Archivo de la etiqueta: Persona altamente sensible

Estrés y obesidad: ¿Quieres adelgazar? ¡No hagas dieta!

Hace un tiempo, por casualidad llegué a un libro de esos a los que una de mis tías le gusta leer y regalar. La destinataria del libro era mi madre y el libro estaba abandonado desde hacía años, sin que nadie le echara cuenta. El pobre libro había pasado, como muchos otros, sin pena ni gloria.

CUESTION-DE-CINTURA-22096
Si vives estresado (máxime si tienes algo de sobrepeso) lee este libro YA.

Un día, iba de visita y lo vi. Le eché un vistazo. Me interesa mucho la nutrición y aunque luego, por dejadez, no sigo prácticamente ninguno de los consejos, que son los de siempre, en esta ocasión despertó poderosamente mi atención.

Mis reacciones fueron las siguientes:

– Esta tía sabe de lo que habla.

– ¡Lo sabía! Yo no estoy gorda, ¡yo estoy estresada! ¡Toma, toma, toma! (tengo la intución de que mi cuerpo es más bien rollo corredora Etiope, pero tengo tendencia a engordar por el centro, eso es asín).

– El aspartamo (en Coca-Cola light, etc, etc) al metabolizarse en el hígado da lugar a metanol y formaldehído. ¡Formaldehído! Grité. Coño, ¡¡¡si es súper tóxico!!! (lo usamos en el laboratorio para purificar RNA).

Mi reacción a ese libro fue dejar la Coca-Cola ipso-facto. Jamás me ha gustado la Coca-Cola. De pequeña recuerdo que me salían las burbujas por la nariz y me resultaba muy desagradable (como cuando te entra agua por la nariz en la piscina). Luego, empecé a tomarla como droga para mantenerme despierta y poder estudiar durante la carrera. El café se me estaba quedando corto. En época de exámenes llegué a beber 2 litros al día (en apenas unas horas). Seguía teniendo sueño y dormía, pero parecía Pocholo hasta las trancas de anfetaminas. Al enterarme de lo que os he contado, la dejé de forma radical. De un día para otro. Sin mirar atrás. Me tomaría un par de ellas en el próximo año (comprobado: ¡la Coca-Cola engancha! El azúcar provoca adicción, que lo sepáis), pero ya la veía como veneno puro. Ahora puedo tomar alguna de vez en cuando, pero ya no sueño con una Coca-Cola fresquita, con su hielito y limón. Ahora la veo exactamente como la veía de niña: esa cosa asquerosa que “para un de vez en cuando”, pero poco más.

Pero volvamos al tema.

En el libro, la Dra. Glenville que es médico y además doctora (de PhD, o sea, investigadora) explicaba la relación que existe entre el estrés y la obesidad. El libro es realmente bueno, y creo que más que un libro de perder peso, es un muy buen libro sobre los efectos físicos que provoca el estrés (el márqueting manda, supongo).

Habla de como unos niveles constantemente elevados de cortisol (=estrés) provoca no sólo que acumules más grasa y tengas más ganas de comer energía rápida (es decir guarradas), sino que además, esa misma grasa que se acumula, sobre todo en el abdomen, actúa como un órgano endocrino (pero chungo, boicoteando al cuerpo) y provocando a su vez QUE NO PIERDAS GRASA y que sigas estresado (menudo bucle). Un cuerpo estresado es un cuerpo en alerta, preparado para atacar o huir. Un cuerpo estresado necesita energía y no va a soltarla así como así. La grasa es su banco de energía y como si de dinero se tratara, quiere acumular, más y más, máxime en épocas de crisis (igual que se ve que la gente gasta menos y ahorra más cuando hay crisis que cuando hay bonanza económica).

  Vaya, que con el estrés, has dejado pasar al diablo a tu casa con recibimiento estelar y alfombra roja. Creyendo que hacías lo mejor, haciendo gala de tu buen hacer y hospitalidad, le has otorgado un lugar preferente en tu casa y él se ha cogido, no el brazo, sino el cuerpo y tu vida entera. Ahora lleva años viviendo con él, no sabes cómo echarlo y ni siquiera sabes cómo carajo llegó a instalarse. Menudo hijoputa, el estrés.

¡OMG!
¡OMG!

  Todos sabemos lo que se siente cuando uno está estresado, pero lo que a veces no somos conscientes, es que no sólo es una sensación más o menos desagradable, sino que estás activando en tu cuerpo toda una cascada bioquímica. Que si bien por poco tiempo te da una sensación de subidón (cuidado con el enganche a sentirse todopoderosos), mantenido en el tiempo, todos esos cambios bioquímicos actúan en tu contra. Creo que es para pensárselo.

Y como además todo está relacionado, llevo ya unas semanas que estoy estudiando la bioquímica de todo esto. Desde los factores que lo provocan (mentales, físicos y ambientales) hasta las consecuencias físicas a diferentes niveles (psicológicos, hormonales y por tanto físicos, relacionales, etc). Mi objetivo es entenderlo lo mejor posible, porque tengo más que comprobado, que sólo cuando se entienden las cosas y su importancia, es cuando se toman en serio los cambios de hábitos.

Además, en este caso, cuanto más leo y más entiendo, más claro veo que mi problema BÁSICO es el estrés. Todos los síntomas que tengo están relacionados de forma primaria con el estrés. También he entendido, que mal me pese, tengo un sistema nervioso que salta a la mínima, como ya expliqué por aquí, y que por tanto, soy especialmente propensa al estrés. Vamos, que soy de gatillo fácil. Así que con más motivo tengo que entender cómo funciona el condenado y convertirme en un monje budista zen, pero viviendo en un mundo de gente que parece que se toman café con anfetaminas por las mañanas.

Yo he dejado el café, y sigo acelerada. Es innato.

Esta voy a ser yo en unos años. De saltar por todo a ser la serenidad y calma personificada (foto encontrada rebuscando en Google).
Esta voy a ser yo en unos años. De saltar por todo a ser la serenidad y calma personificada.                 (foto encontrada rebuscando en Google)

  Por otro lado, y en relación al estrés y la obesidad, no hay que estar OBESO MÓRBIDO para tener este problema. Lo que hay que tener en cuenta es cuál es nuestra constitución y que si somos de consitución normal o medio-delgada y tenemos un poquito de flotadorcillo, aunque objetivamente no estemos gordos, eso en nuestro cuerpo es ya obesidad y que quizás, esté causado por el estrés. Y que la obesidad o sobrepeso en estos casos, no es sólo algo estéticamente fastidioso, sino que es un síntoma del desbarajuste bioquímico que reina en tu cuerpo. Date por aludido, porque sino el sobrepeso será el menor de tus problemas. Te lo digo por experiencia.

De hecho, en mi caso, cualquiera que me vea no pensara que esté obesa, quizás un poco rechoncha, sobre todo en el último año en el que he ganado 7 kilazos (que casualmente, ha sido un puto sube y baja de inestabilidad de todos los tipos que pueda experimentar una persona en su vida cotidiana en el primer mundo: sentimental, familiar, económico-trabajo, mudanza-triple premio para las mudanzas en el extranjero).

Hace unos años, al subir ni la mitad de esos kilos, me habría puesto manos a la obra con disciplina militar. Deporte, comida, todos sabemos lo que hay que hacer. Balance energético, gastar más que consumir. Sin morir de hambre, comiendo sano, y todo eso.En poco tiempo, zas, en mi peso.

 Ahora, que ya empiezo a ser más zorra (por vieja, eh?? :P), ya me empiezo a ver por donde van los tiros y estoy despistando al cabrón (al huésped caradura)…como sé que el estrés es su aliado estoy tomando medidas en coherencia con ello. Estoy convencida de que la ecuación de ingerir menos de lo que se necesita para crear una balance negativo y adelgazar no funciona. Sí, cuántas veces hemos oído a los médicos que las dietas milagro no existen. Que hay que perder peso poco a poco, comiendo moderadamente y muy, muy, sano. Y es que, la dieta entendida como restricción de calorías en personas estresadas, sólo incrementa el problema. No funciona. Acabas frustrado, cansado y más estresado. Ah, y recuperas los kilos y algunos más, de los intereses.

Lo repito más claro por si no se me ha entendido: si llevas una vida estresada, no paras en todo el día y siempre te da la sensación de ir corriendo de aquí para allá, y quieres perder peso: ¡No hagas dieta! ¿Qué hacer pues? Lo iré explicando próximamente, pero si no puedes esperar hasta entonces, empieza por aquí: Huye como de la peste de la cafeína (y teína, y si me apuras, del azúcar ya que estimula más que la cafeína). Lo siento si te gusta, si estás o eres un estresado, la cafeína la traes de serie.

Si bien yo fui pava por dejar entrar al estrés en mi vida y ni enterarme, ahora el pavo va a ser él, y poco a poco voy a atacar a su bastión más preciado, el primero en aparecer y el último en irse, la grasa acumulada, y en cuanto se quiera dar cuenta, estará en el porche de casa, le ofreceré mi mejor sonrisa y en cuanto se relaje, ZAS, cerraré la puerta en su boca y me reiré malévolamente y diré, ahora quién se ríeeeeeeeee, ehhh????? Bueno, seguramente mi respuesta será más zen, porque habré logrado la paz espiritual y nada me alterará. Pero en mis ojos, y mi ommmm, el mensaje básicamente séra un “Toma, toma, ¡TOMA!”. 🙂

Tú relájate, lindo gatito, relájate, que ya verás...
Tú relájate, lindo gatito, relájate, que ya verás…

 Próximamente, empezaré a desglosar lo que estoy aprendiendo, porque creo que puede resultar interesante para más personas en esta situación. Creo que, en general, aunque todo el mundo sepa que el estrés es nocivo para la salud, no llegamos a entender hasta qué punto. Los médicos lo dicen, te dicen que acorta la vida, que engorda, que te sube la presión que puede provocar infartos, etc, pero es algo así como abstracto con lo que nadie se identifica. Y eso es porque no lo entendemos y no nos identificamos con lo que no entendemos. Es lo de siempre, si no lo vemos cercano, no nos afecta tanto y no nos preocupamos. Pero nuestra salud es lo más cercano y preciado que tenemos y si no nos preocupamos, es básicamente un suicidio programado.

Reflexión final (pensamiento en voz alta)

Es curioso, casi broma macabra, que mi tesis doctoral haya sido en parte estudiando el estrés (de organismos fotosintéticos). Decía yo en broma que la estresada al final sería yo. Y claro, yo siempre tengo razón, es un fallo que tengo y aquí me véis.

Lo que no veía entonces es que ya por esa época yo llevaba casi una década estresada y fue cuando rocé la década que empezó mi caída libre. Colapso físico. Cinco años de cansancio infinito y sin poder levantar el vuelo, si acaso por arranques, cabezona que es una. Negatividad en su máximo apogeo. Ganas nulas de seguir adelante con mi vida (se me antojaba tela de cansado).

Ahora, al contrario que entonces, el objeto de estudio soy yo y el trabajo podría llamarse algo así como “Estudio funcional de los efectos crónicos del cortisol en organismos altamente perfeccionistas y autoexigentes”. Ahora, relleno mi diario del laboratorio sobre los cambios en el comportamiento y fisiología del especímen objeto de estudio. Estudio, tengo una hipótesis, planifico experimentos y observo los resultados. Luego emitiré conclusiones. Sí, creo que ya sé por qué hice la Tesis. Y no descarto escribir una segunda (pero sin formalidades).

Persona altamente sensible

Decía hace unos días, que en algún momento hace poco más de un año, en una de esas bombas emocionales tan desagradables para mí, tuve la revelación. Las causas de ese desbarajuste son intrascendentes, pero nada que no me hubiera pasado con anterioridad.

Pero en esa ocasión, y en el momento vital y lugar físico en el que me encontraba, me sorprendió más. ¡Así estamos todavía, cagontó!, me dije. Cuando mi yo racional intentaba mantener la compostura y actuar como ese jefe industrioso y organizado en medio de un desastre natural, con escaso éxito (es como decirle a un niño hasta arriba de azúcar después de un cumple con otros niños que se mantenga quieto y callado, sin molestar), topó por casualidades interneteras, con esta página:

The highly sensitive person

A pesar del nombre, que a mi cerebro le pareció, digamos que, poco de su gusto, hubo algo que incluso a mi yo racional le llamó la atención. Fue un momento “ajá”. Me sentí tan terriblemente identificada que no pude menos que hacer lo que suelo hacer cuando quiero comprender algo: leer todo lo que pueda sobre dicho tema. Así que no sólo me leí el material de la web y libros, sino que busqué más allá. Mi yo researcher me decía, carajo, pues tiene sentido. Mucho sentido.

Igual el nombre sigue sin parecerme adecuado. Porque lleva a confusión.

Pero vayamos al lío.

¿Qué significa ser una persona altamente sensible?

 

Seguir leyendo Persona altamente sensible

Entender y aceptar quien eres

A esta conclusión he llegado cuando andaba leyendo blogs hace un rato. Se podría decir que en última instancia este blog trata de eso. No es un “cambiar para mejorar tu vida”, sino es un “cambiar para aceptar quien eres“. Y creo que ahí está la clave para cualquier cambio sano y duradero.

La verdad, si como yo, eres una persona que le da mucha importancia a la parte racional, a ir al fondo de la cuestión y a intentar llegar a la verdad universal o como mínimo a entender cómo funcionan las cosas, intentarás no dejarte llevar por las emociones. Porque las emociones vienen y van y parecen distorsionar la realidad y por tanto te impiden tomar una decisión objetiva. Los daños colaterales de esto, es que el ponerte en contacto con tus sentimientos es algo que te cuesta.

En mi caso, a veces es tan complicado que rayo en la frustración más absoluta. Entiendo que acceder a ellos es necesario, sobre todo por lo que voy a explicar más adelante. Pero es como si mis sentimientos estuvieran guardados en una caja fuerte cuyo código ni siquiera yo tengo.  Intento acceder, intento romper la cerradura, abrir la caja con fuerza bruta, o bien siendo gentil y paciente, observando la caja. Esperando por si acaso el duendecillo que habita la caja y que es responsable de su apertura, le diera por abrirla un rato. Una suerte de airerar 5 minutillos. Y yo, que ando agazapada tras un arbusto de mi mente, ojo avizor, haría un zas al duendecillo y le diría “cagada la has, duendecillo, ahora no vuelves dentro, que tengo trabajo que hacer ahí”. Y soltaría un “muajajajajaja” maquiavélico de rigor. Duendecillos a mí. JA.

Muajajajaja, te creías que ibas a poder conmigo...
Muajajajaja, te creías que ibas a poder conmigo…

 

Pero no. No funciona así, leider.

 

Seguir leyendo Entender y aceptar quien eres