Encuesta-experimento

Hace tiempo que quería escribir, pero entre una cosa y otra me da entre pereza y mucha pereza.

 

Hoy, sin embargo, vengo con la entrada más corta de mi historia de este blog y que requiere de vuestra participación. Son tres preguntas solamente:

  1. ¿A qué cosas solías jugar de pequeño/a? ¿Con cuál disfrutabas más?
  2. ¿Qué cosas son las que te hacen más feliz en la actualidad?
  3. ¿A qué te dedicas? ¿Está relacionado con alguna de las preguntas anteriores?

 

Espero vuestras respuestas. Explayaros tanto como os plazca. 🙂

 

 

 

 

 

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Próximamente en sus pantallas amigas

  Regresará vuestro blog favorito. Ejem, ejem.

 ¡Es éste!, que hay que explicarlo todo. Bueno, vosotros asentid y ya, que yo así soy feliz.

 Ciertamente el parón ha resultado más que necesario. Funciono de una forma algo particular y vi que en Septiembre me descarrié un poco y entré en bucle. No pasa nada, nadie dijo que esto iba a ser fácil. Simplemente tuve un atasco de papel en la bandeja de entrada (demasiadas cosas a procesar y mi cerebro empezó a dar chispazos).

Replegué velas y me fui con el chiringuito a otro sitio, más íntimo, más informal y ahí pensé en voz alta, pero en intimidad. Hasta que se sacan conclusiones de nada, se puede llegar a sacar mucha basura, y yo, que soy Capitana Planeta por derecho propio, estoy bastante en contra de la contaminación ambiental, la emocional incluida.

  Ahora, estoy en otro punto diferente al que estaba hace un año, aunque soy consciente de que me queda camino. Intuyo que más o menos hasta que me muera, minuto arriba, minuto abajo, que esto de la vida es un aprendizaje continuo. Así que intento relajarme y disfrutar de las vistas y tomarme un algo en medio. Para alguien como yo, eso ya es todo un reto, pero ahí estamos, a veces con más pena que gloria, pero pasito a pasito.

  En mis temas de ratona de biblioteca, ya no estoy tan obsesionada con el estrés y toda la bioquímica involucrada, aunque es un tema que me ha abierto los ojos y fascinado por igual. Ahora, me he adentrado en el maravilloso mundo del microbioma. Igual algún día os doy la brasa. Bueno, seguro que os doy la brasa. El tema es apasionante y se están descubriendo cosas que creo pueden revolucionar muchos ámbitos relacionados con la salud en los próximos años. Estad al loro que creo que no dejará a nadie indiferente (le pondré un aire un pelín sensacionalista y grandilocuente, como es usual en mí, que sino se me os quedáis dormidos).

 Sin embargo, habiendo alcanzado una mínima destreza en eso de equilibrar la actividad y tener hábitos saludables (dentro de los límites que tengo ahora mismo, no estoy ni de lejos en mi forma física de antaño, pero no desespero), ahora los temas que me toca lidiar son más emocionales. Ahí, uno detrás de otro. Me doy cuenta de patrones y ahí estoy, escribiendo como una condenada para luego poder analizar y ver qué lo dispara. Siendo brutalmente honesta conmigo misma y recibiendo input que no siempre me gusta, pero que si me sirve para ver otros puntos de vista, bienvenidos son.

 También estoy explorando una vía más espiritual y que me dé un poco de esa paz que tanto anhelo. El mundo es como es y no voy a venir yo a cambiarlo y aunque moriré sin resignarme a la pasividad, lo cierto es que estoy buscando vías de escape positivas a esas ansias de hacer algo, de buscar un sentido, así como estrategias no destructivas para poder lidiar con ese dolor vital. Me doy cuenta de que es algo muy inherente a mi personalidad y que no soy ni la primera ni la última que pasará por ello. Hay muchos que se han quedado por el camino, pero otros han aprendido a lidiar con ello. Mi misión es analizarlos, imitarlos o al menos ver cuáles de sus técnicas me pueden servir a mí.

  Es un camino doloroso, se me antoja tela de lento, pero sí que veo ciertos cambios. No lo rápido que yo quisiera, pero en fin, tampoco hay que ponerse exquisitos. Respeto el ritmo y confío. No me queda otra, en cualquier caso 😛

  Mi intención es escribir una vez al mes o menos, pero siempre si tengo algo que considere que pueda ser interesante para otra persona que pueda estar pasando por lo mismo y que no haya dicho. Algunos de los temas no son fáciles de tratar y a veces me faltan las palabras que me sobran para otras cosas. Intentaré ser lo más clara posible y espero que algo de lo que diga pueda resultar tan revelador como me ha resultado a mí. Aún así, no tengo recetas mágicas, ni tengo respuestas para muchas cosas. Sigo picando piedra.

 Nos vemos, muchachada.

P.D. Abro de nuevo los comentarios. La política de comentarios será expuesta en alguna pestañita de este blog en algún momento, pero hago un adelanto: no toleraré faltas de respeto, ni hacia mí, ni menos aún hacia otros lectores-comentaristas. Una cosa es que yo diga más tacos que un camionero y otra muy distinta es faltar el respeto o directamente insultar. No me importan los comentarios ácidos, las irreverencias y en definitiva que cada cual se exprese tal y como lo sienta en un determinado momento, pero antes de darle al botoncito, hacer un poco examen de conciencia y revisar si hay mala hostia gratuita. Igual habría que plantearse qué de lo leído ha provocado tal reacción. Igual no soy yo. Igual eres tú. Digo. Igualmente, como nadie es perfecto y yo menos, entiendo que a veces se nos enciende la mano y se nos suelta el teclado. Shit happens. Pero que sepáis que voy a sacar mi vena ultranazi-censora. Como dictadora de este chiringuito, es lo que hay. Al que no le guste, hay cientos de miles de blogs pora ahí. 🙂 Grasias de hantevraso mes amis.

Feliz Duelo

Hace unos días que voy pensando en escribir por aquí, más que nada porque aunque este parón en este blog me ha sentado muy bien, creo que ya que está aún abierto y la gente sigue llegando a él, sería bueno hacer, aunque sea de vez en cuando, un recuento de cómo me va yendo.

No en vano, este blog empezó para dar cuenta de justamente esto: dar cuenta de cómo voy avanzando y destripar la realidad, mi realidad, y evitar que ésta me limite.

ANTECEDENTES

Este año he aprendido bastantes cosas. En el tema “físico” ha sido bastante poco productivo, aunque no me gusta este término, porque no por hacer más, logras más. Y si ha sido así es porque realmente y por un periodo inusualmente largo, mi energía se escapó por algún desagüe.

Como físicamente no podía hacer mucho, hice lo que podía hacer: leer hasta joderme la vista. Investigando y tras un análisis de hormonas esteroideas, vi que mis niveles de cortisol-hormona del estrés ni siquiera eran detectables por la mañana, cuando debería estar en su cénit para obligar al cuerpo a despertar. También me había fundido la hormona de la que derivan el resto de hormonas esteroideas, además del cortisol, entre ellas las sexuales. No estaba yo para hacer maratones, no.

La naturaleza es así, misterios de la vida y si no le echas cuenta, al final te golpea tan fuerte que no te queda otra que prestar atención, cabizbaja y aceptar la regañina estoicamente. A veces peco de atolondrada.

EL APRENDIZAJE REVELADOR

Podría hacer un listado exhaustivo de mi año o de lo que he aprendido, pero vamos a ir al turrón (otra manera de decir que no me apetece escribir :P)…sin duda lo más importante que he aprendido este año ha sido lo siguiente:

 

Es de vital importancia dar espacio en tu vida al dolor. Al duelo. Éste ha sido posiblemente la revelación más importante en toda mi vida. Parece de perogrullo, pero os aseguro que no es tan obvio.

 

Lógico, si alguien cercano se muere, nadie va a ver raro que estés triste una época. Tendrás toda la comprensión y apoyo. Aunque incluso en esos casos, si tu duelo dura más que lo que está socialmente aceptado, igual te empiezan a meter prisa “igual deberías ir superándolo ya”, “la vida sigue” y polladas varias.

 

 Lo cierto es que cada uno tiene una sensibilidad diferente, una forma distinta de dolerse y también una capacidad diferente de digerir el dolor. A unos les toma menos tiempo, a otros más. Unos llevan “bien” incluso una muerte cercana, y otros sienten dolor incluso con cosas tan banales como cambiar de lugar de residencia. Soy de estos últimos.

 

Pero no hay recetas mágicas en esto. Si te duele, te duele. Y da igual lo que digan millones de blogs, de libros de autoayuda y gente variada. A veces, no es necesario un cambio de perspectiva. A veces, desechar esas emociones y hacerlas desaparecer es mucho más dañino que la pérdida en sí. Porque las emociones dan información. Que no las sepas interpretar es otra cosa, pero ignorarlas no va a hacer que mejore.

 

Y en eso, amigos, sí que soy una experta. Si hubiera una cátedra en ahuyentar sentimientos cacosos y utilizar la energía para tirar para adelante como sino hubiera un mañana, sería mía de calle. No os negaré que es muy efectivo. He logrado un montón de cosas así. Pero también he perdido algo muy esencial por el camino. A mí misma.

 

Si niegas una parte de lo que eres, si niegas lo que sientes, te estás negando a ti mismo, y eso, no me preguntes bien por qué, el cuerpo no lo tolera nada bien. Lo que yo he llamado estrés estos meses en realidad era un duelazo del quince enquistado de hace años. Sin entrar en detalles, en un punto de mi vida tuve que tirar de una virtud que me define y que es la “responsabilidad”. Es una mierda ser responsable, os lo digo. Y lo es más aún si sientes que tienes que serlo por una causa mayor. Al final, en unas facetas de tu vida eres súper adulto, y en otras te has quedado en ese punto en el que tu dolor se encasquilló y salió a flote como buenamente pudo. En mi caso rebeldía silenciosa (sí, amigos, se puede ser rebelde y no drogarte o romper nada!), ira controlada y un cinismo que ha encontrado su momento cumbre a partir de mudarme a Berlín. Vamos, pasé de ser una niña alegre, feliz y lista a ser gradualmente una persona emocionalmente inerte y ceniza. Con eventuales destellos de lo que solía ser pero que duraban lo que una estrella fugaz.

 

Así que, mi regalo para el que me lee es la enseñanza que he recibido este año:

Si te duele, duélete.

Regodéate en el fango del dolor hasta que lo digieras. A ser posible, háblalo. O escríbelo. Si se verbaliza, el dolor empieza a tomar forma y te das cuenta de que lo que creías que era un súper monstruo en realidad es un fantasma wannabe. Si te encasquillas, pide ayuda. El que alguien te escuche sin juzgar, simplemente estando, hace maravillas. Recuperas la fé en la humanidad. Quizás no entienda lo que tú sientes, pero está ahí, está presente en tu dolor, y lo hace real. Desconfía del que te dice que son chorradas o que debes hacer A, B o C para salir de tu tontería vital. Ignóralos, mándalos a tomar por donde el pepino amarga. Mi nivel de tolerancia contra la ignorancia estúpida tiende a 0 y aunque podría plantearme ser mejor persona para el próximo año, creo que voy a dejarlo estar. Es más divertido ser una cabrona que dice las cosas como son. Os jodéis. 🙂

 

Y esto es todo amigos, para el próximo año 2016 os deseo un Feliz Duelo. Regodearos en él, observadlo, haceros su amigo y salid de fiesta con él. Como todas las relaciones, ésta también tiene su fecha de caducidad y en cuanto tu cuerpo te empiece a pedir marcha de nuevo, y te metas de lleno en la vorágine que es vivir, igual, hasta empiezas a echarlo de menos. Y esto es lo que he observado yo, incluso los peores momentos tienen algo bonito, algo que se echa de menos (pero recordad,  esto es como el bacon, con moderación).

LOS PUNTOS

Por casi último, alguna  de las claves que me han llevado a este punto:

 

  • La película Inside Out: muy buena película y que explica mucho mejor que yo, qué te pasa si ignoras a la tristeza. Película que no es ficción sino que está basada en datos científicos acerca del tema. Nuestra sociedad tiene la manía de ser como el personaje de la Alegría en la película. Cansinos, que sois unos cansinos. ¡Viva la tristeza!

 

  • Un análisis no buscado de la vida de gente como Amy Winehouse, Kurt Cobain, Robbie Williams y James Rhodes.

Los dos primeros con trágico final. Vi sendos documentales de su vida y me impactó el ver vídeos de cuando eran pequeños, la alegría y energía que tenían y cómo captaban cosas que otros no veían. Estas personas en algún momento sufrieron una pérdida que no supieron digerir y que nadie supo detectar (analfabetos!). Siguieron con su vida y no se llegaron a mirar dentro, no se llegaron a enfrentar con sus demonios y los de fuera ni siquiera eran capaces de comprender. Eso y el estar expuestos al foco de la fama fue lo que les llevó, bajo mi punto de vista, a la autodestrucción.

El caso de Robbie Williams, aunque es un caso diferente a los dos anteriores, lo pongo porque a pesar de verse a la legua que este tío tiene algo especial, lo cierto es que ha pasado gran parte de su vida sin entenderse nada. Le va la marcha, en todos los sentidos, pero a la vez es una persona súper sensible. Una bomba de relojería. La ha liado parda en numerosas ocasiones y sólo desde hace unos años ha encontrado la estabilidad que buscaba. Y eso lo ha logrado haciendo las paces con parte de lo que él es. Que es un cabroncete adorable (es mi prototipo de amigo ideal. Tengo unos cuantos así en mi vida :P) y que no tiene maldad en el 80-90% de las ocasiones. Es su naturaleza y a veces se le va de las manos. Y también creo le ha ayudado el entonar el mea culpa con aquellos en los que un momento dado hizo daño y tenía más cerca. Tomo nota. Y todo esto lo sé porque fui refan de Take That durante un par de meses, justo antes de que se separaran y me confirmaran que todo apesta y es más falso que un duro sevillano. Pero hace unos pocos años, ya siendo viejunos, han resucitado la artritis boy band y con sus estiras y aflojas al final han hecho las paces. Y para los más cínicos, ya sé qué pensaréis, pero me la pela, porque yo al constatar que la amistad es más fuerte que todas esas mierdas, me quedé un poco más en paz conmigo misma.

En el caso de James Rhodes, lo he descubierto hoy pero su historia es tremenda. Se ha pasado años dando bandazos en su vida, con una segunda piel que se te pega a ti de tal forma que ya no la distingues de la tuya propia y que es la depresión, el querer suicidarte, etc. Siento cada una de sus palabras y sólo puedo decir OLE por su valentía y por sus santos cojonazos de hacer lo que le mola como le mola. Me encanta su visión de romper con los estereotipos de la música clásica. Rock and Roll is not just music, baby. Me ha gustado especialmente este artículo que escribió respecto a la muerte e Robin Williams (en inglés).

 

Podría seguir con más, porque hay multitud de cosas que me han facilitado unir los puntos, pero lo cierto es que de poco importa lo que pueda decir. Al final, es un proceso individual y como tal, poco tengo que decir.

EL FUTURO (es muy oscuuuuuro, aaaay!)

Y por último, y ya sí para despedirme hasta la próxima, os comento que me he marcado una hoja de ruta para este año que entra y que me emociona mucho. También me entra el canguelo porque sé que si lo llevo al nivel que a mí me gustaría, que es “si no vale la pena hacerlo, tampoco vale la pena hacerlo bien”, es decir, hacerlo lo mejor  posible dentro de mis posibilidades, igual me vetan la entrada a los laboratorios-universidades de todo el mundo o me nombran magufo del siglo o me queman en la hoguera. Y es que entre otras cosas, he decidido que es necesario revolucionar el mundo académico-científico y quitarle ese misticismo ego-centrista. Y acercar la Vida y la Ciencia a todo el mundo desde donde se tiene que hacer, desde la pura curiosidad de saber y la capacidad de sorprenderse. Si lo lograré o no, eso es otro cantar que deberá ser cantado en su preciso momento.

 

 

¡Feliz Año Malandrines!

De egos decrépitos

Estamos casi a finales de mes. A justo una semana de mi cumpleaños. La edad de Cristo se desvanece entre mis dedos y siento una sensación parecida a ese 2007 que me sacudió por los cuatro costados.

Quería esperar un poco más, pero es que llevo días queriendo dar la noticia y mi impulsividad ya no puede aguantar más.

Empecé este blog por una necesidad creciente de retomar mi hábito de escritorcilla de blogs. Me desnudé parcialmente. Luego experimenté con un formato que era nuevo para mí. Qué es la vida sino un experimento continuo.

Pero hay algo que por mucho que hagas o dejes de hacer, es tu esencia. Y mi esencia me llama. Y siento que este no es el sitio adecuado. Que yo ya tengo un sitio donde dar rienda suelta a mis entrañas.

He decidido dejar este blog. Si es para siempre, para un par de semanas, un par de meses o X tiempo, Dios dirá. No me gusta predecir el futuro porque es una pérdida de tiempo. Escribiré si tengo algo que escribir y se ajusta a lo que yo creo que le va bien este blog.

Regreso a casa. Escribo blogs desde el 2003. Primero en catalán. Luego en inglés y finalmente en castellano. Para mí escribir es una necesidad, es una catarsis, una manera de expresarme, de ordenar ideas, sentimientos y vivencias. Es imposible que yo no escriba. Es mi respirar. Creo que viene de tener una necesidad o impulso muy grande por compartir-me. Por exhibirme, deconstruirme en público y volverme a montar ante la atenta mirada de propios y extraños.

Mi actual pre-blog (el anterior a este) lo empecé en 2007, tras coger un avión para ir a que mi novio de entonces, holandés, cortara conmigo. Él no lo hacía, pero los hechos hablaban por sí solos. Me harté de sufrir y de que no fuera claro. No fue ni la primera ni la última vez que he ido a que corten conmigo. A mí, de siempre, me han gustado las cosas bien hechas. Si hay que cortar, uno no deja pasar el tiempo y escurre el bulto. Uno va, se enfrenta a la persona que ha querido, o no, y le machaca la ilusión y el corazón allí mismo. Hacerlo no es sólo respetar a la otra persona, sino que requiere valentía. Enfrentarse al dolor que provocas a cara descubierta. Dejar que tus sentimientos negativos hacia ti fluyan. Sentirte mala persona, la inseguridad de si haces lo correcto o no. Enfrentarse a la situación incómoda de que todo acto tiene consecuencias y que las cosas a medias, funcionan sólo a medias. Y que igual, no vuelves a ver a esa persona, pero que si la aprecias, no puedes dejar que sufra porque tú no la quieres o porque tú no sabes lo que quieres.

Todos merecen y nos merecemos las mejores versiones de nosotros mismos.

Y admito que no es fácil. Pero ahí se ve quién tiene actitud, nervio, decencia.

Yo, la verdad, a veces adolezco de ello. Ego tenemos todos y a aveces es más fácil escudarse detrás de un ego construido, que salir de esa trinchera que nos proporciona y salir a cara descubierta en medio de una batalla campal.

Por otro lado, mentiría si dijera que lo que dijo Homo Minimus no me ha influenciado. Mentiría si dijera que no me ha dolido o que no he pensado en ello. Lo he hecho. He pensado en mí, en qué me molestó, en qué dice de mí. En que dice de la persona que lo emite.

Al final, para llegar a la conclusión de que lamentablemente siempre habrá gente que te juzgue, que te ataque, que no sepa ver, o, que aún viéndote y conociéndote perfectamente, decidan que eres un o una imbécil, o que, simpelemente, decidan hacer daño por el placer psicópata de hacer daño. Y no pasa nada. La Tierra sigue girando, no le puedes gustar a todo el mundo, etc, etc.

Y que el mundo está hasta ARRIBA de cosas negativas y que lo fácil es embadurnarse en ellas, dejar que te impregnen las entrañas, tu alma y la ennegrezcan y estrangulen, hasta conseguir ahogarla. Y convertirte en una persona, oscura, negativa, cínica, que no cree en la bondad de los demás, en lo bueno de la vida y del mundo e ir expandiendo este círculo vicioso negativo. Y reconozco que esa parte de mi alma anda ganando peligrosamente.

2deoctubre

Pero lo cierto, es que haciendo eso, voy en contra de mis creencias más profundas. La violencia sólo trae más violencia. La negatividad sólo trae más negatividad. Yo no tengo que hacer pagar a una persona que no me ha hecho nada mis frustraciones, mi cabreo, mi mala hostia. Si algo me molesta es mi obligación ver en qué me molesta. Al fin y al cabo el otro es siempre una proyección de mi mundo interno.

Este es un principio que he seguido a rajatabla en las relaciones sentimentales, cuando lo fácil, tras una decepción sentimental, y las he tenido épicas, es como hace mucha gente, apuntalar el ego herido y sacar un clavo con otro, sabiendo que esa persona no significa nada para ti y que en cuanto estés mejor y/o encuentres a la persona que realmente a ti te mola, la dejarás en la estacada.

La gente no está acostumbrada a sufrir. La gente no está acostumbrada a dejar el ego de lado y ser vulnerable, humano.

Y me doy cuenta que para bien o para mal, donde más me crezco es en mi propia miseria. En mi vulnerabilidad. Y que hay algo hermoso en mostrarse tal cual uno es, con lo bueno y lo malo. Exponerlo a la luz y exponerte a ser lapidado vivo.

Cierto que no es fácil. Pero es necesario. Es de hecho, el único camino.

Y sí, HM, tienes razón. Tengo un ego decrépito. Uno al que he intentado apuntalar de forma poco exitosa usando una cantidad de energía ingente. Me doy vergüenza ajena en ocasiones al no reconocerme en ciertas acciones. Por no tener las agallas. Me miro el ombligo, busco aprobación externa o por medios externos. Necesito sentirme validada, querida, comprendida. Soy débil, estúpida, prejuiciosa y desconfiada. Me molesta la gente que no piensa como yo o que no es tan perfecta como yo. Porque apuntalar un ego no es algo gratis. Y si yo dejo de ser yo, que al menos el resto no tenga la osadía de no emplear la misma cantidad energía. Pero tú, amigo, y lo sabes bien, no eres tan diferente a mí. Eres tan gilipollas como yo lo soy. Nos reconocemos a la legua. Sólo hay que ver los detalles que saltan como luces de neón. Tú me has reconocido rápido y yo también, aunque admitámoslo aquí, tú tomas más medidas de protección que yo. Pero inútiles a un ojo entrenado.

Sólo que tú parece que aún te engañas e intentas controlar todos los aspectos de tu personalidad, siendo evidente, para el que lo quiera ver. Y es que, en todos sitios cuecen habas.

Y sabes, NO PASA NADA. Cada uno vive como puede. Como sabe. Y cada uno se engaña también como puede. Uno puede acallar la vocecita intentando controlar todos los aspectos de la personalidad, pero la personalidad, que es perra vieja, al final acaba saliendo por otra parte. Es como un balón de Nivea al que se intenta mantener bajo el agua. Si lo haces con fuerza lo lograrás, pero tarde o temprano saldrá. Así que, realmente no te lo tomo en cuenta. Para ser honesta, no me sentí o me siento identificada aunque sí reconozco tener un ego decrépito. Es una cirscunstancia. No me define.

Me apunto lo interesante que has dicho de mí y lo tomo como revulsivo para mejorar. Si a ti te hace sentir bien contigo mismo el ir de superior, de dar clases magistrales de condescendencia, no soy yo quién va a juzgarlo. No es mi estilo, cierto, pero nadie tiene que ver el programa sino le mola.

Lo que sí me molesta es la mala leche gratuita. Me da pena. Es fácil criticar las vulnerabilidades de los demás cuando las tuyas las guardas celosamente para que no puedan ser objeto del mismo tratamiento. Pero al final uno sólo puede centrarse en lo que realmente puede cambiar y no en cambiar a los demás. Esto lo he aprendido a base de hostiones vitales.

Y todo esto lo digo sin acritud, o al menos con todo el respeto que puedo arrejuntar. La verdad, no puedo juzgar a la persona que hay detrás del personaje, porque no lo conozco, ni se deja conocer. Y está bien. Cada uno elige cómo mostrarse.


Y bueno, hamijos, que OS QUIERO. Sí, a ti también. Soy de naturaleza 0 rencorosa (algo bueno tenía que tener, eh?). Lo mejor de un blog siempre es la gente que viene, que comenta y que me escribe e-mails. Sois poquitos, pero Dios, me siento tan y tan afortunada. A pesar de mis bandazos en la vida, nací con estrella porque siempre topo con gente que me devuelven la fé en la humanidad, en mí y en seguir adelante con más empaque, con más dignidad y valentía.

Y que me harté de luchar. Como que me rindo. Ya no voy a luchar contra las desigualdades, contra los cínicos, los intolerantes, los negativos, los frustrados, los violentos, los desagradables, los maleducados.

Acepto que el mundo es un asco. Que yo soy un asco. Pero que incluso siendo un asco, es maravilloso. Soy maravillosa.  A mi decrépita manera. Y que todo es maravilloso porque es un asco. Así que mi decisión es sólo ver en qué lado quiero focalizar mi energía. Y durante estos días he tenido radicalmente clara la respuesta.


P.D. El que quiera mi dirección de blog, que me escriba un e-mail amoroso. 🙂 Aviso, el tono es distinto a este. Nunca me ha ido eso de hablar desde un pulpito de sabiduría. Las formalidades me dan urticaria. Así que esperad caos, destrucción y honestidad a raudales. Admito que no es para todos los públicos. Si eres altamente racional, ordenado y te disgusta la falta de foco, no te molará. Avisados quedáis.

P.D.2. Mi dirección de e-mail la encntraréis abajo a la izquierda. 🙂

P.D.3. No hay PD3, pero es que las despedidas siempre se me han dado como el culo. Soy de las que dice, bueno, que me voy, 200 veces antes de colgar el teléfono o antes de arrancar el coche o la bici.

Cuidaros mucho.

Día 1 (RTP): Rómpase en caso de emergencia.

No os lo dije, pero la idea del reto era monitorizar estos 10 días. Ahora me desdigo de lo no dicho y os digo que igual os dejo en paz.

Vamos allá.

Día 1: escribo la entrada de ayer, hago mi planning, suave pero intenso. Pim, pam.

Crash.

El abismo.

El bucle.

La destrucción.

Eso resume bastante bien mi día de ayer. Y diréis, ¿por qué? Hamijos, si tuviera la respuesta. Lo de siempre. Nada. Todo. ESO. Creo que sólo las personas que pasan por esto pueden entender esta sensación de recaer en el bucle de la muerte. Que todo el mundo los tiene, pero hay bucles que son más mortíferos porque no tienes ancla con la realidad. Y que no sé cómo no he caído antes teniendo en cuenta la montaña rusa emocional del último mes. Claro, me pones la guinda del pastel y ¡Pum!

Me sentí atrapada. Sistema límbico al poder. Huye, huye. ¿A dónde? ¿Sevilla? No, no, ahí no. Huye, huye, huye. ¿A dónde? El mundo es peligroso. No tienes donde ir, ni con quien.

Oscuridad.

Monstruos horribles y enormes acechándote y tú no sabes a dónde dirigirte. Dios, para qué carajo vi el documental de Amy o el de Kurt. Estoy ahí dentro y me aterra no poder salir. Pero yo no soy oscura. Soy luminosa. No quiero estar aquí.

Y alcancé el kit, bastante pobre aún, de emergencia:

1. N.e.c.e.s.i.t.o.h.a.b.l.a.r.lo.siento.por.molestar

Y vomité mis entrañas. Y establecí una pequeña conexión con el mundo, con un mundo seguro. Me tendió un hilo, casi invisible, que se dirige hacia fuera.

2. Sesión de emergencia con mi psicóloga hoy (bah, esas cosas no las necesito yo. Soy autosuficiente, son patrañas, qué te va a decir que tú ya no sepas, blah, blah, blah).

Y ella me ha guiado, de la mano, hacia fuera de la oscuridad. Por ahora.

¿Qué sensaciones físicas tienes cuando entras en bucle? ¿Y cuándo te sientes bien, y tu parte más positiva, exploradora sale a la luz, cómo lo sientes en el cuerpo? Hay que establecer una conexión con algo y eso se practica.

3. Ir.a.la.naturaleza. Quedar con alguien. Da igual el qué, pero hay que recuperar la conexión.

Amigos, estoy de duelo. De nuevo. Mi vida es una concatenazión de duelos. Los hago a pares y cuando estoy ahí saliendo de uno, siempre hay otro en cola. La familia además es una fuente inagotable de duelos.

Y que no, que me niego, con lo que me lo he currado que me arrastren a su mundo. Hace un par de horas, aún sentia un miedo atroz. Pero ahora estoy tranquila, alejándome del bucle. Por primera vez en mi vida, siento que tengo la guía que necesitaba. No sólo me comprende sino que sabe cómo hacer que salga de ahí por mi propio pie.

Me queda mucho, mucho trabajo por delante y caeré unas cuantas veces aún, seguramente, pero yo quiero trascender esto, sublimarlo, para que se convierta en algo que no pueda hacerme daño ya más.

Además, esta mañana y en relación a algo que pensé ayer, quiero hacer algo más. Será mi proyecto. O no. Porque lo dejaré en barbecho como todas las ideas que se me ocurren.

Desde que vi los documentales de Amy y Kurt, hay algo que me ronda. La gente piensa, erróneamente, que estas cosas le ocurren a gente diferente, solitaria, que vienen ya defectuosas, etc. Pero eso no es así. Son circunstancias las que te hacen solitaria, taciturna y con una tendencia a entrar en bucles autodestructivos.

Yo soy una persona normal. Optimista, abierta, sociable, ambiciosa, curiosa y divertida. Y sin embargo, entre las “oscuridade” de Amy y Kurt y la mía no hay ninguna diferencia. Ninguna. De carácter si acaso. A mí me da por estudiar a otros les da por las drogas. Todas son formas de mitigar un dolor muy intenso. Esa rabia y odiar el mundo porque el mundo ignora el dolor porque no es capaz de verlo a la cara. Hay un estigma brutal hacia las enfermedades mentales o hacia las dificultades mentales. Todos somos propensos, incluso los más “normales”. Hay que visibilizar esto de forma adecuada. Sin esconderlo, como si fuera una tara de fábrica sobre lo que no hay nada qué hacer o sin subir al pedestal a los que lo han sufrido y han mostrado un talento artístico o intelectual fuera de lo común. Como si fueran genios cuyas mentes fuera de serie no pudiera traer otra cosa que la destrucción. No tiene nada de especial consumirse de dolor. No hay que ser superdotado. Ni tener un talento artístico especial. Si tienes un cerebro dentro de la cocorota, eres susceptible. Con ser persona con ciertas características y padecer ciertas circunstancias eres susceptible. Y la soledad que se siente, a ser señalado, humillado, incomprendido es una parte muy, muy importante de lo que evita la recuperación. Si no eres capaz de comunicar esto que te pasa, la oleada de emociones te consume. Nadie se merece eso. Y no puedo dejar de pensar en todas aquellas personas que lo tienen más complicado que yo, que no tienen mis características más sociales, que han sufrido o sufren bullying o que son directamente apartados de la sociedad y se me parte el alma. Esto no se puede permitir.

Pero cada cosa a su debido momento. Por lo pronto, me tomo un descanso. De blog. De familia. De pensar en Berlín, de Amy, de Kurt, del estrés, del machismo, de las desigualdades sociales, de la contaminación ambiental y de todo lo demás. Me doy un respiro. Necesito luz, agua, energía.

Conectar.

Así que, no sé si en estos 10 días terminaré el Proyecto. La intención la tengo y conociéndome lo haré sí o sí. Espero que la batería me aguante. Pero lo primero es lo primero. Si no puedo hacerlo con la ilusión de los últimos meses, quizás no sea el proyecto que yo tenga que hacer. Y ya pensaré, llegado el momento, cómo resolver la papeleta.

De momento, me voy a la piscina. 4 días sin deporte y casi reviento. Deporte, deporte, deporte. La droga natural (y como cansa, el enganche, en mi caso, es moderado, que soy muy floja). Un poco de vídeos chorras, con mogollón de clichés y de colores pastelosos y una mini escapada. Libros de los que te suben la moral. Pelis ñoñas. Pintar. Escribir offline.
Etc.

Reto Terminar Proyecto

Estoy a punto de tirar una oportunidad por la borda que me ha costado mucho conseguir.

 

Llevo sin trabajo “reglado” desde el 2010. Desde entonces he encadenado algún que otro contrato de dos-tres meses, en los que trabajas 6 (no por gusto, que para rebelde yo, pero al final tuve que pasar por el aro si quería tener el privilegio de pagar por un papelito unos 200 € o lo que costara y el tener el lujo asiático de que a un alemán se le haga el culo pepsicola al oir que eres Dotora). También he trabajado en un minijob de bastante menos de 450 €. Fue mi proyecto de investigación social en Alemania: ¿Cómo se siente siendo un inmigrante de mierda atrapado en el mundo minijob? Pues os lo digo: una auténtica mierda. Aunque los alemanes (los y no LAS) son más buena gente de lo que yo me habría supuesto. Fue una experiencia de lo más interesante y soy consciente, y lo fui siempre, que tenía el privilegio de irme cuando yo quisiera. Cosa que mucha gente no. Un día hablaré sobre el tema de los minijobs y el “milagro alemán” bajo mi humilde y totalmente sesgado punto de vista.

Aparte de esto, y de forma casi continúa, he estado dando clases particulares. Sólo mi mejor amiga sabe que además de inglés para niños-adolescentes, también he estado dando clases de alemán. Mi alemán hace 3 años era nivel: ¿cuál era el artículo de “Nombre”? Y eso que cuando lo dejé, tenía nivel B2 oficial y C1 no ofiicial. Pero es lo que tiene, que si no lo usas, las conexiones sinápticas se desdibujan.

Y me dije, estaría tan guay recuperar una buena parte de me alemán antes de irme a Alemania (a recuperar mi alemán perdido) y así ir recuperando tiempo. Y a ser posible, sin gastarme un duro. O mejor, aprender cobrando, el súmum de la productividad. Total, que puse un anuncio, que por ponerlos no vas a la cárcel y me olvidé del tema. Con tan mala pata, que me llamó un chico que estudiaba Turismo en Málaga pero que vivía y curraba en Sevilla. Y me dije…¡joroña! Y ahora, ¿Qué hago? Como soy así, me dije, bueno, puedo ir, probar y si veo que no puedo servirle de ayuda al chaval y que va a perder el tiempo y el dinero, va y le digo que no puedo darle las clases y ya.

 

[WARNING: Momento abuela cebolleta ON]

Me preparé la clase, me hice una idea de lo que necesitaba el chaval y empezamos a trabajar. Vi que podía hacerlo. Y me tenía que empeñar bastante en casa para dar clases de calidad. Me estructuré las clases “my way” y con una media de 1.5 h de clases semanales el chico pasó de nivel 0 de alemán a aprobar con nota su examen de la uni (en tres meses creo). Además, su profesora, que le pasaba material a distancia y le monitorizaba, le dijo que le gustó mucho la estructura y método que le había proporcionado. Me sentí extrañamente orgullosa de mi misma. Mucho más que cuando leí mi Tesis.

 

Y luego, llegó más gente, entre ellas una chica que estaba haciendo el MIR y que había conocido a un alemán. Se había enamorado y quería irse a alemania con él cuando terminara. Me contactó y me dijo que en un mes y medio quería presentarse al examen oficial del A1. El A1 es fácil, pero para alguien que con sus palabras “no se me dan bien los idiomas” se necesita un tiempo de adaptación. A mí se me dan medianamente bien y recuerdo estar con “wie heisst du?” y todas las combinaciones durante el primer mes. Y aún así, no era infrecuente que a veces pensara…ains…como era “vosotros”?

Que me acojoné ante la petición sería poco. Pero me dije lo mismo que con mi primer alumno…ve, valora la situación y si no puedes, deriva. Y funcionó. No es todo mérito mío, claro, pero me lo curré. Aúne años de aprender idiomas y lo que había aprendido que funcionaba mejor para aprenderlos. E intentaba sacar cuál era la motivación de la persona para aprender el idioma y sacarle jugo por ahí. A esta última alumna no se le daban bien los idiomas (eso es una mentira y se lo demostré), pero es una persona muy comunicativa y si no habla se muere. Lo exploté al máximo. ¿Resultado? Aprobó su examen con máxima nota. Yo me fui a Alemania y ella me contactó. “Oye, que sé que me dijiste que no, pero porfa, porfa, porfa, podemos probar dar clases a distancia y ver si funciona?” Y yo no lo tenía claro. Pero me lió. Me lió y acabé ayudándola a conseguir un B2. Y eso que en un momento le dije que se fuera a una academia, ya estando ella en Alemania. Fue a la supestamente mejor: al Goethe Institüt y casi se me corta las venas. Volvió suplicándome.

Así que, en un año y medio, consiguió su pasaporte al mercado laboral alemán. El primer año ella estaba en España y trabajando de 8-3. Teniendo clases para su Tesis por la tarde. Haciendo guardias (he ido a dar clases al hospital!) y el redoble final de tambores: se quedó embarazada y estando el maromo en alemania lo sacó todo para adelante ella sola. Y luego, ya en alemania, con la niña aprendiendo con ella (y llorando, mamando, gritando, etc, más adelante). Mi alumna fue un ejemplo de que querer es poder y de una fuerza de voluntad impresionante. Nos hicimos amigas y la ayudaba en sus primeros momentos de choque cultural. Y a mí me ayudó a entender que eso de “no sirves para X” como si fuera algo que te dieran al nacer es una falacia. Este sentimiento no lo tuve antes, más que al ir terminando la universidad y en especial durante mi Tesis. “No eres inteligente para esto”, “no sirves para esto”, “No encajas aquí”.

Y con este experimento que más de un filólogo se echaría las manos a la cabeza y me acusaría de intrusismo profesional (y en parte tendrían razón), me di cuenta de que lo único que hace a alguien válido o no para algo es la práctica. Algo que yo sabía ya de sobras por mi larga experiencia en el mundo académico, pero que por alguna razón en los últimos años me dejé convencer de que había una especie de inteligencia innata que te hace ser bueno en algo y que eso no se puede cambiar, y que yo, siendo muy consciente de mis limitaciones, no tenía.

 

[WARNING: Momento  abuela cebolleta OFF]

 


 

Y todo esto para decir que este sentimento de fraude aún me persigue. Y me doy cuenta de que tiene que ver con ese sentimiento tan arraigado mío de no pertenecer.

 

Pero que esa es mi particular lucha personal y no puedo dejar que determine mi vida.

 

Así, que, ante mis más que claras reticencias de terminar el proyecto (que tendría estar escrito ya y del que no tengo apenas 10 líneas escritas) sé que se encuentra un pánico a la soledad. Soledad de hacer un proyecto en una empresa al que no le importas a nadie nada, en el que vas a estar básicamente sola. En una ciudad en la que me he sentido dolorosamente sola. En el que no le importas a nadie y en el que los débiles lazos que te unen a España se rompen irremediablemente, porque la gente no entiende que necesitas contacto humano y que la aclimatación a un sitio nuevo se siente dolorosamente solitario.

El darme cuenta, al leer un libro, que este sentimiento no es nada nuevo para mí. Que es el leit motiv de mi vida. Lo que me impulsa a hacer o no hacer las cosas. Y que no puede ser que una situación familiar de mierda, en que nadie se preocupa más que de uno mismo, en el que la inmadurez y el comportamiento ruin son la norma, afecten mi vida de forma que me la destruya.

 

Necesito salir de este pozo como sea. Me estoy planteando hacer un proyecto grande y absurdo acerca de esta temática tan mía: “La soledad”. Ayer, al leer el libro del que ya os comentaré, me di cuenta. Mi problema base.

Hay mucha gente sola en el mundo. Diría incluso, que la soledad, en gran medida, es la culpable de muchos males de la humanidad. Eso implica la soledad impuesta a personas mayores, a inmigrantes, a mujeres en muchos ámbitos, y aun largo etc.

 

En cuanto al Proyecto, aunque ya estoy incumpliendo un plazo no oficial y me siento como el culo por ello, me doy cuenta de que es mi miedo el que habla y que si no sigo adelante, presentando lo que sea, un churro si es necesario, me sentiré aún peor. E intento pensar en lo bien que me sentía en Sevilla investigando sobre el tema y explorando el ir al laboratorio por amor al arte, a mi rollo, y no para suplir cierta emoción negativa. Y me quedo con eso.

 

Y los próximos 10 días, como si fuera uno de mis entrenamientos de natación de antaño, me propongo terminar el proyecto.

 

Es decir, escribirlo, entregarlo al futurible jefe y dejar los últimos días para repasar y modificar. Eso es una gran tarea, comparable a nadar 5 km diarios cuando no has movido el culo en medio año, o más, y sé lo que me espera. Dolor, cansancio. Pero sé también que es posible, porque no es la primera vez que nado 5 km, y la memoria está allí. Y porque hay mucho trabajo hecho ya aunque esté aún en mi mente.

Pero también sé cómo hacerlo, porque la larga distancia es lo que te enseña: a encontrar técnicas para no pensar en el dolor actual, no pensar en lo que queda, sino en el ahora mismo. En estos 500 metros. Seguir moviéndote, trascender todo eso.

Me hace gracia que Mireia Belmonte dijera no hace mucho que ella en las pruebas largas cantaba. Me reí y pensé en mi “radio” que utilizaba cuando adolescente para nadar porque era aburrido a matar (aunque a mí me gustaba  y me gusta) y de alguna manera me tenía que entretener. Así que me cantaba las canciones que más me gustaban como si fuera una radio.

Más adelante ya no necesitaba eso. Me separaba el entrenamiento en pequeñas unidades de 500 metros, y en unidades más grandes de 1500 metros. Superar cada unidad era un triunfo y la sensación de cumplir te impulsaba a conseguir la siguiente unidad. Estaba totalmente prohibido ir fuerte en los primeros 500 metros, que son los más difíciles, porque estás fría y te cansas rápido porque tu sistema cardiovascular no está acostumbrado aún. Es fácil pasar del “buaaaah, hoy lo peto” a “buah, me quiero morir”. Esa regla es básica. Y otra regla era no pensar en lo que quedaba en la primera mitad del entrenamiento. Otra técnica era que los primeros 1500 metros eran de sondeo. Lento, seguro, agradable. La confianza así aumenta. Luego, empiezas a meterle un poco de caña, pero de forma controlada. En fin, podría seguir y seguir, con todo lo que he aprendido con la larga distancia (nivel amateur) por amor al arte pero de momento lo dejo aquí.

 

Mi compromiso lo hago público, porque es como más funciona (eso o enfrentarme a una doble culpa) y en los próximos 10 días iré actualizando esto con progresos o simplemente lo que se me vaya ocurriendo.

 

 

Mis mantras: “No pienses en eso ahora* y búscatelas para disfrutar el proceso” (*soledad en Berlín, no sé si es lo que quiero hacer, me voy a morir de asco ahí). “Sabes que puedes hacerlo. En plazas más difíciles has toreado” “A mí SÍ me importa y mereces luchar por lo que te importa

 

 

 

Y, así empieza mi reto. Curioso que siempre suelo empezar casi todo los martes (nací un martes, igual es que mi ciclo vital empieza este día).

 

 

 

 

Rape me con amor, ¡sí, sí, yeah, yeah!

Amigos, hoy seré breve (no caerá esa breva).

No sé cómo anda vuestro inglés, pero Rape Me es Viólame en español. Porque es que las tías lo pedimos a gritos. Seremos zorras.

 Ayer andaba yo por esos caminos inexcrutables de internet y llegué por curiosidad, de esa que tengo yo por intentar conocer mejor a las personas que aprecio, a la figura de Kurt Cobain.

Uf, qué perezaaaa, me dije. Mi época punk-grunge-anti-todo-adolescencia-chunga-pa-dentro (vamos que todo era muy de interior, porque yo soy de externalizar poco no vaya a ser que me lleve una somanta hostias)…Nirvana…grunge…adolescente haciéndose el guay.

Buf.

Bueno va, que no se diga…

Pero luego llego a esto, y digo, si es que lo que es bueno, es bueno. Y me digo, venga, vamos allá. Motivación a full. Pero llego a este vídeo, incluso a otro (que no encuentro), y me digo….ufff, esto va a ser difícil.

Pero luego, llego a esto:

Y lo empiezo a ver. Lo empiezo a entender. Vaya, ¿dónde habré visto yo esto antes? Dejadme que piense…

Yo, como persona totalmente ajena a las cosas que ocurren en la actualidad, fui totalmente ajena al boom post-suicidio de Kurt Cobain. Era una niña. Lo típico: sexo, drogas y rock and roll. Un cliché. Un drogadicto, un rebelde, un “añade el prejuicio que más te mole”. Lo bueno de no saber nada, ni de un lado ni del lado de los conspiranoicos, es que te mantienes con una mente más abierta. Ahora, una cosa me quedó claro. Ella fue la culpable. Como Yoko Ono en su día.

He visto la mitad del documental sobre Kurt Cobain que ha salido este año (la mitad, porque sólo he encontrado eso Aquí está el documental entero) y he leído entrevistas y sobre todo lo he visto hablar y oye, que qué queréis que os diga. Me he enamorado. De forma platónica, que es la forma más pura.

Ya es la segunda persona este mes con la que siento una conexión y un entendimiento profundo. Y los dos están muertos. Lo cual, me turba un poco. Hay dos pasajes en esta mitad de documental en la que pegué un brinco. No soy la única que ha hecho eso (inventarse rollos en la adolescencia para crear una ilusión de persona normal y que te dejaran en paz). Wow.

Ahora sólo queda saber cómo canalizar toda esa frustración que desgraciadamente es imposible acallar, porque esa frustración no viene de cosas poco importantes o de imaginaciones mías o nuestras. Ojalá. Provienen de este pestilente mundo o más bien de los pestilentes humanos y sus putas ansias de poder y de machacar al diferente. Pudiendo ser justos, elegimos ser unos putos cabrones de mierda. Y me cabrea, me cabrea, porque podemos hacerlo mejor. Sobre todo tú. Sí, tú. Tienes la capacidad intelectual para ello, pero eliges no hacerlo. Eliges ignorar que tienes unos privilegios que te han sido dados simplemente por nacer de una determinada forma y en un determinado sitio y momento. Intelectualizas los problemas del mundo y de la humanidad, pero ignoras lo que puedes hacer aquí y ahora en tu radio de acción, con la gente que te rodea. Ascazo.

Sí, sí, podría centrarme en lo positivo, en lo bueno que existe ya, aunque para ello igual me tendría que ir a las montañas. Porque desgraciadamente en el día a día, el bombardeo es absolutamente constante. Y oye, soy buena evadiéndome de la realidad. Metiéndome en mis libros y todo eso. Pero lo cierto es que no es suficiente.

Y oye, que me alegro un montón de haber superado mis prejuicios iniciales y haber conocido a este tío. Y qué lástima, realmente. Los que se tendrían que haber pegado un tiro no fue él, sino los carroñeros que siempre pululan alrededor y que intentan descuartizar al más débil para así sentirse mejores. No me explico cómo la gente no puede ver el objeto de esa frustración tan y tan profunda. Y por otro lado, me sentí extrañamente aliviada. No eres la única.

Creo que cualquiera con cierta honestidad y autocrítica me reconocerá que ciertos colectivos no tenemos los mismos derechos que otros. Que tengamos que autoafirmarnos continuamente es muestra más que evidente. La verdad, cansa hasta el infinito y más allá el justificarse:

Sí, es verdad busco maromo porque mi ilusión en la vida es querer y ser querida y crear un microcosmos de igualdad y seguridad donde cada uno pueda desarrollarse como persona, en libertad y a salvo de prejuicios. Sí, es verdad, busco novio, busco intimidad, y sí, me gusta pintarme las uñas, comprarme avalorios, y muero de amor por un par de sandalias.

Pero oye, que leo a Kierkegaard y soy una persona inquieta y curiosa, ¡Ah! ¡E inteligente!

Y que vale, he leído los relatos eróticos de la revista Vale y he esperado cada dos semanas con ansias la Súper Pop, a la vez que me leía la biografía de Adolf Hitler y El Anticristo de Friederich Nietzsche.

 Ains, que me estoy liando. Bueno, si eso me hago un PhD en Biología Molecular e Ingeniería Metabolica que eso siempre da caché e intelectualidad y así me redimo por mis pecados.

¡Qué cansina es la autojustificación!

Y es que estoy un poco hasta el potorro de esas acciones violentas y que pasan por debajo del radar de violencia. O ni eso, que luego te matan y encima te dicen, será tonta, ¡si se veía venir! Y tú sacas espumarrajos por la boca y con ese aire condescendiente y paternalista, del que sabe y siente pena infinita por un ser tan poco evolucionado como tú, te mira y te dice:

¡No exageres! ¡Qué piel más fina!

La piel de tus huevos sí que es fina.

Y que no me voy a extender en obviedades porque entre ayer y hoy ya he derramado suficientes lágrimas, bilis y que siento que ya he realizado mi catarsis semanal. Y que el único recurso que nos queda es el humor. Eso o arrancarnos la piel a tiras y se me antoja doloroso.

Y que igual nada va a cambiar (asúmelo chiquilla, que la estadística no está muy a tu favor), pero que la resignación no cambió de momento nada en este mundo.

Lo que está claro es que la rabia tiene que ser dirigida de alguna manera porque de lo contrario daña a otras personas (y entonces, amigo habrás caído tan bajo como ellos) o a ti misma. Y hombre, ya que te arrojaron a este mundo, sin preguntarte ni nada, pues eso, ya que estás, da un poco de guerra.

Y entre la mitad del documental de Kurt Cobain y el entero de Amy Winehouse (que tendría que ver de nuevo, porque con ese inglés de los suburbios y subtítulos en alemán a veces me perdía detalles), mis conclusiones preliminares  y en constante evolución son:

  • La gente más sensible existe y especialmente los niños no aguantan bien situaciones estresantes: divorcios, infidelidades, mudanzas. Las injusticias hacia seres vivos (incluyendo a los humanos) las toleramos más bien regular. A estos niños a menudo se les trata como eso, niños animales con un intelecto de rata, cuando en realidad pillan las sutilezas humanas mejor que muchos adultos. A estos niños hay que hablarles con sencillez pero no como a estúpidos. Hacerles partícipes, dejar que se expresen. Sobre todo sus miedos, que son muchos y variados. Dejarle espacio, no criticar y reñir con tacto y con razones justificadas. Y sobre todo, cuando hay algún cambio importante en la vida familiar, tratarlo como un ser humano y hablar con él. ¿Habéis visto la película Del Revés? Id a verla. Es genial. Explica muy bien este fenómeno y que explica bien las emociones humans. Sólo que en niños como Kurt o Amy es una respuesta más intensa.

  • Si lo anterior no se da, uno tiende a aislarse y la sensación de alienación que se siente de la raza humana es brutal. Eso es súper peligroso, sobre todo en la adolescencia, cuando sientes y sabes que nadie entiende lo que tú sientes. Tus padres no lo entienden, tu entorno no lo entiende. En realidad sabes que muchas veces ni siquiera hacen el esfuerzo. Los padres se ven sobrepasados, sobre todo si son padres que piensan que educar es como crecer una planta: siembras la semilla, riegas de vez en cuando, ¡Y andando! Igualmente, y para los más comprometidos y responsables, e incluso para los ignorantes pero bien intencionados, admito que no es nada fácil. Hace falta mucha psicología y mano izquierda y por general suele faltar uno o lo otro.

  • Si esa frustración continúa y no encuentras la manera de mitigarla (por lo general sintiéndose parte de algo y sobre todo aceptado) se tiene el peligro de virar hacia la violencia o las drogas. Mala, mala, mala, combinación. Siempre hacia el deporte. Siempre. Y a partir de ahí hacia la expresión de tu ser. Música, activismo, qué sé yo. Pero deporte, mucho, deporte.

  • La gente no te entiende y eso es difícil de llevar. Entonces llega el maromo o maroma de turno, que tiene tantos o más problemas que tú y que como buena persona con problemas, te entiende perfectamente. ¡Por fin! Una persona sana no te entiende (lo que explicas es de ciencia ficción o de tarados mentales) y el insano te mata. ¡Ideal!

    Mi propuesta: mentores con tus rasgos que te enseñen a canalizar esa incomprensión. Nada fácil, porque no es un rasgo que se acepte en la sociedad y que por tanto está estigmatizado y escondido. Necesarios un par de amigos con tu sensibilidad para poder soltar tensión y las parejas lejos, lejos, mientras no logres ciertas técnicas eficientes de auto-regulación. Igual plantearse el desestimar la idea de la pareja en su totalidad, porque una necesidad tan visceral e intensa de querer pertenecer y ser querido por lo que uno es es una bomba de relojería y que incluso la persona más buena puede potencialmente utilizar en tu contra. Pero a los insanos y con problemas parecidos a los tuyos, de pareja NO.

  • Si te dedicas a profesiones expuestas al escrutinio público: haz tu trabajo, exprésate y elige con cuidado quien te representa. Elige, si puedes, a gente leal, gente que sobre todo mire por tu bienestar y no por su bienestar ($$$$$$)  y que van a ser tu escudo protector. Que se encarguen ellos de leer las críticas y filtrar lo que se dice por joder, por dañar gratuitamente. Es tentador responder uno mismo, pero la paz espiritual no se logra así. Que cada uno se pudra en su inmundicia mental sin salpicar. En este caso: ojos que no ven, corazón que no siente. Si no tienes el escudo protector ese mundo va a acabar contigo. No merece la pena.

  • Nadie (y todos) es culpable de un suicidio más que uno mismo. Cierto, en ambos casos hubo muchos responsables, pero en adultos la responsabilidad recae en uno mismo. La puta pena es que no tuvieran vínculos sanos que pudieran ser un ancla de ese barquito en medio de un temporal. Entre los responsables más directos, la familia, como siempre. No se puede uno desentender de los errores cometidos, porque los errores siempre vuelven a cobrarse lo suyo. Acerca de las parejas. ¿Qué esperáis de personas enfermas? Es como pedirle a un ciego que te aterrice un avión en una isla minúscula con niebla. No son malas personas, son enfermos (marido de Amy, mujer de Kurt-Cobain) y no se merecen, ni mucho menos, un linchamiento de tal calibre. Pero claro, una vez que el el público sediento de sangre, empieza a sentirse culpable por lo que han promovido, hay que liberarse de la culpa y cargarle el muerto a otro. Típico.

  • Huye, huye, lejos. O escóndete en la buhardilla y no te muevas. Que las SS están al acecho y hay mucho soplón hijoputa haciéndose el ciudadano respetable. Como te muestres, estás perdida. Vendrán a por ti y no quedarán de ti ni las migajas. Y la gente gritará, agitará los pañuelos y pedirá tu sangre.

  • Si eres mujer eres el comodín del público. Por zorra. Por mojigata. Por tonta. Por lista. Por dócil. Por rebelde. Por arreglarte. Por ser una marimacho. Por calienta braguetas. Por bollera. Por falta de ambición. Por zorra ambiciosa. Y un largo etcétera. Sí, amigas, una mujer te vale tanto para un roto como para un descosido. Así de polifacéticas somos.

Y de momento, aquí lo dejo.

Y os dejo con esta canción que por lo visto no todo el mundo pilló. Hamijos. No está hecha la miel…

Por cierto, desde hoy me declaro oficialmente Feminazi.

Feminazi

Aixxxx, qué liberación, oyes. Desde que con unos 6 años mi tío me pidió a mí, que me dirigiera a la cocina a acercarle algo, mientras miré estupefacta a mi alrededor y vi a seres masculinos más aptos geográficamente hablando para realizar dicho cometido y que amablemente le dijera “tirirí, por aquí se va a Madrid”, que estoy deseando salir del armario, subirme a unas plataformas y a una carroza y salir del puto armario.

 ¡Puto Disney! ¡Putos cuentos! ¡Creastéis una feminazi de la nada! ¡Arderéis en el infierno!

Técnica ACT: Soy un gnomo

¿Os acordáis de esta canción y de sus correspondientes dibujos animados?

¿No? Fuera inmediatamente de aquí. Puaj, juventud ignorante, id a emborracharos con metanol y a bailar una de esas canciones horribles de guarreo pasivo.

Veréis, yo hace una hora era algo así como:

“Esto es una mierda, grrr, mierda, aghgg, odio, destrucción, no quiero escribir, no quiero nadar, no quiero no querer, vale, sé algo productiva o explotarás, no me apetece escribir, odio Berlín, si acabo ahi me quedo calva, odio mi vida, odio a todo el mundo, vale, pues escribe una entrada, que menos da una piedra, vale pero eso es procastinar ¡Y lo sabes!. Pues más vale eso a que llegue las 12 de la noche y no hayas hecho nada, de nada, a parte de meterte cafeína, azúcar y grasas trans además de ponerte en modo abuelo de Heidi y Srta. Rottenmeyer, todo junto”

Sí, tacháááááán…

Mi yo “Crítico-coñazo” ha vuelto…saludémosla con amor…

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¡¡Te queremos, Crítico-Coñazo!!

 Qué pesadita la joía. Me he ido a la terraza con una buen refresco lleno de cafeína, que es buenísima para el estrés y para sentirse bien, aderezada con una buena cantidad de edulcorantes artificiales que no sólo no te dan más hambre, sino que te limpian por dentro. Me he puesto a escribir una entrada, así como muy yo típica, con los colmillos salivándome con mi agudeza crítico-destructiva y me he dicho…ains, qué pereza. Me aburres y hace frío. Y eso sí que no lo aguanto. Anda, vete para dentro que te vas a quedar pajarito.

Y me he acordado de mi primera canción ever en la que interpretaba la canción de Soy un Gnomo ad infinitum, para tortura de mi hermano.

Veréis yo de pequeña era… cómo decirlo. Me pasaba el día cantando y soy muy mala recordando de oídas. Soy más visual. Así que yo cantaba algo así como “Soy un gnooooomo, nananana….Soy un gnoooomoooo ” y así entraba en bucle, y ya sabemos cuál es el concepto del tiempo para un niño.

 El caso es que un día regresé del colegio, dispuesta a escuhar por enésima vez ese cassette de música tan guay que pertenecía a la colección de cuentos y canciones de Soy un gnomo de mi hermano y a la que él no prestaba ni la más mínima ateción y para mi horror….

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¡NOOOOOOOOOOOOOOO!

  El cassette estaba en el suelo y había sido víctima de un descuartizamiento sin piedad. Sus tripas se hallaban desparramadas por toda la superficie y yo sólo acerté a alzar mi mirada hacia el horizonte (todo el horizonte que puede tener el interior de una casa), desplegué un alarido agudo y desgarrador y caí al suelo presa de la desesperación más absoluta. En otras circunstancias hubiera sido una buena actriz.

Mi hermano siempre ha sido el científico-técnico de la familia y nunca ha tenido esa vena artística que yo tenía. Ahí descubrí que, además, no le gustaba nada, NADA, mi forma de expresarme, que era en un 90% a través de una representación musical ya fuera cantada o bailada (era una conocida bailaora flamenca en mi casa). Ahí se truncó mi carrera artística y ahora me veo abocada a una gris existencia de números, moléculas y gente que se abotona mal la camisa que ha encontrado en el fondo de su armario, arrugada y  pasada de moda.

mis moléculas
¡Mis experimeeeeeeentooooos! ¡Mis paaaaaapers! ¡Mi plaaaaaaazaaaaa!

Y diréis, ¿a dónde quieres ir a parar, tú que siempre te vas por peteneras?

PENSAMIENTOS MUSICALES Y TITULAR TUS HISTORIAS

Pues que el otro día estaba yo leyendo una de mis penúltimas adquisiciones (se me va a ir la pasta en libros, una ruina):

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¡Compradme y hacedla rica y que se pueda comprar un buen cubata! Lo necesita…

Enlace afiliados:La trampa de la felicidad: Deja de sufrir, comienza a vivir (Prácticos)

De momento el libro me está molando porque da una estructura a técnicas (algunas) que yo de forma intuitiva he utilizado, sobre todo cuando era más joven, lozoana e infinitmante más sabia. Dicen que la involución no existe, que es un oximoron, pero yo soy la prueba viviente de que sí existe. Y es que la mente, esa perra, si no la dominas, te domina a ti. Y en uno de los capítulos del libro, el autor comentaba un ejercicio que se podía hacer cuando te salían pensamientos recurrentes y digamos, negativos y pesados y que te dejan la moral más baja que el presupuesto de I+D+i de este país. Puedes luchar contra estos pensamientos en plan “hay que ser positivo, blah blah blah” o bien unirte a ellos y pasártelo bien. Yo elijo la segunda, que una buena risa no amarga a nadie.

La técnica que más me gustó fue la de cantar lo que fuera que tu cine-mente esté echando en ese momento.

Ej: “Soy una inútil y no voy a conseguir trabajo en mi vida”

La cosa es utilizar el pensamiento base: “soy una inútil” y ponerte a cantar eso con diferentes ritmos. En el libro se sugiere cantarlo con “Cumpleaños feliz”, “Jinglebells” o lo que se te ocurra…y a mí lo que se me ocurrió, fue, “Soy un gnomo”. Esa canción que creo que ya utilizaba en esa casa de locos mucho antes de saber siquiera que era una técnica psicológica y que cuando he andado hiper estresada en el labo me salía de forma inconsciente.

   Así que hoy cuando ha llegado mi “Yo crítico-coñazo. The comeback“, además de imaginármela como una gran producción musical de Broadway, tan esperada y aclamada ella, pues me he empezado a reír como una psicópata y me he dicho…en realidad, eres bastante ridícula…y claro…de “Soy un gnomo” a “Soy una ridícula” hay un paso. Y he entrado en bucle chorra.

¡Ay, hamijos! El humor chorra, el hacerme la rubia es una de las cosas que más me molan en este podrido e injusto mundo.

Y a la espera de otras producciones musicales de éxito internacional, os dejo que meditéis sobre lo que os he expuesto hoy.

 Que Dios os vendiga.


 Nota mental: tienes que hacer algo para mitigar esa desconexión de la raza humana. Chorras los hay a miles. Chorras inteligentes también. Búscalos, encuéntralos, crea un ejército. Domina el mundo.

 Nota mental 2: ¿Qué le pasó a tu sentido del humor? Tú antes hacías coña de todo. Necesitas un proyecto en el que puedas dar rienda suelta a tu crítico-coñazo y darle un enfoque menos destructivo. Canta, baila, haz coña, haz algo.

Nota mental 3: Qué pesadita eres con querer alcanzar todo para ayer. Pasito de bebé. Uno. Detrás. De. Otro. Copón.

Seguiremos informando…

Del Estrés (I): No me estreses que se me sube el cortisol

Si me lees algo, habrás percibido, quizás, que tengo cierta obsesión con el estrés y con el cortisol. No eres tú. Realmente tengo una obsesión con los dos. Yo, que soy Dotora de las de mentira, de las que no pueden prescribir drogas, conozco de primera mano cómo funciona el estrés en bichos que no pueden moverse. Es alucinante lo que aguantan los putos bichos. Tienen un sistema muy inteligente de reciclaje de energía. Igual un día os explico así someramente lo que hice y así diseminar lo que hice, durante más años de los recomendables, más allá de las escasas 7 personas que habrán leído, por obligación, mi tocho sesudo.

Mi interés por el estrés, mutado a seres humanos, se dio por casualidad, al darme cuenta, ¡Oh misterios de la vida!, de que mi energía no es infinita y de que me estoy convirtiendo en una viejuna. LLevo desde aproximadamente 2010 luchando contra un manto de cansancio infinito que se cierne sobre mí y que me impide volver a mi estado natural: una fatiguita con tintes masoquistas.

  Como además me va la marcha, tras acabar mi odisea en el desierto (aka Tesis) decidí irme a Berlín, así a lo loco, y porque estaba hasta el higo de seguir el camino preestablecido. Por un lado, para recuperar ese alemán perdido en las profundidades de mi memoria a largo plazo y por otro, porque quería experimentar sobre mis carnes, el efecto de la falta de luz prolongada, siendo que venía de uno de los sitios con más horas de luz por año de Europa. Experimentos fisiológicos, mi perdición. ¿Resultado? Peté un sistema que ya de por sí se aguantaba así muy a la española, con parches y varias cuerdas. El invierno más oscuro desde que lo miden me noqueó ese frágil equilibrio y lo encontré tan interesante, que, cual Sherlock Holmes, me he puesto a investigar qué tiene que ver el tocino con la velocidad.

Y toda esta introducción para deciros que por fin y tras meses, os voy a hablar del Estrés. Como se me ha quedado muy largo y tengo infinitas cosas más que contar, igual en 8 meses voy a por la segunda parte. Pero para empezar, veamos,

¿QUÉ ES EL ESTRÉS?

A menudo, cuando se habla de estrés se refiere uno a un ente borroso que nos desestabiliza anímicamente: estrés por el trabajo, por falta de él, por relaciones, etc. Estar estresado lo asociamos con ser incapaz de relajarse, por preocuparse más de la cuenta por problemas del día a día, con brotes de ansiedad o incluso de llanto y/o mal humor, dependiendo de la personalidad de cada cual.

Fantasma
“Buuuuuh, ¡Soy el estréééééés! Todo el mundo habla de mí, pero nadie sabe realmente quién soy.

 Pero los efectos en el ánimo son sólo la punta del iceberg. Los efectos del estrés en el cuerpo son fisiológicos, es decir, hay cambios bioquímicos que provocan un efecto en cascada en diferente funciones vitales y que afectan a varios órganos. Provocan una respuesta concreta hasta que pase la situación estresante. Si el estrés es crónico estos cambios bioquímicos y efectos en diferentes órganos se mantienen y provocan cambios más profundos. El estrés no es por tanto mental, sino físico que a su vez tiene efectos mentales, además de físicos.

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE ESTRÉS?

 

Según la Wikipedia:

“El estrés (del griego stringere, que significa «apretar»1 ) es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada.”

Es decir, y explicado de otra forma, el estrés es todo aquello que ataca la estabilidad o equilibrio bioquímico que hace que tu cuerpo funcione en óptimas condiciones y que desencadena, en el caso de los organismo vivos, respuestas adaptativas para minimizar los efectos negativos de eso que está atacando a tu sistema.

Yo de materiales sé más bien poco, más bien nada, pero recuerdo que alguna vez he escuchado algo así como “la resistencia al estrés del material x” y cómo los que quiera que se encarguen de ello, testean la resistencia a diferentes fuerzas externas ejercidas sobre ciertos materiales para saber cuán resistentes son antes de perder las propiedades que los definen: fuerzas de torsión, de temperatura, ¿algún ingeniero de materiales en la sala? Diferentes materiales tienen diferentes propiedades y diferentes capacidades de soportar diferentes fuerzas.

Con los humanos pasa algo parecido. Hay diferentes fuerzas que pueden atacar a “la estructura”, pero que el cuerpo puede soportar sin que pierda su esencia (la Vida).

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA RESPUESTA DEL ESTRÉS EN ORGANISMOS VIVOS?

 

Como animales estamos dotados de un sistema muy efectivo para hacer frente a los peligros que nos acechan y que pueden desestabilizar el delicado equilibrio que permite la vida. Tenemos un sistema que está continuamente monitorizando si todo funciona como tendría que hacerlo y de no ser así, se mandan señales para que ese cambio no provoque un daño permanente en el cuerpo y en última instancia la muerte.

 Debido a que estamos sometidos a peligros para los que tenemos que responder de forma inmediata y efectiva, este sistema puede también responder a emergencias inesperadas, ya que es muy sensible y es capaz de poner al cuerpo en alerta en apenas segundos, movilizando todos sus recursos para hacer frente a dicha eventualidad amenzadora.

  Un ejemplo muy ilustrativo y que siempre se pone como ejemplo es el imaginarse que te persigue un tigre de bengala. Si eso pasa, tu cuerpo, en apenas milisegundos pone a tu disposición la energía suficiente para que dispongas de ella de forma inmediata. Se cierra el suministro a partes no esenciales del cuerpo. Ese extra de energía se va a utilizar para que los músculos estén listos para correr o luchar, para aumentar la presión arterial, para aumentar la frecuencia cardiaca, aumentar la viscosidad de la sangre para que si hay una herida no nos desangremos, aumentar la atención y así focalizar nuestros recursos para encontrar soluciones y escapar de la muerte, etc. Es una emergencia y en momentos de emergencia no se escatiman esfuerzos. La vida depende de ello.

Hay numerosos ejemplos de personas que en situaciones de vida o muerte afirman haberse olvidado del cansancio, el hambre, del dolor y que han sentido como si una fuerza sobrenatural les hubiera invadido. Eso es la respuesta del estrés.

¿ES TODO EL ESTRÉS MALO?

 No. La vida es estresante por definición. ¿Por qué? Porque la vida es cambio y absolutamente todo provoca un cambio en nosotros y el cuerpo tiene que responder y adaptarse a él, ya que la vida funciona sólo bajo ciertos parámetros concretos. Hay una sola manera de vivir sin estrés y es morirse. Nada te afecta, a nada hay que responder. Si quieres vivir sin estrés, tu única posibilidad con 100% de garantías es la muerte.

Hay ciertos cambios regulares y previsibles (como el ciclo día-noche) para los que el cuerpo, a lo largo de la evolución ha aprendido a adelantarse y a automatizar la respuesta. Es más listo el jodío. Mucho más que tú y que yo. Así pues, hay muchas funciones vitales que siguen un ritmo circadiano y que en última instancia permiten al cuerpo ahorrar energía.

Otros cambios no son previsibles y el cuerpo tiene un sistema para poder responder a dichos cambios. Pero como todo, hay cambios positivos y negativos. Todo depende del balance final que dejen en ti.

¿De qué depende que el factor estresante sea bueno o malo?

Pues depende de cómo nuestro cuerpo reaccione al factor estresante y del efecto final que tenga en él. Lo que para ti puede ser vidilla, para otra persona es la muerte en vida. Lo que para una persona es tóxico, para otra no lo es. Esto depende por un lado de factores genéticos y por tanto de cómo nuestro cuerpo está de preparado para afrontar ciertas situaciones y por otro lado de factores ambientales. Lo de siempre.

Pero, por muy buena genética que tengamos, si nos exponemos a muchas situaciones para las que nuestro cuerpo tiene que dedicar más energía de la que dispone, es cuestión de tiempo que nuestro cuerpo se quede sin energía, no sólo para las situaciones estresantes, sino para las funciones normales del cuerpo. Colapso y tranquilidad eterna.

Esto lo expliqué en su día en este post sobre cómo hay gente que con un nivel más bajo de estímulos externos entran en pantalla azul de la muerte o en kernel panic si eres más gafapastoide de café en el StarF**ks. Con todo el cariño, gafapasta. Todos somos susceptibles a que agotemos la memoria RAM en cosas totalmente evitables, sólo que unos tenemos un límite más bajo que otros. Algunos tenemos una mayor sensibilidad sensorial o somos más porosos, es decir nos entra más información.

Por otro lado, lo cierto es que todos requerimos de cierto eustrés (estrés bueno) o cierta cantidad de movimiento para vivir en nuestro óptimo. Vivir por debajo de dichos niveles también nos mata, ya que para mantenernos con vida se necesita sí o sí gastar energía. Tan sólo para mantener la estructura se requiere energía. La estructura de los músculos sólo se puede mantener si te mueves y eso requiere energía. Las conexiones sinápticas que te hacen tan inteligente sólo se pueden mantener si les sacas brillo de forma asidua. Energía. Movimiento. En definitiva, Vida.

Una piedra no gasta energía en mantener su estructura. Tampoco puede tocar la guitarra. Ni meditar sobre el existencialismo de Kierkegaard o Nietzsche. Una mujer, por lo visto, tampoco.

Por tanto, de no aplicarse cierta energía, todo tenderá al máximo desorden o entropía y por tanto a la muerte. Como diría un médico, es incompatible con la vida. Igual que un coche que has dejado abandonado sin usar todo el invierno. Uno puede pensar, guay, así “no se gasta”, pero lo cierto es que costará arrancarlo porque requiere de cierto funcionamiento para mantenerse.

Así que sí, necesitas cierto movimiento para estar sano, para que tu sistema no se oxide, y el cuánto es individual e intransferible. ¿Cómo saberlo? Como todo, experimentando.

Por otro lado, vivir por encima de dichos niveles es claramente nocivo, porque el cuerpo está yendo a 200 km/h cuando el máximo al que puede ir de forma confortable es a 100 km/h.

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Nivel óptimo de Energía vs niveles óptimos de muerte prematura.

¿CÓMO FUNCIONA LA RESPUESTA DEL ESTRÉS EN HUMANOS?:

  El eje del mal: eje Hipotálamo-pituitaria-adrenales.

 

La respuesta al estrés empieza en última instancia en el cerebro. A mí me gusta ver el sistema de la respuesta a estrés como si fuera un ejército que está continuamente alerta, vigilante, y que nos protege de las agresiones externas llegado el caso.

Los diferentes órganos y partes del cuerpo (sobre todo las motoras, pero no las únicas) son los soldados rasos. Los que llegado el momento se podrán a correr y a luchar como si no hubiera un mañana.

Luego está la cadena de mando y como en todo ejército, hay varios rangos. También hay servicio de inteligencia que recoge información, la analiza y la reporta convenientemente.

En el cerebro estarían la amígdala y el hipotálamo.

La amígdala es el servicio de inteligencia y se encarga de recoger información variada y procesar las reacciones emocionales derivadas de ellas y de mantener convenientemente informado al hipotálamo. En las mujeres la amígdala es más reactiva y esto explicaría por qué por regla general nos afectan más ciertas situaciones. No somos nosotras. Es la amígdala, que es peor que una portera y se entera de todo. En las personas que han sufrido de estrés postraumático también se ha reportado una amígdala más reactiva. Eso explica porque estas personas se alteran y ponen todo su cuerpo en alerta máxima cuando oyen algo que les recuerda al trauma pasado, siendo el peligro no real en la actualidad. Es algo que no pueden controlar desde la consciencia porque es una respuesta automática.

El hipotálamo es el mando de mayor rango, se sitúa en el cerebro y es el que en última instancia da la orden al cuerpo de desplegar el ejército. El hipotálamo, además de recibir información de la amígdala, recibe retroalimentación de diferentes órganos, que le informan a cada momento si la situación está controlada.

Una vez el hipotálamo decide desencadenar una respuesta defensiva, manda la orden a la hipófisis (también en el cerebro), que a su vez manda la señal a las glándulas adrenales (encima de los riñones) para que así finalmente el ejército se movilice. Los mandos al pie del cañón y dando órdenes a los soldados rasos son las hormonas adrenalina y cortisol.

Ambas se encargan de poner al cuerpo a punto para hacer frente al peligro. Además, el cortisol se encarga de la respuesta coordinada de unas tropas muy especiales: hígado, páncreas y grasa abdominal. Dichas tropas se encargan de proporcionar la energía que el cuerpo necesita. El cortisol es el que moviliza el combustible de dichos órganos, para que el cuerpo tenga la energía suficiente para hacer frente a la emergencia. Si no coordina a estos órganos, el ejército corre el riesgo de quedarse sin combustible y munición en plena batalla. Esto sería un desastre mayúsculo, así que esta parte de la respuesta al estrés es de vital importancia. El cortisol es nuestro amigo fiel y hay que quererlo. Y no darle horas extras, que el pobre sufre de burn-out y luego pasa lo que pasa.

Este sistema es muy útil y efectivo. Tan efectivo es, que después de millones de años, seguimos aquí. El problema es que es muy costoso energéticamente, pero bueno, en realidad, fue diseñado para afrontar situaciones límite y poco frecuentes. Más vale no escatimar si tu vida depende de ello. Ya habrá tiempo de descansar y recuperar.

¿O no?

ESTRÉS CRÓNICO

El problema es que, [modo abuela ON]: todo avanza que es una barbaridad y esto en mis tiempos no pasaba [modo abuela OFF], o eso pensará el eje HPA. En los últimos tiempos, y sobre todo en nuestra era industrializada, tecnológica, sobreinformada y sobre socializada, el cuerpo está literalmente bombardeado sin pausa por factores a los que tiene que responder sí o sí. Entre un tingre de bengala y un puto whatsapp de ese amigo coñazo que te gasta la batería no hay diferencia para tu cuerpo. El cortisol es un mandado y allá dentro no hay luz.

  No es sólo el ritmo de vida, el trabajo, la situación económica, los valores de esta sociedad, problemas personales, etc. Además de los factores que se han dado siempre, en los últimos años se están incrementando otros factores a los que normalmente no prestamos atención y a los que el cuerpo no se ha enfrentado antes. No es una ofensiva clara. Las guerras ya no son tan vistosas como antaño, no son cuerpo a cuerpo, sino que ahora es una guerra sibilina y de desgaste. No se detecta que te están atacando hasta que es demasiado tarde. Y esto es nuevo y el cuerpo no sabe qué hacer más que responder, por si las moscas.

   Si me estás leyendo y piensas que tu vida es muy acelerada y que apenas tienes tiempo de nada, o al contrario, duermes 5 horas diarias, vas por la vida sintiéndote Sansón y te preguntas, al leer esto, si estás dañando tu salud, la pregunta que tendrías que hacerte es ¿Cómo te sientes? Si tienes energía, te levantas con ganas y sin necesidad de un café para arrastrarte por el día, no te entra depresión post-vacacional, ni tienes eczemas, ni insomnio por causas no aparentes, si tu humor es estable, no te resfrías con facilidad, no tienes problemas menstruales o de fertilidad, no engordas sin motivo y/o no tienes barriga cervecera, si cuando llegas a las vacaciones no te da un bajadón y te pones enfermo y tu salud general percibida es buena, entonces, enhorabuena, puedes dejar de leer y respirar aliviado. Aunque si has llegado hasta aquí, tampoco te importará leer un poco más.

Si por el contrario tienes algunos de estos síntomas (¿o todos ellos?) tienes un problema. Y gordo. Porque el estrés afecta literalmente todos los aspectos de tu vida.

A mí la energía en organismos vivos me gusta describirla como dinero. Y es que no en vano, el ATP, la molécula que nos da energía, se le llama la “moneda energética”. El dinero compra objetos o servicios. Con nuestra energía también se consiguen ciertos servicios. Algunos, como la respiración y la regulación de la temperatura, son como el alquiler y la comida. Son básicos y no se pueden escatimar. Una vez pagadas las facturas ineludibles, te queda un remanente de energía que puedes utilizar como quieras. En el caso de la energía, generalmente y al igual que el dinero, nunca tenemos suficiente para hacer todo aquello que tenemos o queremos hacer.

Siguiendo esta analogía, una respuesta a estrés es como ese préstamo a un interés obscenamente elevado al que acude mucha gente desesperada. Te da un alivio rápido de las deudas que puedas tener, pero a no ser que lo tengas todo muy bien pensado y puedas juntar el dinero que debes, tan sólo estás retrasando el problema. La factura la vas a pagar cara. Se te acumulará una deuda monstruosa y si esto lo vas haciendo de forma continua, sin realizar apenas ingresos, entonces tú ya no tienes una deuda, eres una versión individual de Grecia.

Lo malo, es que no es tan fácil darse cuenta de que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades, porque parece que vivimos en una sociedad que está hasta las trancas de anfetaminas y que encima te dice, aún sacando la lengua, que para ayer es demasiado lento.

Tampoco te va a ayudar el escuchar cómo te sientes cuando estás en pleno apogeo de energía. Te acaban de dar un crédito, dinerito contante y sonante. Te sientes como Dios. ¿Quién se va a acordar de los intereses? Tu cuerpo se siente pletórico, rindes más que nunca, y te sientes BIEN. Si todo está bien, para qué cambiar.

Realmente aquí lo único que te puede ayudar es conocerse muy bien y saber cuáles son tus niveles normales, sin chutes de hormonas del estrés. Si por lo que sea no has tenido acceso a este autoconocimiento por atender a cuestiones de supervivencia más inmediatas o has crecido en un ambiente en el que no se ha honrado tu persona y tus ritmos, lo tienes más complicado. Tendrás que empezar por el final y si lees esto quizás sea tu caso.

Tu cuerpo peta, tu energía se evapora y entonces aprendes qué es normal para ti y qué no. ¡Fantástica oportunidad para aprender! Bueno, en realidad no te queda otra, porque en el momento que te pases de rosca y ese rosca puede ser algo tan nimio como hacer deporte 5 minutos más de lo planeado, entonces tu cuerpo entrará en coma profundo de nuevo. Irás de apagón en apagón hasta que sepas ver cuáles son tus límites.


Y de momento, lo dejo aquí. Se me quedan en el tintero el saber qué exactamente estresa el cuerpo y cómo minimizarlo, así cómo conocer algo más sobre el cortisol, este mando tan industrioso y que nos salva el culo y al que tenemos sobreexplotado.

Y a vosotros, ¿En qué ocasiones se os sube el cortisol? A mí en tantas, que he gastado las reservas del cuerpo. ¡Ja! Superadlo, si podéis.

Juan Luis Guerra en realidad se refería al cortisol, pero por efectos de sonoridad y métrica utilizó la bilirrubina.Ya sabéis, a partir de ahora en el estribillo cantad “Me sube el cortisooool”.

La inflexibilidad de la flexibilidad

La verdad es que tengo ganas de regresar a mi pueblo de 400 habitantes y pasarme el día entre la contemplación de pájaros, nadar, tumbarme a la bartola bajo un árbol y seguir leyendo papers para el proyecto.

Ha sido una cagada bastante grande el irme tanto tiempo. Una semana en Berlín y otra en Copenhague hubieran tenido el efecto más que suficiente. La culpa es mía y lo asumo. Yo sabía lo que ir a Berlín significaba, también lo sabía de Copenhague. Si me apuráis, también os digo qué significa pasar tiempo en el pueblo con los jorrores familiares nunca contados, siempre presentes. Mucha tela para mí.

Dinamarca. Ese país que parece tan bonito pero que está podrido. El otro día iba por la calle y a pesar de que sigue ejerciendo ese efecto calmante sobre msi sentidos, me dije, ¿sabes qué? Ya no me impresiona.

Lo cierto es que de eso me di cuenta el primer mes de llegar aquí y me fue ratificado de forma continua e insidiosa una y otra vez. Elegí quedarme con el efecto bálsamo, la preciosidad estética de sus calles, la belleza de muchos nativos e ignorar la incoherencia vital en la que viven sumidos.

Dicen que Dinamarca es el país más feliz del mundo. No sé de dónde lo sacan. Sí, uno los ve por la calle y sonrien. No veréis nunca a un alemán sonreir por la calle. Creo que hay alguna ley que lo prohibe y ellos son obedientes, porque además, si tú eres feliz, vienen y te lo reprochan. No quieren que seas multado. Pero volviendo a Dinamarca, si eso es cierto, que a primera vista lo parece, diría que es por las inclemencias del tiempo.

¿Habéis observado a la gente de Cádiz en la playa en un día de Levante o Levantazo? Sí, cuando la arena se te mete por todos lados, te hace croqueta sin tú hacer nada, te pitan los oídos, la arena te abrasa y arranca la piel. Sí, un día de esos. Observad a los autóctonos. Mientras tú, ser no acostumbrado, te ciscas en los muertos del Levante y luchas contra los elementos, un gaditano de pro se sienta con parsimonia sobre su silla-hamaca y lee tranquilamente el periódico como si el viento huracanado no fuera con ellos. Es digno de ver. Selección natural en pleno esplendor. Gente como yo siemplemente no nos reproducimos porque estamos demasiado ocupados luchando y porque eventualemnte nos envenenamos con la bilis de nuestro enfado. Esto es asín.

Y creo que en Dinamarca es igual. Porque no sé si lo sabéis, pero aquí se bebe mucho. No es beber mientras socializas, sino beber PARA socializar. La mayoría se volverán alcóholicos antes de dejar la adolescencia. Famlias destructuradas, liberación de la mujer (Juasjuasjuasjuas), intentos de suicido, alcóholicos incapaces de expresar sus sentimientos. El pan de cada día por estos lares y que se perpetúa ad infinitum como en un Día de la Marmota en el que no se dan cuenta o simplemente deciden ignorar las señales.

Y luego soy yo la que necesita pastillas. Ya, claro.

Lo peor de darse cuenta de estas cosas, es saber que no habrá país en el que te sientas a salvo. No existe. Por un lado guay, porque lo nacionalismos apestan. Pero por otro lado vivir rodeada de zombies da un poco de miedo.

Estas casi dos semanas en Copenhague han sido surrealistas. Lars me pagaría por darle un tercio de la información para inspirarse. Le daría para varias pelis. Yo me lo tomo a guasa, porque de surrealista roza lo absurdo. Y recupero del baúl de los recuerdos mi técnica “anti locura”. Meterme en la biblioteca, entre libros, a salvo.

Y una cosa que me he dado cuenta estos días es de cuán inflexible es la flexibilidad para el que la ejerce. Y es que mi forma de ser es, en cuanto a relaciones sociales se refiere, bastante relajada. Me adapto como agua a cualquier recipiente. Esto le viene genial a todo el mundo.

Hasta que ser flexible te resulta demasiado inflexible con tus necesidades, con tu forma de funcionar. Y decides que te gusta más improvisar. Y que no te gusta planificar y adaptarte a los planes de los demás, porque tienen clase de cerámica post-modernista de 7-8 y luego quieren cenar a las 8:30 de la noche con lo que sólo pueden quedar contigo de 8-8:30. Tú, como buena persona flexible, amable y empática con las necesidades ajenas te adaptas. Te adaptas, porque total, es tu amigo/a y él haría lo mismo por ti.

Meeeecccccc…

No, no lo haría.

Pues nada, si él no lo haría, yo tampoco. He decidido volverme una nazi de la flexibilidad. No me gusta planficar mis ganas de socializar. Me gusta planificar mi trabajo, incluso mi deporte. De hecho, planifico todo. Necesito una parcela de libre albedrío.

Ya se me ha cabreado una persona esta semana por ello. Y eso que no he quedado con nadie aún. Bueno, cosas que pasan. Cuando la gente no baila al son de tu música o te adaptas o ya sabes. Que la flexibilidad es muy cómoda si es uno el que la ejerce al 100%.

Y yo he decidido que ya no más. Y también he decidido (mi cuerpo lo ha hecho) que sólo voy a pasar tiempo con gente que me hace feliz. Feliz intelectualmente o feliz “chorramente” o feliz de otra forma. Un estar a gusto. Con gente que no conozco, doy un voto de confianza y observación.

Reconozco que soy una persona borde en ocasiones, que soy porculera máxima y muchas otras cosas aparentemente negativas. Pero sé escuchar, aguanto con estoicidad discursos negativos, discursos paternalistas y hago como que no va conmigo (por dentro hago un Homer Simpson). Incluso aguanto discursos de cómo tengo que vivir mi vida para personas que tienen la necesidad máxima de decirme eso a pesar de que no tienen ni puta idea de lo que pienso, siento o cuáles son mis necesidades. La gente se cree que me conoce por pasar tiempo conmigo. Yo sé que eso es así, entiendo cómo lo ven y sus ganas de ayudarse. Está bien.

Pero no me jodas. Que incluso yo tengo un límite.

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