con un código, que él te daba. Al chico lo vi un par de veces más en alguna quedada de Couchsurfing, pero básicamente no supe más de él. Y me alegró ver que su proyecto iba creciendo y que más jipis se están uniendo a él.

Así que, no hacía ni una hora que había bajado del avión, y ya me podía mover por la ciudad en mi medio favorito: la bici!

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Mujer yendo en bici a lo largo del Muro de Berlín. Fotografía: John Macdougall/AFP/Getty Images

Fui directamente a la biblioteca a trabajar. Sí, exacto.

  Es mi biblioteca favorita, de las que conozco en Berlín y me costó mucho encontrar ese sitio de paz espiritual que tanto bien me hace. Es la más sencilla arquitectónicamente hablando, nada pretenciosa, pero sin duda la más cómoda y funcional. Luego están las bibliotecas búnker o las bibliotecas universitarias, donde lo único que te falta es pasar por un detector de metales y donde hay que dejar todas tus mochilas y avíos en una taquilla. Sí o sí. Y claro, vaciar una mochila hasta los topes y llevar todo eso con las manos, muy fácil no es. Me repatea cuando hay normas absurdas y que lo único que hacen es complicarte la vida. En eso los alemanes son los reyes indiscutibles.

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                       Stadtbibliothek: En Breite Str. Cerca de Alexanderplatz y de la Catedral.

 

Las primeras emociones

Estuve trabajando ahí, hasta que llegó la hora de dirigirme a mi nueva y provisional morada, en una ciudad nueva para mí (sólo había estado de visita): Berlín Oeste.

Pero antes, cuando salía de la biblioteca, me decía que qué perra es la vida, yo a apenas a 200 metros de la casa del que fue sin lugar a dudas mi mejor amigo en Berlín. La primera persona que no se aburre mortalmente con mis idas de olla, con mis ganas de divagar acerca de varios temas y que además, por algún defecto incomprensible, me da cancha. Con pocas personas me ha pasado el poder hablar horas, horas y horas, paseando muertos de frío en la calle y no notarlo. Que las horas pasen apenas como segundos. La verdad, esto ha sido algo nuevo para mí. Si acaso lo he vivido en ráfagas fugaces, pero no como algo mantenido en el tiempo.

La verdad, es que yo de Amor sé bastante poco, y cada vez menos, y puesto que no sentía esas mariposillas en el estómago y tan sólo un profundo aprecio hacia esa persona, y un tranquilizente y sosegado bienestar, no sé si lo que sentí con él fue Amor o Amistad. Debía ser lo segundo, porque de lo contrario, no me entra en la cabeza que dos personas que se lo pasan bien, que hacen el mismo tipo de cosas (casi) no puedan tener una relación de pareja por cosas tan banales como una diferencia de edad y unos estándares estéticos que no son los soñados. Esto me ha tenido pensando varios meses, incluso en sueños, y todavía no he llegado a una conclusión.

Si el Amor no consiste en roles de poder, en pasarlo mal, en dependencias emocionales, en chutes de neuroquímicos en el cerebro que te desestabilizan el raciocinio y te convierten en un estúpido temporal, pero el estar a gusto con una persona, tener las mismas metas vitales, pero no sentir ese desequilibrio mental, tampoco lo es, entonces, me rindo. No sé lo que se supone que se necesita para tener una relación de pareja saludable, libre y duradera.

Espero que ello no pase por dejar de ser quién soy, por dejar de ser incómoda, ese grano en el culo en los esquemas mentales de mucha gente, o por tener que convertirme en una mujer solícita, mansa y que no te hace pensar o que no desafía tus certezas absolutas. No, eso no lo quieres ni tú, ni yo, y  aunque te joda, porque eso implica complicarte un poco más la vida, como si ésta fuera fácil, bien que lo sabes. Yo lo sé, y tú lo sabes. Pero bien, imagino que los hombres estáis programados para ir a por la más tiernecita y jugosa y que ya tenéis a los hombres, que son los que razonan de forma cartesiana y dejando eso tan incómodo (emociones creo le llaman) de lado. No en vano, ninguno de tus musos intelectuales han dejado en buen lugar a las mujeres. Simplemente aparecen como un decorado que pasaba por ahí.

A ver, aunque lo parezca, y quizás lo sea, no es un reproche. Yo tampoco he tenido nunca claro mis sentimientos hacia ti. Como tú comprenderás una persona que ni siquiera sabe cuándo necesita descansar o tomar agua, mucho menos podrá saber este tipo de cosas. Una persona que se ha pasado media vida de espaldas a sus necesidades y a sus emociones, mimetizándose con lo que era lo más aceptado en un momento dado, difícilmente tendrá las agallas de decir: pues sí, oye, me encantas, yo te encanto, los dos lo sabemos, pero los dos somos unos putos cobardes. Así que bueno, por lo que a mí respecta, todo está en proceso de ser olvidado. Comprendo que tus actos han sido reflejo de tu cerebro masculino, y los míos de mi cerebro femenino puestos bajo la presión de un “total war”. Y que sin tener un diccionario, en ocasiones ha sido difícil, a pesar de la maña que tenemos los dos para los idiomas. En cualquier caso, te doy las gracias porque gracias a ti, ¡quién me lo hubiera dicho!, me di cuenta de que soy más sensible de lo que siempre me han dicho que está bien ser, y que es gracias a tu sensibilidad innata y a tu gracia llevándola lo que me ha abierto los ojos. Si tú siendo hombre no te avergüenzas, no veo que yo tenga que hacerlo. Gracias por eso.

El lunes, cuando salía de la biblio, me hubiera encantado que las circunstancias hubieran sido diferentes, me hubiera chiflado poder hablar contigo acerca de la situación en Grecia y en tantos otros sitios, de tu Mutti, y en general me hubiera gustado oir que estás bien, que tu Tesis la tienes casi empaquetada, o incluso ya entregada y que la vida en Berlín te sigue pareciendo tan interesante intelectualmente como siempre. Me hubiera chiflado hacerte la coña de que eres ruso y que si tú eres mediterráneo, entonces los alemanes que veranean en Mallorca también lo son. Me imagino tu cara y me parto sola. Me hubiera encantado ir a tomar un café y tumbarnos en Monbijou Park, mientras nos echamos unas miradas cómplices cada vez que vemos a un hipster dando la nota.

  Lo cierto es que esta ciudad me recuerda a ti. Quizás para ti no sea como para mí, no en vano, tú tienes tu trabajo, tu vida y tus amigos aquí, pero para mí, no hay casi ningún rincón de esta ciudad en las que no tenga recuerdos contigo. No he sido consciente de esto hasta estos últimos días. Hemos sido exploradores de esta ciudad, observadores de tendencia, filósofos y activistas de sillón y lo único que no hemos sido es ser sinceros el uno con el otro.

 

Espero que estés feliz, y que, como querías, hayas podido follar con tantas tías como tu cerebro de tío te pedía. Esto no te va a proporcionar lo que tú piensas que necesitas. Tú aún no lo sabes de forma consciente, pero tienes que experimentarlo primero para darte cuenta. O quizás sí, quién sabe. El caso es que hay una parte primaria ahí y sin duda hay que hacerle caso. Entiendo que necesites hacerlo y espero que te lo pases tan bien como pinta. Por mi parte, bueno, me jode, no te voy a decir que no, aún me acuerdo de ese sueño en que te vía follando con una tía en un parque de Berlín con ella sentada i a horcajadas sobre ti. Mecagontó, que mal lo he pasado. Por otro lado, mirando el lado práctico, eso me da a mí libertad absoluta de ir picoteando de flor en flor, a mí manera, de forma totalmente platónica, sin sentirme culpable por no pensar en ti. Lo cual me hace pensar, que quién dijo que la monogamia-poligamia es cuestión de sexo (la ciencia además, me da la razón. I fucking love science btw, aunque ya sé que tú no acabas de creer mucho en las pulsiones naturales).

 

Mi nueva realidad

Con estas reflexiones, me despedí de mis fantasmas del este, que salían por cada esquina y me dirijí al Oeste, ese gran desconocido. Otra ciudad, otra realidad, otro mundo. Y de repente, sentí la ligereza de estar en un sitio que me gusta, que se alinea con mis valores y en el que no tengo que estar continuamente tensa.

Amigos, parece que he encontrado mi barrio en Berlín y no es casuaidad que “Bonito” forme parte de su nombre.

Continuará….

Una semana sin internet: la energía ni se crea, ni de destruye.

Tan sólo se transforma.

Ayer a las 6 de la tarde acabó mi semana sin internet (casi) y voy a describir un poco lo que he aprendido. Reconozco que me da un poco de reparo hacerlo porque no sé por dónde va a ir esto.

Pero empecemos por el principio. En la entrada anterior os describí el por qué quería probar a estar una semana sin internet, así como las pautas que iba a seguir. También dije cómo iba a incluir la televisión, aunque he de reconocer que este punto no lo seguí: “si es sin internet, es sin internet”.

Resultado:

He estado conectada a internet un total de 2 horas y media, durante toda la semana. Media hora más que las dos horas que me propuse. Hasta el miércoles por la tarde no me conecté y casi me caigo de culo al ver la cantidad de e-mails de mi bandeja de entrada. El miércoles gasté 2 horas y la otra media se repartió en breves recaídas con el móvil en los dos días sucesivos.

En cuanto a la televisión, he dedicado aproximadamente entre 45 minutos y hora y media al día (para ver una película en la tele-ordenador), coincidiendo con la hora de comer (ahora mismo vivo con mis padres, de ahí el “recuperar” el tener tele).

Lo que he descubierto, de forma general:

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Reaprendiendo a jugar: Mi historia II

Es evidente que lo que contaba en la entrada anterior no es causa única para que uno llegue a un punto de insatisfacción vital en el que incluso la salud se ve afectada. Hacen falta varios factores: características personales, circunstancias, decisiones, etc.

Si bien es cierto que cuanto más sepas las causas que te han llevado al punto en el que estás, mejor vas a entender lo que tienes que hacer para salir e irás más a tiro hecho. Pero tener todo atado y reatado no es condición indispensable para empezar a hacer algo. De hecho si esperas a que se den las condiciones ideales, no vas a empezar nunca.

Mi experiencia hasta ahora es que cuando empiezas a moverte, te llega nueva información que completa lo que ya sabes y eso te lleva a tomar nuevas decisiones acertadas. O al menos a saber por dónde no. Esto es un gran experimento y tienes que estar dispuesto a cagarla.  Además, si la situación en la que te encuentras es un círculo, poco importa por dónde lo rompas. Mientras sientas sincero contigo mismo, todo ayuda.

Entonces, si conocer todas las causas no es condición indispensable, ¿Qué lo es? Bajo mi humilde punto de vista, es ser consciente de todo aquello en nuestra vida que nos provoca rechazo y/o malestar y que sabes que no es como debiera ser. Mirarlo cara a cara puede ser bastante desagradable, más que nada porque nos pone al descubierto una realidad incómoda: que seguramente somos los mayores responsables de nuestra desgracia. Bien por omisión o por hacer lo que no debimos.

La buena noticia es que si somos responsables de nuestras desgracias, también lo somos de poder cambiar eso. Y es que cuando hablo de cambiar, no digo cambiar lo que somos, sino de aceptar lo que somos y cambiar lo que está en nuestras manos cambiar.  Y ahí no hablo de otras cosas sobre las que realmente no tenemos control. Hay mucha gente que se escuda en crisis y en excusas miles para no mover un dedo, cuando realmente antes de verse afectados por estas causas externas, tienen una buena fuente de causas internas que les provocan zancadillas en su propia vida. Y que para echarse a andar tan sólo hay que dar pasos, aunque sean pequeños.

Y como lo único que podemos controlar es aquello sobre lo que tenemos poder y eso es nuestra salud (tanto mental, como física, que por otro lado no van separadas), es nuestra responsabilidad procurarnos ese bienestar. Primero va lo primero, y luego habiendo hecho los deberes, ya llegará el momento de enfrentarse a otras cosas.

 Cuando uno se encuentra en una madeja de difícil solución y ni siquiera sabe cómo ha llegado aquí o cómo va a salir, viene bien alejarse un poco del problema y tomar perspectiva. Eso en parte es lo que estoy haciendo.

Para ello me hice mi propio croquis para que mi monillo no tuviera que pensar mucho. La podéis ver aquí.

En dicho esquema hago una separación de diferentes factores que afectan de forma directa nuestra salud y analicé en qué punto estaba yo.

A saber:

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Estrés y obesidad: ¿Quieres adelgazar? ¡No hagas dieta!

Hace un tiempo, por casualidad llegué a un libro de esos a los que una de mis tías le gusta leer y regalar. La destinataria del libro era mi madre y el libro estaba abandonado desde hacía años, sin que nadie le echara cuenta. El pobre libro había pasado, como muchos otros, sin pena ni gloria.

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Si vives estresado (máxime si tienes algo de sobrepeso) lee este libro YA.

Un día, iba de visita y lo vi. Le eché un vistazo. Me interesa mucho la nutrición y aunque luego, por dejadez, no sigo prácticamente ninguno de los consejos, que son los de siempre, en esta ocasión despertó poderosamente mi atención.

Mis reacciones fueron las siguientes:

– Esta tía sabe de lo que habla.

– ¡Lo sabía! Yo no estoy gorda, ¡yo estoy estresada! ¡Toma, toma, toma! (tengo la intución de que mi cuerpo es más bien rollo corredora Etiope, pero tengo tendencia a engordar por el centro, eso es asín).

– El aspartamo (en Coca-Cola light, etc, etc) al metabolizarse en el hígado da lugar a metanol y formaldehído. ¡Formaldehído! Grité. Coño, ¡¡¡si es súper tóxico!!! (lo usamos en el laboratorio para purificar RNA).

Mi reacción a ese libro fue dejar la Coca-Cola ipso-facto. Jamás me ha gustado la Coca-Cola. De pequeña recuerdo que me salían las burbujas por la nariz y me resultaba muy desagradable (como cuando te entra agua por la nariz en la piscina). Luego, empecé a tomarla como droga para mantenerme despierta y poder estudiar durante la carrera. El café se me estaba quedando corto. En época de exámenes llegué a beber 2 litros al día (en apenas unas horas). Seguía teniendo sueño y dormía, pero parecía Pocholo hasta las trancas de anfetaminas. Al enterarme de lo que os he contado, la dejé de forma radical. De un día para otro. Sin mirar atrás. Me tomaría un par de ellas en el próximo año (comprobado: ¡la Coca-Cola engancha! El azúcar provoca adicción, que lo sepáis), pero ya la veía como veneno puro. Ahora puedo tomar alguna de vez en cuando, pero ya no sueño con una Coca-Cola fresquita, con su hielito y limón. Ahora la veo exactamente como la veía de niña: esa cosa asquerosa que “para un de vez en cuando”, pero poco más.

Pero volvamos al tema.

En el libro, la Dra. Glenville que es médico y además doctora (de PhD, o sea, investigadora) explicaba la relación que existe entre el estrés y la obesidad. El libro es realmente bueno, y creo que más que un libro de perder peso, es un muy buen libro sobre los efectos físicos que provoca el estrés (el márqueting manda, supongo).

Habla de como unos niveles constantemente elevados de cortisol (=estrés) provoca no sólo que acumules más grasa y tengas más ganas de comer energía rápida (es decir guarradas), sino que además, esa misma grasa que se acumula, sobre todo en el abdomen, actúa como un órgano endocrino (pero chungo, boicoteando al cuerpo) y provocando a su vez QUE NO PIERDAS GRASA y que sigas estresado (menudo bucle). Un cuerpo estresado es un cuerpo en alerta, preparado para atacar o huir. Un cuerpo estresado necesita energía y no va a soltarla así como así. La grasa es su banco de energía y como si de dinero se tratara, quiere acumular, más y más, máxime en épocas de crisis (igual que se ve que la gente gasta menos y ahorra más cuando hay crisis que cuando hay bonanza económica).

  Vaya, que con el estrés, has dejado pasar al diablo a tu casa con recibimiento estelar y alfombra roja. Creyendo que hacías lo mejor, haciendo gala de tu buen hacer y hospitalidad, le has otorgado un lugar preferente en tu casa y él se ha cogido, no el brazo, sino el cuerpo y tu vida entera. Ahora lleva años viviendo con él, no sabes cómo echarlo y ni siquiera sabes cómo carajo llegó a instalarse. Menudo hijoputa, el estrés.

¡OMG!
¡OMG!

  Todos sabemos lo que se siente cuando uno está estresado, pero lo que a veces no somos conscientes, es que no sólo es una sensación más o menos desagradable, sino que estás activando en tu cuerpo toda una cascada bioquímica. Que si bien por poco tiempo te da una sensación de subidón (cuidado con el enganche a sentirse todopoderosos), mantenido en el tiempo, todos esos cambios bioquímicos actúan en tu contra. Creo que es para pensárselo.

Y como además todo está relacionado, llevo ya unas semanas que estoy estudiando la bioquímica de todo esto. Desde los factores que lo provocan (mentales, físicos y ambientales) hasta las consecuencias físicas a diferentes niveles (psicológicos, hormonales y por tanto físicos, relacionales, etc). Mi objetivo es entenderlo lo mejor posible, porque tengo más que comprobado, que sólo cuando se entienden las cosas y su importancia, es cuando se toman en serio los cambios de hábitos.

Además, en este caso, cuanto más leo y más entiendo, más claro veo que mi problema BÁSICO es el estrés. Todos los síntomas que tengo están relacionados de forma primaria con el estrés. También he entendido, que mal me pese, tengo un sistema nervioso que salta a la mínima, como ya expliqué por aquí, y que por tanto, soy especialmente propensa al estrés. Vamos, que soy de gatillo fácil. Así que con más motivo tengo que entender cómo funciona el condenado y convertirme en un monje budista zen, pero viviendo en un mundo de gente que parece que se toman café con anfetaminas por las mañanas.

Yo he dejado el café, y sigo acelerada. Es innato.

Esta voy a ser yo en unos años. De saltar por todo a ser la serenidad y calma personificada (foto encontrada rebuscando en Google).
Esta voy a ser yo en unos años. De saltar por todo a ser la serenidad y calma personificada.                 (foto encontrada rebuscando en Google)

  Por otro lado, y en relación al estrés y la obesidad, no hay que estar OBESO MÓRBIDO para tener este problema. Lo que hay que tener en cuenta es cuál es nuestra constitución y que si somos de consitución normal o medio-delgada y tenemos un poquito de flotadorcillo, aunque objetivamente no estemos gordos, eso en nuestro cuerpo es ya obesidad y que quizás, esté causado por el estrés. Y que la obesidad o sobrepeso en estos casos, no es sólo algo estéticamente fastidioso, sino que es un síntoma del desbarajuste bioquímico que reina en tu cuerpo. Date por aludido, porque sino el sobrepeso será el menor de tus problemas. Te lo digo por experiencia.

De hecho, en mi caso, cualquiera que me vea no pensara que esté obesa, quizás un poco rechoncha, sobre todo en el último año en el que he ganado 7 kilazos (que casualmente, ha sido un puto sube y baja de inestabilidad de todos los tipos que pueda experimentar una persona en su vida cotidiana en el primer mundo: sentimental, familiar, económico-trabajo, mudanza-triple premio para las mudanzas en el extranjero).

Hace unos años, al subir ni la mitad de esos kilos, me habría puesto manos a la obra con disciplina militar. Deporte, comida, todos sabemos lo que hay que hacer. Balance energético, gastar más que consumir. Sin morir de hambre, comiendo sano, y todo eso.En poco tiempo, zas, en mi peso.

 Ahora, que ya empiezo a ser más zorra (por vieja, eh?? :P), ya me empiezo a ver por donde van los tiros y estoy despistando al cabrón (al huésped caradura)…como sé que el estrés es su aliado estoy tomando medidas en coherencia con ello. Estoy convencida de que la ecuación de ingerir menos de lo que se necesita para crear una balance negativo y adelgazar no funciona. Sí, cuántas veces hemos oído a los médicos que las dietas milagro no existen. Que hay que perder peso poco a poco, comiendo moderadamente y muy, muy, sano. Y es que, la dieta entendida como restricción de calorías en personas estresadas, sólo incrementa el problema. No funciona. Acabas frustrado, cansado y más estresado. Ah, y recuperas los kilos y algunos más, de los intereses.

Lo repito más claro por si no se me ha entendido: si llevas una vida estresada, no paras en todo el día y siempre te da la sensación de ir corriendo de aquí para allá, y quieres perder peso: ¡No hagas dieta! ¿Qué hacer pues? Lo iré explicando próximamente, pero si no puedes esperar hasta entonces, empieza por aquí: Huye como de la peste de la cafeína (y teína, y si me apuras, del azúcar ya que estimula más que la cafeína). Lo siento si te gusta, si estás o eres un estresado, la cafeína la traes de serie.

Si bien yo fui pava por dejar entrar al estrés en mi vida y ni enterarme, ahora el pavo va a ser él, y poco a poco voy a atacar a su bastión más preciado, el primero en aparecer y el último en irse, la grasa acumulada, y en cuanto se quiera dar cuenta, estará en el porche de casa, le ofreceré mi mejor sonrisa y en cuanto se relaje, ZAS, cerraré la puerta en su boca y me reiré malévolamente y diré, ahora quién se ríeeeeeeeee, ehhh????? Bueno, seguramente mi respuesta será más zen, porque habré logrado la paz espiritual y nada me alterará. Pero en mis ojos, y mi ommmm, el mensaje básicamente séra un “Toma, toma, ¡TOMA!”. 🙂

Tú relájate, lindo gatito, relájate, que ya verás...
Tú relájate, lindo gatito, relájate, que ya verás…

 Próximamente, empezaré a desglosar lo que estoy aprendiendo, porque creo que puede resultar interesante para más personas en esta situación. Creo que, en general, aunque todo el mundo sepa que el estrés es nocivo para la salud, no llegamos a entender hasta qué punto. Los médicos lo dicen, te dicen que acorta la vida, que engorda, que te sube la presión que puede provocar infartos, etc, pero es algo así como abstracto con lo que nadie se identifica. Y eso es porque no lo entendemos y no nos identificamos con lo que no entendemos. Es lo de siempre, si no lo vemos cercano, no nos afecta tanto y no nos preocupamos. Pero nuestra salud es lo más cercano y preciado que tenemos y si no nos preocupamos, es básicamente un suicidio programado.

Reflexión final (pensamiento en voz alta)

Es curioso, casi broma macabra, que mi tesis doctoral haya sido en parte estudiando el estrés (de organismos fotosintéticos). Decía yo en broma que la estresada al final sería yo. Y claro, yo siempre tengo razón, es un fallo que tengo y aquí me véis.

Lo que no veía entonces es que ya por esa época yo llevaba casi una década estresada y fue cuando rocé la década que empezó mi caída libre. Colapso físico. Cinco años de cansancio infinito y sin poder levantar el vuelo, si acaso por arranques, cabezona que es una. Negatividad en su máximo apogeo. Ganas nulas de seguir adelante con mi vida (se me antojaba tela de cansado).

Ahora, al contrario que entonces, el objeto de estudio soy yo y el trabajo podría llamarse algo así como “Estudio funcional de los efectos crónicos del cortisol en organismos altamente perfeccionistas y autoexigentes”. Ahora, relleno mi diario del laboratorio sobre los cambios en el comportamiento y fisiología del especímen objeto de estudio. Estudio, tengo una hipótesis, planifico experimentos y observo los resultados. Luego emitiré conclusiones. Sí, creo que ya sé por qué hice la Tesis. Y no descarto escribir una segunda (pero sin formalidades).

Entender y aceptar quien eres

A esta conclusión he llegado cuando andaba leyendo blogs hace un rato. Se podría decir que en última instancia este blog trata de eso. No es un “cambiar para mejorar tu vida”, sino es un “cambiar para aceptar quien eres“. Y creo que ahí está la clave para cualquier cambio sano y duradero.

La verdad, si como yo, eres una persona que le da mucha importancia a la parte racional, a ir al fondo de la cuestión y a intentar llegar a la verdad universal o como mínimo a entender cómo funcionan las cosas, intentarás no dejarte llevar por las emociones. Porque las emociones vienen y van y parecen distorsionar la realidad y por tanto te impiden tomar una decisión objetiva. Los daños colaterales de esto, es que el ponerte en contacto con tus sentimientos es algo que te cuesta.

En mi caso, a veces es tan complicado que rayo en la frustración más absoluta. Entiendo que acceder a ellos es necesario, sobre todo por lo que voy a explicar más adelante. Pero es como si mis sentimientos estuvieran guardados en una caja fuerte cuyo código ni siquiera yo tengo.  Intento acceder, intento romper la cerradura, abrir la caja con fuerza bruta, o bien siendo gentil y paciente, observando la caja. Esperando por si acaso el duendecillo que habita la caja y que es responsable de su apertura, le diera por abrirla un rato. Una suerte de airerar 5 minutillos. Y yo, que ando agazapada tras un arbusto de mi mente, ojo avizor, haría un zas al duendecillo y le diría “cagada la has, duendecillo, ahora no vuelves dentro, que tengo trabajo que hacer ahí”. Y soltaría un “muajajajajaja” maquiavélico de rigor. Duendecillos a mí. JA.

Muajajajaja, te creías que ibas a poder conmigo...
Muajajajaja, te creías que ibas a poder conmigo…

 

Pero no. No funciona así, leider.

 

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Echarse a andar (II): Menos es más.

El otro día leí un artículo que resonó especialmente en mí. Durante años me voy preguntando si no estoy realmente deprimida. He leído todo lo que hay que leer sobre varios temas de psicología, y por supuesto la depresión es uno de esos temas. Pero igual enontraba que la definición clásica, no era sino demasiado académica, demasiado estricta.

Todos sabemos que estar deprimido es no sentir ilusión por nada, no poder llevar a cabo las tareas más sencillas y no encontrar placer por pequeñas actividades que antes nos llenaban. Entre otras cosas. Se podría resumir en un estado de apatía y desesperanza infinito. Un bucle del que es muy difícil salir. Y esto sin duda es cierto para los casos más graves o, me atrevería a decir, para ciertos tipos de personalidades.

Personalmente, me he encontrado en varias ocasiones con esta apatía y desesperanza crónica. He tenido alguna época de no querer moverme. He deseado morir, por el simple hecho de que el dolor que sentía era tan inmenso que no lo podía soportar. Algo así como eso que nos dijeron alguna vez en clase, de que había personas que sufrían una enfermedad que les provocaba tal dolor de cabeza, que sólo atinaban a lastimarse y lesionarse para, con suerte acabar con ese dolor. Con el agravante, de que no tienen medicamentos que les resulten efectivos. La muerte es en ocasiones más apetecible que la vida, si ésta es extremadamente dolorosa y no hay nada que la pueda calmar. El miedo a la muerte, que todos tenemos, de repente se puede convertir en un alivio nada desdeñable. El problema, claro, es cuando te pones a pensar en el dolor que inflingirías a tus seres queridos. Además, creo haber leído que el pensar en el suicidio es una suerte de analgésico para el cerebro, algo que te calma. El problema es que en nuestra sociedad hablar de estas cosas es tabú.

Pero aparte de lo que entendemos por una depresión clásica, ¿acaso no hay otras formas en las que podamos manifestar esa apatía general? Porque en mi caso, y según veo en los ojos de muuuuucha gente, la depresión es el mal mayor de nuestra sociedad, sólo que adopta formas a las que no estamos acostumbrados. Leyendo este artículo, me doy cuenta de que llevo muchos años deprimida, lo cual no me sorprende demasiado. Además, en el último año en Alemania veo que eso se ha descontrolado: he engordado casi 7 kgs en un año y pico (cuidando mi alimentación y haciendo deporte), problemas con el insomnio, un clásico en mi vida, tener como una neblina en el cerebro que te impide pensar con claridad, nerviosismo y saltar ante el más mínimo estímulo (que te den un pequeño susto o sorpresa y que se te salga el corazón por la boca y sentir que la sangre se te cae al suelo y empezar a temblar), y una sensación de sentir tus sentidos saturados. Cada vez reduces más tu vida para apartarte de esos estímulos que te saturan, y cuando sale algún imprevisto, tu sistema “se cuelga”. Vendría a ser como tener un Windows 95 instalado, cuando ese sistema ni funcionaba entonces ni mucho menos aguantaría ahora.

Así que estando en esa situación, hace falta hacer reset e instalar un sistema operativo en condiciones, que aguante lo que tenga que aguantar, y además, mantener ciertos hábitos para alargar la vida útil de tu máquina.

Evidentemente, lo que va a costar más va a ser desinstalar el sistema operativo y poner otro más adecuado (creencias limitantes y patrones de pensamiento erróneos). Pero hay otras cosas, mucho más sencillas y que pueden dar resultados rápidos:

En mi caso, y tras haber hecho varias intentonas en las que he pasado de una apatía depresiva total a una hiperactividad obsesiva, ahora me declaro fan del menos es más. La sociedad nos empuja a ser productivos, a consumir, a hacer, y revisando mis valores me doy cuenta de que haciendo eso, no sólo me desgasto físicamente, sino que al no tener tiempo de hacer absolutamente nada, no hay espacio para el aprendizaje, para la creatividad, para la conexión, libertad, autenticidad, experiencias y una vida saludable. Y eso para mí es básico. Con eso no digo que no se puede tener una vida plena y feliz, de esas que a mí me parecen de locos, con trabajo de 10-12 horas diarias, salir y entrenar para una maratón, y luego encima salir con tus amigos a por una cervecita y dar cursos de fotografía los fines de semana (entre carreras y quedadas varias)…sí, hay gente para todo, y lo que para unos es vidilla, para mí es MUERTELANDIA.

Pero si sientes que no llegas, que por mucho que sacas tiempo de otras cosas, sigues sin llegar…PARA!!! Para ahora, o espera a que tu cuerpo te pare. La primera opción es menos dolorosa, intuyo. Y si eres como yo, una persona activa, el darse cuenta de esto es un gran reto, porque si paras te sientes mal, pero si sigues con el ritmo infernal, te sientes incluso peor. Aquí la clave es en qué quieres gastar tus monedas diarias de actividad.