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Del Estrés (I): No me estreses que se me sube el cortisol

Si me lees algo, habrás percibido, quizás, que tengo cierta obsesión con el estrés y con el cortisol. No eres tú. Realmente tengo una obsesión con los dos. Yo, que soy Dotora de las de mentira, de las que no pueden prescribir drogas, conozco de primera mano cómo funciona el estrés en bichos que no pueden moverse. Es alucinante lo que aguantan los putos bichos. Tienen un sistema muy inteligente de reciclaje de energía. Igual un día os explico así someramente lo que hice y así diseminar lo que hice, durante más años de los recomendables, más allá de las escasas 7 personas que habrán leído, por obligación, mi tocho sesudo.

Mi interés por el estrés, mutado a seres humanos, se dio por casualidad, al darme cuenta, ¡Oh misterios de la vida!, de que mi energía no es infinita y de que me estoy convirtiendo en una viejuna. LLevo desde aproximadamente 2010 luchando contra un manto de cansancio infinito que se cierne sobre mí y que me impide volver a mi estado natural: una fatiguita con tintes masoquistas.

  Como además me va la marcha, tras acabar mi odisea en el desierto (aka Tesis) decidí irme a Berlín, así a lo loco, y porque estaba hasta el higo de seguir el camino preestablecido. Por un lado, para recuperar ese alemán perdido en las profundidades de mi memoria a largo plazo y por otro, porque quería experimentar sobre mis carnes, el efecto de la falta de luz prolongada, siendo que venía de uno de los sitios con más horas de luz por año de Europa. Experimentos fisiológicos, mi perdición. ¿Resultado? Peté un sistema que ya de por sí se aguantaba así muy a la española, con parches y varias cuerdas. El invierno más oscuro desde que lo miden me noqueó ese frágil equilibrio y lo encontré tan interesante, que, cual Sherlock Holmes, me he puesto a investigar qué tiene que ver el tocino con la velocidad.

Y toda esta introducción para deciros que por fin y tras meses, os voy a hablar del Estrés. Como se me ha quedado muy largo y tengo infinitas cosas más que contar, igual en 8 meses voy a por la segunda parte. Pero para empezar, veamos,

¿QUÉ ES EL ESTRÉS?

A menudo, cuando se habla de estrés se refiere uno a un ente borroso que nos desestabiliza anímicamente: estrés por el trabajo, por falta de él, por relaciones, etc. Estar estresado lo asociamos con ser incapaz de relajarse, por preocuparse más de la cuenta por problemas del día a día, con brotes de ansiedad o incluso de llanto y/o mal humor, dependiendo de la personalidad de cada cual.

Fantasma
“Buuuuuh, ¡Soy el estréééééés! Todo el mundo habla de mí, pero nadie sabe realmente quién soy.

 Pero los efectos en el ánimo son sólo la punta del iceberg. Los efectos del estrés en el cuerpo son fisiológicos, es decir, hay cambios bioquímicos que provocan un efecto en cascada en diferente funciones vitales y que afectan a varios órganos. Provocan una respuesta concreta hasta que pase la situación estresante. Si el estrés es crónico estos cambios bioquímicos y efectos en diferentes órganos se mantienen y provocan cambios más profundos. El estrés no es por tanto mental, sino físico que a su vez tiene efectos mentales, además de físicos.

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE ESTRÉS?

 

Según la Wikipedia:

“El estrés (del griego stringere, que significa «apretar»1 ) es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada.”

Es decir, y explicado de otra forma, el estrés es todo aquello que ataca la estabilidad o equilibrio bioquímico que hace que tu cuerpo funcione en óptimas condiciones y que desencadena, en el caso de los organismo vivos, respuestas adaptativas para minimizar los efectos negativos de eso que está atacando a tu sistema.

Yo de materiales sé más bien poco, más bien nada, pero recuerdo que alguna vez he escuchado algo así como “la resistencia al estrés del material x” y cómo los que quiera que se encarguen de ello, testean la resistencia a diferentes fuerzas externas ejercidas sobre ciertos materiales para saber cuán resistentes son antes de perder las propiedades que los definen: fuerzas de torsión, de temperatura, ¿algún ingeniero de materiales en la sala? Diferentes materiales tienen diferentes propiedades y diferentes capacidades de soportar diferentes fuerzas.

Con los humanos pasa algo parecido. Hay diferentes fuerzas que pueden atacar a “la estructura”, pero que el cuerpo puede soportar sin que pierda su esencia (la Vida).

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA RESPUESTA DEL ESTRÉS EN ORGANISMOS VIVOS?

 

Como animales estamos dotados de un sistema muy efectivo para hacer frente a los peligros que nos acechan y que pueden desestabilizar el delicado equilibrio que permite la vida. Tenemos un sistema que está continuamente monitorizando si todo funciona como tendría que hacerlo y de no ser así, se mandan señales para que ese cambio no provoque un daño permanente en el cuerpo y en última instancia la muerte.

 Debido a que estamos sometidos a peligros para los que tenemos que responder de forma inmediata y efectiva, este sistema puede también responder a emergencias inesperadas, ya que es muy sensible y es capaz de poner al cuerpo en alerta en apenas segundos, movilizando todos sus recursos para hacer frente a dicha eventualidad amenzadora.

  Un ejemplo muy ilustrativo y que siempre se pone como ejemplo es el imaginarse que te persigue un tigre de bengala. Si eso pasa, tu cuerpo, en apenas milisegundos pone a tu disposición la energía suficiente para que dispongas de ella de forma inmediata. Se cierra el suministro a partes no esenciales del cuerpo. Ese extra de energía se va a utilizar para que los músculos estén listos para correr o luchar, para aumentar la presión arterial, para aumentar la frecuencia cardiaca, aumentar la viscosidad de la sangre para que si hay una herida no nos desangremos, aumentar la atención y así focalizar nuestros recursos para encontrar soluciones y escapar de la muerte, etc. Es una emergencia y en momentos de emergencia no se escatiman esfuerzos. La vida depende de ello.

Hay numerosos ejemplos de personas que en situaciones de vida o muerte afirman haberse olvidado del cansancio, el hambre, del dolor y que han sentido como si una fuerza sobrenatural les hubiera invadido. Eso es la respuesta del estrés.

¿ES TODO EL ESTRÉS MALO?

 No. La vida es estresante por definición. ¿Por qué? Porque la vida es cambio y absolutamente todo provoca un cambio en nosotros y el cuerpo tiene que responder y adaptarse a él, ya que la vida funciona sólo bajo ciertos parámetros concretos. Hay una sola manera de vivir sin estrés y es morirse. Nada te afecta, a nada hay que responder. Si quieres vivir sin estrés, tu única posibilidad con 100% de garantías es la muerte.

Hay ciertos cambios regulares y previsibles (como el ciclo día-noche) para los que el cuerpo, a lo largo de la evolución ha aprendido a adelantarse y a automatizar la respuesta. Es más listo el jodío. Mucho más que tú y que yo. Así pues, hay muchas funciones vitales que siguen un ritmo circadiano y que en última instancia permiten al cuerpo ahorrar energía.

Otros cambios no son previsibles y el cuerpo tiene un sistema para poder responder a dichos cambios. Pero como todo, hay cambios positivos y negativos. Todo depende del balance final que dejen en ti.

¿De qué depende que el factor estresante sea bueno o malo?

Pues depende de cómo nuestro cuerpo reaccione al factor estresante y del efecto final que tenga en él. Lo que para ti puede ser vidilla, para otra persona es la muerte en vida. Lo que para una persona es tóxico, para otra no lo es. Esto depende por un lado de factores genéticos y por tanto de cómo nuestro cuerpo está de preparado para afrontar ciertas situaciones y por otro lado de factores ambientales. Lo de siempre.

Pero, por muy buena genética que tengamos, si nos exponemos a muchas situaciones para las que nuestro cuerpo tiene que dedicar más energía de la que dispone, es cuestión de tiempo que nuestro cuerpo se quede sin energía, no sólo para las situaciones estresantes, sino para las funciones normales del cuerpo. Colapso y tranquilidad eterna.

Esto lo expliqué en su día en este post sobre cómo hay gente que con un nivel más bajo de estímulos externos entran en pantalla azul de la muerte o en kernel panic si eres más gafapastoide de café en el StarF**ks. Con todo el cariño, gafapasta. Todos somos susceptibles a que agotemos la memoria RAM en cosas totalmente evitables, sólo que unos tenemos un límite más bajo que otros. Algunos tenemos una mayor sensibilidad sensorial o somos más porosos, es decir nos entra más información.

Por otro lado, lo cierto es que todos requerimos de cierto eustrés (estrés bueno) o cierta cantidad de movimiento para vivir en nuestro óptimo. Vivir por debajo de dichos niveles también nos mata, ya que para mantenernos con vida se necesita sí o sí gastar energía. Tan sólo para mantener la estructura se requiere energía. La estructura de los músculos sólo se puede mantener si te mueves y eso requiere energía. Las conexiones sinápticas que te hacen tan inteligente sólo se pueden mantener si les sacas brillo de forma asidua. Energía. Movimiento. En definitiva, Vida.

Una piedra no gasta energía en mantener su estructura. Tampoco puede tocar la guitarra. Ni meditar sobre el existencialismo de Kierkegaard o Nietzsche. Una mujer, por lo visto, tampoco.

Por tanto, de no aplicarse cierta energía, todo tenderá al máximo desorden o entropía y por tanto a la muerte. Como diría un médico, es incompatible con la vida. Igual que un coche que has dejado abandonado sin usar todo el invierno. Uno puede pensar, guay, así “no se gasta”, pero lo cierto es que costará arrancarlo porque requiere de cierto funcionamiento para mantenerse.

Así que sí, necesitas cierto movimiento para estar sano, para que tu sistema no se oxide, y el cuánto es individual e intransferible. ¿Cómo saberlo? Como todo, experimentando.

Por otro lado, vivir por encima de dichos niveles es claramente nocivo, porque el cuerpo está yendo a 200 km/h cuando el máximo al que puede ir de forma confortable es a 100 km/h.

stress-and-arousal
Nivel óptimo de Energía vs niveles óptimos de muerte prematura.

¿CÓMO FUNCIONA LA RESPUESTA DEL ESTRÉS EN HUMANOS?:

  El eje del mal: eje Hipotálamo-pituitaria-adrenales.

 

La respuesta al estrés empieza en última instancia en el cerebro. A mí me gusta ver el sistema de la respuesta a estrés como si fuera un ejército que está continuamente alerta, vigilante, y que nos protege de las agresiones externas llegado el caso.

Los diferentes órganos y partes del cuerpo (sobre todo las motoras, pero no las únicas) son los soldados rasos. Los que llegado el momento se podrán a correr y a luchar como si no hubiera un mañana.

Luego está la cadena de mando y como en todo ejército, hay varios rangos. También hay servicio de inteligencia que recoge información, la analiza y la reporta convenientemente.

En el cerebro estarían la amígdala y el hipotálamo.

La amígdala es el servicio de inteligencia y se encarga de recoger información variada y procesar las reacciones emocionales derivadas de ellas y de mantener convenientemente informado al hipotálamo. En las mujeres la amígdala es más reactiva y esto explicaría por qué por regla general nos afectan más ciertas situaciones. No somos nosotras. Es la amígdala, que es peor que una portera y se entera de todo. En las personas que han sufrido de estrés postraumático también se ha reportado una amígdala más reactiva. Eso explica porque estas personas se alteran y ponen todo su cuerpo en alerta máxima cuando oyen algo que les recuerda al trauma pasado, siendo el peligro no real en la actualidad. Es algo que no pueden controlar desde la consciencia porque es una respuesta automática.

El hipotálamo es el mando de mayor rango, se sitúa en el cerebro y es el que en última instancia da la orden al cuerpo de desplegar el ejército. El hipotálamo, además de recibir información de la amígdala, recibe retroalimentación de diferentes órganos, que le informan a cada momento si la situación está controlada.

Una vez el hipotálamo decide desencadenar una respuesta defensiva, manda la orden a la hipófisis (también en el cerebro), que a su vez manda la señal a las glándulas adrenales (encima de los riñones) para que así finalmente el ejército se movilice. Los mandos al pie del cañón y dando órdenes a los soldados rasos son las hormonas adrenalina y cortisol.

Ambas se encargan de poner al cuerpo a punto para hacer frente al peligro. Además, el cortisol se encarga de la respuesta coordinada de unas tropas muy especiales: hígado, páncreas y grasa abdominal. Dichas tropas se encargan de proporcionar la energía que el cuerpo necesita. El cortisol es el que moviliza el combustible de dichos órganos, para que el cuerpo tenga la energía suficiente para hacer frente a la emergencia. Si no coordina a estos órganos, el ejército corre el riesgo de quedarse sin combustible y munición en plena batalla. Esto sería un desastre mayúsculo, así que esta parte de la respuesta al estrés es de vital importancia. El cortisol es nuestro amigo fiel y hay que quererlo. Y no darle horas extras, que el pobre sufre de burn-out y luego pasa lo que pasa.

Este sistema es muy útil y efectivo. Tan efectivo es, que después de millones de años, seguimos aquí. El problema es que es muy costoso energéticamente, pero bueno, en realidad, fue diseñado para afrontar situaciones límite y poco frecuentes. Más vale no escatimar si tu vida depende de ello. Ya habrá tiempo de descansar y recuperar.

¿O no?

ESTRÉS CRÓNICO

El problema es que, [modo abuela ON]: todo avanza que es una barbaridad y esto en mis tiempos no pasaba [modo abuela OFF], o eso pensará el eje HPA. En los últimos tiempos, y sobre todo en nuestra era industrializada, tecnológica, sobreinformada y sobre socializada, el cuerpo está literalmente bombardeado sin pausa por factores a los que tiene que responder sí o sí. Entre un tingre de bengala y un puto whatsapp de ese amigo coñazo que te gasta la batería no hay diferencia para tu cuerpo. El cortisol es un mandado y allá dentro no hay luz.

  No es sólo el ritmo de vida, el trabajo, la situación económica, los valores de esta sociedad, problemas personales, etc. Además de los factores que se han dado siempre, en los últimos años se están incrementando otros factores a los que normalmente no prestamos atención y a los que el cuerpo no se ha enfrentado antes. No es una ofensiva clara. Las guerras ya no son tan vistosas como antaño, no son cuerpo a cuerpo, sino que ahora es una guerra sibilina y de desgaste. No se detecta que te están atacando hasta que es demasiado tarde. Y esto es nuevo y el cuerpo no sabe qué hacer más que responder, por si las moscas.

   Si me estás leyendo y piensas que tu vida es muy acelerada y que apenas tienes tiempo de nada, o al contrario, duermes 5 horas diarias, vas por la vida sintiéndote Sansón y te preguntas, al leer esto, si estás dañando tu salud, la pregunta que tendrías que hacerte es ¿Cómo te sientes? Si tienes energía, te levantas con ganas y sin necesidad de un café para arrastrarte por el día, no te entra depresión post-vacacional, ni tienes eczemas, ni insomnio por causas no aparentes, si tu humor es estable, no te resfrías con facilidad, no tienes problemas menstruales o de fertilidad, no engordas sin motivo y/o no tienes barriga cervecera, si cuando llegas a las vacaciones no te da un bajadón y te pones enfermo y tu salud general percibida es buena, entonces, enhorabuena, puedes dejar de leer y respirar aliviado. Aunque si has llegado hasta aquí, tampoco te importará leer un poco más.

Si por el contrario tienes algunos de estos síntomas (¿o todos ellos?) tienes un problema. Y gordo. Porque el estrés afecta literalmente todos los aspectos de tu vida.

A mí la energía en organismos vivos me gusta describirla como dinero. Y es que no en vano, el ATP, la molécula que nos da energía, se le llama la “moneda energética”. El dinero compra objetos o servicios. Con nuestra energía también se consiguen ciertos servicios. Algunos, como la respiración y la regulación de la temperatura, son como el alquiler y la comida. Son básicos y no se pueden escatimar. Una vez pagadas las facturas ineludibles, te queda un remanente de energía que puedes utilizar como quieras. En el caso de la energía, generalmente y al igual que el dinero, nunca tenemos suficiente para hacer todo aquello que tenemos o queremos hacer.

Siguiendo esta analogía, una respuesta a estrés es como ese préstamo a un interés obscenamente elevado al que acude mucha gente desesperada. Te da un alivio rápido de las deudas que puedas tener, pero a no ser que lo tengas todo muy bien pensado y puedas juntar el dinero que debes, tan sólo estás retrasando el problema. La factura la vas a pagar cara. Se te acumulará una deuda monstruosa y si esto lo vas haciendo de forma continua, sin realizar apenas ingresos, entonces tú ya no tienes una deuda, eres una versión individual de Grecia.

Lo malo, es que no es tan fácil darse cuenta de que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades, porque parece que vivimos en una sociedad que está hasta las trancas de anfetaminas y que encima te dice, aún sacando la lengua, que para ayer es demasiado lento.

Tampoco te va a ayudar el escuchar cómo te sientes cuando estás en pleno apogeo de energía. Te acaban de dar un crédito, dinerito contante y sonante. Te sientes como Dios. ¿Quién se va a acordar de los intereses? Tu cuerpo se siente pletórico, rindes más que nunca, y te sientes BIEN. Si todo está bien, para qué cambiar.

Realmente aquí lo único que te puede ayudar es conocerse muy bien y saber cuáles son tus niveles normales, sin chutes de hormonas del estrés. Si por lo que sea no has tenido acceso a este autoconocimiento por atender a cuestiones de supervivencia más inmediatas o has crecido en un ambiente en el que no se ha honrado tu persona y tus ritmos, lo tienes más complicado. Tendrás que empezar por el final y si lees esto quizás sea tu caso.

Tu cuerpo peta, tu energía se evapora y entonces aprendes qué es normal para ti y qué no. ¡Fantástica oportunidad para aprender! Bueno, en realidad no te queda otra, porque en el momento que te pases de rosca y ese rosca puede ser algo tan nimio como hacer deporte 5 minutos más de lo planeado, entonces tu cuerpo entrará en coma profundo de nuevo. Irás de apagón en apagón hasta que sepas ver cuáles son tus límites.


Y de momento, lo dejo aquí. Se me quedan en el tintero el saber qué exactamente estresa el cuerpo y cómo minimizarlo, así cómo conocer algo más sobre el cortisol, este mando tan industrioso y que nos salva el culo y al que tenemos sobreexplotado.

Y a vosotros, ¿En qué ocasiones se os sube el cortisol? A mí en tantas, que he gastado las reservas del cuerpo. ¡Ja! Superadlo, si podéis.

Juan Luis Guerra en realidad se refería al cortisol, pero por efectos de sonoridad y métrica utilizó la bilirrubina.Ya sabéis, a partir de ahora en el estribillo cantad “Me sube el cortisooool”.

OB Pilar 1: Dormir más y mejor.

Igual me he temado demasiado en serio esto que decía de vivir muy por debajo de mis posibilidades, porque está claro que estoy dejando un poco de la mano de Dios lo del reto Operación Bufanda (OB). Con matices: lo estoy haciendo, no lo estoy escribiendo.

Visto lo visto, creo que voy a simplificar al máximo. Simplificar es algo que estoy aprendiendo a hacer a marchas forzadas. Mi idea de perfección es demasiado elaborada, y como para llegar allí primero hay que empezar por lo fácil, pues por aquí empiezo.

Los pilares de la salud

Ya me habréis notado una cierta obsesión con el estrés y los efectos nocivos en la salud. Creo que la mayoría de la gente no es consciente de lo que realmente es el estrés y los cambios que provoca en tu cuerpo y cómo es la causa última que te provoca enfermedades varias y otros síntomas. Luego la gente dirá, mira, he engordado, o tengo síndrome de ovario poliquístico, o eczema, o no voy al baño bien, o tengo artritis y pensarán en montones de cosas, de causas, pero no en la verdadera, el estrés. El estrés además, toma diferentes formas, no es “sólo” el estrés de tener que entregar un trabajo, de cuidar a una persona mayor, etc. Tengo una entrada escrita al respecto, que espero que pueda aclarar algo los conceptos.

Entonces, sabiendo pues que el estrés en sus diferentes vertientes es una causa nada desdeñable de muchas dolencias físicas y mentales, ¿Qué hacer al respecto?

¿Habrá que dejarlo todo y recluirse en un monasterio budista? ¿Habrá que hacerse vegano y evitar la indignación en todas sus vertientes y ser muy happy flower?

Lo cierto es que antes de llegar a estos extremos hay dos cosas muy sencillas (en principio) y baratas (gratis!!) que se puede hacer y que van a mejorar tu salud de forma rápida y dramática: el descanso y el ejercicio físico.

Podría hacer un análisis sesudo de por qué ambas medidas tienen un impacto tan grande, y sin duda daré datos, pero ya he dicho que lo voy a mantener simple y dejaré que los datos vayan saliendo poco a poco y así, como en una novela policiaca, vayamos todos juntos, atando cabos y acorralando al culpable.

PILAR #1: EL DESCANSO.

Dormir bien y a su hora es fundamental para que nuestra máquina esté bien engrasada. Todo en la naturaleza tiene su momento de actividad y de descanso. Fijaros y lo veréis.

Nosotros no somos menos y por la noche hacemos una parada en boxes para que el cerebro descanse y el cuerpo pueda detoxificar a gusto.

Es importante que sea por la noche puesto que somos especies diurnas y muchas funciones corporales tienen un marcado ritmo circadiano. Eso significa que los niveles de ciertas sustancias bajan o suben a lo largo del día, sincronizándose con el día. Esto es así, para automatizar ciertas funciones y así gastar menos energía. Ya sabemos que es más fácil hacer algo que hacemos todos los dís (alias hábito) que ponerse a pensar si haces o no haces eso todos los días. Cuestión de optimización.

¿Qué funciones tienen ritmo circadiano?

El control de la energía: el cortisol se eleva por la mañana para que así tengamos energía y nos levantemos y disminuye a lo largo del día, siendo el pico más bajo al oscurecer. Si no vamos a dormir cuando los niveles son más bajo, a la larga rompemos este control interno automático y se pondrá en modo manual. Este modo no existe, pero sabrás que has llegado a él porque igual te entra un sopor inmenso en algún momento del día, pero claro, no vas a dormir, que tienes trabajo y esas cosas, y por la noche, te entra un subidón que no baja hasta que son las 6 de la mañana. Insomnio al canto. Lo cierto es que los niveles de cortisol serán una puñetera montaña rusa y nunca sabrás la hora en la que te entrará sueño.

Detoxificación: aunque no ocurre exclusivamente por la noche, sí que es cuando dormimos que todos los recursos del cuerpo se pueden dedicar a dicha función sin que se vaya bombardeando al cuerpo con nuevas cosas que detoxificar. El hígado es nuestra gran planta recicladora, y si no le damos el tiempo suficiente para realizar su función, se irán acumulando tóxicos en el cuerpo.

Reparación y crecimiento: la hormona del crecimiento es más elevada durante la noche, cuando dormimos. Dicha hormona tiene varias funciones, pero es una de las llamadas hormonas de la juventud: estimula el sistema inmune, promueve la lipolisis (es decir quemar grasita), incrementa la biosíntesis proteíca (es decir, formación de músculo), promueve el crecimiento óseo (adiós a la osteoporosis). Y un largo etc. Es tu hormona y lo sabes. Y sólo la produces cuando duermes.

Una deficiencia en niños provoca que crezcan menos y en adultos es responsable de obesidad troncal (barriga cervecera), así como de una merma en la energía, masa muscular y en definitiva calidad de vida.

Regulación del apetito y por tanto de la obesidad: hay dos hormonas que le dan señales al cerebro para que dé la órden de comer más o menos: La grelina hace que el cuerpo te pida comida, y la leptina que pares de comer. Si no duermes adecuadamente, los niveles de grelina se disparan y los de leptina disminuyen. Es decir, comes más, engordas más.

Niveles de glucosa en sangre: Si no duermes o duermes poco y mal, tendrás mayor niveles de glucosa en sangre que si durmieras lo que tu cuerpo necesita. Los efectos a largo plazo ya los sabemos: insensibilidad a la insulina y desarrollo de diabetes tipo II.

Tu cerebro también necesita repararse y reforzar lo aprendido durante el día. Esto se logra durmiendo. Así que, además de estos efectos físicos que que harán envejecer a marchas forzadas y adquirir enfermedades absolutamente evitables, lo cierto es que la falta de sueño está relacionada con la depresión y muchas otras enfermedades mentales.  Como siempre, habría que preguntarse, ¿Qué fue antes, la gallina o el huevo? Si tienes ansiedad y depresión y además no duermes bien o tienes insomnio, yo pondría tu ansiedad y depresión en stand-by y haría todo lo humanamente posible para recuperar unos buenos hábitos de sueño. Una vez se han atacado las causas físicas, se pueden ir a por las emocionales, pero quizás descubras que teniendo unos adecuados cuidados físicos, los embates de la vida son algo más fáciles de sobrellevar y de combatir que cuando tu cuerpo está en un total war, intentando mantener una homeostasis o equilibrio que tú te empeñas en querer romper día sí y día también.

Dormir poco también podría quitarte puntos del carnet de conducir, porque a efectos prácticos, tan sólo dormir 1-2 horas menos de lo que tu cuerpo naturalmente te pide, tiene los mismos efectos que si hubieras bebido. Tu memoria a corto plazo se ve afectada, tu rapidez de respuesta también y en fin, todos sabemos lo que es estar borracho.

Hay mucho aún que hablar de este tema y en los próximos días iré revelando más. Además, me gustaría explorar maneras de cómo hacer un reset en un cuerpo a tomarpor y conseguir de nuevo sincronizarse y dormir como un bebé. Yo lo he logrado, al menos casi siempre lo logro 😛

Sobre productividad (resumen)

  El otro día os introducía el concepto de barbecho en el área de la productividad y lo bien que estaba llevando el desarrollo de mi proyecto. La vida es perra y se encargó de ponerme en mi sitio el día siguiente.

Todo esto dio lugar a un interesante intercambio de opiniones y conceptos. Me ha parecido interesante hacer un compendio de lo que se ha hablado y ordenarlo mínimamente. Además meteré algún comentario de propia cosecha, porque yo soy así y hay que quererme igual.

CONCEPTOS RELACIONADOS CON LA PRODUCTIVIDAD:

 

1. Concepto de ocio, como “tierra de nadie entre el deber y el placer que no procura satisfacción ni a corto ni a largo plazo”- Rafael Sarmentero.

roseypunto además añade que ella ha decidido renunciar al ocio e invertir en diversión. Muy buena decisión, porque sino parece que estás en tierra de nadie. Tendemos a hacer las cosas a medias. Trabajamos a medias, descansamos a medias, nos divertimos a medias y al final nos estresamos a enteras porque acumulamos deficiencias de intención por todos lados.

2. Ritmos (en este caso se ha hablado de ritmos nocturnos). Hace dos entradas os decía como yo tengo un ritmo circadiano desplazado hacia la noche, lo que hace que ciertas actividades mentales y creativas se me den mejor a cierta hora de la tarde-noche. El problema es el caos que provoca.

Por regla general y salvo que Drácula no sea leyenda, no hay nadie absolutamente nocturno. Nuestra especie es diurna, pero como todo en esta vida, los individuos nos distribuimos en una Campana de Gauss en la que la inmensa mayoría de las personas entran en la media y es lo que se considera normal, mientras que hay un número menor de individuos que se desplazan hacia uno u otro extremo.

Campana de Gauss
Si la media española de altura es de 1,73 el que midas 1,4 m o 1,90 m no te hace menos español, aunque sí atípico para este dato en concreto.

Yo necesito, de media, 9 horas de sueño para estar en mi máximo. Hay gente que con 6 horas están fantásticos. ¿Qué es mejor? Pues lo que le funcione a cada uno. Una cosa es la normalidad poblacional y otra es la individualidad.

Sea cual sea tu normalidad, un buen descanso es CLAVE para sentirse bien. Es lo más inmediato y poderoso que puedes hacer para mejorar tu salud y para tu productividad. Hay varios estudios que muestran como la salud de aquellos trabajadores con turnos de noche es peor que los que siguen un ritmo diario. A mí no me hacen falta estudios. Tan sólo unos días durmiendo mal y a deshora y les doy todo el crédito a esos estudios.

Hay varias hormonas que siguen un patrón de ritmo circadiano, es decir cuya actuación varían a lo largo del día y que se sincronizan con las horas de luz, y si lo alteras, alteras el equilibrio del cuerpo y aunque para el colapso tienen que darse ataques a varios pilares, te queda uno menos en pie. ¿Qué hacer entonces si eres más nocturno?

cortisol
El cortisol es una hormona que sigue un patrón de oscilación circadiana. Por la mañana sus niveles son más elevados que a última hora de la tarde. Como el cortisol es responsable de los niveles de energía, si los niveles son altos estaremos listos para la acción.

En mi caso, he redescubierto esa maravilla que en nuestro país llamamos siesta y aunque muchos rancios de otros países se rían con cierta superioridad y condescendencia de tan patrio hábito, lo cierto es que su efectividad está fuera de duda. En España somos por lo general más nocturnos que nuestros vecinos del norte y no es casualidad que la siesta esté tan arraigada aquí. Eso, y que los 46ºC que hicieron ayer en Sevilla no ayudan a que te de un ataque incontrolable de ser mega productivo.

En general, creo que se trata de adaptar nuestra idiosincrasia al mundo y circunstancias en los que tenemos que vivir para obtener lo mejor de cada mundo.

3. Técnicas clásicas de productividad:

Por un lado se ha hecho una crítica de los libros de productividad por estar demasiado centrados en recetas que en pautas generales. No soy dada a leer este tipo de literatura, pero imagino que siguen la misma pauta que otro tipo de libros teóricamente prácticos: te dan unas pautas milimétricas acerca de qué, cuánto y cómo tienes que hacer las cosas. No sólo provoca agobio, sino que a veces te preguntas cómo coño vas a hacerlo.

En el tema de los hábitos de salud como el de la productividad y en general en todo en esta vida lo que más funciona es adaptar y simplificar todo lo posible.

En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta

Navaja de Ockham

Los consejos generales van bien para obtener una guía que explorar, un marco de referencia, pero no se debería seguir al pie de la letra (o sí, dependiendo de si encaja con tu forma de funcionar). Esto nos lleva a otro concepto que se comentó: parálisis por análisis.

Creo que enzarzarse en encontrar la receta perfecta es sólo una manera de perder el tiempo y creerse que estás haciendo algo, cuando no es así. Todos lo hacemos o lo hemos hecho en algún momento. Es mejor salir ahí fuera, experimentar, errar, y vuelta a empezar.

En mi caso, el ponerme el traje de científica loca hace que disminuya la ansiedad, por no conseguirlo todo a la primera, ni a la segunda, ni….en fin, que la ciencia es 99% de ensayo-error. Por otro lado, aumenta la diversión. No son fracasos, son resultados de tu experimento y merecen todo tu respeto. Luego expones tus resultados, alguien los dilapida, discutís otras maneras de aproximar el problema, y lo que es un pequeño paso para el hombre, se convierte en un gran paso para…sí, vale, lo dejo 🙂

4. Antitécnicas de productividad: gestionar la energía, no el tiempo.

Desde que estudié el concepto de energía en física y química del instituto, todas sus variables me han fascinado y he ido recopilando pruebas que corroboran lo que ya dicen las correspondientes leyes: “todo tiende al mínimo estado de energía y al máximo de entropía (desorden)”. No por ordenar tu casa muy a fondo se mantiene limpia por más tiempo. Es mejor dedicarle menos energía y de forma más estratégica. Como además la energía ni se crea ni se destruye, sino que es la que es, se hace imprescindible hacerse un experto en economía de recursos.

En contraposición con la rigidez de las normas clásicas de productividad, se introdujeron varios conceptos:

  • Técnicas GTD de productividad. No lo conocía y no sé si estaría bien clasificado aquí, pero por lo que he leído someramente, se trata de liberar tu memoria de trabajo para que a lo que sea que te vayas a dedicar, lo hagas con el máximo de tus capacidades. La memoria de trabajo vendría a ser la memoria RAM de tu ordenador.
  • La aleatoriedad y sus efectos positivos en sistemas biológicos, sociales, económicos y los efectos negativos del exceso de regularidad (concepto desarrollado por Nassim Nicholas Taleb). Libros recomendados: Cisne negro y Antifrágil.
  • Efectos del aprendizaje espaciado y su efecto sobre la memoria (Robert Bjork).

roseypunto describe como ella divide las tareas en bloques que pueden ser o no, en el caso de estudios, temas y a cada uno le da una frecuencia. Además, hay días que estudia 12 horas, otros 2, 8, etc. No tiene hora de inicio, pero a ella le sirve para controlar la monotonía que le agobia.

  • El poder del pleno compromiso (Loehr y Schwartz): hay que gestionar la energía y no el tiempo, a través de las distintas áreas vitales (física, emocional, mental y espiritual).

Me ha sorprendido bastante este punto porque me doy cuenta de en los últimos meses justamente he estado trabajando precisamente en la regulación de estas partes. Puesto que mi nivel de energía era nulo, he empezado por lo más básico, la energía física y mental. Cuando esto lo he ido controlando, ahora veo que apenas tengo técnicas para equilibrar mi parte emocional. Y por ahí se cae el chiringuito. Scheisse Mann!

Las analogías con el deporte son mi perdición, y como además siempre me he inclinado por el deporte de resistencia he tenido mucho tiempo para pensar cómo un entrenamiento se asemeja a muchas otras facetas de la vida. La analogía que propone homomínimus me parece terriblemente acertada, aunque veo que quedan flecos sueltos, aunque no creo que sean intencionados, sino una manera de simplificar. Le daré una vuelta y a ver si saco algo de provecho para una entrada.


Estos últimos puntos me parecen muy interesantes y puesto que revisando en mi diario de experimentos vitales veo que tengo varios resultados preliminares que corroboran dichas teorías, y además me parecen muy lógicas y sencillas, les voy a dedicar algo más de mi atención.

Nein, nein, nein! : cómo decir que no

Nein, aunque no lo parezca, hoy no os voy a hablar del dictador de la foto (no es por falta de ganas, conste).

Sino que voy a hablar de los pequeños dictadores que llevamos dentro, o los gran hijoputas, según el caso. Y de aprender a decir NEIN. Lo llaman establecer límites.

Veréis, llevo desde Enero haciendo experimentos varios y no sólo en el laboratorio. Mi laboratorio se ha extendido a mi casa, a mi vida diaria. Y me he dado cuenta, no sólo de que dentro de mí habita un dictador muy hijoputa, sino que además no tengo ovarios de pararlo.

Hasta esta semana. Sí, a ver, llevo semanas intentándolo. Pero ya lo dicen, que cuando uno cambia, el entorno se resiste. Pues mi pequeño dictadorcillo se ha retorcido cosa mala. No es el único. Hay gente de mi familia que está un poco desubicada conmigo. Hay otra gente que me conoce menos que directamente no sé ni lo que piensan pero mi intuición me dice que algo no muy bueno.

El caso, como digo, es que llevo varias semanas experimentando con el nivel de carga de trabajo. En Enero empecé bien. No tenía básicamente nada que hacer salvo recuperarme físícamente (otro día os cuento más) y me salieron clases particulares. 6 horas a la semana, más la correspondiente preparación, corrección y tal. Una mindundia para lo que yo hacía antes, pero aún así, se desestabilizaba mi débil equilibrio zen. Estaba hecha unos zorros.

A finales de Febrero, además, empecé a ir al laboratorio, por amor al arte, como hay que hacer las cosas y más si son de ciencia, que ya sabemos que el aire alimenta un montón y no tiene tóxicos. Tres veces por semana. Ahí el equilibrio que gané se fue a la puta mierda y eso que seguía siendo ni un 50% de lo que hacía antes. Puto cuerpo. Puto estrés. Puto dictador. Además, también empecé a investigar y escribir un proyecto de investigación que me traigo entre manos, a planificar y coordinar a la gente con la que quiero quedar en verano en Alemania, más clases, etc. Sigue siendo quizás el 60% de lo que hacía antes, pero aún así, no había semana que hiciera el 50% de lo que me había propuesto y que no me sintiera destruida y con unos pensamientos y actitud no muy pizpireta (pero como ahora todo es bueno, me he hecho un croquis de mis reacciones que ni Freud en sus mejores tiempos).

Y eso que cada cierto tiempo y tras “fundimientos” (yo los llamo momentos overwhelm o punto de saturación máximo) varios, iba bajando el ritmo y haciendo poda. Menos, menos, menos, coño, he dicho que menos! Es difícil hacer poda cuando todo es importante, cuando hay fechas de entrega y cuando no tienes un medio que garantice tu supervivencia a largo plazo (a corto y medio, gracias a Dios tengo ahorros, gracias yogures de marca blanca, con mi beca de Tesis no sólo me alimentastéis sino que pude ahorrar a cascoporro y esto me está salvando literalmente la poca salud física y mental que me queda). Pero si no lo haces tú, sino te enfrentas a tu dictador y le dejas las cosas claras, con toda la diplomacia de la que puedas hacer gala, vendrá el cuerpo, en plan rabieta de niño caprichoso y la va a liar parda. No está nada bien jugársela con el dictador, que te ve en horas bajas, cuando tenías toda tu estrategia montada, y te reconquista el terreno duramente ganado en un santiamén. Yo odio la estrategia, así que supondréis los ratos tan divertidos que estoy echando.

Total, que esta semana, concretamente hoy jueves 28 de Mayo, me congratula notificar que he completado el 90% de lo que me propuse para esta semana. Incluso he hecho cosas de la próxima semana. Y ayer, tuve un momento fundición que me duró todo el día en el que no pude hacer nada y me dediqué a temas de contemplación y alimentación del alma. Lo que viene siendo un rascarse a dos manos clásico. Y no me sentí culpable. ¿Lo necesito de verdad? Pues ea, lo siento dictador, HOY NO CURRO. No dejé ni que abriera la boca. Chitón. A mi hermano, que ayer pasaba por aquí, no se lo pude impedir, lo de cerrar la boca, digo y me echó la bronca por floja. Ironías de la vida, hace unos años me la echaba por masoca. Ahora soy yo la floja y él el masoca.

Y que durante todas estas semanas de observación, experimentación y análisis he aprendido básicamente un par de cosas:

1. Descansar es parte del trabajo. Un día de descanso es un día y pico de rendimiento a tope. O más. Clara ventaja. Voy a hacer más de esto, además es que mola y todo.

2. Todos llevamos dentro un dictador que nos dice lo que tenemos que hacer con autoridad militar. De dónde sale el dictador es algo que otro día hablaré, pero vaya, que básicamente lo dejamos entrar nosotros. Haz esto, lo otro, no, no es hora de dormir, hay que terminar esto, Scheisse, he dicho que no!! Nein, nein, neeeeein!!!! Los psicólogos y demás ponen mucho énfasis en ponerle límites a la gente que te rodea, pero ¿Por qué no empezamos con nosotros mismos? Tenemos material de sobra para practicar. Si lo logramos con nosotros mismos, lo demás será pan comido. No hay dictador tan fiel a jodernos la vida como el que llevamos dentro. Total, a los otros no los tienes que ver todos los días, pero convives con tu dictador, así que más vale que le pongas firme. Di no y no aceptes otra respuesta. Fin de la discusión.

3. Pensamiento friki de rigor: pensaba yo, anda qué curioso, igual que nosotros la mayoría de las veces seguimos a pies juntillas, sin siquiera plantearnos que lo que dije la voz hijaputa es bueno o no para nosotros, etc, este comportamiento es sospechosamente parecido al que explica situaciones como las que ocurrieron en la Alemania nazi. ¿Os creeis que los alemanes no veían lo que hacían con sus vecinos y que de repente se volvieron tontos del haba? Mmmmm, aunque está mal generalizar yo me inclino a por el no.

Entre otras muchas cosas (que igual un día me da por escribir más sobre el tema, una de mis frikipasiones), el problema principal fue no cuestionar esa voz que venía de un superior, de alguien a los que ellos respetaban y por tanto creían. Los alemanes son muy obedientes. Lástima que no siempre obedecen al que tiene buenas intenciones. Pero claro, es más fácil hacer eso, porque la otra opción, pensar por uno mismo, cuesta energía. Y en esos tiempos, igual te costaba la vida. Como todo en este mundo tiende al mínimo estado de energía posible, lo fácil era desechar la vocecilla de la conciencia, que sólo trae quebraderos de cabeza, y seguir la corriente. Hacer caso al dictador. Y si luego el dictador te la lía parda decir todo indignado: Será joputa el dictador, ay que ver cómo nos ha engañado, con lo buena persona que soy yo. Si hasta hago pasteles para los niños huérfanos.

Siempre pensamos, qué hijoputas los alemanes, pero realmente, ¿no pecamos acaso la inmensa mayoría de los humanos de lo mismo? ¿Cuántos son los que tienen los cojones de ir contracorriente y decir, lo siento pero no? De tomar las riendas de nuestra vida, de cuestionar lo que oímos, lo que pensamos. De cuestionarlo TODO . Claro, es más fácil seguir lo que otros te dicen y luego sacar balones fuera si la cosa no sale bien. De los alemanes ahora decimos que qué hijoputas y que qué cobardes. Pero ¿y nosotros? Ni siquiera somos capaces de cuestionar a nuestro dictador interno y de enfangarnos y pensar, cuando eso reportaría un beneficio más que probable para nuestra vida. Si no lo hacemos cuando los beneficios son tan evidentes y los costes realmente tan bajos (total, si te va mal, siempre puedes seguir de nuevo a las normas del dictador), cómo vamos a condenar la actitud de los alemanes en esas circunstancias. ¡Si lo hacemos nosotros todos los días!

Y amigos, con esta chochez de persona cansada, me despido y me voy a dormir. Pensaré en todo lo que puedo hacer con tres días, sin tener que hacer nada, porque todo está hecho ya (el 90% es suficiente para mí, el resto, la perfección, se lo dejo a Dios). Igual me aburro. Igual no sé qué hacer. No estoy acostumbrada a no decir “no tengo tiempo”, “tengo que”, “imposible, debería”. Un nuevo reto, una subida al siguiente campamento base de éste, mi Everest.

 Y tú, ¿Cuál es tu dictador particular? ¿Qué te cuenta? ¿Cómo lo mantienes a raya?

Y por último: Coño, sé valiente, si total, todos estamos cagados de miedo por dentro, incluso el de la foto (que las apariencias no os engañen, los que más ladran son los más cagados). Si no piensas por ti mismo, te la van a meter doblada. Palabrita de niño Jesús. Y como seas tú mismo quien se la mete doblada, pues oye, qué quieres, es una forma muy triste de endiñarla. Imagina tu tumba: Murió porque él mismo se mató. Triste, amigo, triste.

Reaprendiendo a jugar: Mi historia II

Es evidente que lo que contaba en la entrada anterior no es causa única para que uno llegue a un punto de insatisfacción vital en el que incluso la salud se ve afectada. Hacen falta varios factores: características personales, circunstancias, decisiones, etc.

Si bien es cierto que cuanto más sepas las causas que te han llevado al punto en el que estás, mejor vas a entender lo que tienes que hacer para salir e irás más a tiro hecho. Pero tener todo atado y reatado no es condición indispensable para empezar a hacer algo. De hecho si esperas a que se den las condiciones ideales, no vas a empezar nunca.

Mi experiencia hasta ahora es que cuando empiezas a moverte, te llega nueva información que completa lo que ya sabes y eso te lleva a tomar nuevas decisiones acertadas. O al menos a saber por dónde no. Esto es un gran experimento y tienes que estar dispuesto a cagarla.  Además, si la situación en la que te encuentras es un círculo, poco importa por dónde lo rompas. Mientras sientas sincero contigo mismo, todo ayuda.

Entonces, si conocer todas las causas no es condición indispensable, ¿Qué lo es? Bajo mi humilde punto de vista, es ser consciente de todo aquello en nuestra vida que nos provoca rechazo y/o malestar y que sabes que no es como debiera ser. Mirarlo cara a cara puede ser bastante desagradable, más que nada porque nos pone al descubierto una realidad incómoda: que seguramente somos los mayores responsables de nuestra desgracia. Bien por omisión o por hacer lo que no debimos.

La buena noticia es que si somos responsables de nuestras desgracias, también lo somos de poder cambiar eso. Y es que cuando hablo de cambiar, no digo cambiar lo que somos, sino de aceptar lo que somos y cambiar lo que está en nuestras manos cambiar.  Y ahí no hablo de otras cosas sobre las que realmente no tenemos control. Hay mucha gente que se escuda en crisis y en excusas miles para no mover un dedo, cuando realmente antes de verse afectados por estas causas externas, tienen una buena fuente de causas internas que les provocan zancadillas en su propia vida. Y que para echarse a andar tan sólo hay que dar pasos, aunque sean pequeños.

Y como lo único que podemos controlar es aquello sobre lo que tenemos poder y eso es nuestra salud (tanto mental, como física, que por otro lado no van separadas), es nuestra responsabilidad procurarnos ese bienestar. Primero va lo primero, y luego habiendo hecho los deberes, ya llegará el momento de enfrentarse a otras cosas.

 Cuando uno se encuentra en una madeja de difícil solución y ni siquiera sabe cómo ha llegado aquí o cómo va a salir, viene bien alejarse un poco del problema y tomar perspectiva. Eso en parte es lo que estoy haciendo.

Para ello me hice mi propio croquis para que mi monillo no tuviera que pensar mucho. La podéis ver aquí.

En dicho esquema hago una separación de diferentes factores que afectan de forma directa nuestra salud y analicé en qué punto estaba yo.

A saber:

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Cambiar, ¿es posible?

En los últimos años ha surgido un boom del desarrollo personal, de la autoayuda y del mundo coach, que aunque bien intencionado (al menos en su mayoría), para el que está al otro lado y recibe tal cantidad de “cambia, sé tu mejor versión, exprime la vida al máximo, etc,” puede llegar a agobiar.

Se nos insta a mejorar nuestro físico, por salud o acaso por puro narcicismo, a no conformarnos con una vida anodina y mediocre y por ejemplo hacernos freelancers y viajar por el mundo, a sacar rendimiento económico de un blog y a un millón de cosas más.

Change-Your-Life-Spells
Uy, ¿de verdad que esto es bueno? No sé, no sé…

La cantidad de información recibida puede llegar a ser abrumadora. Y peligrosa.

Porque creo firmemente que todo cambio, para ser beneficioso y duradero, tiene que darse en el momento y de la forma adecuada. Considero que la gente que no realiza cambios en su vida, que son objetiva y subjetivamente beneficiosos para dicha persona, es porque o bien no está lista para dicho cambio o bien porque no tiene las herramientas o apoyo emocional o psíquico para realizarlo en este momento.

En ningún caso creo que alguien no pueda cambiar. El aprendizaje es nuestra baza evolutiva y eso implica plasticidad neuronal, lo que en cristiano significa que lo que antes era de una forma, puede ser cambiado siempre que uno quiera. Que no te engañen, se puede cambiar SIEMPRE, y la neurociencia está demostrando que esta plasticidad cerebral, o capacidad de aprendizaje y por tanto de cambio, se mantiene a lo largo de la vida.

A veces uno se queda enganchado en hábitos poco saludables porque quizás este hábito dañino es el mal menor, en algo más profundo que le ocurre a esta persona. Imponer un cambio a una persona que no está listo para él, puede provocarle serios problemas en alguien con una condición preexistente y que de no ser conscientes de ellos, y si se deja a su suerte, el remedio puede ser peor a la enfermedad.

No soy psicóloga, pero sé que a nivel bioquímico, ocurre así.

Ejemplo: cuando no se pueden eliminar toxinas del cuerpo, el cuerpo lo que hace es que las almacena en el tejido graso para que se queden quietecitas, en lugar de dar vueltas por el cuerpo, y liarla parda, arrasando con todo lo que encuentran. Tener grasa, sobre todo alrededor de la cintura, no es bueno, es de hecho muy malo, pero perder esa grasa y por tanto liberar esas toxinas al torrente sanguíneo y por ende a todo el cuerpo, es aún más peligroso.

El cuerpo no es tonto y ya ha hecho balance de la situación. El cambio, para ser efectivo y saludable tiene que ser apoyar la eliminación de toxinas del cuerpo y luego, si eso, eliminar la grasa. Sin embargo, si el cuerpo no tiene necesidad de mantener bajo custodia a las toxinas (podríamos pensar que la grasa es como la cárcel de las sustancias dañinas), la grasa (cárcel) deja de tener sentido y el mismo cuerpo se encarga de eliminarla. Si te encargas de eliminar primero la grasa, te resutará imposible, porque el cuerpo lo ve como algo potencialmente mortal. Más incluso que morir a largo plazo de algún problema derivado de la obesidad.

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¿Muerte o destrucción? Oh dear…

Por ello, confío plenamente en la sabiduría del cuerpo y si alguien no cambia algo y se empeña de forma obcecada a mantener una actitud o hábito que en última instancia le hace daño, considero que esa persona aún tiene que aprender más cosas y conectar los puntos, obtener más herramientas, y en última instancia ser consciente y procesar/atacar dicho problema. A veces con un cambio de ambiente es suficiente, pero eso no es siempre posible.

Atacar un síntoma, sin ir a la raíz lo único que hace es desgastar, porque el problema sigue ahí y lo que es peor, se agrava con el tiempo. Yo en eso soy experta.

Así que realmente, antes de abordar ningún cambio, habría que plantearse una serie de preguntas, para ver dónde estamos, dónde queremos ir y cómo podemos lograrlo.

Esto resulta tremendamente complejo cuando uno recibe tantísima información externa. Parece que cambiar es fácil y uno se empeña con todas sus fuerzas a ello. Si fracasa, uno tiende a sentirse muy mal y como todos dicen que “cambiar depende de ti”, el no lograrlo nos baja la autoestima.

La película mental: “Claro, es que no tengo suficiente fuerza de voluntad, no lo he intentado con suficientes ganas, soy una floja y estoy condenada al fracaso más absoluto…” o ya, si son varias las veces que lo has intentado, simplemente te queda asumir que eres un LOSER y que estás condenado a esta vida mediocre y anodina de las que todos huyen despavoridos y que hará que te señalen con el dedo y se rían de ti.

Esto no ayuda y en su lugar, quizás, y sin caer en la autocomplacencia, hay que entender que a veces, simplemente no es el momento, o que dicho cambio no es beneficioso para nosotros, o no en la forma en la que se ha abordado. Y asumir, que a veces, cambiar no depende de nostros.

Por mucho que joda, no somos todopoderosos, seguimos estrictamente las leyes de la física y somos esclavos de nuestra naturaleza biológica, muy a nuestro pesar. No entender eso, es la receta más rápida para el desastre. Somos humanos y por tanto somos animales. Por no hablar de la complejidad social, que aunque modificable, si las reglas del juego son unas que no te gustan, por mucha pataleta que hagas, no va a venir alguien a decirte “vaaaaaaale, aceptamos pulpoooooooo”. That’s life, my dear.

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Si quieres cambiar las reglas del juego, primero tendrás que aprender a jugar a este juego, ser jodidamente bueno, y cuando tengas capacidad y poder para ello, cambiar las reglas del juego.

Como digo, llegar al punto mágico, no es sencillo, pero cuando el momento llega, creo que todo se da de forma más fácil (que no sencilla o sin trabajo). Estoy convencida de que cambiar es fácil. Es fácil cuando es el momento y por las razones adecuadas.

Si un cambio no es fácil, lo siento, ese cambio no es para ti. Pero no te preocupes. Hay más cambios en el mar y hay cambios que irán mejor con tu personalidad.

 

Oh wait.

En definitiva, hay que currar y hacerlo bien. Y como hay tiempo y ya la operación biquini ha pasado a un segundo plano, habrá que pararse a analizar un poquitín tu vida y para ello puede ser útil hacerse algunas preguntas.

Pero eso lo dejaré para el próximo día. Y mientras esperáis, os dejaré este vídeo que es muy didáctico y explica muy bien las estrategias de nuestra parte animal. Porque aunque parezca que eso de ser esclavos de nuestra biología sea una maldición lapidaria, en realidad, estamos muy bien equipados, y simplemente tenemos que saber utilizar nuestras herramientas.

Mario Alonso, la segona oportunitat.

Sacando la artillería pesada

Hoy vengo con una entrada cortita, después de mi espumarrajo de entrada anterior (más sobre eso cuando toque).

Veréis, empecé este blog para hacer un seguimiento de la mejora de mi salud y bienestar general. Y es que durante los últimos años, he hecho cosas que deberían haber mejorado mi estado: terminar un trabajo agotador, descansar, comer bien, pensar “en positivo” (ya hablaré algún día de estos qué pienso de la actitud lobotomizadora de la psicología positiva).

Pero en lugar de ir a mejor, los síntomas físicos de agotamiento cada vez han sido más evidentes. No entendía nada. ¿Cómo puede ser? ¡Si cada vez hago menos, pero me canso más!

He leído una cantidad ingente de información y he dedicado parte de mi colchón financiero a dedicarme casi en exclusiva a ello.

¡Ejem! Me estoy empezando a plantear si esto funciona…

 

Mientras el resto de gente avanzaba en el caminito de su vida, y conseguían grandes gestas, yo me he quedado en la cuneta, me he puesto la bata, he sacado pinzas,  y me he puesto a analizar. Lo he llevado en silencio y me he tenido que tragar muchos comentarios condescendientes o indirectamente críticos, en plan, qué haces con tu vida, so parásito, te creía inteligente y curranta. Lo peor, sin duda, han sido mis propias críticas.

 

Pero algo me decía que tenía que hacerlo. Que si me montaba de nuevo en la rueda del hamster, acabaría donde antes. He dado muchos tumbos. Médicos, psicólogos, libros, DIY. Pero las piezas seguían sin encajar. Igual eran muchas y todavía no tenía una idea clara de qué imagen buscaba para armar el puzzle. Eso lo complicaba más. Y para qué engañarnos, en la era del desarrollo personal, la cantidad de paja presentada de forma sensacionalista no ayuda. Habían piezas que ni siquiera pertenecían al rompecabezas.

El escribir en este blog, entre otras cosas, me está permitiendo estar mucho más alerta de lo normal. Estoy como un sabueso rastreador. O como un científico, observando a sus bichos bajo el microscopio y anotando todo. Cansa mucho, no os lo voy a negar.

Y…¡Otra dioptría y neurona al traste! ¿Acabará esto alguna vez?

 

El otro día, me tuve que sentar con mi equipo de evaluación (yo y yo misma) para ver por qué había fallado estrepitosamente el último paquete de medidas, tomadas hace poco más de un mes. Dado el éxito del primer paquete, me sorprendió. Empecé a buscar causas del por qué las medidas anteriores habían funcionado y éstas no. Qué había hecho mal. Me di cuenta de que no había elegido el orden adecuado.

Me percaté de que la vez anterior elegí hábitos que a su vez cambiaron otros hábitos. Un dos por uno. Con tan sólo poner consciencia, cambiar fue fácil. En cambio esta última vez, ni siquiera pude con uno y, de premio, además, se llevó al traste todo el trabajo conseguido anteriormente.

Tengo la firme convicción de que lo que es bueno para el cuerpo, es fácil de implementar. Él sabe bien lo que quiere.

Y me he dado cuenta de que esta vez he elegido fichas demasiado grandes, tan grandes, que no las he podido mover. Porque esto de cambiar hábitos, es como las fichas de dominó puestas verticalmente una detrás de otra. Si tiras una, caen las demás. Una vez se ha puesto en movimiento, incluso las piezas más grandes y difíciles van a caer. Sólo tienes que saber elegir qué puedes atacar primero.

 Ya llegaré, ya, "one step at a time"
Ya llegaré, ya, “one step at a time”

 

Y como soy una picada de la vida,  maldije en arameo y decidí sacar la artillería pesada. ¡Ya está bien, copón! Que una cosa es cultivar la despreocupación y otra es ir malgastando tiempo y recursos. Organizationwoman se puso al mando.

Analicé y redacté  de nuevo la lista de los hábitos que por experiencia y observación creo que tendría que cambiar para dar un salto cualitativo.  Los agrupé de nuevo e intenté sacar patrones. Finalmente me hice un pequeño esquema, que a lo largo de los días ha ido evolucionando y simplificando. Menos es más. Mi mantra.

Así que, aunque  es un trabajo en progreso, os presento el último esquema que me he hecho, modificado y customizado para ser presentado en bonito. Además, he encontrado un símil que no podía venir más a cuento.

Y es que en la naturaleza, la forma de funcionar es bastante parecida  independientemente de la especie. Porque lo que funciona, funciona y eso se conserva a lo largo de la evolución. ¡Diles tontos a los bichos! Cogen lo que funciona y lo mejoran. El tener un buen conocimiento de los modelos más simples me está siendo de inestimable ayuda para resolver este galimatías.

 

Así que, para concluir, me he comprometido mano en pecho y mirada al cielo, a usar todo lo que esté a mi alcance  para a entender el sistema, mi sistema y así poder cambiar con algo de fundamento y racionalidad y no con la sensación de que estoy usando un remedio esotérico de una tribu zulú.

Porque si a mí me dicen que el mindfulness es bueno, me lo puedo creer o no, pero si sé por qué es bueno, y tengo pruebas de ello, tengo más probabilidades de darle una oportunidad (aunque a veces eso no será posible y tendré que creer). Ídem con consejos de nutrición, de descanso, etc. Ir al detalle, para evitar qué pase en el futuro, pero a la vez mantener la visión global, que es sin duda, la que me ha llevado hasta el punto en el que estoy.

Y es que, en los últimos días, por fin, se me ha aparecido la imagen clara del puzzle en mi mente. Y ahora todas esas piezas, que he ido poniendo sobre la mesa y mirando minuciosamente, están encajando a un ritmo vertiginoso. Incluso las más difíciles.

 

Y por último, me he propuesto firmemente, currarme esto un poco bastante más que hasta ahora. Investigar, analizar y aunar los datos e intentar explicarlo de la forma más fácil posible. Vaya, lo que viene siendo un currarse las entradas un poco. Por mí, y para en un futuro poder estructurarlo y así que sea más fácil de entender todo. Por si me pierdo, encontrarme rápidamente. Porque difícil es un rato y aunque ahora lo tengo claro, la prueba de fuego será, como siempre, la práctica. La que dictaminará si mi hipótesis es cierta o una chochez típica de científica loca.

 

El tiempo dirá.

 

 ¡Aquí os dejo  la presentación-esquema! Frikismo incluido.