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Rape me con amor, ¡sí, sí, yeah, yeah!

Amigos, hoy seré breve (no caerá esa breva).

No sé cómo anda vuestro inglés, pero Rape Me es Viólame en español. Porque es que las tías lo pedimos a gritos. Seremos zorras.

 Ayer andaba yo por esos caminos inexcrutables de internet y llegué por curiosidad, de esa que tengo yo por intentar conocer mejor a las personas que aprecio, a la figura de Kurt Cobain.

Uf, qué perezaaaa, me dije. Mi época punk-grunge-anti-todo-adolescencia-chunga-pa-dentro (vamos que todo era muy de interior, porque yo soy de externalizar poco no vaya a ser que me lleve una somanta hostias)…Nirvana…grunge…adolescente haciéndose el guay.

Buf.

Bueno va, que no se diga…

Pero luego llego a esto, y digo, si es que lo que es bueno, es bueno. Y me digo, venga, vamos allá. Motivación a full. Pero llego a este vídeo, incluso a otro (que no encuentro), y me digo….ufff, esto va a ser difícil.

Pero luego, llego a esto:

Y lo empiezo a ver. Lo empiezo a entender. Vaya, ¿dónde habré visto yo esto antes? Dejadme que piense…

Yo, como persona totalmente ajena a las cosas que ocurren en la actualidad, fui totalmente ajena al boom post-suicidio de Kurt Cobain. Era una niña. Lo típico: sexo, drogas y rock and roll. Un cliché. Un drogadicto, un rebelde, un “añade el prejuicio que más te mole”. Lo bueno de no saber nada, ni de un lado ni del lado de los conspiranoicos, es que te mantienes con una mente más abierta. Ahora, una cosa me quedó claro. Ella fue la culpable. Como Yoko Ono en su día.

He visto la mitad del documental sobre Kurt Cobain que ha salido este año (la mitad, porque sólo he encontrado eso Aquí está el documental entero) y he leído entrevistas y sobre todo lo he visto hablar y oye, que qué queréis que os diga. Me he enamorado. De forma platónica, que es la forma más pura.

Ya es la segunda persona este mes con la que siento una conexión y un entendimiento profundo. Y los dos están muertos. Lo cual, me turba un poco. Hay dos pasajes en esta mitad de documental en la que pegué un brinco. No soy la única que ha hecho eso (inventarse rollos en la adolescencia para crear una ilusión de persona normal y que te dejaran en paz). Wow.

Ahora sólo queda saber cómo canalizar toda esa frustración que desgraciadamente es imposible acallar, porque esa frustración no viene de cosas poco importantes o de imaginaciones mías o nuestras. Ojalá. Provienen de este pestilente mundo o más bien de los pestilentes humanos y sus putas ansias de poder y de machacar al diferente. Pudiendo ser justos, elegimos ser unos putos cabrones de mierda. Y me cabrea, me cabrea, porque podemos hacerlo mejor. Sobre todo tú. Sí, tú. Tienes la capacidad intelectual para ello, pero eliges no hacerlo. Eliges ignorar que tienes unos privilegios que te han sido dados simplemente por nacer de una determinada forma y en un determinado sitio y momento. Intelectualizas los problemas del mundo y de la humanidad, pero ignoras lo que puedes hacer aquí y ahora en tu radio de acción, con la gente que te rodea. Ascazo.

Sí, sí, podría centrarme en lo positivo, en lo bueno que existe ya, aunque para ello igual me tendría que ir a las montañas. Porque desgraciadamente en el día a día, el bombardeo es absolutamente constante. Y oye, soy buena evadiéndome de la realidad. Metiéndome en mis libros y todo eso. Pero lo cierto es que no es suficiente.

Y oye, que me alegro un montón de haber superado mis prejuicios iniciales y haber conocido a este tío. Y qué lástima, realmente. Los que se tendrían que haber pegado un tiro no fue él, sino los carroñeros que siempre pululan alrededor y que intentan descuartizar al más débil para así sentirse mejores. No me explico cómo la gente no puede ver el objeto de esa frustración tan y tan profunda. Y por otro lado, me sentí extrañamente aliviada. No eres la única.

Creo que cualquiera con cierta honestidad y autocrítica me reconocerá que ciertos colectivos no tenemos los mismos derechos que otros. Que tengamos que autoafirmarnos continuamente es muestra más que evidente. La verdad, cansa hasta el infinito y más allá el justificarse:

Sí, es verdad busco maromo porque mi ilusión en la vida es querer y ser querida y crear un microcosmos de igualdad y seguridad donde cada uno pueda desarrollarse como persona, en libertad y a salvo de prejuicios. Sí, es verdad, busco novio, busco intimidad, y sí, me gusta pintarme las uñas, comprarme avalorios, y muero de amor por un par de sandalias.

Pero oye, que leo a Kierkegaard y soy una persona inquieta y curiosa, ¡Ah! ¡E inteligente!

Y que vale, he leído los relatos eróticos de la revista Vale y he esperado cada dos semanas con ansias la Súper Pop, a la vez que me leía la biografía de Adolf Hitler y El Anticristo de Friederich Nietzsche.

 Ains, que me estoy liando. Bueno, si eso me hago un PhD en Biología Molecular e Ingeniería Metabolica que eso siempre da caché e intelectualidad y así me redimo por mis pecados.

¡Qué cansina es la autojustificación!

Y es que estoy un poco hasta el potorro de esas acciones violentas y que pasan por debajo del radar de violencia. O ni eso, que luego te matan y encima te dicen, será tonta, ¡si se veía venir! Y tú sacas espumarrajos por la boca y con ese aire condescendiente y paternalista, del que sabe y siente pena infinita por un ser tan poco evolucionado como tú, te mira y te dice:

¡No exageres! ¡Qué piel más fina!

La piel de tus huevos sí que es fina.

Y que no me voy a extender en obviedades porque entre ayer y hoy ya he derramado suficientes lágrimas, bilis y que siento que ya he realizado mi catarsis semanal. Y que el único recurso que nos queda es el humor. Eso o arrancarnos la piel a tiras y se me antoja doloroso.

Y que igual nada va a cambiar (asúmelo chiquilla, que la estadística no está muy a tu favor), pero que la resignación no cambió de momento nada en este mundo.

Lo que está claro es que la rabia tiene que ser dirigida de alguna manera porque de lo contrario daña a otras personas (y entonces, amigo habrás caído tan bajo como ellos) o a ti misma. Y hombre, ya que te arrojaron a este mundo, sin preguntarte ni nada, pues eso, ya que estás, da un poco de guerra.

Y entre la mitad del documental de Kurt Cobain y el entero de Amy Winehouse (que tendría que ver de nuevo, porque con ese inglés de los suburbios y subtítulos en alemán a veces me perdía detalles), mis conclusiones preliminares  y en constante evolución son:

  • La gente más sensible existe y especialmente los niños no aguantan bien situaciones estresantes: divorcios, infidelidades, mudanzas. Las injusticias hacia seres vivos (incluyendo a los humanos) las toleramos más bien regular. A estos niños a menudo se les trata como eso, niños animales con un intelecto de rata, cuando en realidad pillan las sutilezas humanas mejor que muchos adultos. A estos niños hay que hablarles con sencillez pero no como a estúpidos. Hacerles partícipes, dejar que se expresen. Sobre todo sus miedos, que son muchos y variados. Dejarle espacio, no criticar y reñir con tacto y con razones justificadas. Y sobre todo, cuando hay algún cambio importante en la vida familiar, tratarlo como un ser humano y hablar con él. ¿Habéis visto la película Del Revés? Id a verla. Es genial. Explica muy bien este fenómeno y que explica bien las emociones humans. Sólo que en niños como Kurt o Amy es una respuesta más intensa.

  • Si lo anterior no se da, uno tiende a aislarse y la sensación de alienación que se siente de la raza humana es brutal. Eso es súper peligroso, sobre todo en la adolescencia, cuando sientes y sabes que nadie entiende lo que tú sientes. Tus padres no lo entienden, tu entorno no lo entiende. En realidad sabes que muchas veces ni siquiera hacen el esfuerzo. Los padres se ven sobrepasados, sobre todo si son padres que piensan que educar es como crecer una planta: siembras la semilla, riegas de vez en cuando, ¡Y andando! Igualmente, y para los más comprometidos y responsables, e incluso para los ignorantes pero bien intencionados, admito que no es nada fácil. Hace falta mucha psicología y mano izquierda y por general suele faltar uno o lo otro.

  • Si esa frustración continúa y no encuentras la manera de mitigarla (por lo general sintiéndose parte de algo y sobre todo aceptado) se tiene el peligro de virar hacia la violencia o las drogas. Mala, mala, mala, combinación. Siempre hacia el deporte. Siempre. Y a partir de ahí hacia la expresión de tu ser. Música, activismo, qué sé yo. Pero deporte, mucho, deporte.

  • La gente no te entiende y eso es difícil de llevar. Entonces llega el maromo o maroma de turno, que tiene tantos o más problemas que tú y que como buena persona con problemas, te entiende perfectamente. ¡Por fin! Una persona sana no te entiende (lo que explicas es de ciencia ficción o de tarados mentales) y el insano te mata. ¡Ideal!

    Mi propuesta: mentores con tus rasgos que te enseñen a canalizar esa incomprensión. Nada fácil, porque no es un rasgo que se acepte en la sociedad y que por tanto está estigmatizado y escondido. Necesarios un par de amigos con tu sensibilidad para poder soltar tensión y las parejas lejos, lejos, mientras no logres ciertas técnicas eficientes de auto-regulación. Igual plantearse el desestimar la idea de la pareja en su totalidad, porque una necesidad tan visceral e intensa de querer pertenecer y ser querido por lo que uno es es una bomba de relojería y que incluso la persona más buena puede potencialmente utilizar en tu contra. Pero a los insanos y con problemas parecidos a los tuyos, de pareja NO.

  • Si te dedicas a profesiones expuestas al escrutinio público: haz tu trabajo, exprésate y elige con cuidado quien te representa. Elige, si puedes, a gente leal, gente que sobre todo mire por tu bienestar y no por su bienestar ($$$$$$)  y que van a ser tu escudo protector. Que se encarguen ellos de leer las críticas y filtrar lo que se dice por joder, por dañar gratuitamente. Es tentador responder uno mismo, pero la paz espiritual no se logra así. Que cada uno se pudra en su inmundicia mental sin salpicar. En este caso: ojos que no ven, corazón que no siente. Si no tienes el escudo protector ese mundo va a acabar contigo. No merece la pena.

  • Nadie (y todos) es culpable de un suicidio más que uno mismo. Cierto, en ambos casos hubo muchos responsables, pero en adultos la responsabilidad recae en uno mismo. La puta pena es que no tuvieran vínculos sanos que pudieran ser un ancla de ese barquito en medio de un temporal. Entre los responsables más directos, la familia, como siempre. No se puede uno desentender de los errores cometidos, porque los errores siempre vuelven a cobrarse lo suyo. Acerca de las parejas. ¿Qué esperáis de personas enfermas? Es como pedirle a un ciego que te aterrice un avión en una isla minúscula con niebla. No son malas personas, son enfermos (marido de Amy, mujer de Kurt-Cobain) y no se merecen, ni mucho menos, un linchamiento de tal calibre. Pero claro, una vez que el el público sediento de sangre, empieza a sentirse culpable por lo que han promovido, hay que liberarse de la culpa y cargarle el muerto a otro. Típico.

  • Huye, huye, lejos. O escóndete en la buhardilla y no te muevas. Que las SS están al acecho y hay mucho soplón hijoputa haciéndose el ciudadano respetable. Como te muestres, estás perdida. Vendrán a por ti y no quedarán de ti ni las migajas. Y la gente gritará, agitará los pañuelos y pedirá tu sangre.

  • Si eres mujer eres el comodín del público. Por zorra. Por mojigata. Por tonta. Por lista. Por dócil. Por rebelde. Por arreglarte. Por ser una marimacho. Por calienta braguetas. Por bollera. Por falta de ambición. Por zorra ambiciosa. Y un largo etcétera. Sí, amigas, una mujer te vale tanto para un roto como para un descosido. Así de polifacéticas somos.

Y de momento, aquí lo dejo.

Y os dejo con esta canción que por lo visto no todo el mundo pilló. Hamijos. No está hecha la miel…

Por cierto, desde hoy me declaro oficialmente Feminazi.

Feminazi

Aixxxx, qué liberación, oyes. Desde que con unos 6 años mi tío me pidió a mí, que me dirigiera a la cocina a acercarle algo, mientras miré estupefacta a mi alrededor y vi a seres masculinos más aptos geográficamente hablando para realizar dicho cometido y que amablemente le dijera “tirirí, por aquí se va a Madrid”, que estoy deseando salir del armario, subirme a unas plataformas y a una carroza y salir del puto armario.

 ¡Puto Disney! ¡Putos cuentos! ¡Creastéis una feminazi de la nada! ¡Arderéis en el infierno!

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Explorar el inframundo

Hoy es mi penúltimo día en Berlín. Ayer mis hormonas me dieron tregua y toda la tensión emocional se levantó de mí y el sol empezó a brillar. De repente los pajarillos cantaban y la naturaleza seguía su perfecto baile y yo lo observaba maravillada.

La naturaleza tiene el poder milagroso de calmarme inmediatamente. Cuando el mundo me abruma por su imperfección, no puedo dejar de maravillarme por la perfección intrínseca que exhibe majestuosa la naturaleza. Y lo hace sin esfuerzo, fluyendo. Aún me pregunto cuál es la razón por la que se haya seleccionado el ser conscientes de nosotros mismos. ¿Es acaso la inteligencia incompatible con la autoconsciencia? Todo tiene un precio, vale, pero me parece excesivo, sobre todo cuando sólo tienes exacerbada una parte.

Ayer tuve la inmensa suerte de nadar en uno de las decenas de lagos que rodean Berlín. Rodeada de agua, y árboles. Y algún que otro pato. Fui con mi antiguo grupo de natación aquí. Katja, que es mi angelito alemán (ella ni lo sabe) calma mis ganas asesinas hacia los alemanes. A mí nadar en aguas abiertas me da miedo, pero el placer casi místico que te proporciona estar viendo de tú a tú la naturaleza es indescripitble. Adoro nadar al aire libre. Aunque sea en piscina. Los reflejos del sol atravesando el agua, haciendo sombras de luz, viendo los fotones impactar el agua y multiplicarse como en un caleidoscopio es algo que me fascina. Y simplemente, por mucho que pasen los años, nunca tengo suficiente. Creo que empecé a nadar cuando mi “tiempo” de pasarme las horas muertas siendo pescaíto de niña se acabó. Con mi edad, alguien que se pasa buceando por la piscina, donde aparentemente no hay nada sería visto de raro. Muy raro. Así que, empecé a nadar. 1 km al principio, 3 km más adelante y luego 5 y hasta 9 en un día. En verano todos los días. No me cansa. Me carga la batería. La hora que más me gusta es la hora mágica en la que el sol se pone. Los rayos de sol se van haciendo más y más paralelos a la superficie del agua. El agua refulge como un espejo y parece que todo se para por unos instantes, como aguardando con la misma expectación que muchos esperamos a que un avión toque suelo al aterrizar. Unos segundos de guardar la respiración.

Ayer hice las paces con el mundo hasta la próxima vez. En aproximadamente 20 días.

Ayer, al regresar, tras la sesión de natación y sentirme los músculos de la espalda relajados, después de sesión de grill junto al fuego donde a veces o me enteraba ni jota de lo que decían y otras prefería no enterarme, me fui a casa con la bici. Una hora de trayecto. De noche. Por todos los barrios de marcha hipster de Berlín. Me di cuenta de algo. Son todos niños. Adolescentes.

¡Claro! Por eso aborrezco Berlín. No me apetece estar rodeada de adolescentes. Ya pasé por eso y lo odié a muerte mientras duró. No tengo ninguna intención de hacer un revival de gente haciéndose los guays. Con sus bicis fixies, con sus pelados modernitos, con su ropa ídem. Con su pseudo rebeldía y pensar fuera de la caja (toma anglicismo cutre), con sus tatuajes para demostrarle al mundo todo eso. Guauuuu, anonadada me dejáis chicos. Pero impresionada, lo que se dice impresionada, sólo me impresiona que no veáis lo ridículos que se os ve mostrando un envoltorio que no tiene lo que se promete en el interior. Ser rebelde, niñitos de mi corazón, no es una colección de verano del Berska, es una actitud. Es una forma de ser. Pero yo sé que en realidad eso no os importa. Os importa lo tan cool que se os vea y poner cara de ascazo máximo o de superioridad si oís a alguien que muere de gusto bailando el Waka-Waka de Shakira.

Soy una de esas personas. Sí, puedo dejar de darle a la cocorota y ponerme a bailar en un segundo. Los 90 y sus éxitos del verano son mi salvación. Es un kit-kat a mi intensidad diaria. Es mi momento mainstream y qué queréis que os diga. Me encanta. Porque, por si no lo sabéis, el mainstream es el bálsamo para el alma y eso lo sabéis de forma inconsciente porque no vais fuera del mainstream mentalmente hablando. Hacéis bien. Se vive mejor así.

A mí también me gustaría ser mainstream mental y hipster de apariencia. Pero, cosas de la vida, soy un desastre y tengo minimalismo a la hora de prestar atención a cosas externas a mí. De vez en cuando me empeño, pero oye, es que cansa un huevo.

Pero, pensando mientras me hacía una comida rica experimental rollo “no voy a tirar comida y me voy mañana, qué puedo hacer con todos los ingredientes que tengo? To a la saca”, me he dicho, chica, intentas encajar en un agujero redondo cuando eres cuadrada. No puedes, simplemente no puedes.

Mírate, tienes cierta fascinación por las asimetrías. Cuántas camisetas asimétricas no te habrás comprado en el pasado. Todos somos asimétricos. Claros y oscuros. Fuertes y vulnerables.

Qué ganas tengo de raparme la mitad de la cabeza y teñírmela qué se yo, de morado, mi color favorito y ponerme un pendiente destroyer. Y dejar la otra mitad con mi melena brunette, igual con reflejos y con un pendiente así muy flamenco, muy andaluz. Muy femenino. Me chifla. Lo quiero. Lo quiero ya. Berlín es el único sitio que conozco en el que el trabajo y mi aspecto no sería un handicap. A estos locos hipsters les volvería locos. Incluso en bancos he visto a tatuados. Aquí tengo el sitio perfecto para mostrar mi rarunez y que no llame nada la atención. Llamar la atención es súper molesto. Lo he evitado toda mi vida como la peste. Ahí sí que he estado viva. Intelegencia innata. Puro instinto.

Quiero viajar al inframundo y encontrarme con los out-casts de esta sociedad. Con los repudiados, con los vejados, con los violentados, con los que no son entendidos. Quiero ir a casa. Donde pertenezco. No quiero intentar encajar más en un mundo que no me entiende. Quiero ir a donde pertenezco.

No estoy sola. Eso lo sé. Escuchando a Amy Winehouse, a Smashing Pumpkins y a un sinfín de artistas, sé que no estoy sola. Pero también sé que es adentrarse en un mundo de zombies. Zombies porque nadie los entiende. Y entiendo su frustración tan, tan bien. Es tan fácil. ¿No os dáis cuenta? ¿Cómo carajo no os dáis cuenta? ¿No tenéis ojos?

Sabéis, hay personas que somos intensas. Muy intensas. He visto algunos elementos comunes en todas ellas y que hace que nos reconozcamos al segundo de vernos. Aunque no sea en persona. La mirada. Esa sed de vida. Esa sed de conexión. Somos niños mayores. Cuando eramos niños eramos la delicia de los mayores, porque cumplíamos las expectativas a la perfección. Eramos cariñosos, graciosos y os recordábamos que la vida es fantástica. Es pura magia. Raw energy.

Luego nos hacemos mayores y ahí empiezan los problemas. Ya no resultamos tan graciosos, tan monos. Nosotros seguimos siendo iguales, pero ahora resultamos molestos. Hazte cargo de tu vida, madura, bla, bla, bla. No entendéis nada y es sorprendiente porque es bien fácil. La inautenticidad nos enferma. Nos mata. No nos cuidáis. Es bien fácil. No hacen falta teorías complicadas, ni expertos en nada. Todos lo llevamos de serie, así que no me vengas con que no sabes de qué te hablo. No hay que ser inteligente, no hay que hacer nada. Liebe. Love. Sí, suena cursi, pero qué es la Vida sino. La vida es energía fluyendo de forma desinteresada. Sin razones. Fluye porque sí. Porque no puede hacer otra cosa. No hay energía más potente que esa. Así que, no te confundas. No necesitamos fruslerías, no necesitamos que nos entiendas. Simplemente ansiamos poder ser. Tan simple. Tan complicado. Un abrazo sin razones. ¿Por qué hay que tener una razón para eso?

Y por eso hoy me dirijo a vosotros. No podemos madurar, porque nacimos maduros. No es falta de madurez lo que tenemos. Es una sensibilidad exacerbada. Somos esponjas. La alegría y la pena pasan sin filtros a través de cada una de nuestras células con un impulso eléctrico. Nos atraviesa. No sabéis lo que es porque no tenéis el hardware. El vuestro también mola, sólo que no sirve para lo mismo que para el nuestro. Así que no nos pidas que hagamos lo que vosotros. No podemos. No es una falta de voluntad. Creéme, muchos de nosotros, intentando cumplir vuestras expectativas para haceros la vida menos turbadora por no poder entender, hemos perdido la salud. Algunos hasta la vida. Qué desperdicio, amigos. Porque no sabéis que nosotros, somos vuestros salvadores. Tenemos la capacidad de salvar vuestra alma cuando os sentís sin salida. Cuando la vida os embiste sin piedad. Ahí estamos nosotros para recordarte que la vida es un milagro y que haremos todo lo posible para que seas capaz de verlo y sonrías de nuevo.

Es nuestro don. Y nuestra maldición. Tenemos la capacidad de emocionaros, de animaros, de haceros la vida un pelín mejor. De entender vuestros sentimientos, de haceros sentir menos solos cuando sientes que nadie te entiende. De haceros replantear las cosas que no han cruzado antes tu mente. Cuánto vale un don así. Depende de lo que para ti sea importante. Si las cosas te van bien, igual no le das mucho valor. Quizás nada. Ahora, si en algún momento lo necesitas igual para entonces es demasiado tarde, porque no fuiste capaz de pagar el precio más que asequible en su momento. Te entendemos, pero tú no nos entiendes. Y está bien, está bien, en serio.

Pero como todo en la Vida, todo necesita de ciertas condiciones para florecer. El mundo vegetal tiene ejemplos alucinantes en este aspecto. Plantas que florecen una vez en su vida tras años y años,  otras que sólo lo hacen de noche. ¿Es qué acaso no vamos a aprender del mundo al que pertenecemos?

Y tanta divagación espontánea, para decir que creo que ya sé lo que me ha estado intentando decir esta perra ciudad. Chica, dónde sino, dónde sino. Explora. Es seguro aquí. Lo sabes. Entre una película zombie, el tullido no llama la atención. Aprovechate que no hay muchas oportunidades así.

Y hasta que ese momento llegue, si llega, mi protocolo de minimalismo extremo tiene que ser lo suficientemente evolucionado y efectivo para proprocionarme la calma sensorial que tan bien me hace. Mi refugio espiritual. Mi cueva en medio del bullicio. Se aceptan sugerencias y personas sugerentes.

Gracias.

Y ahora, con o sin vuestro permiso me voy a cabalgar las calles y parques de Berlín en mi Rocinante de dos ruedas. A tomarme un Latte Machiatto que no me dejará dormir hasta exactamente las 04:30 de la mañana (porque es de día), pero que en el que disfrutaré como un cochino jabalí de la perfección hecha espuma de leche que prepara el chico de la cara triste de mi biblioteca preferida. Actuaré por última vez en esta etapa como Guardiana de Almas y Talentos, como espía del Amor. Y cuando me haya despedido de una parte de la ciudad a la que mañana no volveré, entonces, y si el tiempo acompaña, me iré a ver al documental de una compañera de fatigas. Amy. I get you. You are not alone. You just had very bad luck and awful guides, whose greed and ego were higher than your well-being. Sad. You did it so well. The world just didn’t live up to you. They couldn’t either. You deserved so much better.

Una semana sin internet: la energía ni se crea, ni de destruye.

Tan sólo se transforma.

Ayer a las 6 de la tarde acabó mi semana sin internet (casi) y voy a describir un poco lo que he aprendido. Reconozco que me da un poco de reparo hacerlo porque no sé por dónde va a ir esto.

Pero empecemos por el principio. En la entrada anterior os describí el por qué quería probar a estar una semana sin internet, así como las pautas que iba a seguir. También dije cómo iba a incluir la televisión, aunque he de reconocer que este punto no lo seguí: “si es sin internet, es sin internet”.

Resultado:

He estado conectada a internet un total de 2 horas y media, durante toda la semana. Media hora más que las dos horas que me propuse. Hasta el miércoles por la tarde no me conecté y casi me caigo de culo al ver la cantidad de e-mails de mi bandeja de entrada. El miércoles gasté 2 horas y la otra media se repartió en breves recaídas con el móvil en los dos días sucesivos.

En cuanto a la televisión, he dedicado aproximadamente entre 45 minutos y hora y media al día (para ver una película en la tele-ordenador), coincidiendo con la hora de comer (ahora mismo vivo con mis padres, de ahí el “recuperar” el tener tele).

Lo que he descubierto, de forma general:

Seguir leyendo Una semana sin internet: la energía ni se crea, ni de destruye.

Reto 1: Disminuir la exposición a ruido externo.

La verdad sea dicha, a mí lo fácil no me ha gustado nunca. Siempre, si había un camino más difícil, yo tomaba aquél. Luego, me maldecía y decía: es que, qué manía tienes en complicarte la vida, copón, con lo fácil que hubiera sido elegir el camino de todo el mundo.

Siempre me echaba la bronca, pero irremediablmente, volvía a repetir la jugada siempre que se me presentaba la ocasión. Ahora no es diferente. Hace tiempo que podría haber ido por el camino que se supone que yo debería haber seguido al terminar mi doctorado. Pero, qué coño, si la vida no está para experimentar, qué lo está entonces.

Como tiendo a complicarme la vida en este tipo de decisiones, el resto intento mantenerlo lo más simple posible. En algunas cosas me resulta más fácil que en otras.

No tengo hipoteca, no tengo contrato de móvil, no tengo coche. LLevo años sin tele en casa. Tampoco me planteo tenerlo en el corto plazo. Simplemente no lo necesito. No necesito tener unos pagos fijos cada mes y no necesito la preocupación que ello conlleva. Tampoco tengo en mente crear una familia en un plazo corto de tiempo.

Esto me permite centrarme en lo que para mí es importante. Hay mucho margen de mejora y de hecho, llevo un tiempo afinando.

No tengo twitter, ni instagram. En Enero dejé Facebook. No necesito estar al tanto de los viajes y súper comidas de mis conocidos, tampoco de lo súper último en noticias, ni de ese vídeo súper inspirador o súper informador que te cambiará la vida durante los 3 minutos que dure o de pertenecer al grupo súper exclusivo de X.

Hace tiempo que dejé de ver las noticias. ¡Cómo! ¡Estarás desinformada! La gente se echaba las manos a la cabeza. Yo me reía y decía, a ver, todo el mundo sabe que las noticias vuelan. Si son importantes, me enteraré. Siempre acaba uno enterándose de lo importante. El resto, es paja. No la quiero. No la necesito. No necesito ver que hay guerra y hambre en tal sitio para saber que eso existe. No necesito ver nada de eso para actuar aquí y ahora, dentro de mi poder real de actuación. No por estar más informados hacemos algo. Al contrario. Yo quiero tener la paz de espíritu y sobre todo el tiempo para hacer cosas reales.

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Ahora quiero ir un poco más allá y quiero limitar mi tiempo en Internet. Me reconozco una yonki sin remedio. Pero hay demasiado ruido en mi mente y me está molestando. Me impide pensar con claridad. Recuerdo la paz mental de los veranos pasados en el pueblo, sin cobertura, sin internet, casi sin tele. De repente notaba como dormía mejor, como esa neblina casi continúa se levantaba de mi cerebro y como el resto mejoraba de forma casi inmediata. Pensaba mejor, dormía mejor, comía mejor y me sentía mejor.

Nos pasamos el día conectados. Por móvil, con el ordenador. No soporto el móvil y su inmediatez. Retrasé todo lo posible tener móvil porque no soporto que me controlen. No le echo mucha cuenta, casi como pataleta en defensa de mi individualidad y mis ganas de hacer lo que me salga de ahí, sin tener que justificarme a cada llamada no contestada. Tengo fama de descastada.

Hace años que lo tengo en silencio. Me molesta el sonido de mensajes y llamadas entrantes. Lo pierdo cada dos por tres y no hay manera de encontrarlo. Una vez pensé que lo había perdido en la calle y resulta que había estado dentro de mi mochila durante dos semanas, en un recoveco que no descubrí hasta ese momento. Hace casi tres años, cuando me mudé a Berlín me hice con un smartphone. El más barato que había. Aún lo tengo. Aunque me resultó muy útil para saber qué combinación de trenes/metros coger cuando se escoñaba alguna línea y tenía el tiempo limitado, así como para saber dónde estaba la calle tal, la verdad es que ahora mismo, me molesta más que me hace servicio. No soporto los whatsapp que te queman la batería. Igual regreso a mi Nokia que tiene no menos de 9 años y que funciona perfectamente.

El miedo a perderse algo, el miedo a que te olviden si no estás en facebook o sino contestas ipso-facto, el miedo a que te tachen de inculto si no sabes lo último en política internacional.

A mí me la sopla. Cada vez más. Supongo que es lo bueno de hacerse mayor. Que cada vez te la soplan más cosas.

Así que, a partir de mañana, voy a hacer un experimento que va a durar una semana. Según el éxito del experimento, lo implementaré durante más tiempo. Las condiciones aún por determinar.

El reto consiste en estar una semana sin internet. Objetivo: centrarme en lo importante. Lo que me interesa de la tele lo veo por internet cuando mejor me viene, así que no añado lo de la tele. Como por trabajo necesito internet voy a establecer un máximo de 2 horas para buscar los artículos que necesito y bajármelos al ordenador. Eso me obligará a estar totalmente concentrada, porque de ello dependerá mi productividad de esta semana, y estando una fecha límite cerca, no puedo tomármelo a la ligera.

Además de esas dos horas de internet de exclusiva búsqueda bibliográfica, me voy a permitir ver una película a lo largo de la semana, en DVD.

Iré escribiendo mis impresiones en un pequeño diario semanal y cuando termine la semana lo compartiré.

¿Lo lograré? ¿Me vendrá un mono horrible como a una yonki sin su dosis? Estoy dispuesta a aguantar las sensaciones desagradables y sobre todo, tengo mucha curiosidad por saber en qué voy a rellenar el tiempo que se me va a quedar libre. ¿Me aburriré? ¿Me deprimiré? ¿Me dará por dibujar? ¿Quedar con gente? ¿Salir a correr?

Las respuestas dentro de una semana.

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Esto es lo que se ha salvado de mi post que he escrito hace un rato. Y eso que le he dado a guardar borrador y esas cosas. Pero la técnica y el wordpress gratuito es asín.

Podría soltar espumarrajos por la boca, pero en lugar de eso, os dejo mejor con una canción:

Y para el que le interese un vídeo con mucha injundia. Me mola mucho la gente que dice las cosas por su nombre. Es larguito, pero merece mucho la pena. El que habla es un psiquiatra: Javier Aizpiri.

Estamos intoxicados: Parte 1

Estamos intoxicados: Parte 2

Y no, wordpress, veo tu boicoteo, que funcionas como el culo, pero yo de momento, no me hago premium. Que lo sepas.

Volveré.

Volveré_terminator

Burn-out y depresión: somos humanos.

(Nota: esta entrada no pretende en ningún caso justificar ningún acto violento, sea por la causa que sea, y tampoco pretende ser un análisis de ningún tipo de lo ocurrido, ya que no soy adivina y no me puedo meter en la mente de nadie, simplemente me ha dado mucho que pensar en cosas que desgraciadamente, conozco y necesitaba plasmarlo).


   Hoy mi post está motivado por la información que se está dando de forma totalmente alegre a este asunto en medios de información, debido al accidente de avión del otro día.

La verdad es que da un poco de acojone ver con qué rapidez y falta de lucidez la gente se lanza a hacer especulaciones por un lado y a hacer juicios de valor por otro. Leer la prensa es querer darte de cabezazos contra la pared.

Ver la tele, y oír a supuestos periodistas y otros profesionales (incluso ¿psicólogos? ¿en serio?) y que me recuerde tanto a las tertulias de abuelos de la plaza de mi pueblo:

“aaaay, el fulanitooooo ¿has visto lo que ha hechooo?, si es queee, se venía de venir, era un friki”

Cuando si lo que hubiera habido es un problema técnico y la misma persona hubiera evitado un desastre, en el mismo corrillo de analistas especializados en cotilleos hubieran dicho:

“aaaah, menganito, si es que siempre se le ha visto que iba a llegar lejos, estaba todo el día intentando mejorar en su profesión”.

Es lo que tienen estos analistas, que tienen respuestas para todo. Incluso mejor que la religión.


La realidad es que hay un chico que se quedó solo en la cabina y que sin saber toda la información (y que quizás, desgraciadamente, no se conozca nunca), se le acusa de ser un obsesivo de su trabajo y de presuntamente haber sufrido burn-out (habrá que ver si sólo fue eso) como causa ineludible de sus ganas repentinas de querer estrellar un avión.

La gente que lo acusa de friki no debe haber visto a un capillita en su vida, o a un forofo de fútbol que te puede decir la alineación del Guarroman F.C. y sabe el nombre y situación de los pueblos más recónditos del mundo, siempre y cuando tengan equipo de fútbol, a forofos que votan al mismo partido político durante 30 años a pesar de que está más que demostrado que son unos chorizos, etc. Y mejor no entro con los frikis del comic, de los atletas de pruebas de ultra larga distancia y otras mil frikadas que hay.

En realidad, aunque no os lo creáis, todos somos frikis de algo, si por friki entendemos tener un interés muy grande por algo y que la gente a la que no le interesa ve como una frikada (¿ir a la playa todos los veranos al mismo sitio? F-R-I-K-A-D-A, etc).

 

Yo no soy Friki, de Santi Orozco.
                                                               Yo no soy Friki, de Santi Orozco.

  Con qué alegría se tacha a alguien de obsesivo y/o de friki. Como si ser friki te diera ya todas las papeletas para ser un asesino en serie. Sí, evidentemente hay elementos comunes, pero ni creo que todos los asesinos sean obsesivos, ni que todos los frikis sean asesinos. Otro tema aparte son los psicópatas.

Pero volvamos al tema.

 


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¿Qué es el burn-out?

Contestaré como persona que quizás lo sufra y digo quizás porque creo que no está tipificado como ningún tipo de enfermedad ahora mismo, especialmente en España, y es más un acto de fe, en plan:

Médico: ¿qué te pasa hamija?

Yo: No sé, estoy muy cansada, me cuesta levantarme por las mañanas, en el trabajo tengo una nebulosa en la mente que hace que me fatigue rápido y me impida ser rápida en mis pensamientos, a la par que me cuesta a veces recordar muchos datos. Además, tengo un cansancio físico infinito, a veces subir escaleras a un cuarto es como subir al Everest, en ocasiones me asusto con nada, me dan dolores de cabeza, tengo insomnio, eczemas, a veces me mareo, tensión muscular, etc. Y pensar en el futuro, que es muy oscuro, aaaay, me provoca desazón y me quita la ilusión de hacer mis particulares y propias frikadas.

Médico: Ah, eso va a ser el estrés. Bueno, pues vete al cine y tómate una cervecita que es un relajante muscular estupendo.

Yo: ¿En serio? ¿Estrés? Pero si no estoy estresada. Quiero decir, sólo trabajo 12 horas diarias, tengo tiempo libre, salgo con los amigos, hago deporte, intento cuidar mi alimentación, y sí, voy al cine, aunque bastante menos de lo que desearía. Vaya, que tengo una vida moderna estándar.

Médico: paso la cabra.

 

 Esto es un lío de órganos, hormonas y elementos varios...sabe Dios.
Esto es un lío de órganos, hormonas y elementos                                                      varios…sabe Dios.

 

Yo creo que el Burn-out, es y será una de las enfermedades más frecuentes en el primer mundo, si no lo es ya. Burn-out o “estar quemado” ya lo dice en la palabra. Estás quemado. Has puesto a tu seat panda a 200 km/h por la autovía pensando que tienes un Ferrari, y claro, ha llegado un momento que ha empezado a temblar, a echar humo y finalmente se ha parado, o en casos más desafortunados, se ha perdido el control de la máquina y se ha estrellado. Y lo mismo le das a otros coches.

 

Pero en nuestra sociedad occidental de “high-achiever”, casi te ves obligado a poner a tu coche a 200 km/h, cuando lo suyo sería dejarlo a 120 km/h, aunque vayas más lento y alcances el objetivo más tarde. Tú llegarás más tarde, pero no sólo podrás disfrutar del paisaje, sino que además tu coche te durará más y serás amigable medioambientalmente. Parece clara la mejor opción.

Lo más importante de tu vida, no es ni será nunca el trabajo, una relación sentimental, etc...sino TU VIDA.
Lo más importante de tu vida, no es ni será nunca el trabajo, una relación sentimental, etc…sino TU VIDA.

Pero parece que hoy en día, a menudo, si no lo pones a esa velocidad, no sólo pierdes el tren, cualquiera que ese sea (trabajo, comunmente), sino que está mal visto socialmente y se te tacha de “vago”, “viva la vida” y otras cosas, que no son agradables si eres una persona medianamente responsable y seria con lo que haces.

 Ojo, que parece exagerado, pero perder el tren cuando tu medio de vida depende de ello, en un clima de crisis económica aparentemente sin fin, no es poca cosa. Un psicólogo lo podrá corroborar mejor que yo, pero si te sientes en peligro de algún tipo, dejas de pensar con la corteza cerebral, que es lo que te permite pensar con lógica y se pone al mando del cuerpo la parte del cerebro más primaria, la que te permite responder a situaciones de vida o muerte y que es la parte del cerebro que responde mejor (evolutivamente) a situaciones desesperadas.

  Lo que parece que la gente no se da cuenta, es que vivimos en una sociedad en que casi nos vemos obligados a ir a un ritmo que no es natural, que no es propio de nuestra máquina, y que tan sólo muy poca gente puede soportar.

Los intereses económicos, una sociedad totalmente enfocada a obtener resultados y a obtenerlos ya, una sociedad que exalta el éxito, sobre todo el rápido y el que ocurre en la juventud. Jóven, guapo y exitoso. Cuando el éxito, si acaso, es lógico que sea el producto de muchos años de esfuerzo y que aparezca a una edad media elevada. La sociedad nos ha dictado un mapa de ruta y si no lo cumples dentro de los parámetros que se considera adecuado, entonces te quedas fuera. Te echan. Por inadaptado.

Si decides tomarte un descanso, tomarte las cosas con otro ritmo, o directamente buscarte otra forma de vivir que se ajuste mejor a tu forma de funcionar, da igual tu valía, da igual tus aptitudes, pierdes el tren y re-engancharte con una mejor perspectiva, y sobre todo con mejor salud física y mental es prácticamente imposible. O imposible parece cuando uno ve la cantidad de gente que se ve fuera del mercado laboral en su treintena y que a partir de los 40 ya eres viejo para dar la imagen de joven pero sobradamente preparado que tanto se promueve. Si eres mujer en edad de procrear, entonces la cosa se complica un pelín más.

El futuro es muy oscuro y como te salgas del caminito, más.
El futuro es muy oscuro y como te salgas del caminito, más.

Es decir, que si te encuentras en esta situación, te ves (o así lo crees) con una sola opción. Continuar hasta que petes. Y petar, como se puede ver, puede tener efectos catastróficos, porque estar al mando de una parte del cerebro reptiliano no da mucha seguridad que digamos. Pasas de ser humano con toda la capacidad mental y de solucionar problemas que tenemos, a pasar a ser un simple bicho que responde de forma primaria.

Sinceramente, y sin poder llegar a saberlo nunca, creo que la idea suicida y las ínfulas de grandeza que le intentan atribuir es demasiado simple para que yo, personalmente y con mi experiencia me lo trague.

Una persona normal, con sus hobbies, su deporte, sin problemas familiares aparentes, con una pasión (obsesión o frikada, ¿cuál es el límite?) que aparentemente es una parte muy importante de su vida, pero con un indicio muy significativo: burn-out.

 Seis meses es claramente insuficiente para volver a la normalidad, para recuperar tu estado físico y mental, para salirse de la rueda absurda y asumir, que uno tiene unos límites que le impiden conseguir sus metas de la forma en la que uno quiere. Es un proceso que dura años, porque primero te tienes que alejar y empezar a ver con otra perspectiva y que presumiblemente te va a alejar para siempre de tu vida tal y como la conoces hasta ese momento (lo cual es motivo de acojone, pero de alegría también, porque peor ya no puede ser).

   Pero la presión externa es muy fuerte. Social por un lado y quizás propia del gremio por otra. Se ha invertido mucho dinero en formación y ese dinero hay que recuperarlo.

Y por supuesto la presión interna. Darse cuenta de que aquello por lo que llevas años preparándote y que es tu vocacación, es justamente tu límite y que tienes que renunciar a ello, al menos en la forma en la que lo deseas. Si es que acaso deseas tener una buena vida. Por otro lado, tampoco sabes qué otra opciones tienes, y si eres una persona exigente y que tiene en alta estima el hacer las cosas bien, eso de quedar desterrado al mundo de los hippies y vividores del aire no te hace ni puta gracia.

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¡Ahora me voy a dedicar a vestir ropa    de colores y fumar porros!

 Estar bajo ese estado mental te hace vulnerable, te hace terriblemente inseguro y te impide ver la perspectiva de que el mundo no se acaba cuando uno no puede conseguir lo que quiere, cuando y como uno quiere. Y creo que eso es desde luego una bomba de relojería, sino se hace una parada técnica en condiciones y se pone la máquina a punto.

Porque en el síndrome de burn-out, si no hay indicios de predisponibilidad a depresión, es más un factor físico con consecuencias psicológicas, que factores psicológicos per se. Trata los síntomas físicos y en la inmensa mayoría de los casos, se soluciona el problema.


Si lo eligió él deliberadamente en un brote de algún tipo o si le dio un ataque de pánico en el que la respuesta de “fight, flight or freeze” (lucha, huida o simular la muerte-congelamiento), por sus características, le dio por quedarse helado y no poder reaccionar, ante la enorme responsabilidad de quedarse solo (a pesar de su excelente formación y experiencia), eso no lo sabremos nunca. Y hay que aceptarlo. Aceptar que somos humanos y que no lo tenemos todo controlado. Shit happens.

O quizás no se interese que se sepa, porque entonces el debate, no sería sólo las medidas de selección que aplican las compañías aéreas, sino que habría que hacer un análisis exhaustivo de la sociedad y ver qué responsabilidad tenemos todos en esto. Empezando por la compañía.

La belleza hipnótica de la sociedad occidental.
La belleza hipnótica de la sociedad occidental (Foto de la película American Beauty)

 En este caso, la sociedad alemana es particularmente sensible al síndrome del Burn-out por la importancia tan grande que se hace de la vida laboral, poniéndolo por delante de muchas otras cosas. De hacer lo correcto, de no dejarse llevar por emociones irracionales, si acaso simplemente humanas, y que cada vez más, se saben vitales para permitir un bienestar físico y psíquico. Y no hay que olvidar que es una sociedad terriblemente individualista. Tú y tus cosas es TU PROBLEMA (Das ist nicht mein Problem!-Ese no es mi problema, es la frase preferida de un alemán estándar).

Y ojo, que los pilotos no es el único gremio que está expuesto a burn-out. Todos los estamos, pero igual si eres un quiosquero, tu responsabilidad e impacto es menor.

Me va a interesar bastante el análisis que le van a dar a esto en medios alemanes, porque entre tanta morralla, seguro alguien dirá cosas muy interesantes. Porque la sociedad alemana tendrá muchas cosas que posiblemente si cambiaran, les iría mejor, pero son tierra cuna de filósofos y pensadores y que no se van a conformar con los análisis simplistas que se está dando al asunto.

Porque esto es un asunto de todos, no es simplemente cosa de un loco. Que haberlos haylos. Y ante esto, desgraciadamente, por mucha medida de seguridad que se plantee, nada va a ser capaz de evitarlo.

Pero, un debate a fondo de esta sociedad consumista, de esta sociedad que promueve el obtener resultados ante todo es más que urgente. Como urgente es también que se empiece a educar en inteligencia emocional, o como quiera llamarse. Si uno de los grandes avances justamente de nuestra sociedad es reducir al mínimo los índices de analfabetismo, ahora, nuestro siguiente hito será disminuir al mínimo el porcentaje de analfabetismo emocional.

 

Cerebro y corazón mano a mano, como debe ser (foto obtenida en Google).
Cerebro y corazón mano a mano, como debe ser (foto obtenida en Google).

 

Y para terminar, Alemania, no es como nos la quieren vender. A ver, cuando se inicia un movimiento verdaderamente crítico en ese país, porque lo que están haciendo con su gente y con el estado del bienestar, no tiene nombre. Y que no nos vendan la moto, que hay muchos que ya hemos visto de qué palo van, y que aunque lo quieran vender bien, con números y gráficas bonitas, la realidad se ve y respira en la calle, y tan sólo un ciego no lo vería. Desgraciadamente, ciegos los hay a patadas.

Y para acabar, una reflexión, que tanto sirve para este caso, como para muchos otros de los que las noticias están plagados:

” Un oficial alemán visitó a Picasso en su estudio de París durante la Segunda Guerra Mundial. Allí vio el Guernica y sorprendido por el caos vanguardista del cuadro, preguntó a Picasso: ¿Esto lo ha hecho Usted? A lo que Picasso respondió: ¡No, Ustedes lo hicieron!

Guernica de Pablo Picasso
                               Guernica de Pablo Picasso

Fragmento recogido en el libro: Sobre la violencia-6 reflexiones marginales de Slavoj Zizek.


 

P.D. Mis más sentido pésame a todos los familiares, en particular a los niños. No hay nada que se pueda decir para calmar el dolor y sólo deseo que con el tiempo y, espero, con todo el apoyo emocional posible, puedan llegar a superar este difícil trago y que aunque esta circunstancia haga que pierdan muchas vecesla fe  en la vida, les mando toda la fuerza del mundo, para que, sobre todo, recuperen las ganas de vivir y que acepten que lo malo que nos ocurre en la vida, es parte de la vida y que como tal hay que aceptarlo.

P.D.2: Mi admiración a cómo las autoridades francesas están llevando el tema. Al César lo que es del César.

50 Sombras de Grey como nuevo método de criba

Sí amigos, he encontrado un método infalible para cribar a la gente con la que me encuentro de forma fácil y eficaz.

Pero primero de todo, dejadme hacer un comentario del libro, que me recuerda a mi época de colegio en la que por cada libro que nos leíamos teníamos que rellenar una hoja. Rellené tantas que me sentí como un policía rellenando partes de denuncias. Al turrón.

 

       COMENTARIO DE TEXTO

 Nombre del libro: 50 horrores sombras de Grey.

Autora: E. L. James

Fecha: 2011

Protagonistas: Anastasia Steele, alias la “pava”, y no sé quién Grey, alias el psicópta al que le falta un hervor. ¿Cómo le puede faltar un hervor a un psicópata abusador? Pues ahí le doy todo el mérito a la autora del libro. Ha traspasado sin dudas barreras en la literatura.

 

Trama hasta la página 130 (lo máximo que mi estómago me ha dejado leer): Tía de 21 años que parece que tenga 11, que admite no haberse masturbado nunca (ezo que éh???), que por cada paso que da, se cae 20. Su vocabulario es: OMG, OMFG, qué guapo, ay, qué guapo, y rico, qué guapo, y rico, me ha mirado, ojos en blanco, me muerdo el labio, me caigo porque de los ojos en blanco no veo por dónde voy y me sale sangre en el labio de la hostia que me he metido, pero ay, qué guapo, y rico, me ha mirado, le intereso, mi chichi hace cro-cro. No, espera, cro-cro, no porque yo no sé qué es el chichi y ni siquiera sé qué hay “down there”.

Me acosa enviándome regalos a una dirección, que no le he dado, me rastrea el móvil para controlarme, pero me ha mirado, y le gusto, y como es guapo y rico y le gusto, si quiere me puede descuartizar, hacer un estofado conmigo y alicuotearme en tapers para venderlos como menú-gourmet-delicatessen a los trabajadores de su súper empresa…¿he dicho, que uau, qué guapo es y qué me ha mirado y le gusto? ainxxxxxxxxxxxx. Foto selfie en el baño y le envío mil corazones y eres preciosa a mi a bff.

 

Ah, sí, se me olvidaba la parte del sexo. Por lo que cuentan, es la 70% del libro, imagino que el 30% restante está relleno de ojos en blanco, omgs, me muerdo labios y de tonteces varias típicas de adolescente hasta las trancas de hormonas (perdón adolescentes, he sido una de vosotras y sé que os insulto con tal comparación. Es por el show).

 

 Opinión: Es la mierda más gorda que he tenido la desgracia de leer. Es el primer libro en el que decido libremente que no me merece la pena terminar.

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