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Del Estrés (I): No me estreses que se me sube el cortisol

Si me lees algo, habrás percibido, quizás, que tengo cierta obsesión con el estrés y con el cortisol. No eres tú. Realmente tengo una obsesión con los dos. Yo, que soy Dotora de las de mentira, de las que no pueden prescribir drogas, conozco de primera mano cómo funciona el estrés en bichos que no pueden moverse. Es alucinante lo que aguantan los putos bichos. Tienen un sistema muy inteligente de reciclaje de energía. Igual un día os explico así someramente lo que hice y así diseminar lo que hice, durante más años de los recomendables, más allá de las escasas 7 personas que habrán leído, por obligación, mi tocho sesudo.

Mi interés por el estrés, mutado a seres humanos, se dio por casualidad, al darme cuenta, ¡Oh misterios de la vida!, de que mi energía no es infinita y de que me estoy convirtiendo en una viejuna. LLevo desde aproximadamente 2010 luchando contra un manto de cansancio infinito que se cierne sobre mí y que me impide volver a mi estado natural: una fatiguita con tintes masoquistas.

  Como además me va la marcha, tras acabar mi odisea en el desierto (aka Tesis) decidí irme a Berlín, así a lo loco, y porque estaba hasta el higo de seguir el camino preestablecido. Por un lado, para recuperar ese alemán perdido en las profundidades de mi memoria a largo plazo y por otro, porque quería experimentar sobre mis carnes, el efecto de la falta de luz prolongada, siendo que venía de uno de los sitios con más horas de luz por año de Europa. Experimentos fisiológicos, mi perdición. ¿Resultado? Peté un sistema que ya de por sí se aguantaba así muy a la española, con parches y varias cuerdas. El invierno más oscuro desde que lo miden me noqueó ese frágil equilibrio y lo encontré tan interesante, que, cual Sherlock Holmes, me he puesto a investigar qué tiene que ver el tocino con la velocidad.

Y toda esta introducción para deciros que por fin y tras meses, os voy a hablar del Estrés. Como se me ha quedado muy largo y tengo infinitas cosas más que contar, igual en 8 meses voy a por la segunda parte. Pero para empezar, veamos,

¿QUÉ ES EL ESTRÉS?

A menudo, cuando se habla de estrés se refiere uno a un ente borroso que nos desestabiliza anímicamente: estrés por el trabajo, por falta de él, por relaciones, etc. Estar estresado lo asociamos con ser incapaz de relajarse, por preocuparse más de la cuenta por problemas del día a día, con brotes de ansiedad o incluso de llanto y/o mal humor, dependiendo de la personalidad de cada cual.

Fantasma
“Buuuuuh, ¡Soy el estréééééés! Todo el mundo habla de mí, pero nadie sabe realmente quién soy.

 Pero los efectos en el ánimo son sólo la punta del iceberg. Los efectos del estrés en el cuerpo son fisiológicos, es decir, hay cambios bioquímicos que provocan un efecto en cascada en diferente funciones vitales y que afectan a varios órganos. Provocan una respuesta concreta hasta que pase la situación estresante. Si el estrés es crónico estos cambios bioquímicos y efectos en diferentes órganos se mantienen y provocan cambios más profundos. El estrés no es por tanto mental, sino físico que a su vez tiene efectos mentales, además de físicos.

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE ESTRÉS?

 

Según la Wikipedia:

“El estrés (del griego stringere, que significa «apretar»1 ) es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada.”

Es decir, y explicado de otra forma, el estrés es todo aquello que ataca la estabilidad o equilibrio bioquímico que hace que tu cuerpo funcione en óptimas condiciones y que desencadena, en el caso de los organismo vivos, respuestas adaptativas para minimizar los efectos negativos de eso que está atacando a tu sistema.

Yo de materiales sé más bien poco, más bien nada, pero recuerdo que alguna vez he escuchado algo así como “la resistencia al estrés del material x” y cómo los que quiera que se encarguen de ello, testean la resistencia a diferentes fuerzas externas ejercidas sobre ciertos materiales para saber cuán resistentes son antes de perder las propiedades que los definen: fuerzas de torsión, de temperatura, ¿algún ingeniero de materiales en la sala? Diferentes materiales tienen diferentes propiedades y diferentes capacidades de soportar diferentes fuerzas.

Con los humanos pasa algo parecido. Hay diferentes fuerzas que pueden atacar a “la estructura”, pero que el cuerpo puede soportar sin que pierda su esencia (la Vida).

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA RESPUESTA DEL ESTRÉS EN ORGANISMOS VIVOS?

 

Como animales estamos dotados de un sistema muy efectivo para hacer frente a los peligros que nos acechan y que pueden desestabilizar el delicado equilibrio que permite la vida. Tenemos un sistema que está continuamente monitorizando si todo funciona como tendría que hacerlo y de no ser así, se mandan señales para que ese cambio no provoque un daño permanente en el cuerpo y en última instancia la muerte.

 Debido a que estamos sometidos a peligros para los que tenemos que responder de forma inmediata y efectiva, este sistema puede también responder a emergencias inesperadas, ya que es muy sensible y es capaz de poner al cuerpo en alerta en apenas segundos, movilizando todos sus recursos para hacer frente a dicha eventualidad amenzadora.

  Un ejemplo muy ilustrativo y que siempre se pone como ejemplo es el imaginarse que te persigue un tigre de bengala. Si eso pasa, tu cuerpo, en apenas milisegundos pone a tu disposición la energía suficiente para que dispongas de ella de forma inmediata. Se cierra el suministro a partes no esenciales del cuerpo. Ese extra de energía se va a utilizar para que los músculos estén listos para correr o luchar, para aumentar la presión arterial, para aumentar la frecuencia cardiaca, aumentar la viscosidad de la sangre para que si hay una herida no nos desangremos, aumentar la atención y así focalizar nuestros recursos para encontrar soluciones y escapar de la muerte, etc. Es una emergencia y en momentos de emergencia no se escatiman esfuerzos. La vida depende de ello.

Hay numerosos ejemplos de personas que en situaciones de vida o muerte afirman haberse olvidado del cansancio, el hambre, del dolor y que han sentido como si una fuerza sobrenatural les hubiera invadido. Eso es la respuesta del estrés.

¿ES TODO EL ESTRÉS MALO?

 No. La vida es estresante por definición. ¿Por qué? Porque la vida es cambio y absolutamente todo provoca un cambio en nosotros y el cuerpo tiene que responder y adaptarse a él, ya que la vida funciona sólo bajo ciertos parámetros concretos. Hay una sola manera de vivir sin estrés y es morirse. Nada te afecta, a nada hay que responder. Si quieres vivir sin estrés, tu única posibilidad con 100% de garantías es la muerte.

Hay ciertos cambios regulares y previsibles (como el ciclo día-noche) para los que el cuerpo, a lo largo de la evolución ha aprendido a adelantarse y a automatizar la respuesta. Es más listo el jodío. Mucho más que tú y que yo. Así pues, hay muchas funciones vitales que siguen un ritmo circadiano y que en última instancia permiten al cuerpo ahorrar energía.

Otros cambios no son previsibles y el cuerpo tiene un sistema para poder responder a dichos cambios. Pero como todo, hay cambios positivos y negativos. Todo depende del balance final que dejen en ti.

¿De qué depende que el factor estresante sea bueno o malo?

Pues depende de cómo nuestro cuerpo reaccione al factor estresante y del efecto final que tenga en él. Lo que para ti puede ser vidilla, para otra persona es la muerte en vida. Lo que para una persona es tóxico, para otra no lo es. Esto depende por un lado de factores genéticos y por tanto de cómo nuestro cuerpo está de preparado para afrontar ciertas situaciones y por otro lado de factores ambientales. Lo de siempre.

Pero, por muy buena genética que tengamos, si nos exponemos a muchas situaciones para las que nuestro cuerpo tiene que dedicar más energía de la que dispone, es cuestión de tiempo que nuestro cuerpo se quede sin energía, no sólo para las situaciones estresantes, sino para las funciones normales del cuerpo. Colapso y tranquilidad eterna.

Esto lo expliqué en su día en este post sobre cómo hay gente que con un nivel más bajo de estímulos externos entran en pantalla azul de la muerte o en kernel panic si eres más gafapastoide de café en el StarF**ks. Con todo el cariño, gafapasta. Todos somos susceptibles a que agotemos la memoria RAM en cosas totalmente evitables, sólo que unos tenemos un límite más bajo que otros. Algunos tenemos una mayor sensibilidad sensorial o somos más porosos, es decir nos entra más información.

Por otro lado, lo cierto es que todos requerimos de cierto eustrés (estrés bueno) o cierta cantidad de movimiento para vivir en nuestro óptimo. Vivir por debajo de dichos niveles también nos mata, ya que para mantenernos con vida se necesita sí o sí gastar energía. Tan sólo para mantener la estructura se requiere energía. La estructura de los músculos sólo se puede mantener si te mueves y eso requiere energía. Las conexiones sinápticas que te hacen tan inteligente sólo se pueden mantener si les sacas brillo de forma asidua. Energía. Movimiento. En definitiva, Vida.

Una piedra no gasta energía en mantener su estructura. Tampoco puede tocar la guitarra. Ni meditar sobre el existencialismo de Kierkegaard o Nietzsche. Una mujer, por lo visto, tampoco.

Por tanto, de no aplicarse cierta energía, todo tenderá al máximo desorden o entropía y por tanto a la muerte. Como diría un médico, es incompatible con la vida. Igual que un coche que has dejado abandonado sin usar todo el invierno. Uno puede pensar, guay, así “no se gasta”, pero lo cierto es que costará arrancarlo porque requiere de cierto funcionamiento para mantenerse.

Así que sí, necesitas cierto movimiento para estar sano, para que tu sistema no se oxide, y el cuánto es individual e intransferible. ¿Cómo saberlo? Como todo, experimentando.

Por otro lado, vivir por encima de dichos niveles es claramente nocivo, porque el cuerpo está yendo a 200 km/h cuando el máximo al que puede ir de forma confortable es a 100 km/h.

stress-and-arousal
Nivel óptimo de Energía vs niveles óptimos de muerte prematura.

¿CÓMO FUNCIONA LA RESPUESTA DEL ESTRÉS EN HUMANOS?:

  El eje del mal: eje Hipotálamo-pituitaria-adrenales.

 

La respuesta al estrés empieza en última instancia en el cerebro. A mí me gusta ver el sistema de la respuesta a estrés como si fuera un ejército que está continuamente alerta, vigilante, y que nos protege de las agresiones externas llegado el caso.

Los diferentes órganos y partes del cuerpo (sobre todo las motoras, pero no las únicas) son los soldados rasos. Los que llegado el momento se podrán a correr y a luchar como si no hubiera un mañana.

Luego está la cadena de mando y como en todo ejército, hay varios rangos. También hay servicio de inteligencia que recoge información, la analiza y la reporta convenientemente.

En el cerebro estarían la amígdala y el hipotálamo.

La amígdala es el servicio de inteligencia y se encarga de recoger información variada y procesar las reacciones emocionales derivadas de ellas y de mantener convenientemente informado al hipotálamo. En las mujeres la amígdala es más reactiva y esto explicaría por qué por regla general nos afectan más ciertas situaciones. No somos nosotras. Es la amígdala, que es peor que una portera y se entera de todo. En las personas que han sufrido de estrés postraumático también se ha reportado una amígdala más reactiva. Eso explica porque estas personas se alteran y ponen todo su cuerpo en alerta máxima cuando oyen algo que les recuerda al trauma pasado, siendo el peligro no real en la actualidad. Es algo que no pueden controlar desde la consciencia porque es una respuesta automática.

El hipotálamo es el mando de mayor rango, se sitúa en el cerebro y es el que en última instancia da la orden al cuerpo de desplegar el ejército. El hipotálamo, además de recibir información de la amígdala, recibe retroalimentación de diferentes órganos, que le informan a cada momento si la situación está controlada.

Una vez el hipotálamo decide desencadenar una respuesta defensiva, manda la orden a la hipófisis (también en el cerebro), que a su vez manda la señal a las glándulas adrenales (encima de los riñones) para que así finalmente el ejército se movilice. Los mandos al pie del cañón y dando órdenes a los soldados rasos son las hormonas adrenalina y cortisol.

Ambas se encargan de poner al cuerpo a punto para hacer frente al peligro. Además, el cortisol se encarga de la respuesta coordinada de unas tropas muy especiales: hígado, páncreas y grasa abdominal. Dichas tropas se encargan de proporcionar la energía que el cuerpo necesita. El cortisol es el que moviliza el combustible de dichos órganos, para que el cuerpo tenga la energía suficiente para hacer frente a la emergencia. Si no coordina a estos órganos, el ejército corre el riesgo de quedarse sin combustible y munición en plena batalla. Esto sería un desastre mayúsculo, así que esta parte de la respuesta al estrés es de vital importancia. El cortisol es nuestro amigo fiel y hay que quererlo. Y no darle horas extras, que el pobre sufre de burn-out y luego pasa lo que pasa.

Este sistema es muy útil y efectivo. Tan efectivo es, que después de millones de años, seguimos aquí. El problema es que es muy costoso energéticamente, pero bueno, en realidad, fue diseñado para afrontar situaciones límite y poco frecuentes. Más vale no escatimar si tu vida depende de ello. Ya habrá tiempo de descansar y recuperar.

¿O no?

ESTRÉS CRÓNICO

El problema es que, [modo abuela ON]: todo avanza que es una barbaridad y esto en mis tiempos no pasaba [modo abuela OFF], o eso pensará el eje HPA. En los últimos tiempos, y sobre todo en nuestra era industrializada, tecnológica, sobreinformada y sobre socializada, el cuerpo está literalmente bombardeado sin pausa por factores a los que tiene que responder sí o sí. Entre un tingre de bengala y un puto whatsapp de ese amigo coñazo que te gasta la batería no hay diferencia para tu cuerpo. El cortisol es un mandado y allá dentro no hay luz.

  No es sólo el ritmo de vida, el trabajo, la situación económica, los valores de esta sociedad, problemas personales, etc. Además de los factores que se han dado siempre, en los últimos años se están incrementando otros factores a los que normalmente no prestamos atención y a los que el cuerpo no se ha enfrentado antes. No es una ofensiva clara. Las guerras ya no son tan vistosas como antaño, no son cuerpo a cuerpo, sino que ahora es una guerra sibilina y de desgaste. No se detecta que te están atacando hasta que es demasiado tarde. Y esto es nuevo y el cuerpo no sabe qué hacer más que responder, por si las moscas.

   Si me estás leyendo y piensas que tu vida es muy acelerada y que apenas tienes tiempo de nada, o al contrario, duermes 5 horas diarias, vas por la vida sintiéndote Sansón y te preguntas, al leer esto, si estás dañando tu salud, la pregunta que tendrías que hacerte es ¿Cómo te sientes? Si tienes energía, te levantas con ganas y sin necesidad de un café para arrastrarte por el día, no te entra depresión post-vacacional, ni tienes eczemas, ni insomnio por causas no aparentes, si tu humor es estable, no te resfrías con facilidad, no tienes problemas menstruales o de fertilidad, no engordas sin motivo y/o no tienes barriga cervecera, si cuando llegas a las vacaciones no te da un bajadón y te pones enfermo y tu salud general percibida es buena, entonces, enhorabuena, puedes dejar de leer y respirar aliviado. Aunque si has llegado hasta aquí, tampoco te importará leer un poco más.

Si por el contrario tienes algunos de estos síntomas (¿o todos ellos?) tienes un problema. Y gordo. Porque el estrés afecta literalmente todos los aspectos de tu vida.

A mí la energía en organismos vivos me gusta describirla como dinero. Y es que no en vano, el ATP, la molécula que nos da energía, se le llama la “moneda energética”. El dinero compra objetos o servicios. Con nuestra energía también se consiguen ciertos servicios. Algunos, como la respiración y la regulación de la temperatura, son como el alquiler y la comida. Son básicos y no se pueden escatimar. Una vez pagadas las facturas ineludibles, te queda un remanente de energía que puedes utilizar como quieras. En el caso de la energía, generalmente y al igual que el dinero, nunca tenemos suficiente para hacer todo aquello que tenemos o queremos hacer.

Siguiendo esta analogía, una respuesta a estrés es como ese préstamo a un interés obscenamente elevado al que acude mucha gente desesperada. Te da un alivio rápido de las deudas que puedas tener, pero a no ser que lo tengas todo muy bien pensado y puedas juntar el dinero que debes, tan sólo estás retrasando el problema. La factura la vas a pagar cara. Se te acumulará una deuda monstruosa y si esto lo vas haciendo de forma continua, sin realizar apenas ingresos, entonces tú ya no tienes una deuda, eres una versión individual de Grecia.

Lo malo, es que no es tan fácil darse cuenta de que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades, porque parece que vivimos en una sociedad que está hasta las trancas de anfetaminas y que encima te dice, aún sacando la lengua, que para ayer es demasiado lento.

Tampoco te va a ayudar el escuchar cómo te sientes cuando estás en pleno apogeo de energía. Te acaban de dar un crédito, dinerito contante y sonante. Te sientes como Dios. ¿Quién se va a acordar de los intereses? Tu cuerpo se siente pletórico, rindes más que nunca, y te sientes BIEN. Si todo está bien, para qué cambiar.

Realmente aquí lo único que te puede ayudar es conocerse muy bien y saber cuáles son tus niveles normales, sin chutes de hormonas del estrés. Si por lo que sea no has tenido acceso a este autoconocimiento por atender a cuestiones de supervivencia más inmediatas o has crecido en un ambiente en el que no se ha honrado tu persona y tus ritmos, lo tienes más complicado. Tendrás que empezar por el final y si lees esto quizás sea tu caso.

Tu cuerpo peta, tu energía se evapora y entonces aprendes qué es normal para ti y qué no. ¡Fantástica oportunidad para aprender! Bueno, en realidad no te queda otra, porque en el momento que te pases de rosca y ese rosca puede ser algo tan nimio como hacer deporte 5 minutos más de lo planeado, entonces tu cuerpo entrará en coma profundo de nuevo. Irás de apagón en apagón hasta que sepas ver cuáles son tus límites.


Y de momento, lo dejo aquí. Se me quedan en el tintero el saber qué exactamente estresa el cuerpo y cómo minimizarlo, así cómo conocer algo más sobre el cortisol, este mando tan industrioso y que nos salva el culo y al que tenemos sobreexplotado.

Y a vosotros, ¿En qué ocasiones se os sube el cortisol? A mí en tantas, que he gastado las reservas del cuerpo. ¡Ja! Superadlo, si podéis.

Juan Luis Guerra en realidad se refería al cortisol, pero por efectos de sonoridad y métrica utilizó la bilirrubina.Ya sabéis, a partir de ahora en el estribillo cantad “Me sube el cortisooool”.

Sobre productividad (resumen)

  El otro día os introducía el concepto de barbecho en el área de la productividad y lo bien que estaba llevando el desarrollo de mi proyecto. La vida es perra y se encargó de ponerme en mi sitio el día siguiente.

Todo esto dio lugar a un interesante intercambio de opiniones y conceptos. Me ha parecido interesante hacer un compendio de lo que se ha hablado y ordenarlo mínimamente. Además meteré algún comentario de propia cosecha, porque yo soy así y hay que quererme igual.

CONCEPTOS RELACIONADOS CON LA PRODUCTIVIDAD:

 

1. Concepto de ocio, como “tierra de nadie entre el deber y el placer que no procura satisfacción ni a corto ni a largo plazo”- Rafael Sarmentero.

roseypunto además añade que ella ha decidido renunciar al ocio e invertir en diversión. Muy buena decisión, porque sino parece que estás en tierra de nadie. Tendemos a hacer las cosas a medias. Trabajamos a medias, descansamos a medias, nos divertimos a medias y al final nos estresamos a enteras porque acumulamos deficiencias de intención por todos lados.

2. Ritmos (en este caso se ha hablado de ritmos nocturnos). Hace dos entradas os decía como yo tengo un ritmo circadiano desplazado hacia la noche, lo que hace que ciertas actividades mentales y creativas se me den mejor a cierta hora de la tarde-noche. El problema es el caos que provoca.

Por regla general y salvo que Drácula no sea leyenda, no hay nadie absolutamente nocturno. Nuestra especie es diurna, pero como todo en esta vida, los individuos nos distribuimos en una Campana de Gauss en la que la inmensa mayoría de las personas entran en la media y es lo que se considera normal, mientras que hay un número menor de individuos que se desplazan hacia uno u otro extremo.

Campana de Gauss
Si la media española de altura es de 1,73 el que midas 1,4 m o 1,90 m no te hace menos español, aunque sí atípico para este dato en concreto.

Yo necesito, de media, 9 horas de sueño para estar en mi máximo. Hay gente que con 6 horas están fantásticos. ¿Qué es mejor? Pues lo que le funcione a cada uno. Una cosa es la normalidad poblacional y otra es la individualidad.

Sea cual sea tu normalidad, un buen descanso es CLAVE para sentirse bien. Es lo más inmediato y poderoso que puedes hacer para mejorar tu salud y para tu productividad. Hay varios estudios que muestran como la salud de aquellos trabajadores con turnos de noche es peor que los que siguen un ritmo diario. A mí no me hacen falta estudios. Tan sólo unos días durmiendo mal y a deshora y les doy todo el crédito a esos estudios.

Hay varias hormonas que siguen un patrón de ritmo circadiano, es decir cuya actuación varían a lo largo del día y que se sincronizan con las horas de luz, y si lo alteras, alteras el equilibrio del cuerpo y aunque para el colapso tienen que darse ataques a varios pilares, te queda uno menos en pie. ¿Qué hacer entonces si eres más nocturno?

cortisol
El cortisol es una hormona que sigue un patrón de oscilación circadiana. Por la mañana sus niveles son más elevados que a última hora de la tarde. Como el cortisol es responsable de los niveles de energía, si los niveles son altos estaremos listos para la acción.

En mi caso, he redescubierto esa maravilla que en nuestro país llamamos siesta y aunque muchos rancios de otros países se rían con cierta superioridad y condescendencia de tan patrio hábito, lo cierto es que su efectividad está fuera de duda. En España somos por lo general más nocturnos que nuestros vecinos del norte y no es casualidad que la siesta esté tan arraigada aquí. Eso, y que los 46ºC que hicieron ayer en Sevilla no ayudan a que te de un ataque incontrolable de ser mega productivo.

En general, creo que se trata de adaptar nuestra idiosincrasia al mundo y circunstancias en los que tenemos que vivir para obtener lo mejor de cada mundo.

3. Técnicas clásicas de productividad:

Por un lado se ha hecho una crítica de los libros de productividad por estar demasiado centrados en recetas que en pautas generales. No soy dada a leer este tipo de literatura, pero imagino que siguen la misma pauta que otro tipo de libros teóricamente prácticos: te dan unas pautas milimétricas acerca de qué, cuánto y cómo tienes que hacer las cosas. No sólo provoca agobio, sino que a veces te preguntas cómo coño vas a hacerlo.

En el tema de los hábitos de salud como el de la productividad y en general en todo en esta vida lo que más funciona es adaptar y simplificar todo lo posible.

En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta

Navaja de Ockham

Los consejos generales van bien para obtener una guía que explorar, un marco de referencia, pero no se debería seguir al pie de la letra (o sí, dependiendo de si encaja con tu forma de funcionar). Esto nos lleva a otro concepto que se comentó: parálisis por análisis.

Creo que enzarzarse en encontrar la receta perfecta es sólo una manera de perder el tiempo y creerse que estás haciendo algo, cuando no es así. Todos lo hacemos o lo hemos hecho en algún momento. Es mejor salir ahí fuera, experimentar, errar, y vuelta a empezar.

En mi caso, el ponerme el traje de científica loca hace que disminuya la ansiedad, por no conseguirlo todo a la primera, ni a la segunda, ni….en fin, que la ciencia es 99% de ensayo-error. Por otro lado, aumenta la diversión. No son fracasos, son resultados de tu experimento y merecen todo tu respeto. Luego expones tus resultados, alguien los dilapida, discutís otras maneras de aproximar el problema, y lo que es un pequeño paso para el hombre, se convierte en un gran paso para…sí, vale, lo dejo 🙂

4. Antitécnicas de productividad: gestionar la energía, no el tiempo.

Desde que estudié el concepto de energía en física y química del instituto, todas sus variables me han fascinado y he ido recopilando pruebas que corroboran lo que ya dicen las correspondientes leyes: “todo tiende al mínimo estado de energía y al máximo de entropía (desorden)”. No por ordenar tu casa muy a fondo se mantiene limpia por más tiempo. Es mejor dedicarle menos energía y de forma más estratégica. Como además la energía ni se crea ni se destruye, sino que es la que es, se hace imprescindible hacerse un experto en economía de recursos.

En contraposición con la rigidez de las normas clásicas de productividad, se introdujeron varios conceptos:

  • Técnicas GTD de productividad. No lo conocía y no sé si estaría bien clasificado aquí, pero por lo que he leído someramente, se trata de liberar tu memoria de trabajo para que a lo que sea que te vayas a dedicar, lo hagas con el máximo de tus capacidades. La memoria de trabajo vendría a ser la memoria RAM de tu ordenador.
  • La aleatoriedad y sus efectos positivos en sistemas biológicos, sociales, económicos y los efectos negativos del exceso de regularidad (concepto desarrollado por Nassim Nicholas Taleb). Libros recomendados: Cisne negro y Antifrágil.
  • Efectos del aprendizaje espaciado y su efecto sobre la memoria (Robert Bjork).

roseypunto describe como ella divide las tareas en bloques que pueden ser o no, en el caso de estudios, temas y a cada uno le da una frecuencia. Además, hay días que estudia 12 horas, otros 2, 8, etc. No tiene hora de inicio, pero a ella le sirve para controlar la monotonía que le agobia.

  • El poder del pleno compromiso (Loehr y Schwartz): hay que gestionar la energía y no el tiempo, a través de las distintas áreas vitales (física, emocional, mental y espiritual).

Me ha sorprendido bastante este punto porque me doy cuenta de en los últimos meses justamente he estado trabajando precisamente en la regulación de estas partes. Puesto que mi nivel de energía era nulo, he empezado por lo más básico, la energía física y mental. Cuando esto lo he ido controlando, ahora veo que apenas tengo técnicas para equilibrar mi parte emocional. Y por ahí se cae el chiringuito. Scheisse Mann!

Las analogías con el deporte son mi perdición, y como además siempre me he inclinado por el deporte de resistencia he tenido mucho tiempo para pensar cómo un entrenamiento se asemeja a muchas otras facetas de la vida. La analogía que propone homomínimus me parece terriblemente acertada, aunque veo que quedan flecos sueltos, aunque no creo que sean intencionados, sino una manera de simplificar. Le daré una vuelta y a ver si saco algo de provecho para una entrada.


Estos últimos puntos me parecen muy interesantes y puesto que revisando en mi diario de experimentos vitales veo que tengo varios resultados preliminares que corroboran dichas teorías, y además me parecen muy lógicas y sencillas, les voy a dedicar algo más de mi atención.

La técnica productiva del barbecho

Una de las cosas importantes que se aprenden cuando uno inicia el largo y continuo camino del autoconocimiento es a saber cómo y en qué condiciones se funciona mejor.

Yo me he dado cuenta de que a pesar que las rutinas y los horarios me vienen genial, el horario digamos estándar u horarios demasiado rígidos me van fatal.

Por ejemplo, de siempre yo por la mañana he sido un zombie y da igual si he dormido 8 horas que 3. Mi cuerpo puede estar despierto, que mi mente no. O no para según qué cosas. Me he pasado media vida estudiando de noche porque me encanta esta sensación. Además, es cuando mi mente está más despierta y creativa. Eso es un problema a la hora del descanso si el horario de trabajo es el típico que empieza a las 8.

Hace poco he oído que a la gente que tenemos el ciclo circadiano un poco desplazado hacia la noche y nos vemos obligados a llevar un ritmo más atrasado a lo que nos es natural, sufrimos de síntomas propios del jet-lag. Lo llaman Jet-lag social. Cinco días a la semana. El intentar adaptarse a un ritmo que nos es ajeno además propicia la depresión, tristeza y falta de motivación (vaya, ¿no va a ser cansancio eso?). Menudo plan.

El saber esto hace que si no me queda más remedio que trabajar en los horarios horribles mañaneros me organice de manera que los trabajos físicos y/o rutinarios los hago por la mañana, mientras que las actividades mentales y creativas por la tarde. Ahora lo estoy haciendo así y la verdad es que me va genial. Lo malo es cuando todo el trabajo es mental o todo el trabajo es físico, o cuando todo el trabajo es X.

Observando cuándo me he sentido mejor y motivada, a la vez que he rendido más, veo un patrón claro:

  • Me gusta cambiar de actividades. Tiendo a aburrirme si me dedico full time a una sola actividad por un periodo muy largo de tiempo (digamos 2-3 meses aunque eso es absolutamente variable). Pierdo el interés y aunque le dedique cada vez más tiempo, mi productividad cae en picado. Es más, empiezo a odiar lo que sea que esté haciendo y empiezo a quejarme por todo. En realidad el trabajo no es el problema. El problema es que me estoy aburriendo y frustrando por no poder saciar mi sed de nuevos conocimientos/actividades.
  • Necesito tiempo y compromiso con una actividad. Me gusta profundizar en todo aquello que me interesa, saborearlo lentamente, como un buen manjar. Por ello, el multitasking no es para mí. Voy corriendo de un lado a otro, picoteando, sin realizar nada bien (bajo mis estándares) y al final del día me queda la sensación de que no sé nada y de que he hecho las cosas de forma superficial y de que ando sobre arenas movedizas. No me gusta esa sensación.
  • Requiero de cierta rutina pero sobre todo de flexibilidad. Como he dicho previamente ciertos trabajos se me dan mejor a partir de cierta hora. A pesar de que no me gustan la flexibilidad extrema que lo que hace es añadir caos a la vida, sí que me gusta flexibilizar a qué dedico mi tiempo en cada momento. Cada semana tengo unos objetivos de trabajo que tienen que hacerse esa semana, pero si planifico que el trabajo de investigación y documentación lo haré siempre por la mañana, es posible que no dure mucho y que al final de la semana (quizás no la primera) no haya cumplido casi ninguno de mis objetivos. Si por la mañana me planifico algo que por lo que sea no puedo hacer esa semana, tan sólo perderé el tiempo cuando podría ser más productiva haciendo otras cosas de la lista.

Al final, lo que he entendido es que funciono mejor con la técnica productiva del barbecho. ¿Qué es eso? Pues me lo acabo de inventar. ¿Y por qué le llamo del barbecho? Todos recordáis del colegio esta técnica de cultivo, pero refresquemos la memoria.

Barbecho (Wikipedia)

Se denomina barbecho, a la técnica por la cual la tierra se deja sin sembrar o cultivar durante uno o varios ciclos vegetativos, con el propósito de recuperar y almacenar materia orgánica y humedad, además de evitar patógenos esperando a que sus ciclos terminen sin poder volver a renovarse debido a la falta de hospederos disponibles.

(…)

Es una técnica muy usada en la rotación de cultivos por algunos agricultores que buscan que se repongan los nutrientes y la composición química del suelo antes de otro tiempo de cosecha, para que naturalmente se pueda restaurar el equilibrio de los elementos que componen la tierra.

La técnica productiva del barbecho

En mi caso implica lo siguiente:

  •  El desempeño continuado en el tiempo de una actividad a la larga empobrece el cerebro. En comparación con la definición clásica del barbecho, si la tierra es el cerebro y la actividad el cultivo X, el cultivar siempre lo mismo hace que se agoten unos nutrientes específicos y que no se utilicen otros. Si no se cambia de actividad a tiempo, hará que el cultivo X no crezca ya bien, disminuyendo bastante la productividad de dicha cosecha, cuando el resto de nutrientes que pueden ser utilizados para otros cultivos, se mantienen inutilizados. Yo siento exactamente eso cuando me dedico en exclusiva a una sola actividad por mucho tiempo.
  • Para lograr resultados es necesario dedicarse a algo de forma continuada e intensa durante un tiempo. Si se cambia de actividad a medio acabar, jamás se alcanzarán los frutos. Es como si a medio cultivo, arrancarais las plantas y sembrarais otras. Y así continuamente. No vais a recoger frutos nunca y el desgaste físico será grande.  Es necesario saber cuánto tiempo se puede mantener un cultivo sin que se vea afectada su productividad, pero que la vez permita obtener frutos y por tanto beneficios. Esto es personal.
  • Tras una dedicación intensa, hay que dejar descansar al cerebro, sobre todo si son actividades muy mentales. Cuando me mudé a Alemania me di cuenta de que no mejoraba sustancialmente mi alemán por mucho que practicara. Era frustrante, ya que me daba la sensación de que sabía más antes de irme que una vez allí. Luego me venía dos semanitas a España, no hablaba ni una palabra y al volver, de repente notaba una mejoría importante.

¡Alehop!

Le había dado tiempo a las nuevas conexiones neuronales responsables de almacenar la nueva información a hacerse sólidas. De esto ya me he dado cuenta antes, pero no de su importancia y sobre todo el aceptar que yo funciono así.  Aunque sea un proceso lento y a nadie le gusta ser lento. Pues yo soy lenta. Muy lenta. Y cada vez más orgullosa porque al contrario que antes veo las ventajas de dicho sistema en apariencia defectuoso (más sobre esto otro día).

  • Es necesario conocer las propiedades de la tierra y plantas a cultivar (cerebro y actividades) para saber qué hacer en cada momento. En mi caso me doy cuenta de que tengo diferentes ritmos a lo largo del año y también a lo largo del día e incluso semana y mes. Sabiendo qué tipo de energía requieren cada actividad y en qué estado estoy en cada momento, se puede optimizar de manera que en cada momento realices la actividad que más se ajusta a tu momento. Esto implica conocerse muy bien y también ser realista con los tiempos y esfuerzo que requiere cada cosa. Esto se logra ensayando y errando a tutiplén.
rotacion_trienal
La naturaleza es muy sabia y nos enseña más de lo que creemos si prestamos atención

Yo estoy en ello, aprendiendo de forma continua. Pero lo bueno, es que en mi caso, entendiendo esto de mí y aplicándolo, elimino gran parte del estrés, porque en cada momento hago lo que mejor puedo hacer, optimizando de esta forma mis recursos y mi tiempo, con lo que al final esa sensación de no hacer nada, de agobio, de no tener tiempo prácticamente desaparece. Además, al final del día te queda la sensación de deber cumplido.

No todos somos iguales, ni funcionamos igual, así que lo que a mí me vale, no tiene por qué valerte a ti. Pero creo que el rotar actividades le puede ser útil a gente con muchas inquietudes, con gran volumen de trabajo y que están muy ocupadas y/o estresadas. Es cuestión de observarse, analizar qué cosas deben ser hechas, qué requieren de ti y delimitar cuándo las vas a hacer teniendo en cuenta también factores externos como fechas de entrega, etc. Esto es aplicable no sólo a lo largo de un día, sino de la semana, mes y año. Somos seres vivos y tenemos ciclos. No tiene mucho sentido pretender que funcionemos como una máquina que vive ajena a los ciclos naturales que quieras o no rigen tu vida.

Para mí, el entender esto y no fustigarme por no ser la persona productiva estándar de 8-5, por este aparente caos, por el qué pensarán jefes de mí o por no obstinarme en cumplir unos rígidos horarios que yo misma me marco aún no siendo factibles por lo previamente contado, están haciendo que afronte los días con más ganas y aunque estoy aún optimizando, en general me estoy acercando el equilibrio.

Hago más en menos tiempo, porque escojo muy bien en qué momento se tiene que hacer cada cosa. Porque hacerlo así es optimizar los recursos y el tiempo y en definitiva liberar energía y tiempo que puedo utilizar como más me plazca (sí, descansar también). Definitivamente menos es más, pero no de cualquier manera.

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Ahorrar energía para tener más tiempo y optimizar tu trabajo (además, es también sostenible en el tiempo)

Lo más importante que estoy aprendiendo es que gestionar bien tu energía es similar a gestionar bien tu dinero. Igual que no vas despilfarrando dinero si ganas una miseria, tampoco tiene mucho sentido ir despilfarrando energía en cosas que apenas te van a dar resultados, sabiendo que tu energía es limitada y a veces escasa. El verlo así, como si mi energía se tratara de dinero, me está ayudando mucho, porque no en vano, la gestión del dinero es uno de mis fuertes 🙂

Y tú, ¿tienes alguna técnica infalible de productividad que te funciona a ti pero que no parece ser la estándar?

Nein, nein, nein! : cómo decir que no

Nein, aunque no lo parezca, hoy no os voy a hablar del dictador de la foto (no es por falta de ganas, conste).

Sino que voy a hablar de los pequeños dictadores que llevamos dentro, o los gran hijoputas, según el caso. Y de aprender a decir NEIN. Lo llaman establecer límites.

Veréis, llevo desde Enero haciendo experimentos varios y no sólo en el laboratorio. Mi laboratorio se ha extendido a mi casa, a mi vida diaria. Y me he dado cuenta, no sólo de que dentro de mí habita un dictador muy hijoputa, sino que además no tengo ovarios de pararlo.

Hasta esta semana. Sí, a ver, llevo semanas intentándolo. Pero ya lo dicen, que cuando uno cambia, el entorno se resiste. Pues mi pequeño dictadorcillo se ha retorcido cosa mala. No es el único. Hay gente de mi familia que está un poco desubicada conmigo. Hay otra gente que me conoce menos que directamente no sé ni lo que piensan pero mi intuición me dice que algo no muy bueno.

El caso, como digo, es que llevo varias semanas experimentando con el nivel de carga de trabajo. En Enero empecé bien. No tenía básicamente nada que hacer salvo recuperarme físícamente (otro día os cuento más) y me salieron clases particulares. 6 horas a la semana, más la correspondiente preparación, corrección y tal. Una mindundia para lo que yo hacía antes, pero aún así, se desestabilizaba mi débil equilibrio zen. Estaba hecha unos zorros.

A finales de Febrero, además, empecé a ir al laboratorio, por amor al arte, como hay que hacer las cosas y más si son de ciencia, que ya sabemos que el aire alimenta un montón y no tiene tóxicos. Tres veces por semana. Ahí el equilibrio que gané se fue a la puta mierda y eso que seguía siendo ni un 50% de lo que hacía antes. Puto cuerpo. Puto estrés. Puto dictador. Además, también empecé a investigar y escribir un proyecto de investigación que me traigo entre manos, a planificar y coordinar a la gente con la que quiero quedar en verano en Alemania, más clases, etc. Sigue siendo quizás el 60% de lo que hacía antes, pero aún así, no había semana que hiciera el 50% de lo que me había propuesto y que no me sintiera destruida y con unos pensamientos y actitud no muy pizpireta (pero como ahora todo es bueno, me he hecho un croquis de mis reacciones que ni Freud en sus mejores tiempos).

Y eso que cada cierto tiempo y tras “fundimientos” (yo los llamo momentos overwhelm o punto de saturación máximo) varios, iba bajando el ritmo y haciendo poda. Menos, menos, menos, coño, he dicho que menos! Es difícil hacer poda cuando todo es importante, cuando hay fechas de entrega y cuando no tienes un medio que garantice tu supervivencia a largo plazo (a corto y medio, gracias a Dios tengo ahorros, gracias yogures de marca blanca, con mi beca de Tesis no sólo me alimentastéis sino que pude ahorrar a cascoporro y esto me está salvando literalmente la poca salud física y mental que me queda). Pero si no lo haces tú, sino te enfrentas a tu dictador y le dejas las cosas claras, con toda la diplomacia de la que puedas hacer gala, vendrá el cuerpo, en plan rabieta de niño caprichoso y la va a liar parda. No está nada bien jugársela con el dictador, que te ve en horas bajas, cuando tenías toda tu estrategia montada, y te reconquista el terreno duramente ganado en un santiamén. Yo odio la estrategia, así que supondréis los ratos tan divertidos que estoy echando.

Total, que esta semana, concretamente hoy jueves 28 de Mayo, me congratula notificar que he completado el 90% de lo que me propuse para esta semana. Incluso he hecho cosas de la próxima semana. Y ayer, tuve un momento fundición que me duró todo el día en el que no pude hacer nada y me dediqué a temas de contemplación y alimentación del alma. Lo que viene siendo un rascarse a dos manos clásico. Y no me sentí culpable. ¿Lo necesito de verdad? Pues ea, lo siento dictador, HOY NO CURRO. No dejé ni que abriera la boca. Chitón. A mi hermano, que ayer pasaba por aquí, no se lo pude impedir, lo de cerrar la boca, digo y me echó la bronca por floja. Ironías de la vida, hace unos años me la echaba por masoca. Ahora soy yo la floja y él el masoca.

Y que durante todas estas semanas de observación, experimentación y análisis he aprendido básicamente un par de cosas:

1. Descansar es parte del trabajo. Un día de descanso es un día y pico de rendimiento a tope. O más. Clara ventaja. Voy a hacer más de esto, además es que mola y todo.

2. Todos llevamos dentro un dictador que nos dice lo que tenemos que hacer con autoridad militar. De dónde sale el dictador es algo que otro día hablaré, pero vaya, que básicamente lo dejamos entrar nosotros. Haz esto, lo otro, no, no es hora de dormir, hay que terminar esto, Scheisse, he dicho que no!! Nein, nein, neeeeein!!!! Los psicólogos y demás ponen mucho énfasis en ponerle límites a la gente que te rodea, pero ¿Por qué no empezamos con nosotros mismos? Tenemos material de sobra para practicar. Si lo logramos con nosotros mismos, lo demás será pan comido. No hay dictador tan fiel a jodernos la vida como el que llevamos dentro. Total, a los otros no los tienes que ver todos los días, pero convives con tu dictador, así que más vale que le pongas firme. Di no y no aceptes otra respuesta. Fin de la discusión.

3. Pensamiento friki de rigor: pensaba yo, anda qué curioso, igual que nosotros la mayoría de las veces seguimos a pies juntillas, sin siquiera plantearnos que lo que dije la voz hijaputa es bueno o no para nosotros, etc, este comportamiento es sospechosamente parecido al que explica situaciones como las que ocurrieron en la Alemania nazi. ¿Os creeis que los alemanes no veían lo que hacían con sus vecinos y que de repente se volvieron tontos del haba? Mmmmm, aunque está mal generalizar yo me inclino a por el no.

Entre otras muchas cosas (que igual un día me da por escribir más sobre el tema, una de mis frikipasiones), el problema principal fue no cuestionar esa voz que venía de un superior, de alguien a los que ellos respetaban y por tanto creían. Los alemanes son muy obedientes. Lástima que no siempre obedecen al que tiene buenas intenciones. Pero claro, es más fácil hacer eso, porque la otra opción, pensar por uno mismo, cuesta energía. Y en esos tiempos, igual te costaba la vida. Como todo en este mundo tiende al mínimo estado de energía posible, lo fácil era desechar la vocecilla de la conciencia, que sólo trae quebraderos de cabeza, y seguir la corriente. Hacer caso al dictador. Y si luego el dictador te la lía parda decir todo indignado: Será joputa el dictador, ay que ver cómo nos ha engañado, con lo buena persona que soy yo. Si hasta hago pasteles para los niños huérfanos.

Siempre pensamos, qué hijoputas los alemanes, pero realmente, ¿no pecamos acaso la inmensa mayoría de los humanos de lo mismo? ¿Cuántos son los que tienen los cojones de ir contracorriente y decir, lo siento pero no? De tomar las riendas de nuestra vida, de cuestionar lo que oímos, lo que pensamos. De cuestionarlo TODO . Claro, es más fácil seguir lo que otros te dicen y luego sacar balones fuera si la cosa no sale bien. De los alemanes ahora decimos que qué hijoputas y que qué cobardes. Pero ¿y nosotros? Ni siquiera somos capaces de cuestionar a nuestro dictador interno y de enfangarnos y pensar, cuando eso reportaría un beneficio más que probable para nuestra vida. Si no lo hacemos cuando los beneficios son tan evidentes y los costes realmente tan bajos (total, si te va mal, siempre puedes seguir de nuevo a las normas del dictador), cómo vamos a condenar la actitud de los alemanes en esas circunstancias. ¡Si lo hacemos nosotros todos los días!

Y amigos, con esta chochez de persona cansada, me despido y me voy a dormir. Pensaré en todo lo que puedo hacer con tres días, sin tener que hacer nada, porque todo está hecho ya (el 90% es suficiente para mí, el resto, la perfección, se lo dejo a Dios). Igual me aburro. Igual no sé qué hacer. No estoy acostumbrada a no decir “no tengo tiempo”, “tengo que”, “imposible, debería”. Un nuevo reto, una subida al siguiente campamento base de éste, mi Everest.

 Y tú, ¿Cuál es tu dictador particular? ¿Qué te cuenta? ¿Cómo lo mantienes a raya?

Y por último: Coño, sé valiente, si total, todos estamos cagados de miedo por dentro, incluso el de la foto (que las apariencias no os engañen, los que más ladran son los más cagados). Si no piensas por ti mismo, te la van a meter doblada. Palabrita de niño Jesús. Y como seas tú mismo quien se la mete doblada, pues oye, qué quieres, es una forma muy triste de endiñarla. Imagina tu tumba: Murió porque él mismo se mató. Triste, amigo, triste.

Reaprendiendo a jugar: Mi historia II

Es evidente que lo que contaba en la entrada anterior no es causa única para que uno llegue a un punto de insatisfacción vital en el que incluso la salud se ve afectada. Hacen falta varios factores: características personales, circunstancias, decisiones, etc.

Si bien es cierto que cuanto más sepas las causas que te han llevado al punto en el que estás, mejor vas a entender lo que tienes que hacer para salir e irás más a tiro hecho. Pero tener todo atado y reatado no es condición indispensable para empezar a hacer algo. De hecho si esperas a que se den las condiciones ideales, no vas a empezar nunca.

Mi experiencia hasta ahora es que cuando empiezas a moverte, te llega nueva información que completa lo que ya sabes y eso te lleva a tomar nuevas decisiones acertadas. O al menos a saber por dónde no. Esto es un gran experimento y tienes que estar dispuesto a cagarla.  Además, si la situación en la que te encuentras es un círculo, poco importa por dónde lo rompas. Mientras sientas sincero contigo mismo, todo ayuda.

Entonces, si conocer todas las causas no es condición indispensable, ¿Qué lo es? Bajo mi humilde punto de vista, es ser consciente de todo aquello en nuestra vida que nos provoca rechazo y/o malestar y que sabes que no es como debiera ser. Mirarlo cara a cara puede ser bastante desagradable, más que nada porque nos pone al descubierto una realidad incómoda: que seguramente somos los mayores responsables de nuestra desgracia. Bien por omisión o por hacer lo que no debimos.

La buena noticia es que si somos responsables de nuestras desgracias, también lo somos de poder cambiar eso. Y es que cuando hablo de cambiar, no digo cambiar lo que somos, sino de aceptar lo que somos y cambiar lo que está en nuestras manos cambiar.  Y ahí no hablo de otras cosas sobre las que realmente no tenemos control. Hay mucha gente que se escuda en crisis y en excusas miles para no mover un dedo, cuando realmente antes de verse afectados por estas causas externas, tienen una buena fuente de causas internas que les provocan zancadillas en su propia vida. Y que para echarse a andar tan sólo hay que dar pasos, aunque sean pequeños.

Y como lo único que podemos controlar es aquello sobre lo que tenemos poder y eso es nuestra salud (tanto mental, como física, que por otro lado no van separadas), es nuestra responsabilidad procurarnos ese bienestar. Primero va lo primero, y luego habiendo hecho los deberes, ya llegará el momento de enfrentarse a otras cosas.

 Cuando uno se encuentra en una madeja de difícil solución y ni siquiera sabe cómo ha llegado aquí o cómo va a salir, viene bien alejarse un poco del problema y tomar perspectiva. Eso en parte es lo que estoy haciendo.

Para ello me hice mi propio croquis para que mi monillo no tuviera que pensar mucho. La podéis ver aquí.

En dicho esquema hago una separación de diferentes factores que afectan de forma directa nuestra salud y analicé en qué punto estaba yo.

A saber:

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Estrés y obesidad: ¿Quieres adelgazar? ¡No hagas dieta!

Hace un tiempo, por casualidad llegué a un libro de esos a los que una de mis tías le gusta leer y regalar. La destinataria del libro era mi madre y el libro estaba abandonado desde hacía años, sin que nadie le echara cuenta. El pobre libro había pasado, como muchos otros, sin pena ni gloria.

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Si vives estresado (máxime si tienes algo de sobrepeso) lee este libro YA.

Un día, iba de visita y lo vi. Le eché un vistazo. Me interesa mucho la nutrición y aunque luego, por dejadez, no sigo prácticamente ninguno de los consejos, que son los de siempre, en esta ocasión despertó poderosamente mi atención.

Mis reacciones fueron las siguientes:

– Esta tía sabe de lo que habla.

– ¡Lo sabía! Yo no estoy gorda, ¡yo estoy estresada! ¡Toma, toma, toma! (tengo la intución de que mi cuerpo es más bien rollo corredora Etiope, pero tengo tendencia a engordar por el centro, eso es asín).

– El aspartamo (en Coca-Cola light, etc, etc) al metabolizarse en el hígado da lugar a metanol y formaldehído. ¡Formaldehído! Grité. Coño, ¡¡¡si es súper tóxico!!! (lo usamos en el laboratorio para purificar RNA).

Mi reacción a ese libro fue dejar la Coca-Cola ipso-facto. Jamás me ha gustado la Coca-Cola. De pequeña recuerdo que me salían las burbujas por la nariz y me resultaba muy desagradable (como cuando te entra agua por la nariz en la piscina). Luego, empecé a tomarla como droga para mantenerme despierta y poder estudiar durante la carrera. El café se me estaba quedando corto. En época de exámenes llegué a beber 2 litros al día (en apenas unas horas). Seguía teniendo sueño y dormía, pero parecía Pocholo hasta las trancas de anfetaminas. Al enterarme de lo que os he contado, la dejé de forma radical. De un día para otro. Sin mirar atrás. Me tomaría un par de ellas en el próximo año (comprobado: ¡la Coca-Cola engancha! El azúcar provoca adicción, que lo sepáis), pero ya la veía como veneno puro. Ahora puedo tomar alguna de vez en cuando, pero ya no sueño con una Coca-Cola fresquita, con su hielito y limón. Ahora la veo exactamente como la veía de niña: esa cosa asquerosa que “para un de vez en cuando”, pero poco más.

Pero volvamos al tema.

En el libro, la Dra. Glenville que es médico y además doctora (de PhD, o sea, investigadora) explicaba la relación que existe entre el estrés y la obesidad. El libro es realmente bueno, y creo que más que un libro de perder peso, es un muy buen libro sobre los efectos físicos que provoca el estrés (el márqueting manda, supongo).

Habla de como unos niveles constantemente elevados de cortisol (=estrés) provoca no sólo que acumules más grasa y tengas más ganas de comer energía rápida (es decir guarradas), sino que además, esa misma grasa que se acumula, sobre todo en el abdomen, actúa como un órgano endocrino (pero chungo, boicoteando al cuerpo) y provocando a su vez QUE NO PIERDAS GRASA y que sigas estresado (menudo bucle). Un cuerpo estresado es un cuerpo en alerta, preparado para atacar o huir. Un cuerpo estresado necesita energía y no va a soltarla así como así. La grasa es su banco de energía y como si de dinero se tratara, quiere acumular, más y más, máxime en épocas de crisis (igual que se ve que la gente gasta menos y ahorra más cuando hay crisis que cuando hay bonanza económica).

  Vaya, que con el estrés, has dejado pasar al diablo a tu casa con recibimiento estelar y alfombra roja. Creyendo que hacías lo mejor, haciendo gala de tu buen hacer y hospitalidad, le has otorgado un lugar preferente en tu casa y él se ha cogido, no el brazo, sino el cuerpo y tu vida entera. Ahora lleva años viviendo con él, no sabes cómo echarlo y ni siquiera sabes cómo carajo llegó a instalarse. Menudo hijoputa, el estrés.

¡OMG!
¡OMG!

  Todos sabemos lo que se siente cuando uno está estresado, pero lo que a veces no somos conscientes, es que no sólo es una sensación más o menos desagradable, sino que estás activando en tu cuerpo toda una cascada bioquímica. Que si bien por poco tiempo te da una sensación de subidón (cuidado con el enganche a sentirse todopoderosos), mantenido en el tiempo, todos esos cambios bioquímicos actúan en tu contra. Creo que es para pensárselo.

Y como además todo está relacionado, llevo ya unas semanas que estoy estudiando la bioquímica de todo esto. Desde los factores que lo provocan (mentales, físicos y ambientales) hasta las consecuencias físicas a diferentes niveles (psicológicos, hormonales y por tanto físicos, relacionales, etc). Mi objetivo es entenderlo lo mejor posible, porque tengo más que comprobado, que sólo cuando se entienden las cosas y su importancia, es cuando se toman en serio los cambios de hábitos.

Además, en este caso, cuanto más leo y más entiendo, más claro veo que mi problema BÁSICO es el estrés. Todos los síntomas que tengo están relacionados de forma primaria con el estrés. También he entendido, que mal me pese, tengo un sistema nervioso que salta a la mínima, como ya expliqué por aquí, y que por tanto, soy especialmente propensa al estrés. Vamos, que soy de gatillo fácil. Así que con más motivo tengo que entender cómo funciona el condenado y convertirme en un monje budista zen, pero viviendo en un mundo de gente que parece que se toman café con anfetaminas por las mañanas.

Yo he dejado el café, y sigo acelerada. Es innato.

Esta voy a ser yo en unos años. De saltar por todo a ser la serenidad y calma personificada (foto encontrada rebuscando en Google).
Esta voy a ser yo en unos años. De saltar por todo a ser la serenidad y calma personificada.                 (foto encontrada rebuscando en Google)

  Por otro lado, y en relación al estrés y la obesidad, no hay que estar OBESO MÓRBIDO para tener este problema. Lo que hay que tener en cuenta es cuál es nuestra constitución y que si somos de consitución normal o medio-delgada y tenemos un poquito de flotadorcillo, aunque objetivamente no estemos gordos, eso en nuestro cuerpo es ya obesidad y que quizás, esté causado por el estrés. Y que la obesidad o sobrepeso en estos casos, no es sólo algo estéticamente fastidioso, sino que es un síntoma del desbarajuste bioquímico que reina en tu cuerpo. Date por aludido, porque sino el sobrepeso será el menor de tus problemas. Te lo digo por experiencia.

De hecho, en mi caso, cualquiera que me vea no pensara que esté obesa, quizás un poco rechoncha, sobre todo en el último año en el que he ganado 7 kilazos (que casualmente, ha sido un puto sube y baja de inestabilidad de todos los tipos que pueda experimentar una persona en su vida cotidiana en el primer mundo: sentimental, familiar, económico-trabajo, mudanza-triple premio para las mudanzas en el extranjero).

Hace unos años, al subir ni la mitad de esos kilos, me habría puesto manos a la obra con disciplina militar. Deporte, comida, todos sabemos lo que hay que hacer. Balance energético, gastar más que consumir. Sin morir de hambre, comiendo sano, y todo eso.En poco tiempo, zas, en mi peso.

 Ahora, que ya empiezo a ser más zorra (por vieja, eh?? :P), ya me empiezo a ver por donde van los tiros y estoy despistando al cabrón (al huésped caradura)…como sé que el estrés es su aliado estoy tomando medidas en coherencia con ello. Estoy convencida de que la ecuación de ingerir menos de lo que se necesita para crear una balance negativo y adelgazar no funciona. Sí, cuántas veces hemos oído a los médicos que las dietas milagro no existen. Que hay que perder peso poco a poco, comiendo moderadamente y muy, muy, sano. Y es que, la dieta entendida como restricción de calorías en personas estresadas, sólo incrementa el problema. No funciona. Acabas frustrado, cansado y más estresado. Ah, y recuperas los kilos y algunos más, de los intereses.

Lo repito más claro por si no se me ha entendido: si llevas una vida estresada, no paras en todo el día y siempre te da la sensación de ir corriendo de aquí para allá, y quieres perder peso: ¡No hagas dieta! ¿Qué hacer pues? Lo iré explicando próximamente, pero si no puedes esperar hasta entonces, empieza por aquí: Huye como de la peste de la cafeína (y teína, y si me apuras, del azúcar ya que estimula más que la cafeína). Lo siento si te gusta, si estás o eres un estresado, la cafeína la traes de serie.

Si bien yo fui pava por dejar entrar al estrés en mi vida y ni enterarme, ahora el pavo va a ser él, y poco a poco voy a atacar a su bastión más preciado, el primero en aparecer y el último en irse, la grasa acumulada, y en cuanto se quiera dar cuenta, estará en el porche de casa, le ofreceré mi mejor sonrisa y en cuanto se relaje, ZAS, cerraré la puerta en su boca y me reiré malévolamente y diré, ahora quién se ríeeeeeeeee, ehhh????? Bueno, seguramente mi respuesta será más zen, porque habré logrado la paz espiritual y nada me alterará. Pero en mis ojos, y mi ommmm, el mensaje básicamente séra un “Toma, toma, ¡TOMA!”. 🙂

Tú relájate, lindo gatito, relájate, que ya verás...
Tú relájate, lindo gatito, relájate, que ya verás…

 Próximamente, empezaré a desglosar lo que estoy aprendiendo, porque creo que puede resultar interesante para más personas en esta situación. Creo que, en general, aunque todo el mundo sepa que el estrés es nocivo para la salud, no llegamos a entender hasta qué punto. Los médicos lo dicen, te dicen que acorta la vida, que engorda, que te sube la presión que puede provocar infartos, etc, pero es algo así como abstracto con lo que nadie se identifica. Y eso es porque no lo entendemos y no nos identificamos con lo que no entendemos. Es lo de siempre, si no lo vemos cercano, no nos afecta tanto y no nos preocupamos. Pero nuestra salud es lo más cercano y preciado que tenemos y si no nos preocupamos, es básicamente un suicidio programado.

Reflexión final (pensamiento en voz alta)

Es curioso, casi broma macabra, que mi tesis doctoral haya sido en parte estudiando el estrés (de organismos fotosintéticos). Decía yo en broma que la estresada al final sería yo. Y claro, yo siempre tengo razón, es un fallo que tengo y aquí me véis.

Lo que no veía entonces es que ya por esa época yo llevaba casi una década estresada y fue cuando rocé la década que empezó mi caída libre. Colapso físico. Cinco años de cansancio infinito y sin poder levantar el vuelo, si acaso por arranques, cabezona que es una. Negatividad en su máximo apogeo. Ganas nulas de seguir adelante con mi vida (se me antojaba tela de cansado).

Ahora, al contrario que entonces, el objeto de estudio soy yo y el trabajo podría llamarse algo así como “Estudio funcional de los efectos crónicos del cortisol en organismos altamente perfeccionistas y autoexigentes”. Ahora, relleno mi diario del laboratorio sobre los cambios en el comportamiento y fisiología del especímen objeto de estudio. Estudio, tengo una hipótesis, planifico experimentos y observo los resultados. Luego emitiré conclusiones. Sí, creo que ya sé por qué hice la Tesis. Y no descarto escribir una segunda (pero sin formalidades).

Burn-out y depresión: somos humanos.

(Nota: esta entrada no pretende en ningún caso justificar ningún acto violento, sea por la causa que sea, y tampoco pretende ser un análisis de ningún tipo de lo ocurrido, ya que no soy adivina y no me puedo meter en la mente de nadie, simplemente me ha dado mucho que pensar en cosas que desgraciadamente, conozco y necesitaba plasmarlo).


   Hoy mi post está motivado por la información que se está dando de forma totalmente alegre a este asunto en medios de información, debido al accidente de avión del otro día.

La verdad es que da un poco de acojone ver con qué rapidez y falta de lucidez la gente se lanza a hacer especulaciones por un lado y a hacer juicios de valor por otro. Leer la prensa es querer darte de cabezazos contra la pared.

Ver la tele, y oír a supuestos periodistas y otros profesionales (incluso ¿psicólogos? ¿en serio?) y que me recuerde tanto a las tertulias de abuelos de la plaza de mi pueblo:

“aaaay, el fulanitooooo ¿has visto lo que ha hechooo?, si es queee, se venía de venir, era un friki”

Cuando si lo que hubiera habido es un problema técnico y la misma persona hubiera evitado un desastre, en el mismo corrillo de analistas especializados en cotilleos hubieran dicho:

“aaaah, menganito, si es que siempre se le ha visto que iba a llegar lejos, estaba todo el día intentando mejorar en su profesión”.

Es lo que tienen estos analistas, que tienen respuestas para todo. Incluso mejor que la religión.


La realidad es que hay un chico que se quedó solo en la cabina y que sin saber toda la información (y que quizás, desgraciadamente, no se conozca nunca), se le acusa de ser un obsesivo de su trabajo y de presuntamente haber sufrido burn-out (habrá que ver si sólo fue eso) como causa ineludible de sus ganas repentinas de querer estrellar un avión.

La gente que lo acusa de friki no debe haber visto a un capillita en su vida, o a un forofo de fútbol que te puede decir la alineación del Guarroman F.C. y sabe el nombre y situación de los pueblos más recónditos del mundo, siempre y cuando tengan equipo de fútbol, a forofos que votan al mismo partido político durante 30 años a pesar de que está más que demostrado que son unos chorizos, etc. Y mejor no entro con los frikis del comic, de los atletas de pruebas de ultra larga distancia y otras mil frikadas que hay.

En realidad, aunque no os lo creáis, todos somos frikis de algo, si por friki entendemos tener un interés muy grande por algo y que la gente a la que no le interesa ve como una frikada (¿ir a la playa todos los veranos al mismo sitio? F-R-I-K-A-D-A, etc).

 

Yo no soy Friki, de Santi Orozco.
                                                               Yo no soy Friki, de Santi Orozco.

  Con qué alegría se tacha a alguien de obsesivo y/o de friki. Como si ser friki te diera ya todas las papeletas para ser un asesino en serie. Sí, evidentemente hay elementos comunes, pero ni creo que todos los asesinos sean obsesivos, ni que todos los frikis sean asesinos. Otro tema aparte son los psicópatas.

Pero volvamos al tema.

 


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¿Qué es el burn-out?

Contestaré como persona que quizás lo sufra y digo quizás porque creo que no está tipificado como ningún tipo de enfermedad ahora mismo, especialmente en España, y es más un acto de fe, en plan:

Médico: ¿qué te pasa hamija?

Yo: No sé, estoy muy cansada, me cuesta levantarme por las mañanas, en el trabajo tengo una nebulosa en la mente que hace que me fatigue rápido y me impida ser rápida en mis pensamientos, a la par que me cuesta a veces recordar muchos datos. Además, tengo un cansancio físico infinito, a veces subir escaleras a un cuarto es como subir al Everest, en ocasiones me asusto con nada, me dan dolores de cabeza, tengo insomnio, eczemas, a veces me mareo, tensión muscular, etc. Y pensar en el futuro, que es muy oscuro, aaaay, me provoca desazón y me quita la ilusión de hacer mis particulares y propias frikadas.

Médico: Ah, eso va a ser el estrés. Bueno, pues vete al cine y tómate una cervecita que es un relajante muscular estupendo.

Yo: ¿En serio? ¿Estrés? Pero si no estoy estresada. Quiero decir, sólo trabajo 12 horas diarias, tengo tiempo libre, salgo con los amigos, hago deporte, intento cuidar mi alimentación, y sí, voy al cine, aunque bastante menos de lo que desearía. Vaya, que tengo una vida moderna estándar.

Médico: paso la cabra.

 

 Esto es un lío de órganos, hormonas y elementos varios...sabe Dios.
Esto es un lío de órganos, hormonas y elementos                                                      varios…sabe Dios.

 

Yo creo que el Burn-out, es y será una de las enfermedades más frecuentes en el primer mundo, si no lo es ya. Burn-out o “estar quemado” ya lo dice en la palabra. Estás quemado. Has puesto a tu seat panda a 200 km/h por la autovía pensando que tienes un Ferrari, y claro, ha llegado un momento que ha empezado a temblar, a echar humo y finalmente se ha parado, o en casos más desafortunados, se ha perdido el control de la máquina y se ha estrellado. Y lo mismo le das a otros coches.

 

Pero en nuestra sociedad occidental de “high-achiever”, casi te ves obligado a poner a tu coche a 200 km/h, cuando lo suyo sería dejarlo a 120 km/h, aunque vayas más lento y alcances el objetivo más tarde. Tú llegarás más tarde, pero no sólo podrás disfrutar del paisaje, sino que además tu coche te durará más y serás amigable medioambientalmente. Parece clara la mejor opción.

Lo más importante de tu vida, no es ni será nunca el trabajo, una relación sentimental, etc...sino TU VIDA.
Lo más importante de tu vida, no es ni será nunca el trabajo, una relación sentimental, etc…sino TU VIDA.

Pero parece que hoy en día, a menudo, si no lo pones a esa velocidad, no sólo pierdes el tren, cualquiera que ese sea (trabajo, comunmente), sino que está mal visto socialmente y se te tacha de “vago”, “viva la vida” y otras cosas, que no son agradables si eres una persona medianamente responsable y seria con lo que haces.

 Ojo, que parece exagerado, pero perder el tren cuando tu medio de vida depende de ello, en un clima de crisis económica aparentemente sin fin, no es poca cosa. Un psicólogo lo podrá corroborar mejor que yo, pero si te sientes en peligro de algún tipo, dejas de pensar con la corteza cerebral, que es lo que te permite pensar con lógica y se pone al mando del cuerpo la parte del cerebro más primaria, la que te permite responder a situaciones de vida o muerte y que es la parte del cerebro que responde mejor (evolutivamente) a situaciones desesperadas.

  Lo que parece que la gente no se da cuenta, es que vivimos en una sociedad en que casi nos vemos obligados a ir a un ritmo que no es natural, que no es propio de nuestra máquina, y que tan sólo muy poca gente puede soportar.

Los intereses económicos, una sociedad totalmente enfocada a obtener resultados y a obtenerlos ya, una sociedad que exalta el éxito, sobre todo el rápido y el que ocurre en la juventud. Jóven, guapo y exitoso. Cuando el éxito, si acaso, es lógico que sea el producto de muchos años de esfuerzo y que aparezca a una edad media elevada. La sociedad nos ha dictado un mapa de ruta y si no lo cumples dentro de los parámetros que se considera adecuado, entonces te quedas fuera. Te echan. Por inadaptado.

Si decides tomarte un descanso, tomarte las cosas con otro ritmo, o directamente buscarte otra forma de vivir que se ajuste mejor a tu forma de funcionar, da igual tu valía, da igual tus aptitudes, pierdes el tren y re-engancharte con una mejor perspectiva, y sobre todo con mejor salud física y mental es prácticamente imposible. O imposible parece cuando uno ve la cantidad de gente que se ve fuera del mercado laboral en su treintena y que a partir de los 40 ya eres viejo para dar la imagen de joven pero sobradamente preparado que tanto se promueve. Si eres mujer en edad de procrear, entonces la cosa se complica un pelín más.

El futuro es muy oscuro y como te salgas del caminito, más.
El futuro es muy oscuro y como te salgas del caminito, más.

Es decir, que si te encuentras en esta situación, te ves (o así lo crees) con una sola opción. Continuar hasta que petes. Y petar, como se puede ver, puede tener efectos catastróficos, porque estar al mando de una parte del cerebro reptiliano no da mucha seguridad que digamos. Pasas de ser humano con toda la capacidad mental y de solucionar problemas que tenemos, a pasar a ser un simple bicho que responde de forma primaria.

Sinceramente, y sin poder llegar a saberlo nunca, creo que la idea suicida y las ínfulas de grandeza que le intentan atribuir es demasiado simple para que yo, personalmente y con mi experiencia me lo trague.

Una persona normal, con sus hobbies, su deporte, sin problemas familiares aparentes, con una pasión (obsesión o frikada, ¿cuál es el límite?) que aparentemente es una parte muy importante de su vida, pero con un indicio muy significativo: burn-out.

 Seis meses es claramente insuficiente para volver a la normalidad, para recuperar tu estado físico y mental, para salirse de la rueda absurda y asumir, que uno tiene unos límites que le impiden conseguir sus metas de la forma en la que uno quiere. Es un proceso que dura años, porque primero te tienes que alejar y empezar a ver con otra perspectiva y que presumiblemente te va a alejar para siempre de tu vida tal y como la conoces hasta ese momento (lo cual es motivo de acojone, pero de alegría también, porque peor ya no puede ser).

   Pero la presión externa es muy fuerte. Social por un lado y quizás propia del gremio por otra. Se ha invertido mucho dinero en formación y ese dinero hay que recuperarlo.

Y por supuesto la presión interna. Darse cuenta de que aquello por lo que llevas años preparándote y que es tu vocacación, es justamente tu límite y que tienes que renunciar a ello, al menos en la forma en la que lo deseas. Si es que acaso deseas tener una buena vida. Por otro lado, tampoco sabes qué otra opciones tienes, y si eres una persona exigente y que tiene en alta estima el hacer las cosas bien, eso de quedar desterrado al mundo de los hippies y vividores del aire no te hace ni puta gracia.

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¡Ahora me voy a dedicar a vestir ropa    de colores y fumar porros!

 Estar bajo ese estado mental te hace vulnerable, te hace terriblemente inseguro y te impide ver la perspectiva de que el mundo no se acaba cuando uno no puede conseguir lo que quiere, cuando y como uno quiere. Y creo que eso es desde luego una bomba de relojería, sino se hace una parada técnica en condiciones y se pone la máquina a punto.

Porque en el síndrome de burn-out, si no hay indicios de predisponibilidad a depresión, es más un factor físico con consecuencias psicológicas, que factores psicológicos per se. Trata los síntomas físicos y en la inmensa mayoría de los casos, se soluciona el problema.


Si lo eligió él deliberadamente en un brote de algún tipo o si le dio un ataque de pánico en el que la respuesta de “fight, flight or freeze” (lucha, huida o simular la muerte-congelamiento), por sus características, le dio por quedarse helado y no poder reaccionar, ante la enorme responsabilidad de quedarse solo (a pesar de su excelente formación y experiencia), eso no lo sabremos nunca. Y hay que aceptarlo. Aceptar que somos humanos y que no lo tenemos todo controlado. Shit happens.

O quizás no se interese que se sepa, porque entonces el debate, no sería sólo las medidas de selección que aplican las compañías aéreas, sino que habría que hacer un análisis exhaustivo de la sociedad y ver qué responsabilidad tenemos todos en esto. Empezando por la compañía.

La belleza hipnótica de la sociedad occidental.
La belleza hipnótica de la sociedad occidental (Foto de la película American Beauty)

 En este caso, la sociedad alemana es particularmente sensible al síndrome del Burn-out por la importancia tan grande que se hace de la vida laboral, poniéndolo por delante de muchas otras cosas. De hacer lo correcto, de no dejarse llevar por emociones irracionales, si acaso simplemente humanas, y que cada vez más, se saben vitales para permitir un bienestar físico y psíquico. Y no hay que olvidar que es una sociedad terriblemente individualista. Tú y tus cosas es TU PROBLEMA (Das ist nicht mein Problem!-Ese no es mi problema, es la frase preferida de un alemán estándar).

Y ojo, que los pilotos no es el único gremio que está expuesto a burn-out. Todos los estamos, pero igual si eres un quiosquero, tu responsabilidad e impacto es menor.

Me va a interesar bastante el análisis que le van a dar a esto en medios alemanes, porque entre tanta morralla, seguro alguien dirá cosas muy interesantes. Porque la sociedad alemana tendrá muchas cosas que posiblemente si cambiaran, les iría mejor, pero son tierra cuna de filósofos y pensadores y que no se van a conformar con los análisis simplistas que se está dando al asunto.

Porque esto es un asunto de todos, no es simplemente cosa de un loco. Que haberlos haylos. Y ante esto, desgraciadamente, por mucha medida de seguridad que se plantee, nada va a ser capaz de evitarlo.

Pero, un debate a fondo de esta sociedad consumista, de esta sociedad que promueve el obtener resultados ante todo es más que urgente. Como urgente es también que se empiece a educar en inteligencia emocional, o como quiera llamarse. Si uno de los grandes avances justamente de nuestra sociedad es reducir al mínimo los índices de analfabetismo, ahora, nuestro siguiente hito será disminuir al mínimo el porcentaje de analfabetismo emocional.

 

Cerebro y corazón mano a mano, como debe ser (foto obtenida en Google).
Cerebro y corazón mano a mano, como debe ser (foto obtenida en Google).

 

Y para terminar, Alemania, no es como nos la quieren vender. A ver, cuando se inicia un movimiento verdaderamente crítico en ese país, porque lo que están haciendo con su gente y con el estado del bienestar, no tiene nombre. Y que no nos vendan la moto, que hay muchos que ya hemos visto de qué palo van, y que aunque lo quieran vender bien, con números y gráficas bonitas, la realidad se ve y respira en la calle, y tan sólo un ciego no lo vería. Desgraciadamente, ciegos los hay a patadas.

Y para acabar, una reflexión, que tanto sirve para este caso, como para muchos otros de los que las noticias están plagados:

” Un oficial alemán visitó a Picasso en su estudio de París durante la Segunda Guerra Mundial. Allí vio el Guernica y sorprendido por el caos vanguardista del cuadro, preguntó a Picasso: ¿Esto lo ha hecho Usted? A lo que Picasso respondió: ¡No, Ustedes lo hicieron!

Guernica de Pablo Picasso
                               Guernica de Pablo Picasso

Fragmento recogido en el libro: Sobre la violencia-6 reflexiones marginales de Slavoj Zizek.


 

P.D. Mis más sentido pésame a todos los familiares, en particular a los niños. No hay nada que se pueda decir para calmar el dolor y sólo deseo que con el tiempo y, espero, con todo el apoyo emocional posible, puedan llegar a superar este difícil trago y que aunque esta circunstancia haga que pierdan muchas vecesla fe  en la vida, les mando toda la fuerza del mundo, para que, sobre todo, recuperen las ganas de vivir y que acepten que lo malo que nos ocurre en la vida, es parte de la vida y que como tal hay que aceptarlo.

P.D.2: Mi admiración a cómo las autoridades francesas están llevando el tema. Al César lo que es del César.

Sacando la artillería pesada

Hoy vengo con una entrada cortita, después de mi espumarrajo de entrada anterior (más sobre eso cuando toque).

Veréis, empecé este blog para hacer un seguimiento de la mejora de mi salud y bienestar general. Y es que durante los últimos años, he hecho cosas que deberían haber mejorado mi estado: terminar un trabajo agotador, descansar, comer bien, pensar “en positivo” (ya hablaré algún día de estos qué pienso de la actitud lobotomizadora de la psicología positiva).

Pero en lugar de ir a mejor, los síntomas físicos de agotamiento cada vez han sido más evidentes. No entendía nada. ¿Cómo puede ser? ¡Si cada vez hago menos, pero me canso más!

He leído una cantidad ingente de información y he dedicado parte de mi colchón financiero a dedicarme casi en exclusiva a ello.

¡Ejem! Me estoy empezando a plantear si esto funciona…

 

Mientras el resto de gente avanzaba en el caminito de su vida, y conseguían grandes gestas, yo me he quedado en la cuneta, me he puesto la bata, he sacado pinzas,  y me he puesto a analizar. Lo he llevado en silencio y me he tenido que tragar muchos comentarios condescendientes o indirectamente críticos, en plan, qué haces con tu vida, so parásito, te creía inteligente y curranta. Lo peor, sin duda, han sido mis propias críticas.

 

Pero algo me decía que tenía que hacerlo. Que si me montaba de nuevo en la rueda del hamster, acabaría donde antes. He dado muchos tumbos. Médicos, psicólogos, libros, DIY. Pero las piezas seguían sin encajar. Igual eran muchas y todavía no tenía una idea clara de qué imagen buscaba para armar el puzzle. Eso lo complicaba más. Y para qué engañarnos, en la era del desarrollo personal, la cantidad de paja presentada de forma sensacionalista no ayuda. Habían piezas que ni siquiera pertenecían al rompecabezas.

El escribir en este blog, entre otras cosas, me está permitiendo estar mucho más alerta de lo normal. Estoy como un sabueso rastreador. O como un científico, observando a sus bichos bajo el microscopio y anotando todo. Cansa mucho, no os lo voy a negar.

Y…¡Otra dioptría y neurona al traste! ¿Acabará esto alguna vez?

 

El otro día, me tuve que sentar con mi equipo de evaluación (yo y yo misma) para ver por qué había fallado estrepitosamente el último paquete de medidas, tomadas hace poco más de un mes. Dado el éxito del primer paquete, me sorprendió. Empecé a buscar causas del por qué las medidas anteriores habían funcionado y éstas no. Qué había hecho mal. Me di cuenta de que no había elegido el orden adecuado.

Me percaté de que la vez anterior elegí hábitos que a su vez cambiaron otros hábitos. Un dos por uno. Con tan sólo poner consciencia, cambiar fue fácil. En cambio esta última vez, ni siquiera pude con uno y, de premio, además, se llevó al traste todo el trabajo conseguido anteriormente.

Tengo la firme convicción de que lo que es bueno para el cuerpo, es fácil de implementar. Él sabe bien lo que quiere.

Y me he dado cuenta de que esta vez he elegido fichas demasiado grandes, tan grandes, que no las he podido mover. Porque esto de cambiar hábitos, es como las fichas de dominó puestas verticalmente una detrás de otra. Si tiras una, caen las demás. Una vez se ha puesto en movimiento, incluso las piezas más grandes y difíciles van a caer. Sólo tienes que saber elegir qué puedes atacar primero.

 Ya llegaré, ya, "one step at a time"
Ya llegaré, ya, “one step at a time”

 

Y como soy una picada de la vida,  maldije en arameo y decidí sacar la artillería pesada. ¡Ya está bien, copón! Que una cosa es cultivar la despreocupación y otra es ir malgastando tiempo y recursos. Organizationwoman se puso al mando.

Analicé y redacté  de nuevo la lista de los hábitos que por experiencia y observación creo que tendría que cambiar para dar un salto cualitativo.  Los agrupé de nuevo e intenté sacar patrones. Finalmente me hice un pequeño esquema, que a lo largo de los días ha ido evolucionando y simplificando. Menos es más. Mi mantra.

Así que, aunque  es un trabajo en progreso, os presento el último esquema que me he hecho, modificado y customizado para ser presentado en bonito. Además, he encontrado un símil que no podía venir más a cuento.

Y es que en la naturaleza, la forma de funcionar es bastante parecida  independientemente de la especie. Porque lo que funciona, funciona y eso se conserva a lo largo de la evolución. ¡Diles tontos a los bichos! Cogen lo que funciona y lo mejoran. El tener un buen conocimiento de los modelos más simples me está siendo de inestimable ayuda para resolver este galimatías.

 

Así que, para concluir, me he comprometido mano en pecho y mirada al cielo, a usar todo lo que esté a mi alcance  para a entender el sistema, mi sistema y así poder cambiar con algo de fundamento y racionalidad y no con la sensación de que estoy usando un remedio esotérico de una tribu zulú.

Porque si a mí me dicen que el mindfulness es bueno, me lo puedo creer o no, pero si sé por qué es bueno, y tengo pruebas de ello, tengo más probabilidades de darle una oportunidad (aunque a veces eso no será posible y tendré que creer). Ídem con consejos de nutrición, de descanso, etc. Ir al detalle, para evitar qué pase en el futuro, pero a la vez mantener la visión global, que es sin duda, la que me ha llevado hasta el punto en el que estoy.

Y es que, en los últimos días, por fin, se me ha aparecido la imagen clara del puzzle en mi mente. Y ahora todas esas piezas, que he ido poniendo sobre la mesa y mirando minuciosamente, están encajando a un ritmo vertiginoso. Incluso las más difíciles.

 

Y por último, me he propuesto firmemente, currarme esto un poco bastante más que hasta ahora. Investigar, analizar y aunar los datos e intentar explicarlo de la forma más fácil posible. Vaya, lo que viene siendo un currarse las entradas un poco. Por mí, y para en un futuro poder estructurarlo y así que sea más fácil de entender todo. Por si me pierdo, encontrarme rápidamente. Porque difícil es un rato y aunque ahora lo tengo claro, la prueba de fuego será, como siempre, la práctica. La que dictaminará si mi hipótesis es cierta o una chochez típica de científica loca.

 

El tiempo dirá.

 

 ¡Aquí os dejo  la presentación-esquema! Frikismo incluido.

 

Persona altamente sensible

Decía hace unos días, que en algún momento hace poco más de un año, en una de esas bombas emocionales tan desagradables para mí, tuve la revelación. Las causas de ese desbarajuste son intrascendentes, pero nada que no me hubiera pasado con anterioridad.

Pero en esa ocasión, y en el momento vital y lugar físico en el que me encontraba, me sorprendió más. ¡Así estamos todavía, cagontó!, me dije. Cuando mi yo racional intentaba mantener la compostura y actuar como ese jefe industrioso y organizado en medio de un desastre natural, con escaso éxito (es como decirle a un niño hasta arriba de azúcar después de un cumple con otros niños que se mantenga quieto y callado, sin molestar), topó por casualidades interneteras, con esta página:

The highly sensitive person

A pesar del nombre, que a mi cerebro le pareció, digamos que, poco de su gusto, hubo algo que incluso a mi yo racional le llamó la atención. Fue un momento “ajá”. Me sentí tan terriblemente identificada que no pude menos que hacer lo que suelo hacer cuando quiero comprender algo: leer todo lo que pueda sobre dicho tema. Así que no sólo me leí el material de la web y libros, sino que busqué más allá. Mi yo researcher me decía, carajo, pues tiene sentido. Mucho sentido.

Igual el nombre sigue sin parecerme adecuado. Porque lleva a confusión.

Pero vayamos al lío.

¿Qué significa ser una persona altamente sensible?

 

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Echarse a andar (III): Reset.

Como decía en el post anterior, cuando tienes el sistema alterado, hay que hacer un reset. Sin contemplaciones. Y de ahí empezar a implementar poco a poco. Observando qué funciona y qué no.

En esta ocasión, mi aproximación es algo diferente a las anteriores. Y es que a lo largo de los años he ido adquiriendo una serie de hábitos que son la antítesis de una vida saludable. A saber: estar permanentemente conectada a internet, a redes sociales, hacer deporte por machaque no por diversión (estás gorda, adelgaza, etc.), irme a dormir a las tantas y seguir conectada, con lo que de repente, las 11 se convierten en las 4 de la mañana, así sin darse uno cuenta. Internet, esa biblioteca sin hora de cierre. Si eres curioso como yo, el saber parar el ir de un enlace a otro, es un auténtico desafío.

Así que mis primeros hábitos que llevo cultivando las pasadas dos semanas, son los siguientes:

1. Apagar tele (no la veo apenas), móvil y ordenador entre 10-10:30 de la noche.

El objetivo es claro: no alterar el ciclo circadiano y permitir entonces un buen descanso. Cuanto más tarde se apaguen los aparatos que emiten luz, más tarde logrará tu cuerpo producir la cantidad de melatonina (hormona del sueño) suficiente para que te duermas. Esto provocará una alteración de tu ritmo circadiano y luego vas a estar medio zombie de día y como un búho de noche.

2. Irme a dormir temprano (sobre la hora mencionada anteriormente, a las 11 como máximo) y dormir 8 horas mínimo.

Establecer una rutina del sueño, para que irse a dormir sea eso agradable que se hace de noche y que consiste en bajar el ritmo, relajarse, leer un poco, soñar despierta, y en definitiva algo que esperas y no algo que haces como un robot y que sólo aprecias por la mañana, cuando no hay quien te levante.

3. Moverme todos los días un mínimo de 30 minutos.

No necesariamente gimnasio o piscina u otros deportes. Con dar una vuelta por el barrio me sirve para esos días que no me apetece “hacer deporte”. Nuestro cuerpo está diseñado para moverse. De hecho, le encanta. Te lo agradecerá tanto en forma de mejor humor, mejor descanso y todo, que una vez te acostumbres, te resultará difícil decirle que no.

En mi caso, he puesto moverme un mínimo de 30 minutos en lugar de hacer deporte todos los días por una razón que no es aleatoria. Tengo la sospecha de que puedo sufrir fatiga adrenal, que vendría a ser que mis glándulas suprarrenales (que están en el riñón), han producido tales cantidades crónicas de cortisol (hormona del estrés), que la molécula de la que procede va directamente a proucir cortisol y no otras moléculas necesarias. Esto, explicado así muy por encima y patateramente hace que entre otras cosas: te canses con todo, tengas el ciclo sueño-vigilia a tomar por culo (cortisol alto por la noche, en lugar de por la mañana, con lo que estás activo de noche y dormido de día), etc.

“Hacer deporte” para mí es un arma de doble filo. Me cuesta empezar, pero cuando empiezo, paso de entrenar rollo “nivel abuela” a entrenar “nivel profesional”. Y pasarse, sobre todo si andas arrastrando síntomas crónicos de estrés, significa gastar tus reservas de cortisol, activarte una cosa mala, y lo que supuestamente es una cosa buena, hacer deporte, hace que te descontrole todo tu ciclo. Así que aquí, más que en ningún otro sitio, menos es más. Nada de series, nada de actividad vigorosa. Actividad suave, para que tus músculos recuerden que están ahí para algo, para que se vayan acostumbrando a moverse todos los días y ya cuando el sistema se vaya estabilizando, ir aumentando. Pero con cabeza. De momento está lejos de mis objetivos próximos el hacer deporte como lo hacía.

4. Trabajar cada día entre una hora y dos horas.

Me he dado cuenta de que necesito hacer algo que considero útil para sentirme bien. Pero también soy consciente, que al igual que con el deporte, pero mucho más en el caso del trabajo, paso de 0 a un millón en un momento. De ahí el límite tan estricto. Con una hora al día me conformo, ahora, eso sí, tiene que ser cada día. Y el máximo de dos horas, es porque ahora mismo mucho más no puedo hacer y porque si sigo mucho más, entro en mi dinámica “workaholic”.

Por ejemplo, ahora mismo estoy trabajando 3 días a la semana dando clases particulares. Esos días, el sólo hecho de ir y preparme las clases ya me paso de las horas máximas de trabajo. Así que, al contrario que antes, lo que hay que hacer, no empieza tras estas actividades, sino que ese día el cupo está cubierto. Y el resto del día lo tengo libre. Si me apetece hacer alguna actividad de esas pequeñas que hay que hacer en algún momento, puedo, pero sabiendo que yo por hoy, he cumplido. Los martes y jueves son días para mí, y mis proyectos alternativos. Y tener un día activo, con un día más tranquilo, pero no menos activo, me está yendo muy bien. No siento que me arrastro por la semana, sino que puedo descansar del esfuerzo.

5. Encontrar un rato para meditar cada día. O como entrenar a tu mente para que se centre en el aquí y en el ahora.

Lo de la meditación es algo que hasta hace unos meses, era una de esas cosas rarunas que yo intuía que jamás podría lograr hacer. Porque cuando se tiene una mente que parece un monillo hasta las trancas de anfetaminas, eso de dejar tu mente en blanco me parecía imposible. Y claro, como soy perfeccionista, cuando lo intentaba, me estresaba. Estresarse meditando me daba cuenta de mi inutilidad ante estas técnicas. Pero hará unos 4-5 meses, me recomendaron este libro: Mindfulness: Guía práctica para encontrar la paz en un mundo frenético.

Este libro ha sido toda una revelación. No sólo porque el que la escribe sabe de lo que habla, ya que es psicólogo clínico, y se ha basado en los estudios que ha realizado así como en numerosos años de experiencia, sino porque explica de forma muy clara cómo funciona tu mente, cómo se enreda y cómo parar eso. Y que es normal que al meditar tu mente no se quede en blanco, porque la mente es lo que hace: pensar. Es como pedirle al corazón que deje de bombear sangre y se ponga a producir insulina. Pues eso. Y lo que propone el libro que seamos espectadores de nuestros pensamientos. Como si fuéramos al cine. Y la verdad, si tenéis una mente tan inquieta con la mía, tendréis cine para rato. A días te tocan pelis de terror, dramones, y otros, son historias más tranquilas, más alegres. Además, te insta a concentrarte en tu respiración. Tu mente tiende a dispersarse, y de ahí que meditar sea un ejercicio para la mente. Igual que ejercitas tus músculos y con el tiempo puedes hacer más, con esto es igual.

LLevo dos semanas con estos hábitos y en tan sólo dos semanas, los cambios son más que notables. Estoy infinitamente más tranquila, siento que avanzo, que tengo un montón de tiempo al día para hacer cosas que me gustan, me despierto (sin despertador!) totalmente descansada y con ganas de hacer cosas. Además, llevo desde poco después de nuevo año dada de baja de Facebook. Y, ¡Sorpresa!, no lo hecho NADA de menos. De hecho, me ha liberado. Tengo un montón más de tiempo. Y es que si entras de forma compulsiva, tan sólo para ver qué se cuece, si tienes un like, mensaje, o ver todas las noticias de toda índole en el muro, se te va mínimo media hora cada vez que entras. Facebook es a las relaciones, lo que las patatas fritas a las calorías vacías.

La forma que tengo de hacerme consciente de estos nuevos hábitos ha sido la siguiente: en una cartulina he puesto cinco apartados con los hábitos a cambiar. Cada día que los cumplía, ponía una pegatina de un color diferente en el apartado correspondiente. Como soy una picada de la vida, esto hace que esté pendiente. Los primeros dos o tres días me costó, sobre todo lo de internet e irme a dormir temprano. Me enredaba hasta las tantas y parecía que me robaran las horas. Ahora, me sale solo. Porque ahora irse a dormir mola. Porque he recuperado el hábito de leer en papel ante de dormirme, algo que me encanta.

También me he dado cuenta qué pasa cuando tengo un disgusto emocional: mi mente se enreda, y entonces de la misma alteración física que siento y que no puedo controlar, me salgo por peteneras e intento conseguir esa calma que no consigo por mí misma, bien comiendo, bien con pensamientos en círculos y por supuesto, buscando información en internet hasta las tantas. El hacer este ejercicicio de los hábitos me ha hecho ser consciente de cómo el alterarme me jode el equilibrio en otros ámbitos de mi vida.

Pero también me he dado cuenta de que el forzarme a tener hábitos más saludables, hace que no tenga tanta importancia el tener un día malo, ya que al día siguiente, el ayer ya no importa, y tienes una nueva oportunidad de hacer las cosas bien. Hacer cosas que te sientan bien.

¡Ah! Y para premiarme por hacer las cosas bien, me estoy autorregalando experiencias: ir al cine, probar a ir a esa cafetería chula que vi, planear alguna excursión, etc. El placer del deber cumplido. Y lo curioso es que con lo poco que estoy haciendo, he avanzado más en dos semanas que en los últimos cuatro meses. Con lo que se confirma que el trabajar o hacer más para producir más es una auténtica falacia. Una ilusión de control.

Así, que el plan ahora mismo es seguir dos semanas más con estos hábitos recién adquiridos, observarme cuándo no los sigo, y trabajar los otros aspectos emocionales, que iré desglosando. Y seguir implementando nuevos hábitos. El órden que he escogido tampoco es aleatorio y creo que de momento he dado en el clavo.